Feminismo y rapero

Una periodista, en el programa la Sexta Noche, utilizó, para defender que no todo vale en la libertad de expresión y así el encarcelamiento de un rapero (que era el tema de debate) que las palabras pueden hacer daño. Por lo tanto, hay palabras que no deben ser dichas y, para argumentarlo, quiso poner el ejemplo del cambio en el lenguaje que se impulsa desde el feminismo como forma de trasformar la sociedad. Es decir, las palabras son tan importantes para crear el mundo en el que nos movemos que mira el feminismo lo que hace, luego si lo son, que un rapero diga esto o aquello en un concierto o en sus letras, puede perfectamente ser delito. En realidad la confusión de esta periodista no puede ser más grande.

No es una confusión sólo suya, mucha gente cree en una especie de magia de las palabras o cree que estas encierran grandes peligros. Se puede argumentar que se trata de una forma de hablar, que todos y todas entendemos que cuando nos referimos a la magia o al horror de las palabras, en realidad lo estamos haciendo a las ideas. Quizás, pero resultaría algo más embarazoso condenar al rapero por sus ideas, no queda muy moderno. Y ello -además- nos llevaría a un problema complicado si el acusado nos dijera: mis ideas no son esas, en realidad yo pronuncio tales palabras porque es mi medio de vida, me dirijo a un público que no me pagaría por hacer otra cosa.

Es una posibilidad aterradora, estaríamos condenando a la víctima que, conocedora de los gustos de las masas sólo se adapta a sus demandas; deberíamos llevar a la cárcel a todos eso incitadores y no al pobre rapero. Y digo -estaríamos condenando- por si alguien se quiere liberar de esa responsabilidad, cuando en realidad, es la sociedad, por medio de sus leyes y los jueces que aplican una legislación -todos y todas- quienes estamos condenando.

Pero volvamos a las palabras. Alegarán que estas incitan o puede hacerlo a la acción y la mera posibilidad de que algo ocurra ya es como para una condena. No se puede negar que esta posibilidad sí que da miedo. Tuve un profesor que vivía con cierto tormento no saber las repercusiones de lo que dijera a sus alumnos y alumnas, se sentía responsable de cómo se interpretaría y las consecuencias futuras de ello. Era grande, pero yo vivo desolado desde que lo conocí por si un día acabara en prisión por alguna cosa que hagamos cualquiera de toda aquella panda de descerabrados a quienes trataba de enseñar.

Seamos algo más prácticos, la realidad puede ser que a nadie le importan las ideas o expresiones de las mimas (palabras) más o menos radicales de un señor o una señora, en toda sociedad existen personas en los extremos. Que a alguien no le guste la corona o la Guardia Civil es aceptable dentro de unos límites pequeñitos e inevitable si me lo permiten. Lo que preocupa a algunos, sobre todo los que ostentan el poder, es que se extienda esa radicalidad y si lo hace -si preocupa- es porque ya se cree que lo está en buena medida. Entonces es cuando deciden que hay que poner límites para intentar que esas expresiones vuelvan al rincón de la marginalidad social y no arrastren a más personas. Siendo prácticos, es tan sencillo como eso, ven amenazado y usan su poder; les preocupan las ideas y atacan las palabras.

Pero incluso antes que las ideas, existen las creencias. Lo hacen a la vez y se retro alimentan, si bien se suele pensar que las creencias son algo más estables una vez que, a base de ideas, están configuradas en un ser humano. Para mi gusto, Bertrand Russel lo explica muy bien en Fundamentos de filosofía.

El efecto que producen nuestras pasiones sobre nuestras creencias constituye uno de los temas favoritos de los modernos psicólogos; pero el efecto inverso, es decir, el de nuestras creencias sobre nuestras pasiones, existe asimismo, si bien no tiene el carácter que se le hubiera supuesto en la psicología intelectualista de la vieja escuela.

Así que sí, parece que también cuentan nuestras pasiones en este batiburrillo. Debe ser por ello que los tertulianos y tertulianas resultan tan predecibles.

Y llegamos entonces al principio. A la periodista que busca resaltar la importancia de las palabras, es evidente que no le gusta mucho el feminismo y torticeramente, usando la clásica demagogia, cree probado que si las palabras son tan importantes para este movimiento, debe ser porque importan mucho, luego puedo condenar a perder su libertad a un ser humano por usar unas u otras. Si esto fuera cierto nos pone de nuevo ante una situación difícil si el rapero en cuestión hubiera expresado las mismas ideas con un lenguaje de género cuidado. O si con las mismas, una autoridad decidiera que, como no le gusta el feminismo, se pudiera detener a cualquier que dijera algo desdoblando el género.

Por supuesto no es el momento histórico para esto último, quedaría muy feo, con ridiculizar a quienes usan alguna expresión como portavozas parece suficiente, de momento. La cuestión es más complicada. El feminismo defiende unas ideas y se respalda en unas creencias y viceversa. Una de esas ideas-creencia es que con el lenguaje se pueden producir realidades. Pero por realidades se está pensando, primero, en ideas y creencias, y luego, se espera que una vez adoptadas por más personas produzcan comportamientos. Por mucho que alguien se pueda empeñar, las palabras sin quien las interprete no son nada. Así que no, señora periodista, creo (son mis creencias) que el feminismo no debe ser usado para justificar la detención de un rapero, pero es un buen intento.

Amigo

Querido amigo, si no recuerdo mal, marchaste poco después del pucherazo en la Asamblea de Madrid. Te puedes imaginar que, si fueron capaces de aquello, qué no habrá ocurrido en estos ya 15 años. Cómo pasa el tiempo, ¿qué tal tus niños? veo por Facebook que son 2. Qué invento ese de las redes sociales ¿no? ¿quién nos lo hubiera dicho?

Total, que después de aquello han seguido gobernando los mismos, año tras año, hijo tras hijo. Han tenido que dimitir de la presidencia alguna que otra vez y estado varios de los altos responsables de todos estos gobiernos en la cárcel, pero como si nada, allí siguen. La última…, no sé cómo explicarlo. Parece ser que falsificaron para ella un Master que no hizo y luego sacaron unas imágenes guardadas durante 8 años en las que se veía como robaba unas cremas en un supermercado. Como te lo cuento. Y dimitió sólo por esto último ¿te lo puedes creer? pero muy ofendida. Todos y todas se ofenden mucho y -de verdad te digo- es lo que a mí más me duele.

Otra Presidenta de Madrid -y argumentan que es sólo una anécdota- se dio a la fuga tras el alto por estar mal aparcada en el centro y acabó atropellando, ya en su casa hasta la que llegó la persecución, a uno de los agentes. A veces me da por pensar que estas cosas tienen la virtud de hacerte olvidar el fondo, sacudes la cabeza de lado a lado reconociendo la humanidad del personaje y con ello te olvidas del sistema moralmente corrupto que han construido, auspiciado por sus ideales liberales mal entendidos.

Me siguen resultando tan incomprensibles mis conciudadanos como entonces, cuando con unas cañas y recién empezando a salir al mundo que nos conocimos, creíamos arreglarlo. Aquellas normas que pensábamos cambiar lo han hecho ya, a peor, silenciosamente, de la mano de la misma panda de anómalos que causaron los problemas, y la peña los vota como si nada. Lo malo es que te ponen en la tesitura de dejar de creer en la democracia, justo igual que ellos y ellas que en realidad -sabemos- nunca creyeron.

En fin, que como hablábamos ya estaba pasando, se han cargado, entre unos u otras, una o varias generaciones, la nuestra, seguro. Te dirán -nos dicen- que es una exageración, que seguimos siendo un gran país, que muchos otros están peor…Ya sabes que no es eso, la incredulidad día tras día ante lo que ocurre, la frustración, la impotencia, el miedo, han causado tanto daño que la gente se ha vuelto desconfiada hasta de si, retraída, más cutre en general, egoísta y priman, como contrapunto, de nuevo los machitos, el abusón de toda la vida vuelve como modelo. Pero, de verdad, no es sólo discurso izquierdista el mío, en las oficinas -que desafortunadamente es lo que mejor conozco-, no te puedes ni imaginar cómo se reproducen los patrones de esta nefasta forma de ser. La gente está envenenada e inmunizada, parece que han aceptado que sólo existe una dirección. Si ya teníamos dificultades para encontrar referentes, ahora es casi un milagro.

El retroceso en libertades no te lo creerías, la mala prensa y sus periodistas se han vuelto como locos en su propia salsa, la justicia pasa por su mayor etapa de descrédito y entre todos, utilizando a las fuerzas de seguridad, les ha dado por perseguir a cualquier persona que discrepe utilizando grandes palabras con brocha gorda, como terrorismo, mientras la banda que tantas tardes nos hizo llorar, sigue su camino de desaparición.

Los poderosos han perdido el norte, sienten más que nunca que pueden hacer lo que les dé la gana pese a que mucha gente sale a la calle y protesta, pero como quien ve llover. Mientras, como en una recurrente pesadilla, se vuelve a mirar a la vivienda como objeto de especulación; ya hace años lo decíamos y tuvo que venirse el chiringo abajo. Me pregunto si es que vivo y he vivido yo en otro mundo.

Quizás, amigo, hoy me he levantado en un mal día, viéndolo todo negro, ya me conoces. Con los años no he conseguido dejar de ser un nube negra y eso que nos bombardean con la idea de ser positivos, de que si lo piensas con mucha fuerza tú puedes. Pero que nada, no me funciona.

¿Decadencia del conocimiento?

Lo de Cristina y su universidad es innombrable, no le demos más vueltas. Todo lo que ha venido detrás, con la aparición de otros casos -muchos- y lo que se ha escuchado de políticos y políticas y académicos ya habla de un sistema en decadencia.

Es comprensible una necesidad de conocimiento, a medida que te haces mayor y las preguntas aumentan, es casi humano. Puede ser esta una de las características de nuestro tiempo, en otros la idea del “sólo sé que no sé nada” estaba al alcance de muy pocos, hoy, cualquiera que envejece con un mínimo de sensibilidad puede añadir a la certeza de su muerte también esta otra; a medida que vives tienes más preguntas y menos certezas.

Lo que es menos comprensible es la acumulación de títulos, puesto que no siempre cubre esa necesidad. El Máster de Cristina seguro que no y no sólo porque no lo cursara, aun habiéndolo hecho no se sabe muy bien qué conocimiento esperaba obtener. El título en cuestión es “Derecho público autonómico” que se menciona poco con los millones de líneas escritas sobre el tema. Si nos dicen que lo que pretendía estudiar era algo relacionado con la física cuántica, por ejemplo, probablemente no estaríamos hoy hablando de todo esto. En cambio, alguien siempre mal pensado podría decir que no tiene sentido que un personaje con tanta responsabilidad pierda el tiempo con materias a las que se les puede sacar poco provecho para sus tareas y nos referimos a la cuántica no tanto al derecho, por si hubiera alguna duda. Pero aquí esa crítica estaría equivocada.

En principio, la labor de un político no es medrar, ni repartir prebendas, queramos o no ni son tareas tan complicadas ni hace falta estudiar para eso. Pero sí podríamos decir que una parte de su labor es pensar y no tanto correr de evento en evento conociendo gente. Si en parte te dedicas ya al derecho público autonómico, desde luego un tiempo de tu día volcado sobre la física cuántica seguro que redunda en beneficio del pensamiento, de las ideas y, cabe que incluso en tu labor. Si resulta que ya estudiaste física cuántica quizás puedes hacerlo en el sentido contrario. Lo importante debería ser estimular el cerebro y la creatividad. Pero no, y ya nos da rabia volver sobre este tema años después, es el nuestro un país con una distancia jerárquica muy alta. El político o la política, el académico o el empresario o la empresaria, buscan reconocimiento social en otras esferas diferentes de a las que se dedican y casi siempre más dinero.

Pretenden luego hacernos creer muchas cosas. Que la empresa es la que innova y que con sus métodos de gestión se puede mejorar la política. Que la política se puede reducir a las leyes y a hacerlas cumplir. Que la universidad debe aportar trabajadores cualificados a la empresa. Que la universidad es cuestión de obtener un título y que basta con poder pagarlo. Que para dimitir has tenido que ser sentenciado. Y claro, que la mentira es cuestión de puntos de vista. Por supuesto, y que la tierra gira alrededor de los malos políticos y que con esta universidad avanzaremos como sociedad y dejarán de colarnos malos políticos sus ideas y formas de comportarse.

Error simbólico, error teórico

El peor dato de la presentación de la última encuesta ESTUDES sobre consumos de drogas entre adolescentes de 14 a 18 años está en su propia presentación. Resulta que se eligió el día 8 de marzo que coincide con que este año ha sido el de la huelga feminista y una inmensa movilización social.

Ese día y los que siguieron, el feminismo eclipsó casi cualquier otro tema. Si la idea es que, coincidiendo con la presentación de unos datos sobre consumos de drogas entre las personas más jóvenes, pueda darse un mínimo debate en la sociedad, el fallo de cálculo fue grande. Eso o se infravaloró la relevancia de dicha conmemoración y movimiento social, cosa no muy propia, dado el énfasis que en la recientemente aprobada Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017-2024 se pone sobre la perspectiva de género.

Es verdad que no se suele tener debate sereno alguno sobre el tema de las drogas, no importan los datos en cuestión, pues siempre habrá una muy alta dosis de alarmismo al presentarlos en la prensa. Este año (pero la tendencia en los últimos) resulta que los datos se pueden considerar buenos dado que muestran disminución en prevalencias de determinadas sustancias y cierto retraso en edades de inicio de consumo en otras. Parece que, de momento, y a tenor de esta herramienta concreta, no se aprecia repunte alguno en la heroína, preocupación central para muchos por lo que ocurre en otros países y la propia historia en España. No es menos cierto que nos podríamos detener, por ejemplo, en que las mujeres jóvenes se emborrachan más que los hombres o que consumen más hipnosedantes, lo cual también es una tendencia que se venía observando y requiere poder explicarse.

No es menos verdad que la información sobre consumos de personas entre 14 y 18, siendo interesante y necesaria, no abarca toda la realidad. La relación entre probar una sustancia y desarrollar una adicción es algo espuria. Lo único cierto es que si nunca pruebas nada no desarrollas adicción, la probabilidad es cero. La edad de inicio a veces es un factor de riesgo y a veces lo es de protección, tienen influencia muchas cosas en la vida de las personas, no es muy racional atribuir una especie de poder mágico a las sustancias en consideración, o en términos más científicos, una causalidad directa y unívoca. Y puede pasar que los consumos de sustancias a edades más tempranas no tengan un equivalente directo con los consumos a más edad, es, por ejemplo, lo que hoy pasa con la cocaína y la heroína en España, que se consumen más tarde y seguramente tenga que ver con la representación social y cultural de las sustancias y el acceso a las mismas. El mismo tipo de encuestas a población joven, en Estados Unidos, no reflejaban el problema que estaba sucediendo con lo que ahora conocemos como crisis de la heroína.

El estudio sobre las tendencias de consumo de drogas es de esos complejos (que no sólo complicados). No se trata tanto de la existencia de muchas variables que sería un problema complicado, sino de que las que sean que tomemos en consideración interectuan entre ellas de forma no lineal, es decir, no siguen el esquema simple de A causa B, lo que nos lleva a la complejidad. Influyen, además, las condiciones iniciales, nunca tendremos, como en un laboratorio, una función que empiece en cero y sobre la que se pueda ir de adelante a atrás y viceversa probando, ningún joven afronta el consumo de sustancias en un contexto controlado, neutro.

Cada vez que nos encontramos con un sistema parecido puede cundir el desánimo y pensar que no es posible hacer nada por mucho esfuerzo investigador que pongamos. No es del todo cierto, siendo verdad que si lo que queremos predecir es la próxima crisis lo tenemos bastante difícil. Pero a corto plazo, sí podemos saber cuales serán las tendencias y esto es mucho.

Una de las formas que conocemos para afrontar la complejidad es aportando complejidad y esto, más o menos se hace, por la parte que corresponde a incluir más disciplinas mirando el problema, lo que llaman multidisciplinariedad. Pero no es suficiente si cada una de ellas se centra en sus pequeñas interacciones, por ejemplo el cerebro y las sustancias y no amplía sus miras hacia sistemas más complejos. El cerebro es un sistema complejo por sí mismo, pero que no se puede explicar si no es por su interacción con otro más complejo todavía que es el cuerpo humano que a su vez no se puede explicar sin tener en cuenta otro más complejo del que recibe información que es el ambiente y el grupo y la sociedad en la que vive con su cultura… las sustancias no son sólo unas reacciones químicas, se mueven, por ejemplo, en unos contextos de tráfico que son complejos…

La cuestión, después de todo este rollo, es que los cambios sociales son importantes para el consumo de sustancias. Del mismo modo que ahora en no pocos lugares se intenta anticipar el problema de las adicciones sin sustancia, es decir, y en particular a las nuevas tecnologías, alegando que suponen un cambio social, es si cabe mucho más importante mirar el cambio social que está suponiendo el feminismo. Lo está haciendo poco a poco, con repuntes, pero eso no debería hacer que pase inadvertido y menos para los especialistas en sustancias que están acostumbrados a la consideración de plazos largos de interacción de las personas con las mismas dado que el tiempo es una de las principales medidas. Es posible aventurar que los cambios en los roles de género, por paulatinos que sean, tienen y tendrán un reflejo en el consumo de sustancias tanto en hombres como en mujeres. Ya pasó con el tabaco, dos veces. No podemos decir en qué sentido, pero sí que ha ocurrido, está ocurriendo y ocurrirá. Por eso, el gesto simbólico de la presentación de unos datos el día 8 de marzo, se convierte, además, en un error teórico.

Barrio

Debemos reflexionar sobre si lo acontecido en torno al fallecimiento de Mame Mbaye Ndiaye es tan lamentable como pareció. Desde luego su muerte lo es.

Es fácil comprender que para una parte de la prensa que un ayuntamiento “podemita” sea responsable de la represión a los “manteros” es muy jugoso. Por eso adquirió tanta importancia establecer una causalidad directa entre las ya reconocibles carreras calle abajo cuando se da el aviso y el fallecimiento. Lo curioso es que, al rato, estos medios parece que quisieron deshacer esa conexión que seguía ella sola propagándose por las redes. A nadie se le escapaba en esos momentos que podría haber una respuesta en la calle y es muy posible que estos medios no quisieran que la policía, a la que tanto defienden como parte de su ideología de orden, se pudiera volver contra ellos y acusarles de haberles cargado una responsabilidad que no era suya, pero que acabara con una batalla en las calles dirigida precisamente contra ese cuerpo. En esas horas previas, todo el mundo sabía que podría haber disturbios porque se conoce de sobra la olla a presión en la se obliga a vivir a tanta gente y no sólo en el barrio de Lavapiés.

Madrid ya tiene su Mollenbeck gracias a Carmena es el titular más claro que ejemplifica toda la carga ideológica que se puede llegar a mezclar con la muerte de una persona. No obstante, más lamentable es todavía que días después, esa pelea por definir lo acontecido y repartir culpas siguió entre los representantes políticos, periodistas y policía, hasta el punto que se han presentado denuncias y nuevamente, a los tuits de algunas personas. Tengo un amigo que trabaja en una organización con un grado de conflictividad laboral por encima de lo normal que ya es decir en este país post crisis. Él, un tipo sabio, me define perfectamente el papel de la abogada que lleva todos los juicios; resulta que ella genera, muy sutilmente, los conflictos, para aparecer luego como quien salvó a la organización al resolverlos. No sé a ustedes, pero a mí me parece que de estos perfiles ha habido mucho en los días de los que estamos hablando.

Lo que saco en claro es que resulta más cómodo, dentro de lo que cabe, el enfrentamiento ideológico que tener que hablar de las causas profundas. Lo que de fondo tenemos es que una persona pueda permanecer 12 años en un país y seguir en situación irregular, algo que resulta bochornoso a parte de inhumano. ¿Cuándo deja alguien de ser extranjero? Debemos reconocer que es un concepto un tanto endeble este de extranjero que sólo tiene sentido cuando se mezcla con el racismo institucional. Por medio de este último es por el que los estados, diseñando procedimientos administrativos que acaban en sí mismos, hacen imposible regularizar a determinadas personas y no a otras.

Tampoco debe pasar desapercibido que uno de los ayuntamientos que colgó la pancarta de Refugees Welcome confesó que sus propuestas para hacer algo sobre la situación de irregularidad de tantas personas habían estado muy paradas. Es muy difícil enfrentarse a este tema, el racismo imperante ofrece resistencias por todos lados, las competencias de un ayuntamiento sobre la materia son escasas y siempre resulta más cómodo ponerlo al final de la lista de tareas, porque -no se puede negar- todo lo que tiene que ver con inmigración levanta a una muy buena parte de la sociedad en tu contra, aquí y en toda Europa y a la que te descuidas te acaban diciendo que la solución -si tanto te gustan- es que te los lleves a tu casa.

Pero pasó algo más, vimos unas imágenes de un señor agarrado a una farola, tembloroso por tamaño desafío a la autoridad, a quien proporcionaron un porrazo en la cabeza con una violencia que podría haberlo matado, sin aparentemente ser necesario. Esto no tiene excusa, y también, en mi modesta opinión, se está pasando muy por encima de ello.

En el fondo que el racismo es tan estructural como el machismo es algo que convendría asumir para poder afrontarlo. Ya sabemos que no siempre se presenta en su forma blanco o negro, la humanidad -nos dicen- avanza, ahora se mezcla con una desconfianza crónica al que no tiene dinero y eso lo hace aparentemente más complejo.

Tarta y pensiones

No puede estar más equivocado Jorge Galindo cuando afirma “La democracia va tanto de escoger ganadores como de definir quién va a salir perdiendo”. Su argumento central es que no existe dinero para todo lo que diferentes “grupos” piden y, por lo tanto, hay que elegir quien sale perdiendo, es decir, a quién se le da en detrimento de otro. Lo plantea como un juego de suma cero, donde las normas del sistema por el que se guía, establecen que la ganancia de unos es exactamente igual a la pérdida de otros. Si la democracia es realmente esto, no existe diferencia con cualquier otro sistema de gobierno y nos lleva a una tesitura complicada.

La intención del autor es buena, la reflexión final de Galindo es que hay grupos que vienen continuamente siendo los perdedores de las decisiones y su pregunta, entiendo que retórica, es si esto debe continuar así. Estos grupos olvidados son: “…los jóvenes, los inmigrantes, las mujeres con contratos precarios, los que se retiraron sin apenas cotización, los hogares en riesgo de pobreza y exclusión.” La respuesta es que no, no tiene que ser así, pero aplicando su lógica es precisamente lo que ocurre y ocurrirá.

La mejora forma -nos cuentan- de asegurar que dos niños se repartan de manera equilibrada un trozo de tarta es pedirle a uno que lo corte en dos mitades y al otro que elija trozo primero. Esta sencilla regla de juego introduce la interdependencia. Cabe pensar que una idea de lo que podría ser la democracia se parecería a esta; consiste en inventar y explotar reglas que aprovechen la dependencia mutua de todos con todos, para que nadie sobre. En un hipotético sistema con estas reglas, ya no dependes del buen rollo, ya no es necesario escoger ganadores y perdedores, por lógica evidente y no sólo interés propio, todos se quiere que sean ganadores.

Lo que no conviene es mezclar sistema capitalista de producción con democracia. Entiendo que es un anatema, por ejemplo para Cs, pero no son lo mismo pese a que han crecido juntos como gemelos. El error más frecuente es llevar la lógica competitiva del sistema económico capitalista al sistema político democrático. Cierta lógica económica presupone que el motor del mundo es el egoísmo y la codicia. Realistas se llaman, pero nos dejan más tranquilos al explicarnos que guiándonos por el interés propio beneficiamos también a nuestro vecino, entre otros mecanismos por el espíritu competitivo. No existen perdedores y ganadores, estos últimos, en todo caso, son simplemente los más aptos, dicen.

Como se aprecia y no sólo porque tienen dos nombres, la lógica económica y la democrática podrían ser cosas distintas, hablan desde planos distintos. Una, parte de una única concepción del humano y la otra habla del sistema y sus reglas. Se complementan y se necesitan, claro, pero aun suponiendo que hombres y mujeres son sólo lo que dice esa lógica económica, por encima están las reglas que ordenan o pueden hacerlo, tal como el reparto de tarta muestra. Cuando la democracia se guía por la lógica capitalista, se convierten en la misma cosa y deja de existir, poniéndose al servicio sólo de una muy concreta visión del mundo, la económica y sus fines. Y entonces damos por bueno que unos tienen que perder para que otros ganen, sabiendo que la democracia no tiene que limitarse a ello, puede ser mucho más y -encima- su propia existencia de eso depende.

Utilicemos el caso de las pensiones pues parece ser lo que mueve en el fondo las líneas de Galindo. Si subimos las pensiones y si hacemos lo otro y lo de más allá el dinero no llega. Pero si pensamos por un momento en el sistema de las pensiones, vemos que es de los últimos reductos de unas reglas que se saltan la lógica capitalista. Por algún extraño motivo, los que trabajan ponen dinero todos los meses para los que ya no, igual que a su vez estos hicieron y -si nos dejan- harán los que vienen. Resulta raro, normal que de miedo esta forma de proceder. Lo suyo sería que yo me buscara la vida ahora y cuando ya no trabaje, si es que eso llega a ocurrir. Sacrificarse ahora por otros cuando -además- no sé siquiera si llegaré vivo a jubilarme, y encima confiar en que los siguientes gobiernos y a los individuos que después les toque querrán pagarme, parece irracional.

Es obvio que esta locura de sistema tiene que terminar, es uno que genera solidaridad intergeneracional, aunque sea por obligación, mueve dinero que gestiona el estado y los destinatarios finales que a su vez influyen mucho en la economía, votan en función de sus intereses y encima tienen la desvergüenza de pararse a protestar. Entonces, los de la lógica económica, sacan el Excel y dicen que cada vez trabaja menos gente y se vive más años y por lo tanto el gasto en pensiones perjudica a todos los demás y hay que controlarlo (eliminarlo es su deseo). Tampoco conviene perder de vista que aquí hay muchos millones muy golositos para cualquiera a quien privadamente se los delegáramos para que hiciera lo que considerara, según su egoísmo aunque en nuestro beneficio.

Cojamos el argumento por el que se empieza toda discusión sobre pensiones utlimamante, a saber, que la gente vive más y algunas mejor porque están más sanas esos años. En el momento que convirtamos el anhelo de la humanidad en un problema, en el momento que vivir más y mejor deje de ser uno de los motivos de la misma, no sólo y también el sistema económico colapsará. Dicen que el dinero mueve el mundo, pero probemos a quitarle al mundo la esperanza de vivir y veremos que no es cierto. Deberían entenderlo, no hay nada más egoísta que querer vivir.

Total, Excel en mano, diferentes gobiernos e instituciones como la UE, nos dicen que el sistema de pensiones no es sostenible y se dedican a reformarlo para gastar menos en él. Saben que de golpe no lo pueden parar, pero matarlo poco a poco precarizando a los pensionistas y metiendo miedo a los futuros, sí; eso y no otra cosa explica que cada dos por tres en los últimos años, sea motivo de debate y recortes reformistas.

Soluciones al problema de Excel hay muchas. Lo sabemos porque para otras cuestiones, sobre todo las relacionadas con las finanzas, se encuentran, y a veces son hasta creativas, pero también porque es difícil creerse que tanto sabio dedicado a estos menesteres sólo puede concluir “no da”. Lo que no existe es voluntad democrática. La democracia bien usada tiene la capacidad de hacer aparecer cosas donde antes no las había. Se trata de eso, no sólo de la forma de elegir a los representantes, ni siquiera de la obediencia ciega a las leyes, porque la democracia también contempla la desobediencia si no hay acuerdo. Puede, si se quiere, cambiar la idea de ganadores y perdedores por la de el todo es mayor que la suma de sus partes. Puede, en fin, servir para crear y no para destruir.

En el fondo seguimos muy al principio

Mi hija empezó este año escolar preocupada porque en su cole se metían con las chicas llamándolas feministas. Su madre y yo le explicamos que el insulto era que se pretendiera usar la palabra precisamente para insultar y que nosotros éramos feministas.

El día 8 de marzo, volviendo en el tren de la manifestación de Madrid, ya rotos de cansancio y con sólo la conversación para aliviarlo, me dijo que no entendía cómo en su cole no habían hecho nada por el Día de la Mujer. Razonó que se hacen actividades por muchos días, Halloween, el Día de San Patricio, el Día de la Paz… pero nada, ni una sola palabra en clase por parte de su profesora en el Día de la Mujer, ni una explicación siquiera.

Venía de estar entre 160 mil personas, según Delegación de Gobierno, y de no poder dar un solo paso desde Atocha, de sentir toda aquella emoción y yo no puedo por más que alegrarme de que hiciera sola, con sus 12 años recién cumplidos, la reflexión. De eso se trata, creo que intuye que algo importante pasó. Sólo pude añadir que se quejara por medio del Consejo Escolar y que escribiera unas palabras para el Director o para el periódico. Hablamos de un colegio público de Móstoles.

Cuestiones como esta y la lamentable actitud de determinados partidos políticos, sus políticos y políticas, sindicatos, empresarios y empresarias y periodistas hacen que, conscientes de que se ha dado un paso, sepamos que ya tenemos que dar otro. Sólo cuando empezaron a ver la que se venía encima recularon, se lo pensaron dos veces. En el caso de los partidos es normal, ante unas próximas elecciones no quieren ver como pierden votos de mujeres y algunos hombres por el feminismo, más si cabe con lo apretado que está rascar poder, pero es algo triste.

Mientras hablemos de violencia de género, acoso, reparto de las tareas del hogar, techo de cristal, brecha salarial… ya sabemos que se lo pensarán dos veces y se propondrán o aceptarán algunas medidas, y se puede celebrar como un triunfo si es así, no como hasta ahora. Pero cuando hablemos de concebir el mundo desde unas relaciones de poder distintas, sabemos que las resistencias serán enormes, que habrá también bajas en el movimiento.

En este sentido, Carmena, los días previos al 8M, en un programa con Ana Pastor y otras compañeras políticas, me pareció de lo más lúcido cuando, en una de sus intervenciones, reprendía de una forma muy suave a sus compañeras diciendo que no se trataba de exponer las medidas que cada cual estaba llevando a cabo o proponía desde su partido, había que ir al fondo, al cambio social más profundo. Fue maravillosamente decepcionante su conclusión cuando, quizás ya rendida por ver que aquello iba de lanzar propuestas dijo que una muy sencilla y necesaria era que las reuniones acabaran a la hora que se programa que acaben. En el fondo seguimos muy al principio.

Escándalos en las ONG

Los escándalos en Intermond Oxfam están causando un daño incalculable a la sociedad, el resto de las ONG y, por supuesto y primero, por ser lo que más duele, a las víctimas de los mismos. El caso es que ahora, con el río revuelto y levantada la tapa, aparecen informaciones sobre otras de estas organizaciones y diversos comportamientos reprobables. Sabemos como va esto, aparecerán más casos, se colarán algunas mentiras interesadas, habrá noticias que lleven a malas interpretaciones, acusaciones, ajustes de cuentas, comunicados y todas las organizaciones con sus protocolos de crisis activados durante unos días. ¿Y luego?

Uno de los peores resultados de todo ello, no obstante, es que algunos políticos como Montoro y sus voceros, por ejemplo, se ven ahora legitimados frente a las críticas que recibieron y puedan recibir en el futuro, de esta organización en particular, pero como tienen la cara tan dura, de todas en general. En el empeño por desprestigiar a estas organizaciones, esto ha sido un regalo.

Es verdad que a las ONG se les pide un extra de comportamiento ético y necesitan mucha credibilidad para ejercer su labor, mayor que ninguna otra organización, sólo y en todo caso parecido a los partidos de la izquierda política. Están muy expuestas en este sentido y así debe seguir siendo, nada que objetar. Pero no es menos verdad que no resulta proporcional con que otros sectores de la empresa privada, la política o las religiones -por ejemplo- puedan campar a sus anchas en la ilegalidad, inmoralidad y corrupción sin a penas pagar las consecuencias, como si se diera por descontado o aceptara que está en su naturaleza.

Esta especie de doble rasero no hace sino invitar a una reflexión sobre las propias ONG. ¿Por qué se produce, por qué es necesaria esa imagen libre de mácula para opinar e intervenir sobre la pobreza, injusticia o exclusión? La banca, por ejemplo, opina sobre economía y algún recelo sobre su ética es posible sostener, por no hablar de la Iglesia Católica. Pero lo que resulta realmente paradójico es, teniendo las ONG mucho sobre lo que meditar y cambiar, precisamente esa presión por mantener una imagen de divinidad en la tierra, lo que impide que se haga. Al final, es una trampa en la que les meten sus enemigos aprovechándose de su propio discurso. No conviene ser ingenuos, mientras el sector se mantenga dentro de unos límites que no incomoden al poder podrá seguir haciendo lo que hace, pero ya lo vimos en el Mediterráneo, una leve molestia aunque sea para salvar vidas y le ajustarán el cinturón por el dinero o desprestigiando su labor.

Aun así o precisamente por ello, el llamado tercer sector -en particular al español nos referimos- lleva demasiados años pendiente de una auto crítica renovadora que este mal momento por el que pasa una organización y por motivos muy graves, si bien no en España, sirve, de manera oportunista si se quiere, para poner sobre la mesa. Porque realmente parece que una parte de las trabajadoras, socios y personas vinculadas con organizaciones de cooperación o de intervención social, llevan tiempo calladas, asistiendo con meneos de cabeza a situaciones incompresibles, sobre todo quienes creen que la labor que hacen merece la pena.

Por empezar por algún lado, en España al menos, tiene enquistados en sus puestos de mayor poder a demasiada gente que no debería estar vinculada a dicho sector, alguna incluso estando ligada a su vez a escándalos, lo que resulta -de nuevo- altamente paradójico. Existe un perfil en las altas esferas de estas organizaciones que hizo su trayectoria con la creación del sector sin ánimo de lucro (sector que es relativamente reciente) y que ahora se resisten a pensar que la sociedad está en otro momento y necesita cosas diferentes, otras que se subieron al carro por cuestiones de imagen personal, prestigio, poder…; de manera general sería deseable una primera renovación. Basta con repasar algunos de los patronatos o juntas directivas y ver los nombres de quienes figuran para entender que esto es también un freno a la evolución de las ONG. Al ver a tanto egregio en esas listas, a veces es posible establecer ligeras comparaciones con la idea de las puertas giratorias, pero sobre todo, si las propias entidades pudieran reflexionar sobre ello -que justamente esta gente lo impide-, tal vez cuestionarían si tanto nombre ayuda por los contactos que proporcionan, la notoriedad e influencia o retrasa más cualquier pensamiento alternativo para un mundo distinto. La distancia entre la trabajadora o el voluntario medios en estas organizaciones es mucha en pensamiento y estilos de vida con respecto a estas cúpulas del poder.

La precariedad laboral, al menos en organizaciones españolas y el nivel de abusos también laborales es demasiado alto y pocas veces denunciado. La serie de desmanes en forma de despidos y ERES durante la crisis, las todavía mayores bajadas de sueldo desde que empezó, la precarización sobre todo de mujeres que predominan en la base de estas organizaciones, son sólo ejemplos, dado que el ambiente envenenado y el acoso laboral ya se venían produciendo en no pocas organizaciones incluso desde antes de la gran crisis. En este lote se pueden incluir asociaciones de otro tipo que además se quieren distanciar de las ONG en lo que las mueve, pero no en las malas prácticas, así como las organizaciones que realmente deberían tener otra forma jurídica, pero ya les viene bien para el negocio la que tienen, perjudicando al resto. El papel del voluntariado lleva dando tumbos muchos años y la aprobación de leyes específicas tampoco ha conseguido que desaparezca el mal uso de esta figura, como tampoco las de las personas en prácticas…

La mala financiación de este sector ha servido demasiadas veces de excusa, porque del mismo modo se ha utilizado que tiene un cierto peso en el PIB y movían un número importante de contratos cuando se ha querido resaltar su importancia. La financiación pública está mal pensada para el mismo y las administraciones se han estado aprovechando también de ello sin intención de cambiarlo precisamente porque les beneficia. No pocas administraciones han abusado y abusan de la ONG y no sólo por los escándalos que se han conocido. En parte eso ha ayudado a que el control sea laxo en la práctica aunque los sistemas de justificación de cada euro son una carga adicional y adolecen de una burocratización excesiva, como si ya se sospechara de antemano de estas organizaciones. Parece otra paradoja, pero no siempre más control formal es control real y eso lo vemos a diario por todos lados.

Esa mala financiación ha llevado a casi todas las ONG a buscar dinero de la banca, una temeridad y, por ejemplo, gran parte de la intervención social ya hoy está controlada por estas entidades o por medio de lo que llaman responsabilidad social corporativa, siempre mal entendida, escasamente definida y un cajón de sastre para cualquier perogrullada que se le ocurra a una empresa que quiere poner dinero o pagar en especie, como si la labor de las ONG no consumiera ya suficientes energías. No pocas organizaciones se han tirado al marketing callejero para la captación de socios como alternativa, lo que es una locura incomprensible, contratando como lo hacen con empresas en demasiadas ocasiones sospechosas de no responder a los valores que las ONG dicen defender.

Muy sutilmente, el sector privado con ánimo de lucro y su marketing empresarial ha visto un nicho de mercado en estas organizaciones y facilita consultarías y Masters para convencer a las ONG de sus carencias de gestión, introduciendo a cambio sus soluciones facilonas casi siempre de corte neoliberal y revestidas con tufo de auto ayuda y -sobre todo- nada de crítica social o al sistema. Y no pocas se lo han tragado en vez de luchar por encontrar soluciones desde su interior y coherentes con su misión y papel en la sociedad. Permítanme en este punto ilustrar lo dicho con el título de una oferta de trabajo para el tercer sector: “Gestor comercial de voluntariado corporativo” – es maravillo, no me digan.

La obsesión por la comunicación ha provocado efectos similares introduciendo las peores prácticas de control de la imagen que no del fondo, en vez de usar la comunicación para la transformación social. Denunciar lo que ven puede ser contraproducente para la financiación, cosa que saben todas.

De hecho, el efecto dominó se ha extendido a ONG de todo el mundo, y muchas organizaciones se han mostrado reticentes a informar sobre el mal comportamiento de su personal por temor a perder financiación.

Si no es posible comunicar lo que ves o sientes, entonces queda comunicar para captar fondos (así lo llaman) y los departamentos de comunicación han seguido ganando peso y los fondos bajando y la sociedad civil ha seguido alejándose cada vez más de estas organizaciones. De nuevo, es muy complicado explicar el irrelevante papel que vienen jugando en el gran debate social de los últimos tiempos, justo su tema.

Comunicación-imagen y sistema de financiación tienen una extraña relación con la o las posiciones políticas de las ONG. Es complicado entender la cercanía a los partidos conservadores de no pocas organizaciones salvo si se acepta su también perspectiva caritativa de la intervención que realizan. Es más que legítimo si se asumen los sistemas y sus jerarquías y no se piensa en modificaros sino en paliar las consecuencias. Pero más complicado es entender la distancia con las organizaciones políticas reformistas y los sindicatos del resto. Salvo si recordamos la mala calidad del empleo y que no pocas tienen un fondo de creencias muy neoliberal, sería más natural un entendimiento con los sindicatos que con, por ejemplo, la banca. Es este un tipo de neutralidad que no puede hablar más que de una posición política concreta.

Que las ONG han tenido en todos estos años un dudoso impacto en modificar estructuras sociales causantes de la desigualad e injusticia crónicas se ve en que han sido incapaces de intervenir sobre la propia imagen que la sociedad tiene de ellas. Lo más extendido es pensar que estas organizaciones deben emplear cada euro en ayudar al pobre desvalido y la ofensa es terrible si alguien cree que no ocurre, casi nunca se piensa que necesitan estructuras como cualquier organización. Los financiadores públicos y privados quieren, a su vez y en sus mecanismos propios de comunicación, poder decir que se atendió a tantas personas para ensalzar su propia labor, no les interesa saber si su dinero invertido redunda en una ruptura o no de los círculos de la exclusión y pobreza. Las ONG han acabado adoptando medidas de su propio trabajo que giran entorno a euro gastado por persona atendida llegando a introducir en su sector los incentivos por objetivos. ¿Qué tendrá esto de malo, si es como al resto en otros sectores nos pasa? Pues precisamente eso, no estamos hablando de un sector que vaya a conseguir nada si es como el resto, siguiendo las mismas lógicas.

Por supuesto, y siempre se deja en último lugar, la democracia interna de estas organizaciones es casi inexistente. No sólo porque los sistemas de gestión son a veces más duros y despiadados que los de la empresa privada más rancia, que lo son, sino porque aunque se mencione en documento tras documento, tampoco han puesto el suficiente esfuerzo por incluir a las personas por las trabajan en sus dinámicas internas. Se cambian los nombres, de usuarios se pasa a participantes, por ejemplo, pero el problema sigue estando en que no se puede resolver la contradicción que supone incorporar a la democracia interna a personas cuando dicha democracia no existe o es muy limitada. Como siempre, resulta paradójico que sea desde el sector de la empresa con ánimo de lucro (en otros países) que se hable de democratizar sus estructuras para mejorar la participación de todos y todas, y en este sector que conoce de primera mano las consecuencias de excluir a las personas de la participación no sea la principal prioridad.

Por supuesto que hay organizaciones que funcionan, no todo son chiringuitos, por descontado hay muchas personas para las que la vida es algo más soportable por la acción de las ONG. Pero ello no puede servir para ocultar el resto, para querer que su papel sea más relevante en la resistencia a un mundo que avanza dejando demasiada gente fuera. Realmente sin aportar esa crítica, sin introducir energía desde el exterior del todopoderoso sistema no se le hace un favor ni al mismo. Ojalá sirvan estos escándalos para una reflexión profunda y no sólo para capear el temporal, agachar la cabeza y doblegarse más todavía a los intereses del poder.

Señor Corcuera

En la Sexta Noche se entrevistó el sábado 10 de febrero a Corcuera. Entre muchas de sus lindezas criticaba a los que -dijo- se creen de izquierdas y no han trabajado en su vida, la primera vez que han cotizado por cuenta ajena es con su sueldo de diputados o algo similar a esto. Yo tengo en la familia, señor Corcuera, a un hombre al que le faltan unos meses para cumplir los treinta y este año es el primero que tiene un trabajo por cuenta ajena, y casi un trabajo se podría decir. En negro algunos le han ido saliendo, casi tantos como las veces que no le han querido pagar sin presionar y ponerse pesado con el empresario de turno. ¿Qué tipo de argumento es el suyo? ¿Qué nos quiere decir? Seguro, no lo sé ni me importa, algún caso de los que usted menciona exista entre los parlamentarios y parlamentarias, a derecha e izquierda, y no sé qué tiene de malo, se supone que es un trabajo digno, pero ¿no le hace, además, pensar? ¿A caso está diciendo que los jóvenes son unos vagos y acomodados o sólo esos jóvenes de unos partidos muy concretos? El problema, creo, es que vive en una España distinta de la que yo veo, cuestión que, me parece, comparte ampliamente con una parte de la derecha de este país.

Verá, dejé de votar al PSOE, si es que alguna vez lo hice en la pubertad, por gente como usted, por toda su generación de dirigentes socialistas en realidad, incluido -y el primero- el que fuera tantos años Presidente que además y con el tiempo, indicios da de haber empeorado. No puedo sino alegrarme por ese partido que tiende a desaparecer que usted entregara su carné; seguro que más de un peso de encima quitó con su decisión. Si ser de derechas es muy normal, no pasa nada, pero le ahorró el trago de tener que decírselo a alguno de sus antiguos compañeros.

En su discurso arremetió contra los sindicatos, con un argumento peregrino, contra la izquierda, incluso contra la que no lo es tanto como su antiguo partido, pero casi alabó a los que quedan en la derecha. A cambio, ni una critica social, ni una sola mención a la situación que hemos vivido y vivimos, ni un gesto hacia gente como esta persona de mi familia y tantísimas otras que sienten la frustración más absoluta ante la falta de oportunidades desde hace muchos años; toda su vida en realidad.

Estuvo flojo señor Corcuera. Le faltó ensalzar a los bancos, a los corruptos y al pensamiento noeliberal de la oferta y demanda, la competencia (entre los pobres) y la flexibilidad (que en realidad significa precariedad). Puedo entender que a usted y los suyos les falte un poco de cariño y de reconocimiento por lo que hicieron en su época. Pero así no lo va a conseguir, su discurso parece que está lleno de revanchismo, ego y es muy poco inspirador.

Una crítica importantísima a la izquierda, muestra de la degeneración de la juventud -supongo- fue al folleto de Zaragoza, vaya tela. Y, por supuesto, a que se pueda utilizar portavozas. El lenguaje es importante, no descubro nada ahora, para la construcción de realidades. Lo que usted no alcanza a entender es que para algunos, también hombres, el movimiento feminista y de clase es una esperanza. Cuando hablo de clase ya sabe a lo que me refiero aunque tal vez tenga que bucear en sus recuerdos. Estoy de acuerdo en que con esos gestos simbólicos no es suficiente, tal como argumentaba. Sigue haciendo falta que al movimiento feminista de clase incorpore la etnia, la nacionalidad, la discapacidad, el lugar de nacimiento… y sea determinadamente internacionalista, precisamente porque siguen existiendo pensamientos como el suyo. Criticó a Pablo Iglesias por lo del macho alfa, bien, merecido, pero usted no pocas veces tuvo esa actitud a lo largo de tan corta charla, siento decirlo.

Y es verdad que una parte del movimiento sindical ha perdido el norte, debo también darle la razón en esto, pero no tanto el que usted indica como tal. Su argumentación en contra de los sindicatos fue tremenda, resulta que si la precariedad aumenta los que por vergüenza deberían dimitir son ellos y ellas. Hombre, se puede hacer mejor, pero parece más bien apuntar en la dirección equivocada o en la misma que sospechosamente tienen los que brindan por causar la precariedad.

Su crítica a la izquierda por medio de Varoufakis fue de lo más sorprendente. Si yo no lo entendí mal, simpatizar con las ideas de un hombre al que no dejaron que las llevara a la práctica, es igual a no merecerse existir. Hubiera estado bien escuchar algún argumento en contra de las pecaminosas ideas o a favor de las opuestas, no sé, porque no resultara un pensamiento en exceso simplista. Que no le gusta la izquierda es obvio y está bien, es la salsa de la vida, pero alguna idea para argumentarlo e instruirnos…

Su aportación intelectual fue bastante escasa, debo decírselo, nada inspiradora -insisto- como de un hombre de su edad y trayectoria sería de desear y claro, deja la puerta abierta a que alguien dude, vista la caterva de ex Ministros y Presidentes que aportan tan poco al país, si realmente en su momento sólo tuvieron suerte porque no había otros perfiles. El caso es que cuando empiezan a hablar con la libertad de no tener cargo, algunos no dejamos de asustarnos y sentir la tentación de explicar lo que hoy ocurre precisamente porque estuvieron ustedes gobernando.

Todos tenemos un pasado que superar, el suyo, tal vez, el de la patada en la puerta. Pero aquí voy a decir que le honró dimitir, aunque tendría que haber sido por lo que proponía, no tanto porque no gustase. Y aun así, debo reconocer, que era una nimiedad si lo comparamos con lo que ahora nos meten en las leyes, como si aquella fuese sólo el comienzo.

Ya de coña

De vez en cuando -cíclicamente- nos encontramos con el escándalo de algún partido o de alguna organización que distribuye información que “fomenta el consumo de drogas”.

Lo primero que suele ocurrir es que se convierte en arma arrojadiza entre políticos. Cualquier cosa lo puede ser por lo que, quizás, no deberíamos prestar demasiada atención. Pero es verdad que en este caso se mezcla que el Ayuntamiento responsable es “podemita” y, claro, brotan los comentarios sobre el Comunismo y Venezuela. No es menos cierto que precisamente esto mismo nos ha dejado fabulosos escritos de lectores y lectoras en varios periódicos digitales; con más de hasta 300 comentarios en algunos casos y que aportan una información adicional muy rica, aunque no tanto sobre las drogas.

El caso es que, como casi siempre, el debate de fondo es algo más complicado de lo que refleja la prensa mayoritaria y los comentarios de los lectores. Intento siempre ponerme en el lugar de la gente que no lo ve como yo, que critica el folleto en cuestión en este caso, si bien la tan descarada mezcla de ataques a “la izquierda” por los tópicos de siempre que nada tienen que ver con el tema, me lo ha puesto más fácil.

Lo que se conoce como reducción de daños es una estrategia ampliamente reconocida, utilizada y recomendada, no sólo en el tema de las drogas. Algunas veces, el mismo uso del cinturón de seguridad en nuestros coches se denomina reducción de daños. En drogas es una estrategia que se conoce, estudia y evalúa desde hace muchos años e incluso impulsa desde varios organismos internacionales, llegando a considerarse como una parte importante dentro de la prevención. Es verdad que hay muchos países que se oponen a la reducción de daños, pero no lo es menos que hay suficiente evidencia de la que llaman científica que avala su utilidad en determinadas situaciones y contextos.

La cuestión es que sobre ese importantísimo debate no informa la prensa que da cuenta de la noticia, sólo algunas honrosas excepciones y a medias, el resto se queda en la repetición del moralismo político. Por mucho que se busque entre los diferentes medios es imposible ver, primero, el material de la discordia, no te lo enlazan para que puedas juzgar por ti mismo, y es que quizás no esté disponible. Pero tampoco te aclaran a quién va dirigida la información (salvo algún periódico que reproduce las palabras del alcalde de Zaragoza), y es clave, porque si va dirigida a personas que ya consumen o están en una situación de especial riesgo, la estrategia puede no ser para nada desafortunada; siempre atendiendo a lo que nos dicen los científicos que se dedican a estudiar sobre estos temas.

Los científicos no tienen por qué tener razón. Lo que nos dicen es que las estrategias moralistas del no consumas que es malo, no funcionan e incluso son contraproducentes para un tipo de personas que ya consumen o están en situaciones de especial riesgo de hacerlo o por hacerlo. Otro tipo de información para que el consumo sea más seguro y sobre todo sin juzgar a la persona que decide consumir, funcionan mejor para evitar daños a corto plazo, empezando por la muerte, así como también a largo plazo e incluso sobre el desarrollo o agravamiento de una adicción, por no mencionar otros riegos indirectos pero derivados del uso de sustancias.

Lo que ahora todos los científicos empiezan a decir y ya era hora, es que no todo consumo de drogas lleva directamente a la perdición, no porque consumas una sustancia te vuelves un adicto, incluso, en el peor de los casos, no porque seas un adicto dejas de ser humano. Es este un notable cambio que va dirigido a desmitificar el mundo de las drogas y el lenguaje que para quienes las usan se utiliza, dado que todos los otros intentos que se tienen de referencia como la prohibición, la persecución, el moralismo, la estigmatización, no sólo han fracasado, sino que han causado y siguen causando más daño que las sustancias mismas.

Los moralistas suelen recurrir a una pregunta trampa con mucha enjundia: Entonces ¿usted querría que su hija consumiera? La respuesta es obvia y sencilla, no, a ser posible nada, nunca, ni una copa del tan afamado por beneficioso vino. Pero esta pregunta no es un argumento; formulemos la siguiente ¿usted querría que si su hijo o hija consumiera lo hiciera asumiendo mayores riesgos de los que ya de por sí implica consumir? ¿querría que fuera tachado de mala persona, que le persiguiera el sistema social, el judicial, que se incorporara al mundo delictivo, que acabara en prisión? ¿Le gustaría que condujera un vehículo o tuviera conductas de riesgo bajo los efectos de alguna sustancia? En principio los moralistas prefieren enfocarlo de la primera forma puesto que creen que nunca les pasará, por su posición tal vez, por su control familiar, por su clase social, porque es más sencillo ser categórico con las posiciones de los demás que con las propias… y acto seguido recurren al siguiente gran anatema: los hijos de las madres que cayeron en la heroína. Se olvidan que eso no pasó, sigue pasando y todavía hoy te encuentras madres en la puerta de cualquier centro penitenciario en días de visita, por ejemplo, porque a la cárcel van más los que menos oportunidades tienen. Lo que quienes usan ese argumento desconocen es que muchos de aquellos hijos se salvaron por la reducción de daños, porque se les decía que no compartieran jeringuillas, se facilitaba salas higiénicas para que se pincharan, se utilizó y utiliza la metadona como sustitutivo y hoy podemos hablar de no pocos que han conseguido llegar a mayores y que, por cierto, no reciben casi atención, ni mucho menos como la que se presta a este folleto del que hablamos. Sus madres, salvo para maldecir a cualquiera que no opine como ellos, están desterradas al más profundo olvido de la sociedad y sus instituciones.

Está feo utilizar como referente simbólico sólo una parte del aprendizaje de aquella crisis y olvidarse de lo que no interesa en favor de unos argumentos. Se utilizó y se utiliza la reducción de daños, les guste o no. Y es más, está feo no profundizar en que posiciones moralistas y la alarma social que se impuso tuvo como consecuencia estigmatizar a una población a la que se les pusieron las cosas más difíciles que se si se hubiera actuado de otra forma, es decir, que fue un factor más en la crisis, no la solución, como se suele pensar.

La cuestión es sencilla, basta con que nos digan a quién va dirigida esa información que genera tanta discordia y consenso en su contra a la vez. Si es para repartir en una clase de primaria, sin duda es un error, ninguna perspectiva de las consideradas científicas lo respaldaría. Si va dirigida a una población que ya consume o tiene claros riesgos de hacerlo, no es tan mala idea.

No se puede cambiar que las posiciones moralistas se escandalicen ante cuestiones como estas, seguirá pasando cada vez, pero es preferible que piensen, políticos y medios sobre todo, si sus posturas están suficientemente reflexionadas e informadas y si no es posible que causen más daño que bien a muchas personas, sin necesidad. Es cierto que el que existan es un incentivo, necesario, para seguir avanzando en soluciones mejores que todo lo que hasta ahora, ya sabemos, no ha funcionado. Solo que si hubiera un poco menos de seguidimismo partidista e interesado, para que se pudiera ir más rápido y no dejar a tanta gente por el camino, ya de coña.

https://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza-provincia/zaragoza/2018/02/05/pulverice-bien-raya-cocaina-1223007-301.html

https://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza-provincia/zaragoza/2018/02/05/zec-dice-que-informa-con-base-cientifica-sobre-los-efectos-adversos-las-drogas-1223030-301.html

http://www.libertaddigital.com/espana/2018-02-06/el-ayuntamiento-podemita-de-zaragoza-las-drogas-y-los-medicamentos-son-lo-mismo-1276613355/

http://www.elmundo.es/espana/2018/02/06/5a78c0ade5fdeae55d8b45d6.html

https://www.hri.global/what-is-harm-reduction

http://www.unaids.org/es/resources/presscentre/featurestories/2016/october/20161009_harmreduction

http://www.cicad.oas.org/drogas/elinforme/informeDrogas2013/drugsPublicHealth_ESP.pdf

http://www.lavanguardia.com/politica/20180206/44587281460/folleto-drogas-zaragoza.html

https://elmurodelpuebloespanol.com/2018/02/08/del-colocarse-y-al-loro-de-tierno-galvan-al-alcalde-de-zaragoza-aconsejando-como-hay-que-drogarse/

http://www.antena3.com/programas/espejo-publico/entrevistas/el-portavoz-del-pp-de-zaragoza-sobre-el-folleto-que-habla-de-las-drogas-en-la-guia-del-senor-sanchez-se-dice-la-droga-no-mata-mata-la-ignorancia_201802085a7c50c10cf2ba3416952b5d.html

https://www.eldiario.es/sociedad/guia-drogas_0_737377064.html