Basta con esperar

Resulta absolutamente desalentador que el nuevo Secretario General del PP, en uno de los primeros temas que aborda, recupere la idea del papeles para todos o la de efecto llamada como contra argumento a no se sabe muy bien qué amenaza o estrategia. Lo que, no obstante, desde estas líneas más nos gusta y ya nos estaba haciendo falta, es la expresión “buenismo” con la que tanto se prodiga. Es casi humillante ver como al rato se pasea entre las personas no hace mucho sacadas del mar y todavía recuperándose en algún muelle del sur de España o mirando los restos de un salto a una de las vallas.

Es también doloroso comprobar que en todos estos días de actividad mediática no se le ha escuchado hacer uso de la palabra personas:

Casado: “A mí también me desgarra hablar con inmigrantes, yo también soy persona”

https://www.abc.es/espana/abci-casado-tambien-desgarra-hablar-inmigrantes-tambien-persona-201808011345_video.html

Al margen de que preguntar de dónde es cada cual se puede considerar hablar con estas personas de refilón, hubiera sido curioso que dijera algo como: “A mi también me desgarra hablar con personas, yo también soy inmigrante”. Un ligero cambio en el guión, cualquier cosa, algo que nos hubiera dado esperanzas en que sobre este tema se piensa en serio y se quiere hacer algo. Pero no, esta vez tampoco.

Papeles para todos y efecto llamada. Como novedad que conviene mencionar ante este renovado interés en los grandes medios de comunicación por la inmigración en las costas españolas, está que en esta ocasión se ha dado voz a muchas personas para que aportaran los datos de lo que ocurre y viene ocurriendo, y -resulta- no casa nada con las posturas que defiende el nuevo y renovado PP. En particular, ha quedado patente para cualquiera que quiera verlo que el efecto llamada nada tiene que ver con gesto alguno del nuevo gobierno. Si cabe, es un efecto relacionado con el observador que mira o no lo hace, lo cuenta o no, porque el número de llegadas lleva creciendo unos años y alcanzó su máximo año tras año sin que fuera noticia, como si no hubiera ocurrido.

Pero da igual. El caso es que después de tanto tiempo de una política de inmigración concreta, con varios gobiernos de distinto signo, tampoco este parece ser el momento en que se abrirá un debate sobre cómo abordar la misma. Los argumentos están cerrados; buenismo, papeles para todos y efecto llamada de ello se encargan. Así y como reacción, ya hemos tenido que soportar también que el nuevo gobierno tuviera que decir que no está prevista una nueva regularización. Ante esta insoportable actitud de no querer hablar de nada y sacar todos los viejos temas y frasecitas, lo único que queda es la UE, la patada hacia arriba que sirve como perfecta coartada. Y mayor garantía de que no se hará nada y nada cambiará no es posible tener.

La solución populista de Casado es una inmigración legal y ordenada que tampoco es cosa suya ni novedosa, es una mantra desde hace décadas. Suena convincente para cualquiera y a continuación permite añadir que tenemos “derecho a defender nuestras fronteras”. Lo que no explica es por qué si existiera la posibilidad de llegar de manera legal y ordenada no se hace. Y si existiera y la gente no quisiera seguirla, habría que plantearse entonces en qué estamos fallando porque si una persona tiene a su disposición vías para acceder a un país de manera legal, no es muy razonable pensar que prefiera jugarse la vida. Vamos, que la esencia de la inmigración ilegal es esa, no poder acceder de manera legal y seguir queriendo hacerlo o se llamaría de otra forma.

Al final es tan sencillo como esto, si lanzas un tema a la arena de la opinión pública y te sacas fotos, lo menos que puedes hacer es darle un poco de seguimiento y un mínimo de profundidad para que tenga recorrido. Pues de momento parece que debemos seguir sentados esperando a que Casado o Sánchez nos cuenten sus ideas.

Es verdad que existe una gran diferencia, al menos el buenismo de dejar que un barco lleno con personas sacadas del mar (o con una sola como muestra de que una vida sí importa) atraque cuando no se lo permiten en Italia, ya es grandioso, y no cabe, además, relacionarlo con el aumento de actos racistas cuando lo contrario sí. Basta con esperar.

Inmigración francesa

Entiendo perfectamente el movimiento por el que, tras ganar Francia el Mundial de Fútbol, se ha querido poner de manifiesto la importancia en el equipo de las personas que en algún momento -ellas o sus familias- fueron inmigrantes al país. Es el mismo caso con el jugador de la selección croata que fue, parece ser, refugiado. Es loable, el mensaje es claro, más o menos sé consciente de lo que aportan las personas extranjeras ahora que tanto celebras tu orgullo patrio.

No obstante, hay algo que no termina de gustarme en ese mensaje y, entiendo, que se pueda considerar rizar el rizo o la critica por la crítica. Me pregunto si debemos considerar que resaltar las bondades de la integración por medio de los méritos deportivos es lo más adecuado. Y más que por los méritos deportivos, en base al éxito, por la victoria, porque la selección francesa no hubiera sido objeto de aquellas alabanzas si hubieran perdido en cuartos de final o ni si quiera hubiera pasado a los mismos. Entonces y con la misma lógica, alguien podría haber dicho (y seguro que ha ocurrido) que no puede ser que una selección esté conformada por extranjeros, lo que explica la derrota. Este argumento se puede escuchar no pocas veces de las personas que se quejan de la nacionalización de deportistas o de los equipos de ligas nacionales que sólo tienen una amalgama de distintos extranjeros y ningún nacional -puro- que realmente sienta los colores del club, añadiendo, de paso, que son todos poco menos que mercenarios. Y eso que hablar de mercenarios en el fútbol da para mucho, empezando por algunos directivos que organizan las competiciones.

Por definición creo que, por mucho que se empeñen, el deporte competitivo no es fuente ni estrategia de integración. Cuando se trata de competir, de ganar, la atribución de responsabilidades siempre está condicionada por el éxito o el fracaso. Sabemos que si ganas pensarás una cosa y si pierdes otras; si ganas tiendes a otorgarte el mérito y si pierdes a culpar a los demás. La integración, por definición, no se debe asociar a la competencia, son cuestiones algo contradictorias. Cuando compites debes tener claro un otro que no eres tu, al que quieres derrotar y que necesitas no pocas veces clasificar de distintas formas peyorativas para ayudarte. No se trata de criticar la competición ni las virtudes del deporte competitivo (no me gusta la mercantilización del fútbol, pero eso no es relevante para el caso), se trata de señalar si el deporte es lo mejor a lo que mirar para la integración. Mi respuesta es que no, ni siquiera apelando a esa teórica fraternidad que se produce entre los miembros de un mismo equipo en pos de unos mismos objetivos, porque, en el fondo, dentro de un equipo también se compite por jugar, por jugar más minutos o por el protagonismo. Es parte del juego, una parte de la vida a día de hoy, no tiene por que ser malo para determinados objetivos o formas de vida, pero no ayuda a otros. En todo caso, el tema de las estrategias de integración por medio del deporte son otra cuestión sólo transversal a la que ahora tratamos.

http://institucional.us.es/revistas/anduli/11/art_3.pdf

Pese a la buena intención de resaltar lo que los inmigrantes aportan a una sociedad, el problema es, precisamente, que es necesario señalar que son inmigrantes (o de origen extranjero) no que son franceses y que son parte de la definición del país. Veinte años atrás, la anterior selección francesa que ganó el Mundial ya estaba compuesta “por jugadores provenientes de las antiguas colonias francesas” y ello no ha cambiado la situación por la que una sociedad tiende hacia las posturas racistas, como si no tuvieran en cuenta lo que estos “inmigrantes” aportan en el fútbol.

https://www.semana.com/mundial-rusia-2018/noticias/francia-campeon-del-mundial-de-rusia-como-una-seleccion-de-inmigrantes-jovenes-alcanzo-la-gloria-575356

El conjunto era conocido como el ‘black-blanc-beur’ (negro-blanco-árabe). Las grandes estrellas eran jugadores provenientes de las antiguas colonias francesas como Zinedine Zidane, Thierry Henry, Lilian Thuram, Marcel Desailly, entre otros.

La cuestión, como se puede ver en estas líneas (bien intencionadas sin duda), es que la definición de país no se hace contando también con estas personas, las mismas aportan a una sociedad pero no la definen, como si nunca terminaran de ser de pleno derecho; sólo aportan a lo que otros consideran debe ser su sociedad.

El padre de Kylian es un camerunés y su madre tiene origen argelino, conjugando el negro y el árabe que representan la mayoría de inmigrantes franceses. Una reivindicación para las personas de origen extranjero que terminan aportando para engrandecer un país y no para quitarle fuerza como piensan los movimientos nacionalistas de extrema derecha.

En realidad estos jugadores son tan franceses como el que más o no podrían haber jugado para su selección. Enfocado de esta forma paternalista parece que en el fondo son los buenos chicos que, pese a todo, a su dura vida y dificultades, “terminan aportando”. Ello no cuestiona por qué nuestras sociedades tienen que favorecer situaciones intolerables, sólo pone de relieve que algunos seres excepcionales consiguen, por su tesón (o buena suerte), sobreponerse a todo y ganarse un sitio (aunque sea en el fútbol). Aun así, este discurso deja un vacío por el que no se quiere reconocer que todos los seres pueden ser excepcionales, y dado que unos lo logran y otros no, sometidos a las mismas dificultades, los que no (siempre según la consideración de quien tiene poder para definir), son prescindibles o, como lo consiguen pocos, un riesgo innecesario que estén. La integración medida sólo por las historias de éxito, por los que triunfan, es también un buen objeto de discusión para otro día.

En definitiva, a nadie se le ocurre decir que estos jugadores son, en realidad, Francia, se resalta su otredad no su pertenencia. Probablemente este enfoque sí que enfadaría a esos movimientos nacionalistas de extrema derecha de los que se teme sus reacciones. Tenemos miedo a estos señores y señoras, justificado sin duda, pero no creo que haciendo concesiones a su discurso, se consiga un cambio en su interpretación del mundo.

Drogas I

A medida que se va quitando protagonismo a los Dioses en la definición e interpretación de nuestras vidas, vamos buscando seguridades alternativas que nos permitan un mínimo de certeza sobre la que construir la nuestra y el pensamiento cotidianos, sin tener que estar constantemente dudando y meditando cada paso. Es muy difícil vivir en la contingencia permanente, recordándonos a cada minuto que nada es seguro y que los Dioses o el azar dirán qué ocurre a continuación.

La salud, la enfermedad, la vida y la muerte son dos de los ámbitos en los que los Dioses juegan y han jugado mayor protagonismo, por la lógica aplastante de que sin salud o muertos, el sentido de todo lo que pensamos o hacemos hoy, pierde muchos enteros.

La medicina, ayudada de una idea concreta de ciencia, entra en parte a sustituir a esos Dioses, aunque también, afortunadamente, a sus mucho menos eficientes chamanes, curanderos y demás que los representaban. Pero también conviene reconocer que en línea con otras evoluciones del pensamiento en la sociedad, la medicina tiene una parte antropocéntrica, entendiendo por tal no ya que el hombre es el centro del universo sino que tu, individuo, lo eres.

Existen suficientes evidencias de que la salud depende en parte de dónde naces, vives y cuánto tienes, así como de tus hábitos que a su vez se ven influidos por dónde naces, vives y cuánto tienes. También de que alguna parte de la salud está menos vinculada con todo ello y más a combinaciones genéticas o cuestiones varias, como accidentes, sobre las que como individuo nada puedes hacer aunque influya dónde naces, vives y cuánto tienes. Pero lo que domina en buena parte del discurso público de la salud a día de hoy es un empeño por decirte que tú eres tu propio Dios, que la responsabilidad de tu salud es tuya. Y en una buena medida es cierto, no puedes influir mucho en las políticas de salud a las que te someten, aunque quieran hacértelo creer, poco en el resto de cosas que pasan en tu comunidad, pero eres dueño de tus hábitos. Si comes sano, haces ejercicio y evitas las drogas, tu salud será mejor, aunque te puedan matar en una guerra, tener que salir huyendo porque no tienes trabajo o qué comer. Aunque comas comidas que no lo son y la industria que las produce se lucre de ello, la inversión en salud disminuya o la contaminación de lo que comes, el aire, ríos y mares importe sólo de vez en cuando.

Pero no seamos demagógicos y lleguemos ya al tema de las drogas. ¿Como es posible que no sólo la ciencia, nuestros mayores todos, nosotros mismos, digamos y sepamos que consumiendo drogas tu salud será peor y la gente, nosotros mismos, lo sigamos haciendo?

Puede que la respuesta no sea sencilla, y no pretendemos tenerla, pero nunca puede ser promocionar el uso de drogas, de nuevo por lógica aplastante. La mayor dificultad, no obstante, comienza cuando no te puedes explicar que otros individuos decidan consumir, ni siquiera suspendes el juicio al respecto y, no obstante, quieres que dejen de hacerlo porque tú sabes lo que es bueno para ellos.

Entonces aparece un personaje que son muchos individuos cuya actitud creo que puede quedar retratada por estas líneas encontradas en el ensayo de Bertrand Russell, La conquista de la felicidad, del año 1930.

Pregúntese seriamente si el mundo ha mejorado gracias a la enseñanza moral que tradicionalmente se da a la juventud. Considere la cantidad de pura superstición que contribuye a la formación del hombre convencionalmente virtuoso y piense que, mientras se nos trataba de proteger contra toda clase de peligros morales imaginarios a base de prohibiciones increíblemente estúpidas, prácticamente ni se mencionaban los verdaderos peligros morales a los que se expone un adulto. ¿Cuáles son los actos verdaderamente perniciosos a los que se ve tentado un hombre corriente? Las triquiñuelas en los negocios, siempre que no estén prohibidas por la ley, la dureza en el trato a los empleados, la crueldad con la esposa e hijos, la malevolencia para con los competidores, la ferocidad en los conflictos políticos… estos son los pecados verdaderamente dañinos más comunes entre ciudadanos respetables y respetados. Por medio de estos pecados, el hombre siembra miseria en su entrono inmediato y pone su parte en la destrucción de la civilización.

Otra víctima nada infrecuente de la manía persecutoria es cierto tipo de filántropo que siempre está haciendo el bien a la gente en contra de la voluntad de esta, y que se asombra y horroriza de que no le muestren gratitud. Nuestros motivos para hacer el bien rara vez son tan puros como imaginamos. El afán de poder es insidioso, tiene muchos disfraces, y a menudo es la fuente del placer que obtenemos al hacer lo que creemos que es el bien para los demás. Tampoco es raro que intervenga otro elemento. Por lo general, “hacer el bien” a la gente consiste en privarle de algún placer: la bebida, el juego, la ociosidad o algo por el estilo. En este caso, hay un elemento que es típico de gran parte de la moral social: la envidia que nos dan los que están en posición de cometer pecados de los que nosotros tenemos que abstenernos si queremos conservar el respeto de nuestros amigos. Los que votan, por ejemplo, a favor de la prohibición de fumar (leyes así existen o han existido en varios estados de Estados Unidos) son, evidentemente, no fumadores para los que el placer que otros obtienen del tabaco es una fuente de dolor. Si esperan que los antiguos adictos al cigarrillo formen una comisión para ir a darles las gracias por emanciparlos de tan odioso vicio, es posible que queden decepcionados. Y entonces pueden empezar a pensar que han dedicado su vida al bien común, y que quienes más motivos tenían para estarles agradecidos por sus actividades benéficas parecen no darse ninguna cuenta de que deberían agradecérselo.

He conocido demasiada gente dedicada a evitar el uso de drogas que responde a este perfil. Convencidos y convencidas de que su trabajo es un bien para la sociedad y de que el individuo debe decidir por un estilo de vida saludable, olvidan la responsabilidad que emana de sus propios pecados cotidianos contra la civilización y el estilo saludable de la vida de algunos a su alrededor. Nadie es perfecto, claro, pero ser tan conscientes de lo que deben hacer los demás y tan poco de lo que hacen ellos y ellas, resulta tan complicado de explicar como lo son los motivos por lo que algunas personas deciden consumir cuando es del todo ilógico. Esperan aun así que se les esté agradecidos, llevan muy mal lo contrario y a cada paso se encargarán de poner sobre la mesa todos sus grandes méritos para ensalzar su ego; normalmente en detrimento de todos los demás que no saben o están en su contra. Es muy difícil estar en posesión de la verdad y que no te lo reconozcan.

Verán, ningún adicto a una sustancia o a otra cosa quiere que los demás lo sean. Si se preguntara y escuchara sus respuestas, es posible que dijeran no sólo lo que necesitan sino que tuvieran alguna idea sobre cómo evitar que otros pasaran por lo mismo. Es posible que en la conversación se hablara menos de la adicción o el consumo que de otras cosas, pero se podría correr ese riesgo.

Procesamiento rápido

De la expresión carne humana (referida a personas migrantes) dicha por Matteo Salvini, ministro del Interior de Italia -ni más ni menos que un Ministro de Europa- a centros de clasificación, utilizada entorno al reciente acuerdo europeo sobre inmigración, no va tanta diferencia. Menos si consideramos que también se usa la idea de procesamiento (rápido) que -siendo susceptibles- puede remitirnos a otros tipos de procesamiento como el penal o de carne. A estos lugares en territorio no comunitario, también se han referido como, simplemente, centros de internamiento de inmigrantes, concepto que -no pocos periodistas olvidaron-, ya es suficientemente discutido en la actualidad en nuestro país pues suponen privar de libertad a muchas personas que no han cometido delito que lo justifique.

Como ya antes en estas líneas  quisimos resaltar, la percepción del tiempo es un componente esencial en el análisis de las migraciones. Después de tantos años de procesos migratorios en Europa, volver a poner en el centro de la discusión la diferencia entre inmigrante económico y solicitante de asilo es -para empezar- una broma de los tiempos que corren.

Existe hoy una alarma generalizada que ha llevado a que el tema de una Cumbre europea fuera precisamente la inmigración. Dicha sensación es impuesta, forzada, el tema aparece en las agendas políticas respondiendo a otros intereses que los de seres humanos que ya llevan muchas décadas padeciendo y muriendo en su proceso migratorio. No quiere esto decir que no debamos alarmarnos, deberíamos estar desolados por tanto tiempo ya de injusticia. Hoy, las disputas políticas internas en Alemania han condicionado el tiempo de tal forma que resultaba evidente que hacía falta una solución sobre el papel para que Merkel salvara presiones. Lo que es, sin embargo, una tendencia y está de fondo -el clima y no el tiempo- es el aumento de poder de la extrema derecha por toda Europa. La misma, sabe que no le interesa una solución al tema, le interesa realmente seguir sacando votos y réditos políticos de una población crecientemente racista que odia a otra empobrecida, desplazada, prejuiciada e indefensa. Es este el circuito de retroalimentación que debería preocuparnos más pues, de momento, no se ven tendencias en sentido contrario para poder frenarlo.

De esa Cumbre, resulta que una de las ideas que quedan es que ahora hay que darse prisa en clasificar a las personas que son inmigrantes económicos y las que son refugiadas. Y aunque no se den cuenta, sólo hablar de clasificar personas de esa forma, ya resulta doloroso. No importa tanto que a día de ayer, pero desde hace años, el proceso de asilo tenga unos plazos que contravengan todas las normas en vigor; para solucionar eso no hay tanta prisa. Recordemos que cuando una persona solicita asilo primero se realiza un análisis para determinar si dicha petición puede ser admitida a trámite. Esto ya tarda y no pocas se ven encerradas por toda Europa mientras ocurre. Al menos en España, la media de resolución de estas solicitudes, ya las admitidas a trámite, está quizás en año y medio, cuando debería hacerse en un máximo de 6 meses, y luego, cerca del 70% de las mismas son negativas, quedando muchas personas como inmigrantes económicos producto de consideraciones administrativas que poco o nada tienen que ver con la vida ni de ese momento, ni de cuando se presentó la solicitud. Imaginen si en una vida más o menos estable pasan cosas en el plazo de dos años y puede cambiar todo, qué no será vivirlo pendiente de un papel.

Los que ahora se quieren dar prisa parece que, conscientes o no de ello, nos están diciendo que hace falta una clasificación más rápida que permita inadmitir mayor número a trámite y clasificar como inmigrantes económicos. Y se quedan más tranquilos y tranquilas si este procesamiento se hace con la gente retenida en unos centros, bien sea en su territorio bien sea en el de algún país fronterizo. Piensan, tal vez, que así tenemos el control, pudiendo devolverlos fuera, a algún sitio, cuando sea. Ocurre y se hace, no pocas veces contraviniendo la ley, pero deben saber que otras muchas más, al final de un periodo de confinamiento, se acaba dejando pasar a la gente, porque no hay motivos para otra cosa.

Muchas de las personas que así piensan, supongo que la mayoría, no han tenido oportunidad de conocer estos centros. Yo sí, varios de ellos en varios países europeos y les aseguro que no querrían estar allí; y los hay de todo tipo, más parecidos a cárceles, más a centros colectivos, más a campamentos. De algunos se puede entrar y salir cumpliendo un horario, de otros no. El caso es que la idea no es nueva, ya la aplicamos y hemos aplicado en el pasado, ni siquiera la de tener centros fuera de nuestras fronteras es nueva. No son la solución y menos si lo que se pretende es disuadir, como quieren que creamos. Verán, lo que es muy común no querer asumir, es que si se endurece el control de entrada y permanece la voluntad de entrar, sólo se favorece a las mafias, que se busquen soluciones nuevas, lugares distintos por los que intentarlo y que se asuman aun mayores riesgos para la propia vida, es una evidencia para quien quiera verlo.

Me encontré con estas palabras de un comentarista influyente de noticias que creo ayudan mucho a entender por dónde se mueve la justificación de lo injustificable, consecuencia de todo este despropósito de Cumbre.

“La guerra en Siria sigue haciendo huir por miles a sus habitantes, y ninguna disuasión por parte de las autoridades europeas les hace pensar que los peligros de las fronteras son peores que los de su tierra. Las penosas situaciones a las que se enfrentan en su camino hacia Europa son mejores que la amenaza diaria de la muerte.”

¿Cómo tienen tanta cara para mentir de forma tan descarada? La Guerra de Siria está prácticamente acabada desde hace meses, el Estado Islámico está prácticamente derrotado y probablemente los mayores males los estén causando los turcos a los kurdos, tanto en Siria como en Irak. Pero como digo, ya no existe la mentira de ser refugiado, la guerra está acabada, hay un plan de reinserción para los combatientes opositores y por lo tanto lo que hay que hacer es empezar a devolver a los millones de sirios que no se hayan integrado, no dejar que sigan viniendo.

No son refugiados, son INMIGRANTES ECONÓMICOS. Y como tal debemos tratarlos.

https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-06-15/las-grietas-del-muro-migratorio-europeo-estan-en-grecia_1578708/

Ya no existe guerra (prácticamente), si existe es por culpa de unos otros, los soldados se están reintegrando en un país asolado, aquellos que no se hayan integrado en Europa se los devuelve y se impide que vengan más porque nos están mintiendo y son inmigrantes económicos, ya no existen refugiados. ¿Cómo debemos tratarlos es la pregunta? Es una pieza magnífica.

Nos dicen que este denominado problema migratorio (ya así llamado por décadas) no tiene una solución sencilla. Puede ser. Si la tiene, pasa en primer lugar por no generar problemas innecesariamente, lo que quiere decir tener un sistema estable de entrada y acogida, pues el tiempo nos ha demostrado ya que este proceso no parará, en el mundo de hoy no. Ello pasa por remover trabas que existen mas que por inventar sistemas nuevos y quizás, tal como estaba previsto en la Cumbre y no se hizo y para el tema específico de asilo, desde la UE revisar el conjunto de disposiciones del llamado convenio de Dublin, como máximo. Si vamos a seguir adelante con la Unión Europea – y eso está por ver entre otras cuestiones por el creciente sentimiento anti inmigración que mueve voto-, no tiene sentido que el proceso de asilo sea responsabilidad del primer país por el que entra la persona. Las cuestiones de procedimiento y económicas se pueden resolver con voluntad, lo importante es el mensaje hacia fuera y dentro que diga que es la zona completa, Europa, la que se hace cargo y compromete con los principios de defensa de los Derechos Humanos entre los que inequívocamente está recogido el asilo. Es la mejor forma de dejárselo claro a las posturas racistas. En el momento que asumamos que cumplir con los Derechos Humanos nos significa un problema, empezaremos a tener uno serio y quizás no esté muy lejos que algún ocurrente -tipo Matteo Salvini- verbalice algo similar.

En segundo lugar, la idea es crear un mecanismo de atención europeo a las crisis. Es decir, tratar las crisis como tal y cuando lleguen, comprometiéndose a poner los recursos necesarios como en cualquier otra crisis. Esto evitaría que el propio concepto de crisis estuviera al albur de necesidades políticas y sí humanas.

Libertad de prensa

Siendo el día 3 de mayo el Día Mundial de la Libertad de Prensa, es normal que se publicaran artículos de opinión y noticias que sirvieran para defender a una noble profesión, la del periodismo, de los ataques que sufre. Tengo, no obstante, la sensación, de que la preocupación de no pocas opiniones derivaba a las fake news, la posverdad o las redes y no tanto a las presiones que los periodistas pueden sufrir para realizar su labor. Una de estas presiones que seguro no me pareció ver, es la de los medios en los que trabajan no pocos de ellos y ellas.

Pocas semanas después, encontramos que un programa de debate político en las mañanas es cancelado cuando ya antes su presentador había sido sustituido y -todo indica- en parte es por presiones desde el sistema político, pues, al menos las altas cuotas de pantalla no lo justificaban. https://www.elespanol.com/bluper/noticias/mediaset-cancela-mananas-cuatro

A día de hoy, el debate sigue abierto por la sustitución de la cúpula de RTVE y curiosamente, quienes antes se sentían cómodos con un sesgo informativo claro, ahora avisan de que no permitirán que se instale un medio público partidista. Dicho debate parece que está ya desde hace un tiempo entre nosotros, se repite cíclicamente y que se quedará por mucho más. De ayer también es que unos periodistas que destapan un escándalo son llamados ante un juez por revelación de secretos https://www.republica.com/2018/06/21/ignacio-escolar-y-raquel-ejerique-imputados-por-revelacion-de-secretos-en-el-caso-cifuentes/. No es, desde luego, el primer ni será el último caso, en que el denunciante de ilegalidades se ve perseguido y para cuando se demuestran sus afirmaciones el daño ya es irreversible.

En clase de mi hija se planteó una situación muy interesante al respecto. Un alumno con muy buenas notas que sin duda alguna envidia suscita, fue acusado de copiar en un examen. La profesora no quiso escuchar a más posibles testigos y despachó el asunto enfadada con los denunciantes por el mal que causaban. El niño avisó a su madre que habló con la directora que se enfadó todavía más. Pero la cosa no paró, la tensión subió y el niño acusó de otras cosas a otros alumnos en venganza. La reacción ante lo que podía pasar del profesorado, fue hablar con todos y decirles que no se acusaba a otro de copiar, que eso no lo debían hacer ya en el instituto y que, en todo caso, copiar iba en contra de quien lo hace y su educación. Y para relajar tensiones se pidieron todos perdón mutuamente. Me alegro de los resultados de la solución, pero, sin tener claro qué otra cosa se podría haber hecho, el mensaje de fondo es complicado de digerir; no seas un chivato.

Seguimos sin tener clara la verdad de lo ocurrido y quién tiene razón, es cuestión de cada cual tomar sus experiencias y según quién te lo cuente si deseas posicionarse; nadie sabe lo que pasó, a estas alturas quizás ya sólo y como desde el principio, el niño y quien denunció, los demás sólo podemos tomar partido. Quizás ni eso, pues es conocida nuestra capacidad de contarnos la historia y acabar creyendo en ella. Y esto es parecido a lo que pasa cuando hablamos de posverdad.

Una parte de la posverdad se liga al posmodernismo y la crisis en el pensamiento del siglo pasado que todavía hoy vivimos. De tanto pensar acabamos dándonos cuenta que es imposible hacerlo sino desde uno mismo, es decir, el pensamiento es pensado por alguien en un bucle infinito, de lo que -se deduce- la objetividad y por lo tanto la verdad, son imposibles. Este relativismo científico ha llevado a muchas mentes brillantes a retraerse de la esfera pública en favor de periodistas y políticos pues no estaban seguros de nada. Pero peor aun, nos ha servido para pasar al relativismo moral por el que parecería que todo vale. Sin embargo es una conclusión inadecuada. En nuestro pequeño ejemplo, sin saber quién miente o dice la verdad y por lo tanto no pudiendo encontrar culpables (ni queriendo), podemos entender todo lo ocurrido en ese micromundo tan particular que es la escuela pero que no está aislado del resto. Un sistema competitivo, una presión por los resultados en forma de nota, en la escuela y en las familias, que es reflejo del mundo laboral, reflejo también de muchos valores transmitidos en diferentes medios, personalidades forjadas bajo esas lógicas… pueden generar más unos comportamientos que otros. No es un juicio moral, menos teniendo presente que todos incorporamos hoy esquemas similares y no se puede predecir tampoco cuándo ocurrirá de nuevo, ni si lo hace, ni si lo hace en una forma distinta con el mismo fondo, pero podemos entenderlo sin encontrar culpables.

La otra parte de la posverdad no es mas que la clásica demagogia -apelar a nuestras emociones que no razón para pasar un mensaje-. Es una estrategia consciente que se decide o no emplear y hoy tiene el rango de industria con sus gabinetes de comunicación y demás. Y tiene -como no- su ciencia -para colmo- que ha descubierto que los mensajes llegan en menor porcentaje por las palabras y los argumentos que por las referencias emocionales a miedos o estados preconcebidos previos. Cosa que, siendo cierta, es posible discutirla pues es cierta en un contexto dado, hoy, pero se podría cambiar.

En su vertiente de pensamiento científico, la posverdad está llevando a nuevos logros, ahora se empieza a pensar en términos de relaciones, sistemas, complejidad y emergencia sin abandonar el estudio de la unidad mínima aislada que tantos éxitos ha traído. La demagogia, sin embargo, es la misma que hace siglos, se ha sofisticado acorde a los tiempos y se ha extendido por todos lados, desde la política donde ya estaba, hasta la comunicación de las empresas con sus clientes y también empleados y empleadas. En un mundo social crecientemente complejo, la demagogia se empeña en la simplificación y la creación del mensaje, más que en el intento de comprensión del fenómeno y sus relaciones. La demagogia nos lo resume todo en “no te chives”. Pero sigue siendo una estrategia consciente, esto es lo importante, no tiene nada que ver con la otra parte de la posverdad descrita, que sólo es consciente de que debe seguir interrogándose no sólo sobre el fenómeno estudiado con todas sus relaciones, sino sobre quien habla del mismo y el papel que juega como observador.

Lo que sabemos del periodismo es que desde finales del siglo pasado el poder político puso en marcha mecanismos para controlar el mismo con fuerza, bien mediante el poder económico, bien utilizado la justicia. Y que en no pocas ocasiones ha sido el poder económico el que ha empezado esa búsqueda de control del poder político por medio de la prensa. En sociedades que se complejizan todo ocurre en más de una dirección, las interdependencias son mayores. Y precisamente por ello, las posibilidades de acción son también mayores, la cantidad de posibilidades se amplían. Lo cual no quiere decir que estemos a salvo y que el periodismo siempre encontrará un camino para resistir, una innovación, sería caer en el error de pensar que la historia sigue una linea de creciente mejora hasta el infinito o tal vez la otra idea errónea por la cual la historia solo se repite. En esta ocasión el periodismo y con el los demás, se ha salvado porque en paralelo se generalizó el uso de la red, algo que curiosamente y al principio veía como una amenaza.

El gran error del periodismo puede ser seguir intentando convencer y convencerse de que es el cuarto poder. El poder tiene tendencia a ser uno. Es algo incómodo, no cabe duda, pero es necesario ganar consciencia de que sólo existe periodismo confrontando al poder y los medios de comunicación deben comprenderlo.

Feminismo y rapero

Una periodista, en el programa la Sexta Noche, utilizó, para defender que no todo vale en la libertad de expresión y así el encarcelamiento de un rapero (que era el tema de debate) que las palabras pueden hacer daño. Por lo tanto, hay palabras que no deben ser dichas y, para argumentarlo, quiso poner el ejemplo del cambio en el lenguaje que se impulsa desde el feminismo como forma de trasformar la sociedad. Es decir, las palabras son tan importantes para crear el mundo en el que nos movemos que mira el feminismo lo que hace, luego si lo son, que un rapero diga esto o aquello en un concierto o en sus letras, puede perfectamente ser delito. En realidad la confusión de esta periodista no puede ser más grande.

No es una confusión sólo suya, mucha gente cree en una especie de magia de las palabras o cree que estas encierran grandes peligros. Se puede argumentar que se trata de una forma de hablar, que todos y todas entendemos que cuando nos referimos a la magia o al horror de las palabras, en realidad lo estamos haciendo a las ideas. Quizás, pero resultaría algo más embarazoso condenar al rapero por sus ideas, no queda muy moderno. Y ello -además- nos llevaría a un problema complicado si el acusado nos dijera: mis ideas no son esas, en realidad yo pronuncio tales palabras porque es mi medio de vida, me dirijo a un público que no me pagaría por hacer otra cosa.

Es una posibilidad aterradora, estaríamos condenando a la víctima que, conocedora de los gustos de las masas sólo se adapta a sus demandas; deberíamos llevar a la cárcel a todos eso incitadores y no al pobre rapero. Y digo -estaríamos condenando- por si alguien se quiere liberar de esa responsabilidad, cuando en realidad, es la sociedad, por medio de sus leyes y los jueces que aplican una legislación -todos y todas- quienes estamos condenando.

Pero volvamos a las palabras. Alegarán que estas incitan o puede hacerlo a la acción y la mera posibilidad de que algo ocurra ya es como para una condena. No se puede negar que esta posibilidad sí que da miedo. Tuve un profesor que vivía con cierto tormento no saber las repercusiones de lo que dijera a sus alumnos y alumnas, se sentía responsable de cómo se interpretaría y las consecuencias futuras de ello. Era grande, pero yo vivo desolado desde que lo conocí por si un día acabara en prisión por alguna cosa que hagamos cualquiera de toda aquella panda de descerabrados a quienes trataba de enseñar.

Seamos algo más prácticos, la realidad puede ser que a nadie le importan las ideas o expresiones de las mimas (palabras) más o menos radicales de un señor o una señora, en toda sociedad existen personas en los extremos. Que a alguien no le guste la corona o la Guardia Civil es aceptable dentro de unos límites pequeñitos e inevitable si me lo permiten. Lo que preocupa a algunos, sobre todo los que ostentan el poder, es que se extienda esa radicalidad y si lo hace -si preocupa- es porque ya se cree que lo está en buena medida. Entonces es cuando deciden que hay que poner límites para intentar que esas expresiones vuelvan al rincón de la marginalidad social y no arrastren a más personas. Siendo prácticos, es tan sencillo como eso, ven amenazado y usan su poder; les preocupan las ideas y atacan las palabras.

Pero incluso antes que las ideas, existen las creencias. Lo hacen a la vez y se retro alimentan, si bien se suele pensar que las creencias son algo más estables una vez que, a base de ideas, están configuradas en un ser humano. Para mi gusto, Bertrand Russel lo explica muy bien en Fundamentos de filosofía.

El efecto que producen nuestras pasiones sobre nuestras creencias constituye uno de los temas favoritos de los modernos psicólogos; pero el efecto inverso, es decir, el de nuestras creencias sobre nuestras pasiones, existe asimismo, si bien no tiene el carácter que se le hubiera supuesto en la psicología intelectualista de la vieja escuela.

Así que sí, parece que también cuentan nuestras pasiones en este batiburrillo. Debe ser por ello que los tertulianos y tertulianas resultan tan predecibles.

Y llegamos entonces al principio. A la periodista que busca resaltar la importancia de las palabras, es evidente que no le gusta mucho el feminismo y torticeramente, usando la clásica demagogia, cree probado que si las palabras son tan importantes para este movimiento, debe ser porque importan mucho, luego puedo condenar a perder su libertad a un ser humano por usar unas u otras. Si esto fuera cierto nos pone de nuevo ante una situación difícil si el rapero en cuestión hubiera expresado las mismas ideas con un lenguaje de género cuidado. O si con las mismas, una autoridad decidiera que, como no le gusta el feminismo, se pudiera detener a cualquier que dijera algo desdoblando el género.

Por supuesto no es el momento histórico para esto último, quedaría muy feo, con ridiculizar a quienes usan alguna expresión como portavozas parece suficiente, de momento. La cuestión es más complicada. El feminismo defiende unas ideas y se respalda en unas creencias y viceversa. Una de esas ideas-creencia es que con el lenguaje se pueden producir realidades. Pero por realidades se está pensando, primero, en ideas y creencias, y luego, se espera que una vez adoptadas por más personas produzcan comportamientos. Por mucho que alguien se pueda empeñar, las palabras sin quien las interprete no son nada. Así que no, señora periodista, creo (son mis creencias) que el feminismo no debe ser usado para justificar la detención de un rapero, pero es un buen intento.

Amigo

Querido amigo, si no recuerdo mal, marchaste poco después del pucherazo en la Asamblea de Madrid. Te puedes imaginar que, si fueron capaces de aquello, qué no habrá ocurrido en estos ya 15 años. Cómo pasa el tiempo, ¿qué tal tus niños? veo por Facebook que son 2. Qué invento ese de las redes sociales ¿no? ¿quién nos lo hubiera dicho?

Total, que después de aquello han seguido gobernando los mismos, año tras año, hijo tras hijo. Han tenido que dimitir de la presidencia alguna que otra vez y estado varios de los altos responsables de todos estos gobiernos en la cárcel, pero como si nada, allí siguen. La última…, no sé cómo explicarlo. Parece ser que falsificaron para ella un Master que no hizo y luego sacaron unas imágenes guardadas durante 8 años en las que se veía como robaba unas cremas en un supermercado. Como te lo cuento. Y dimitió sólo por esto último ¿te lo puedes creer? pero muy ofendida. Todos y todas se ofenden mucho y -de verdad te digo- es lo que a mí más me duele.

Otra Presidenta de Madrid -y argumentan que es sólo una anécdota- se dio a la fuga tras el alto por estar mal aparcada en el centro y acabó atropellando, ya en su casa hasta la que llegó la persecución, a uno de los agentes. A veces me da por pensar que estas cosas tienen la virtud de hacerte olvidar el fondo, sacudes la cabeza de lado a lado reconociendo la humanidad del personaje y con ello te olvidas del sistema moralmente corrupto que han construido, auspiciado por sus ideales liberales mal entendidos.

Me siguen resultando tan incomprensibles mis conciudadanos como entonces, cuando con unas cañas y recién empezando a salir al mundo que nos conocimos, creíamos arreglarlo. Aquellas normas que pensábamos cambiar lo han hecho ya, a peor, silenciosamente, de la mano de la misma panda de anómalos que causaron los problemas, y la peña los vota como si nada. Lo malo es que te ponen en la tesitura de dejar de creer en la democracia, justo igual que ellos y ellas que en realidad -sabemos- nunca creyeron.

En fin, que como hablábamos ya estaba pasando, se han cargado, entre unos u otras, una o varias generaciones, la nuestra, seguro. Te dirán -nos dicen- que es una exageración, que seguimos siendo un gran país, que muchos otros están peor…Ya sabes que no es eso, la incredulidad día tras día ante lo que ocurre, la frustración, la impotencia, el miedo, han causado tanto daño que la gente se ha vuelto desconfiada hasta de si, retraída, más cutre en general, egoísta y priman, como contrapunto, de nuevo los machitos, el abusón de toda la vida vuelve como modelo. Pero, de verdad, no es sólo discurso izquierdista el mío, en las oficinas -que desafortunadamente es lo que mejor conozco-, no te puedes ni imaginar cómo se reproducen los patrones de esta nefasta forma de ser. La gente está envenenada e inmunizada, parece que han aceptado que sólo existe una dirección. Si ya teníamos dificultades para encontrar referentes, ahora es casi un milagro.

El retroceso en libertades no te lo creerías, la mala prensa y sus periodistas se han vuelto como locos en su propia salsa, la justicia pasa por su mayor etapa de descrédito y entre todos, utilizando a las fuerzas de seguridad, les ha dado por perseguir a cualquier persona que discrepe utilizando grandes palabras con brocha gorda, como terrorismo, mientras la banda que tantas tardes nos hizo llorar, sigue su camino de desaparición.

Los poderosos han perdido el norte, sienten más que nunca que pueden hacer lo que les dé la gana pese a que mucha gente sale a la calle y protesta, pero como quien ve llover. Mientras, como en una recurrente pesadilla, se vuelve a mirar a la vivienda como objeto de especulación; ya hace años lo decíamos y tuvo que venirse el chiringo abajo. Me pregunto si es que vivo y he vivido yo en otro mundo.

Quizás, amigo, hoy me he levantado en un mal día, viéndolo todo negro, ya me conoces. Con los años no he conseguido dejar de ser un nube negra y eso que nos bombardean con la idea de ser positivos, de que si lo piensas con mucha fuerza tú puedes. Pero que nada, no me funciona.

¿Decadencia del conocimiento?

Lo de Cristina y su universidad es innombrable, no le demos más vueltas. Todo lo que ha venido detrás, con la aparición de otros casos -muchos- y lo que se ha escuchado de políticos y políticas y académicos ya habla de un sistema en decadencia.

Es comprensible una necesidad de conocimiento, a medida que te haces mayor y las preguntas aumentan, es casi humano. Puede ser esta una de las características de nuestro tiempo, en otros la idea del “sólo sé que no sé nada” estaba al alcance de muy pocos, hoy, cualquiera que envejece con un mínimo de sensibilidad puede añadir a la certeza de su muerte también esta otra; a medida que vives tienes más preguntas y menos certezas.

Lo que es menos comprensible es la acumulación de títulos, puesto que no siempre cubre esa necesidad. El Máster de Cristina seguro que no y no sólo porque no lo cursara, aun habiéndolo hecho no se sabe muy bien qué conocimiento esperaba obtener. El título en cuestión es “Derecho público autonómico” que se menciona poco con los millones de líneas escritas sobre el tema. Si nos dicen que lo que pretendía estudiar era algo relacionado con la física cuántica, por ejemplo, probablemente no estaríamos hoy hablando de todo esto. En cambio, alguien siempre mal pensado podría decir que no tiene sentido que un personaje con tanta responsabilidad pierda el tiempo con materias a las que se les puede sacar poco provecho para sus tareas y nos referimos a la cuántica no tanto al derecho, por si hubiera alguna duda. Pero aquí esa crítica estaría equivocada.

En principio, la labor de un político no es medrar, ni repartir prebendas, queramos o no ni son tareas tan complicadas ni hace falta estudiar para eso. Pero sí podríamos decir que una parte de su labor es pensar y no tanto correr de evento en evento conociendo gente. Si en parte te dedicas ya al derecho público autonómico, desde luego un tiempo de tu día volcado sobre la física cuántica seguro que redunda en beneficio del pensamiento, de las ideas y, cabe que incluso en tu labor. Si resulta que ya estudiaste física cuántica quizás puedes hacerlo en el sentido contrario. Lo importante debería ser estimular el cerebro y la creatividad. Pero no, y ya nos da rabia volver sobre este tema años después, es el nuestro un país con una distancia jerárquica muy alta. El político o la política, el académico o el empresario o la empresaria, buscan reconocimiento social en otras esferas diferentes de a las que se dedican y casi siempre más dinero.

Pretenden luego hacernos creer muchas cosas. Que la empresa es la que innova y que con sus métodos de gestión se puede mejorar la política. Que la política se puede reducir a las leyes y a hacerlas cumplir. Que la universidad debe aportar trabajadores cualificados a la empresa. Que la universidad es cuestión de obtener un título y que basta con poder pagarlo. Que para dimitir has tenido que ser sentenciado. Y claro, que la mentira es cuestión de puntos de vista. Por supuesto, y que la tierra gira alrededor de los malos políticos y que con esta universidad avanzaremos como sociedad y dejarán de colarnos malos políticos sus ideas y formas de comportarse.

Error simbólico, error teórico

El peor dato de la presentación de la última encuesta ESTUDES sobre consumos de drogas entre adolescentes de 14 a 18 años está en su propia presentación. Resulta que se eligió el día 8 de marzo que coincide con que este año ha sido el de la huelga feminista y una inmensa movilización social.

Ese día y los que siguieron, el feminismo eclipsó casi cualquier otro tema. Si la idea es que, coincidiendo con la presentación de unos datos sobre consumos de drogas entre las personas más jóvenes, pueda darse un mínimo debate en la sociedad, el fallo de cálculo fue grande. Eso o se infravaloró la relevancia de dicha conmemoración y movimiento social, cosa no muy propia, dado el énfasis que en la recientemente aprobada Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017-2024 se pone sobre la perspectiva de género.

Es verdad que no se suele tener debate sereno alguno sobre el tema de las drogas, no importan los datos en cuestión, pues siempre habrá una muy alta dosis de alarmismo al presentarlos en la prensa. Este año (pero la tendencia en los últimos) resulta que los datos se pueden considerar buenos dado que muestran disminución en prevalencias de determinadas sustancias y cierto retraso en edades de inicio de consumo en otras. Parece que, de momento, y a tenor de esta herramienta concreta, no se aprecia repunte alguno en la heroína, preocupación central para muchos por lo que ocurre en otros países y la propia historia en España. No es menos cierto que nos podríamos detener, por ejemplo, en que las mujeres jóvenes se emborrachan más que los hombres o que consumen más hipnosedantes, lo cual también es una tendencia que se venía observando y requiere poder explicarse.

No es menos verdad que la información sobre consumos de personas entre 14 y 18, siendo interesante y necesaria, no abarca toda la realidad. La relación entre probar una sustancia y desarrollar una adicción es algo espuria. Lo único cierto es que si nunca pruebas nada no desarrollas adicción, la probabilidad es cero. La edad de inicio a veces es un factor de riesgo y a veces lo es de protección, tienen influencia muchas cosas en la vida de las personas, no es muy racional atribuir una especie de poder mágico a las sustancias en consideración, o en términos más científicos, una causalidad directa y unívoca. Y puede pasar que los consumos de sustancias a edades más tempranas no tengan un equivalente directo con los consumos a más edad, es, por ejemplo, lo que hoy pasa con la cocaína y la heroína en España, que se consumen más tarde y seguramente tenga que ver con la representación social y cultural de las sustancias y el acceso a las mismas. El mismo tipo de encuestas a población joven, en Estados Unidos, no reflejaban el problema que estaba sucediendo con lo que ahora conocemos como crisis de la heroína.

El estudio sobre las tendencias de consumo de drogas es de esos complejos (que no sólo complicados). No se trata tanto de la existencia de muchas variables que sería un problema complicado, sino de que las que sean que tomemos en consideración interectuan entre ellas de forma no lineal, es decir, no siguen el esquema simple de A causa B, lo que nos lleva a la complejidad. Influyen, además, las condiciones iniciales, nunca tendremos, como en un laboratorio, una función que empiece en cero y sobre la que se pueda ir de adelante a atrás y viceversa probando, ningún joven afronta el consumo de sustancias en un contexto controlado, neutro.

Cada vez que nos encontramos con un sistema parecido puede cundir el desánimo y pensar que no es posible hacer nada por mucho esfuerzo investigador que pongamos. No es del todo cierto, siendo verdad que si lo que queremos predecir es la próxima crisis lo tenemos bastante difícil. Pero a corto plazo, sí podemos saber cuales serán las tendencias y esto es mucho.

Una de las formas que conocemos para afrontar la complejidad es aportando complejidad y esto, más o menos se hace, por la parte que corresponde a incluir más disciplinas mirando el problema, lo que llaman multidisciplinariedad. Pero no es suficiente si cada una de ellas se centra en sus pequeñas interacciones, por ejemplo el cerebro y las sustancias y no amplía sus miras hacia sistemas más complejos. El cerebro es un sistema complejo por sí mismo, pero que no se puede explicar si no es por su interacción con otro más complejo todavía que es el cuerpo humano que a su vez no se puede explicar sin tener en cuenta otro más complejo del que recibe información que es el ambiente y el grupo y la sociedad en la que vive con su cultura… las sustancias no son sólo unas reacciones químicas, se mueven, por ejemplo, en unos contextos de tráfico que son complejos…

La cuestión, después de todo este rollo, es que los cambios sociales son importantes para el consumo de sustancias. Del mismo modo que ahora en no pocos lugares se intenta anticipar el problema de las adicciones sin sustancia, es decir, y en particular a las nuevas tecnologías, alegando que suponen un cambio social, es si cabe mucho más importante mirar el cambio social que está suponiendo el feminismo. Lo está haciendo poco a poco, con repuntes, pero eso no debería hacer que pase inadvertido y menos para los especialistas en sustancias que están acostumbrados a la consideración de plazos largos de interacción de las personas con las mismas dado que el tiempo es una de las principales medidas. Es posible aventurar que los cambios en los roles de género, por paulatinos que sean, tienen y tendrán un reflejo en el consumo de sustancias tanto en hombres como en mujeres. Ya pasó con el tabaco, dos veces. No podemos decir en qué sentido, pero sí que ha ocurrido, está ocurriendo y ocurrirá. Por eso, el gesto simbólico de la presentación de unos datos el día 8 de marzo, se convierte, además, en un error teórico.

Barrio

Debemos reflexionar sobre si lo acontecido en torno al fallecimiento de Mame Mbaye Ndiaye es tan lamentable como pareció. Desde luego su muerte lo es.

Es fácil comprender que para una parte de la prensa que un ayuntamiento “podemita” sea responsable de la represión a los “manteros” es muy jugoso. Por eso adquirió tanta importancia establecer una causalidad directa entre las ya reconocibles carreras calle abajo cuando se da el aviso y el fallecimiento. Lo curioso es que, al rato, estos medios parece que quisieron deshacer esa conexión que seguía ella sola propagándose por las redes. A nadie se le escapaba en esos momentos que podría haber una respuesta en la calle y es muy posible que estos medios no quisieran que la policía, a la que tanto defienden como parte de su ideología de orden, se pudiera volver contra ellos y acusarles de haberles cargado una responsabilidad que no era suya, pero que acabara con una batalla en las calles dirigida precisamente contra ese cuerpo. En esas horas previas, todo el mundo sabía que podría haber disturbios porque se conoce de sobra la olla a presión en la se obliga a vivir a tanta gente y no sólo en el barrio de Lavapiés.

Madrid ya tiene su Mollenbeck gracias a Carmena es el titular más claro que ejemplifica toda la carga ideológica que se puede llegar a mezclar con la muerte de una persona. No obstante, más lamentable es todavía que días después, esa pelea por definir lo acontecido y repartir culpas siguió entre los representantes políticos, periodistas y policía, hasta el punto que se han presentado denuncias y nuevamente, a los tuits de algunas personas. Tengo un amigo que trabaja en una organización con un grado de conflictividad laboral por encima de lo normal que ya es decir en este país post crisis. Él, un tipo sabio, me define perfectamente el papel de la abogada que lleva todos los juicios; resulta que ella genera, muy sutilmente, los conflictos, para aparecer luego como quien salvó a la organización al resolverlos. No sé a ustedes, pero a mí me parece que de estos perfiles ha habido mucho en los días de los que estamos hablando.

Lo que saco en claro es que resulta más cómodo, dentro de lo que cabe, el enfrentamiento ideológico que tener que hablar de las causas profundas. Lo que de fondo tenemos es que una persona pueda permanecer 12 años en un país y seguir en situación irregular, algo que resulta bochornoso a parte de inhumano. ¿Cuándo deja alguien de ser extranjero? Debemos reconocer que es un concepto un tanto endeble este de extranjero que sólo tiene sentido cuando se mezcla con el racismo institucional. Por medio de este último es por el que los estados, diseñando procedimientos administrativos que acaban en sí mismos, hacen imposible regularizar a determinadas personas y no a otras.

Tampoco debe pasar desapercibido que uno de los ayuntamientos que colgó la pancarta de Refugees Welcome confesó que sus propuestas para hacer algo sobre la situación de irregularidad de tantas personas habían estado muy paradas. Es muy difícil enfrentarse a este tema, el racismo imperante ofrece resistencias por todos lados, las competencias de un ayuntamiento sobre la materia son escasas y siempre resulta más cómodo ponerlo al final de la lista de tareas, porque -no se puede negar- todo lo que tiene que ver con inmigración levanta a una muy buena parte de la sociedad en tu contra, aquí y en toda Europa y a la que te descuidas te acaban diciendo que la solución -si tanto te gustan- es que te los lleves a tu casa.

Pero pasó algo más, vimos unas imágenes de un señor agarrado a una farola, tembloroso por tamaño desafío a la autoridad, a quien proporcionaron un porrazo en la cabeza con una violencia que podría haberlo matado, sin aparentemente ser necesario. Esto no tiene excusa, y también, en mi modesta opinión, se está pasando muy por encima de ello.

En el fondo que el racismo es tan estructural como el machismo es algo que convendría asumir para poder afrontarlo. Ya sabemos que no siempre se presenta en su forma blanco o negro, la humanidad -nos dicen- avanza, ahora se mezcla con una desconfianza crónica al que no tiene dinero y eso lo hace aparentemente más complejo.