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Refugiados y refugiadas

Ahora somos más sensibles al tema de los refugiados y refugiadas y eso está bien, aunque ya se puede ir avisando de algunos de los siguientes problemas que puede que enfrentemos, y no es por ser pájaro de mal agüero.

Hemos tardado y ha tenido que ser debido a lo que se ha denominado una crisis humanitaria, pero el caso es que hoy el ciudadano que quiere estar informado sabe mucho más sobre el tema que hace unos meses y ello es positivo. Políticos, funcionarios y periodistas siguen, en no pocos casos, tratando el tema de manera muy gruesa y con ciertas inexactitudes, sin embargo, poco a poco, se va llegando a exponer y entender con más claridad la cuestión de la protección internacional por medio del asilo.

La movilización de recursos por solidaridad está muy bien y en eso estamos, pero hay un tema clave previo que no he escuchado con claridad ¿qué estatus legal tendrán las personas que vengan sea el número de ellas que se decida? Si se considera que son solicitantes de asilo y otorga lo que se conoce como la tarjeta blanca, no tendrán acceso a la red de recursos públicos sólo a los que se pongan específicos para su situación y, por supuesto, no pueden trabajar con permiso de trabajo. A fecha de hoy y desde hace ya un tiempo, la cobertura para las personas en esta condición es muy poca o casi inexistente. Sirva esto también de denuncia de lo que ha estado pasando y hemos dicho pero como si nada, a nadie le importaba, y crisis humanitarias no se han dejado de producir en el mundo estos últimos años.

Antes de los recortes, si una persona solicitaba asilo se le daba acogida, entendiendo por tal alojamiento y comida hasta que formalizaran la petición y le dieran la tarjeta blanca. Eso ya no ocurre y como la cita tarda unos 6 meses pues durante ese tiempo son lo más parecido a inmigrantes en situación irregular, sin cobertura salvo de emergencia como por dormir en la calle con menores o similar. Y eso está ocurriendo hoy aunque no hayamos tenido noticias. Quiero decir que sí, efectivamente, si una persona pide asilo puede esperar varios meses hasta que su petición es vista por primera vez para confirmar a esta persona que ha pedido asilo –lo crean o no- que es todo lo que en el fondo se hace, y la maquinaria de la protección no se mueve porque no hay dinero hasta ese momento.

Si a estas personas que vendrán les dan la tarjeta roja o de la blanca pasan muy rápido a la roja como en otras ocasione excepcionales ha ocurrido, querrá decir que ya son admitidos a trámite y provisionalmente podrán trabajar y tendrán acceso a lo establecido de ayudas, pero para refugiados, no mezclemos, no podrán pedir subsidios o vivienda por si alguien quiere utilizar este argumento de manera torticera. Pongamos que a ese tipo de posibles prestaciones (vivienda pública y rentas por ejemplo) se llega en situaciones normales, a fecha de hoy, a partir de los 5 años de media y dependiendo de los requisitos que establezca cada administración que suele pasar por los años (5) de empadronamiento en la zona. En el actual sistema uno de los problemas detectados es cuando el programa específico de atención a los refugiados que dura entre 18 y 24 meses se acaba y las personas no pueden acceder a la red normalizada de atención.

Evidentemente y desde el principio, sanidad y escolarización son otra cosa. Todos los niños y niñas tienen que ser escolarizados y la comunidad educativa ya tiene experiencia en hacer inmensos esfuerzos, lo cual es para seguir agradecidos. Y sobre la sanidad, curiosamente, el debate ya venía servido si bien estas personas no serán, cabe pensar, “irregulares” en ningún momento ¿o sí?

¿Qué podemos esperar entonces? Dependiendo de cómo se quiera resolver las cuestiones anteriores y no se debe olvidar que por el Convenio Dublín se puede devolver a la persona al primer país en que fue registrada, algunas personas, si pasan muchos meses en un recurso de alojamiento a la espera de unos trámites administrativos, por mucho que estén dando clases de español y tengan las necesidades básicas cubiertas, es posible que piensen en moverse hacia otro país. Pónganse en su situación y es humanamente comprensible. ¿Desde la admisión a trámite cuánto tiempo podemos esperar que pase hasta que se resuelva el expediente y sean concedidos asilo? ¿Se concederá una situación humanitaria, será caso por caso o se hará trazo grueso por nacionalidad por ejemplo? Quizás la guerra acabe antes y muchos quieran volver a su país de origen. Algunas familias o personas, tal vez, decidan quedarse y reiniciar su vida en España, según les vaya. Algo de fraude puede intentarse, claro, si personas que se ven sometidas al sistema de asilo a fecha de hoy, ven que pueden obtener alguna aceleración en su situación con el sistema que se establezca para las crisis humanitaria, pues lo intentarán, cosa también humanamente comprensible.

La presión de la sociedad civil y que se produce en un periodo electoral es algo maravilloso. Habla muy bien de nosotros y nosotras. Es posible que por cómo se han resuelto situaciones similares antes, determinadas expectativas no queden cubiertas, ni de esa sociedad civil, ni de los propios refugiados y esto genere malos sentimientos. Promesas no cumplidas por un lado, sentimiento de ingratitud por otro. Ojalá que no, ha pasado más veces y sólo por eso cabe mencionarlo, por si esta vez fuéramos capaces de hacerlo mejor, siendo el reto mucho más complicado dado el volumen de personas. Es importante que quienes vengan tengan la información de lo que les espera muy clara y lo es tanto como que lo que les espera sea algo mejor que el actual sistema de asilo, con lo que el reto no es pequeño.

Las entidades sociales a cargo del sistema están insistiendo en que se debe utilizar la misma lógica que ya hoy existe y que implica todo un programa bien estructurado y por fases que cubre del 18 a 24 meses con distintas acciones y apoyos. Sistema que por otro lado goza de reconocimiento en los países de la UE. Ese podría ser el ideal pero sin las cuestiones derivadas de la situación administrativa y legal de las personas claras de antemano puede ser complicado implantarlo. Y dicha situación pasa no sólo por la atención psicosocial, la administración debe poner recursos pues es la única responsable de tramitar los miles de expedientes.

Deberíamos haber pensado antes en el sistema de asilo, es muy lento y burocrático para las pocas concesiones que finalmente se producen en España que es el país europeo que menos concede o casi en porcentaje de solicitudes. Ahora es tarde y parece que nos lo encontraremos todo de golpe, siendo el tiempo para pensar escaso. Se podría decir que bienvenida la situación y así espabilamos, pero como siempre, el problema es que detrás hay personas que pueden sufrir las consecuencias de nuestro desinterés común por este tema hasta ahora. Y si la experiencia no es gratificante y si la sociedad civil se desentiende pasados los calores iniciales, es posible que se dé todavía un paso atrás y empeoremos en España y en Europa la situación para los solicitantes de asilo. Ese riesgo existe sólo con ver la cantidad de personas y grupos que por todos lados, en los gobiernos también y sobre todo, se han mostrado a las claras contrarios a aceptar a otros en su territorio y lo rápido que encuentran argumentos con aparente lógica y pasan al siguiente si se les desmonta.

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Merkel una y otra vez

Ha sido muy comentado el episodio de Merkel con la niña palestina en un programa de televisión. La niña cuenta su historia de 4 años de residencia en Alemania y sus sueños de estudiar en la universidad, pero le preocupa que su padre no tenga respuesta al asilo solicitado y que no pueda trabajar, así como la posibilidad de que se lo denieguen. Merkel le dice a la niña que no se puede dejar entrar a todo el mundo, la niña se pone a llorar y ella va a consolarla poniéndose algo borde con un comentario del presentador mientras lo hace.

Para algunas personas en España y en Europa la interpretación es que esta señora carece de la más mínima empatía. Para otras que es una gran dirigente porque no trata a la gente como niños, les dice la verdad aun cuando esta es dolorosa, aun dirigiéndose a niños.

Esta segunda interpretación, para mi gusto, carece de toda veracidad. La cuestión sobre la que contestar es que un procedimiento como el del asilo lleve 4 años sin respuesta ni favorable ni desfavorable. Esto es inhumano e ilegal. En ese tiempo tienes a una niña que en apariencia está integrada en la sociedad alemana, al menos habla alemán que es lo que se suele considerar una muestra de integración, pero unos padres que no saben si serán deportados en algún momento y que no han podido trabajar legalmente. Y la respuesta es algo así como que no se puede dejar pasar a todo el mundo. Pues menos mal, quizás Merkel esté llegando 4 años tarde.

A lo que debe dar respuesta es a si considera que saltarse toda la legislación internacional a la torera, permitir estas situaciones de indefensión que, además rozan el absurdo, le parece normal. Pero ella no, ella recurre a un argumento tan populista como que no se puede dejar pasar a todo el mundo, argumento que seguro hizo dar un salto de alegría a los más radicales de derechas en su país.

Y todavía escuchar que eso es una dirigente como tiene que ser porque no le dice a la gente lo de los Reyes Magos, me demuestra que existen al menos dos sensibilidades muy distintas entre europeos. El problema lo estás creando tú permitiendo que personas no tengan respuesta después de tanto tiempo en el que no saben qué será de su vida al día siguiente; esto es parecido a una tortura, no tenemos más que preguntárselo a quienes viven tal situación.

En el fondo subyace un argumento doble, por un lado que Europa y en este caso Alemania no puede acoger a más personas y por otro, para apuntalar el anterior, que realmente la situación por la que se produce la salida no la creamos nosotros que es también lo que le dice Merkel a la niña. Empezando por este segundo argumento habrá quien piense que desentenderse del papel histórico que Europa y en particular Alemania han jugado y juegan en la zona de conflicto a la que en particular nos referimos, es algo cínico. Desde luego, pensar que no se puede hacer más hoy por ayudar a solucionar los conflictos tampoco parece muy acertado.

Alemania ha ido aumentando el número de solicitudes de asilo que recibe desde las 27.000 en 2008 a las 202.000 de 2014. No llega a las 400.000 que se esgrime en algunos medios. Pedir asilo, sólo por recordarlo, es una cosa muy seria, no te levantas una mañana y dices “me apetece viajar a no sé donde, voy a pedir asilo”. Supone que existe una situación que te hace salir huyendo de tu país, temiendo, de manera general, por tu vida o la de tu familia. ¿Es mucho 200.000, es poco, se puede asumir? Desde luego indica que en el mundo hay muchos problemas y la gente pasa miedo y desde esa perspectiva es muchísimo. Pero también demuestra, una vez más, que el temible efecto llamada no es muy preciso, puesto que a medida que vas aumentando la dureza en tu país y Alemania es muy dura, resulta que te llegan más personas.

Decirle la verdad a la niña hubiera sido exponer todas estas cosas. Asumir que el procedimiento de asilo relega a la exclusión y a la indefensión a muchas personas, que en Europa hay racismo institucional y partidos políticos racistas que presionan sobre este tema y a los que habría que combatir. También que Europa tiene responsabilidad histórica en lo que ocurre y desde luego podría hacer más para incidir en soluciones si no estuviera centrada en otros temas. Asumir que esta niña y su familia pueden o no tener suerte, otras muchas personas no la tendrán, pero que, desde luego, mucho de suerte individual es, menos de ideas claras sobre lo que se quiere hacer frente a la situación. Decir que Alemania y Europa económicamente pueden hacer más de lo que hacen por los solicitantes de asilo ya en el territorio, puesto que es una decisión política que no se quiere tomar que, evidentemente, tiene un gasto asociado. Que el efecto llamada es una falacia, la guerra y la penuria son el efecto llamada. Claro que sí, es un problema complejo en el que la voluntad por resolverlo es baja y los intereses creados y distintos muchos mientras la gente sufre. Desde luego las respuestas simplistas no pueden ser consideradas como valientes o dignas de elogio porque se dice sólo una muy pequeña parte de la verdad; demostrar una mínima empatía por el sufrimiento humano, una mínima preocupación por el tema, por la niña y su familia podría haber sido hablar de todo esto.

En esta Europa y con estos dirigentes yo no.

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La educación va por barrios

Va por barrios, pero resulta que a nadie se le escapa hablar de la recuperación económica. Entre sus defensores a ultranza y los que le ponen pegas, he escuchado un argumento de soslayo que me preocupa. Resulta que puede ser que los salarios sean bajos porque no existe suficiente gente cualificada o al menos que esto tiene su influencia. La lógica – me parece a mí – de este argumento, es que el sistema productivo busca una cualificación media que sea alta y se encuentra con un exceso de universitarios y universitarias y por el otro lado un exceso también de personas con una cualificación baja, la obligatoria.

Lo que no está del todo claro es que la otra cara de la moneda, la oferta de empleos, se pueda decir que realmente esté requiriendo mayor cualificación media. Nuestra especialización industrial se concentra en los servicios de bajo valor añadido y la parte de montaje industrial, no tanto en innovación y desarrollo.

Dicho lo cual, hablar del sistema educativo español por tradición es muy complicado. Una tradición habla constantemente de la cultura del esfuerzo y bajo la misma se encubre que con dinero para pagar la educación el esfuerzo puede ser menor. La otra se atasca en la igualdad de oportunidades por medio de la educación pero a veces parece que la mayor relevancia de esto está en la posibilidad de cambio de estrato social de los pocos que realmente pueden completar estudios hasta el final, es decir, que el hijo o la hija de familia obrera pueda cursar estudios universitarios. Pero si lo miramos bien, ambas posturas coinciden en que a mayor número de años de escolarización mayores oportunidades laborales a lo largo de la vida. Esta es la gran lucha, todos los padres quieren lo mismo para sus hijos, unos para mantener su estatus y otros para intentar salir de la exclusión y la pobreza.

Mientras tanto lo que parece incontestable es que cerca del 40% de los estudiantes de 15 o menos años ha repetido curso al menos una vez. A tenor de lo anterior no creo que esto pueda ser casual.

Desde luego es una barbaridad por muchos motivos. Uno y por seguir con la tendencia economicista de esta época, es que realmente eso es muy caro para el sistema educativo. Pero humanamente es también demoledor, incluso desde la perspectiva de la cultura del esfuerzo. Salvo excepciones, que te aparten a esa edad del curso evolutivo normal para los demás, suele significar que el horizonte es de bajo rendimiento académico y salida del mismo en cuanto sea posible. Resulta raro que por repetir contenidos estos se manejen mejor, lo cual no es necesariamente una paradoja, porque el problema no está en los contenidos. Salvo excepciones, los chicos y las chicas que repiten no se convierten en genios ni tampoco alumnos en la media después de repetir, suelen continuar rindiendo por debajo. Tampoco parece que mantener las repeticiones altas reporte beneficio alguno al sistema educativo, las notas del conjunto no mejoran, incluso hay quienes dicen que son bajas precisamente por los repetidores.

¿Por qué lo hacemos entonces? No beneficia al sistema educativo y no beneficia al estudiante, tampoco parece que lo haga al resto de la sociedad.

Según parece hay una relación cultural con este tema, es una tradición que, al menos en los países europeos, también va por barrios. Cuando existe tradición y alrededor se convive con la repetición, se incorpora dentro de los esquemas normales, es algo que el alumno sabe que está, incluso seguro que no pocas veces serán amenazados con esa posibilidad a lo largo de muchos cursos. Nuestro sistema cultural hace que sea posible repetir y por lo tanto normal, pues lo normal no es de por sí negativo o positivo, determina los límites del juego.

Al intentar explicarlo aparecen de nuevo dos lógicas. Una es que individualmente el nivel de estudios reporta beneficios económicos a la persona a lo largo de su vida y por eso la competición de tantos padres por los estudios de sus hijos; quieren que tengan el mejor futuro posible. Pero colectivamente el nivel de estudios determina el bienestar máximo que puede alcanzar un país. Y estas nuestras dos lógicas nos llevan a una competición de tirar de la cuerda con sólo un equipo a cada lado. El padre o la madre que quiere la mejor educación para su hijo y que respalda que se quite de en medio al mal estudiante para que no retrase al grupo, al momento siguiente puede formar equipo con el lado contrario de la cuerda y alegar que el nivel educativo general es bajo, lo que influye en la productividad y en que la gente no tiene la cabeza amueblada como para distinguir cuándo se les manipula desde la política y demás argumentos en esta línea.

La disputa entre el individualismo y el colectivismo es larga en nuestra historia, el fondo de muchas cuestiones. La única solución es mantener esa tensión constante y equilibrada, no permitir que ninguna de las dos lógicas domine y que choquen de manera razonada. La repetición de curso, a mi entender, es una inclinación hacia la postura individualista, colectivamente a nadie le va mejor con esa opción que tenemos tan arraigada. Individualmente unos ganan y otros pierden.

Pero además, de fondo hay un error mayor todavía. Esa lucha se establece sobre todo cuando los recursos son limitados o escasos, cuando hay que decidir cómo se reparten. Pero la educación no está en ese caso. El sistema educativo vale, habrá que decidir cómo gasto y cuánto y, como hemos visto, para beneficiar a quién. Pero el conocimiento no está sometido a esa limitación, es ilimitado. Es ilimitado colectivamente, individualmente ya sabemos que no se puede saber todo, colectivamente sí y sólo colectivamente y transversalmente a todas las generaciones humanas, el conocimiento se amplia y podrá seguir haciéndolo. Todo esto parte, claro, de la educación no como reparto de posición social, adoctrinamiento y demás, parte de considerar la educación como la vía de ampliar el conocimiento humano, independientemente del puesto de trabajo y los ingresos futuros. No obstante, parece que estamos lejos de considerarlo de esta forma, la educación sigue siendo un medio y no un fin, un medio individual y no un fin colectivo.

Cada vez que hablamos de adecuar los estudios a las necesidades del mercado, nos olvidamos el mercado que tenemos o quizás no y por eso se enseña ya antes de los 15 años cuál será la posición de cada cual en su vida. Debería ser el mercado el que se adaptara al estado del conocimiento en un momento dado y no al revés; una mayor acumulación de conocimientos de una sociedad tendría que ser la base del crecimiento sostenible, y empezando por hacer repetir sólo perpetuamos las desigualdades y el nivel bajo de conocimientos colectivo.

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Innovación y caos en organizaciones

El pensamiento sistémico y la complejidad han ido ganando un pequeño -muy pequeño- terreno en el pensamiento sobre las organizaciones humanas. Cabe o a mí me gustaría pensarlo que una parte de dicho terreno se esté explorando por la creciente desde hace décadas apatía en la que tantas personas se ven dentro sus organizaciones laborales. Quizás, entonces, unos enfoques no lineales, distintos por tanto, podrían abrir posibilidades organizativas en esos entornos en los que pasamos tantas horas.

A diario, desde que trabajo, veo cómo personas envilecen y empeoran en sus organizaciones, se hacen peores por sus trabajos, retroceden en sus componentes humanos en vez de avanzar. Es la evolución al revés, mientras el cuerpo va perdiendo capacidades desde su esplendor juvenil, la mente y el espíritu se supone que los van ganando, pero no en este modelo de empleo, producción y relaciones determinadas por los anteriores y a que su vez los determinan, en el que estamos. Más al contrario, muchos cuerpos prolongan sus años de esplendor para resistir mejor los embates psicológicos del trabajo diario o simplemente porque una norma en determinados ámbitos es tener un cuerpo aparentemente juvenil, pero sólo por esos motivos.

Creer que es posible tener organizaciones que aprovechen y contribuyan al desarrollo de las personas que las forman, ambas cosas a la vez, sin necesariamente olvidar que el resultado de su trabajo es un bien para otros, parece una utopía, un error de enfoque. Muchas veces se dice que las personas no somos recursos como cualquier otro necesario para producir, somos el objeto, el objetivo y el sentido de cualquier actividad productiva humana, si bien Luhmann tal vez discrepara del enfoque. Pero da igual lo que se diga.

Total, que con esa ilusión, con la de que quizás algún nuevo conocimiento, teoría o aproximación podría ayudar a poner en práctica esa utopía en las organizaciones, topé de casualidad con el caos, con las teorías de la complejidad. El tema es, efectivamente, complejo, el texto que se adjunta es una aproximación al mismo con la incómoda sensación de -realmente- no tener nada claro y estar cometiendo muchos errores. Ni siquiera sabemos cómo aplicar correctamente los desarrollos en el campo de las ciencias físicas a las humanas, mucha gente desprecia ese intento y quizás no sea posible. Pero sólo la idea de que exista un mínima posibilidad de adoptar otro enfoque que nos ayude a explicar y por lo tanto modificar los entornos organizativos, merece la pena el ridículo.

La innovación parecía un punto de partida válido ahora que está tan de moda que todos y todas tenemos que ser innovadores e incluso nuestros propios innovadores mientras las organizaciones, las normas de juego y estructuras, permanecen inmutables. Es decir, a parte de las condiciones ya duras en las que trabajamos, ahora también tenemos que ser innovadores, y esto simplemente no parece posible. La clave no está en el individuo como pretenden hacernos creer o no sólo; el mismo posee creatividad e ilusión, capacidad innata de aprendizaje y curiosidad aunque ha aprendido a ocultar todo ello dentro de estructuras que sí podrían ser la clave de cualquier cambio que pretenda llegar a innovar. Y aquí siempre alguien salta y dice: pero las organizaciones las hacen individuos con lo que el cambio en un individuo puede provocar cambios en las mismas. Sí y no. Sí, si las estructuras están en un punto al borde del equilibrio, lo que es contrario a cualquier escuela sobre teoría de las organizaciones. Sí, si las organizaciones mantienen una tensión saludable con el entorno permitiendo cambiar sus estructuras hacia el interior y el exterior, auto organizarse. No si se blindan y dejan que todo vaya perdiendo energía dentro de sus límites normalmente cargados de personalismo que no liderazgo, y ego.

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Distancia jerárquica

Geert Hofstede nos propone una dimensión cultural que denomina distancia jerárquica y hace una lectura de la misma para España. La distancia jerárquica nos habla de la actitud en una cultura hacia las desigualdades y viene a querer medir cómo los miembros menos poderosos esperan y aceptan que el poder sea distribuido de forma desigual.

Según su propuesta, España es una sociedad jerárquica en la que las personas ocupan su lugar y ello no necesita mayores justificaciones. Los subordinados esperan que se les diga lo que tienen que hacer y el jefe o jefa ideal es el autocrático benévolo.

Hay más dimensiones en su planteamiento, el trabajo de Hofstede es primero reconocido porque en 1980 pasó un cuestionario a empleados de IBM por muchos países. Desde entonces ha seguido investigando, claro. Aquel trabajo parte de otros autores y en concreto encuentra un apoyo teórico en los planteamientos de Inkeles y Levison cuando definen las principales áreas de problemas a los que todo grupo humano se enfrenta. Hofstede las acaba concretando en las siguientes dimensiones: distancia jerárquica, colectivismo frente a individualismo, feminidad frente a masculinidad y control de la incertidumbre. Posteriormente y basándose en los trabajos de Michael Harris Bond, identifica una quinta que es la orientación a largo plazo frente a la orientación a corto plazo. Más tarde incorpora las dimensiones de indulgencia y pragmatismo.

Por supuesto, sus teorías, aprioris, planteamientos, visión de España y todo lo demás, puede discutirse, matizarse y no estar en absoluto de acuerdo o su contrario, pero a quien escribe, ahora, le interesa hablar de lo que podría ser una abundancia de malos jefes y jefas en España, su relación con la distancia jerárquica y lo que ello nos supone en pérdidas monetarias y sociales.

En su cuestionario se formulan tres preguntas que, mediante análisis estadísticos posteriores, resulta que se relacionan claramente entre sí:

• ¿Con qué frecuencia, de acuerdo a su experiencia, se da el problema siguiente: los empleados tienen miedo a expresar desacuerdo con sus superiores?
• Luego se pide a los subordinados que se posicionen con respecto al estilo real de toma de decisiones de su jefe (se toma el porcentaje que elije la descripción de un estilo autocrático o paternalista entre cuatro estilos más la opción ninguno de los anteriores.
• Preferencia de los subordinados con respecto al estilo de toma de decisiones de su jefe (porcentaje que elije la descripción de un estilo autocrático o paternalista o, por el contrario, de un estilo basado en el voto de la mayoría pero no consultivo)

Las dos primeras quieren saber cómo se percibe a los jefes, la tercera cómo les gustaría a los empleados que fueran. De acuerdo a sus resultados, no existe gran diferencia en los países analizados; cuando el estilo es más consultivo, los empleados prefieren interdependencia con sus jefes, contradecirles y sentirse emocionalmente cercanos. Cuando existe mucha distancia jerárquica, un estilo autocrático o paternalista, los empleados prefieren esa dependencia o su contrario; la rechazan en lo que en psicología se denomina contradependecia. Dicho de otra manera, cuando la distancia jerárquica es alta es muy probable que una parte de las personas del grupo se sientan dependientes de las personas con poder en el mismo, igual que existe una probabilidad de rechazo a dicha dependencia; puede darse entonces que los empelados y empleadas simplemente no contradigan a sus jefes, como también que les pongan verdes a sus espaldas, y posiblemente ambas a la vez.

En el trabajo del que estamos hablando también se preguntaba a los directivos. Sus clasificaciones respondían a los estilos que preferían en sus propios jefes, pero eran diferentes a las que sus empleados veían en ellos. La conclusión que nos propone es “no te mires en el espejo”, es decir, se suele preferir un estilo que luego no necesariamente es el que se tiene con respecto a los demás.

Como decíamos, la distancia jerárquica, al final, nos habla de cómo se maneja la desigualdad y sobre todo cómo los miembros con menos poder legitiman la misma. En los países con menor distancia jerárquica es más normal que la posición social que se ocupa, su relevancia, se circunscriba a un ámbito concreto, no al resto que se deja para otras personas, compensando así una alta posición en un aspecto con una baja en otro. El político tiene poder y consideración social en tanto que político, el deportista igual que el empresario. En los países con mayor distancia jerárquica, esta limitación se intenta resolver adquiriendo reconocimiento en otras áreas que las que inicialmente te otorgan ese reconocimiento y el político, por ejemplo, querrá hacerse también rico, el deportista quiere enriquecerse y los empresarios y empresarias buscan cargos políticos para tener una posición social.

En un país como el nuestro, si aceptamos que estamos acostumbrados y acostumbradas a una distancia jerárquica alta, es fácil pronosticar que tienden a llegar a lugares de mayor poder personas que esto lo tienen interiorizado e incluso, en no pocos casos, forme parte de su personalidad. Personalidades dogmáticas se juntan con estilos de liderazgo paternalistas o autocráticos, por ejemplo. Estos jefes y jefas se distinguen por muchos detalles, control y dificultad para delegar decisiones o tareas, crítica a las personalidades de los demás, ambivalencia en la toma de decisiones, son expertos y expertas en generar falsas expectativas, tienen problemas para gestionar las críticas pero no para hacerlas a la ligera, escasa tolerancia al no, todo y todos tiene que ser como digan, visión de las relaciones laborales como relaciones de dependencia… Podríamos seguir, pero de manera general son liderazgos expertos en generar situaciones de indefensión; el criterio de lo que se puede y debe hacer, de lo que está bien o mal, es arbitrario, es el suyo y depende de cada momento. Este tipo de liderazgos suele tener, además, escasa memoria, lo que antes ocurrió suelen reconstruirlo a su interés, no que sea ciñéndose a la realidad y son capaces de criticar en otros lo que antes hicieron igual. Son expertos y expertas en no intervenir en un proceso cuando se está construyendo (normalmente alegando mucho trabajo, otra característica) pero sí en cualquier otro punto para, normalmente, paralizarlo o destruirlo. Presentan cierta tendencia a la manipulación y la mentira. A estos jefes y jefas se les suele ocultar información, cosa que les enfada especialmente, pero que cuanto más se parecen al perfil descrito, más se les oculta y más se enfadan en una espiral paranoica. Se les hace la pelota y critica en privado.

En su estilo comunicativo es fácil encontrarse a estos jefes y jefas atribuyendo a los demás factores de personalidad para explicar su ser al completo. Por ejemplo, es normal que una persona responsable, con poder en el ámbito laboral, diga de otra: “menganita es muy rígida”. Expertos en comunicación, en organizaciones, en psicología, coaches y toda la serie de personas que se dedican a estos temas, se cansan de decir que eso, es justamente lo peor que puedes hacer. Las personas no son, se comportan de tal o cual manera. Y en todo caso, el cómo son -su personalidad-, no es el interés de quien habla, sino que se comporten de una manera o de otra. Si pienso que alguien es, le estoy quitando toda posibilidad, en mi mente, de comportarse de cualquier otra manera. Y con ello haré atribuciones falsas a su comportamiento hasta tal punto que no importará lo que haga, yo veré otra cosa.

He conocido varios casos a los largo de mi vida y no pocas personas cercanas me han descrito situaciones muy similares. Quizás habré tenido mala suerte, pero en realidad no he conocido otra forma de ejercer el poder, bien que con matices en algunas cuestiones o con unos rasgos u otros más marcados. Se puede pensar que, por lo tanto, no es algo real, que este perfil de jefes no existe entre nosotros o que no existe tanto. También se puede pensar como Rajoy (faltaría más), o al menos cómo parecía pensar en varios artículos para el Faro de Vigo ya en 1983 en los que defiende la desigualdad entre humanos, recurriendo incluso a argumentos genéticos para -aparentemente- justificar la desigualdad social. Y es posible argumentar que esto está cambiando, eso sí, despacio como le es propio a las cuestiones culturales.

Pero yo discreparía. Nuestra forma de entender la distancia jerárquica puede tener apariencias distintas, pero parece más bien que un poso es constante y se reproduce muy deprisa entre generaciones o al menos más deprisa de lo que cambia. De fondo, nuestra manera de concebir las relaciones de poder ayuda a explicar que España sea un país en el que las desigualdades económicas resulten tan grandes y, sobre todo, hayan crecido tanto en esta crisis. Es cierto que existe un movimiento en contra de ello, pero parece más producido por una presión sobre los bolsillos que por una intención de cambio en el modo de relacionarnos.

Pero volviendo más al terreno de los jefes y las jefas que hemos estado tratando, además, la distancia jerárquica alta que hoy existe y si estoy en lo cierto, tiene visos de acabar en sistemas de producción ineficientes. Muchos son los expertos y expertas que hablan de cambio rápido en los modelos productivos, de la necesidad de adaptación, inteligencia y conocimiento compartidos. La forma de liderazgo descrito, también muchas veces nos lo han dicho, es justo lo peor para dar cuenta del modelo actual.

El empleado y la empleada que esperan órdenes, no piensan por su cuenta, tienen miedo al error, pasan sus horas de trabajo sin pena ni gloria, haciendo cosas nada más, sin poder dotarlas de sentido, no están acorde al nuevo modelo productivo. Si tampoco están dispuestos y dispuestas a compartir información, ni incluso a avisar de posibles fallos que produzcan graves consecuencias pues –piensan- ya saltará pero que mejor se coma otro ese marrón que yo paso de que me regañen… pues además de no estar acorde a modelo productivo alguno, es un riesgo para cualquier organización.

Si ello es consecuencia en una mínima parte y como posibilidad, de la concepción de distancia jerárquica que tenemos, de nuestra cultura que permite que jefes y jefas sean como son, da igual que la cultura sea compartida y que obtengan legitimidad de los subordinados y subordinadas; a las claras es algo que debe cambiar o puede contribuir a la ruina. Pero es una encerrona como de algún modo describe Hofstede, el cambio sólo puede empezar por quienes ostentan más poder, lo cual no garantiza que quienes ostentan menos, acostumbrados a legitimar las desigualdades, no lo vean como una falta de carisma, personalidad o una debilidad por la que atacar o con la que jugar a favor.

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Asilo en Ceuta y Melilla

El 8 de enero pudimos leer una noticia que parecía esperanzadora en relación a las solicitudes de asilo en Ceuta y Melilla: “Díaz subraya que los solicitantes de asilo podrán permanecer en Ceuta y Melilla durante su tramitación”.

Pero la noticia es confusa, el procedimiento de asilo no pocas veces lo es también y no dedicándote a ello, como es el caso, los matices son muchos, con lo que es posible cometer errores. Para empezar, solicitar asilo es un derecho. Cuando una persona lo hace en frontera, puesto que se puede solicitar también ya una vez en el territorio español e incluso en una embajada, lo primero es estudiar su solicitud para admitirla a trámite o no. Si se admite se estudia de nuevo en profundidad y se decide si se concede asilo o no.

Según una web del propio Ministerio, cuando se solicita en puesto fronterizo la persona debe tener respuesta en un plazo máximo de un mes (cosa también matizable). Mientras tanto y aquí la gran duda, la persona podría pasar al territorio español con un permiso de estancia temporal. Sólo cuando la admisión a trámite es denegada y se presentan los recursos legalmente establecidos contra ella se debe permanecer en dependencias fronterizas. Desde luego se contempla la posibilidad de que todo el tiempo que se tarda en decidir si admitir o no a trámite se pase en dependencias habilitadas y es lo que suele ocurrir, pero en principio debería ser algo excepcional, cuando se deba a razones de salud y seguridad pública o no tener documentación. Este último motivo, no obstante, es discutido por no ser legal exigir documentación a los solicitantes de asilo con arreglo a los acuerdos internacionales suscritos por España. En todo caso, el procedimiento debería ser igual que cuando se solicita asilo estando ya en territorio español, en principio no se lleva a la persona a un lugar habilitado, se para cualquier otro procedimiento abierto y se otorga un permiso de estancia.

Desde esta perspectiva y si todo ello es así. Díaz no le está haciendo un favor a nadie, sólo aplicando lo que estipula la Ley de una manera distinta a como lo venía haciendo. La duda es si esa aplicación es ahora muy rígida y todo solicitante se queda acomodado en dependencias o si su propuesta, cuando empiece a funcionar, es lo que debería haber sido hasta ahora. Lo que sí parece es que el único cambio es ese, los solicitantes y las solicitantes no hacían ni harán nada distinto, es el Ministerio el que cambia su enfoque con la misma Ley. Eso puede estar bien salvo que nos preguntemos, siendo si quieren algunos y algunas demagógicos, por qué hay y ha habido personas encerradas sin necesidad de ello hasta ahora y seguirá habiendo en otros lugares que no sean Ceuta y Melilla; pues eso es lo que significa permanecer en dependencias habilitadas.

Cuando se habla de Ceuta y Melilla se suele asociar a la situación allí la idea de presión migratoria, quizás como excusa. Rara vez se aclara con datos a qué se refiere dicha idea, pero además, en lo que concierne al asilo, si existe es por la utilización de las ciudades como frontera adicional hacia el resto de España, pues como hemos creído ver, las personas podrían ir a la península y moverse por el territorio tanto en la solicitud como si se admite a trámite la misma.

Además, resulta que los datos no indican que en Ceuta y Melilla sea donde más solicitudes se presentan de España, en cambio resulta que el número es mucho mayor una vez que las personas están ya en el territorio que en frontera. También que España tiene datos de admisión a trámite y concesiones de asilo bajos con respecto a otros países europeos. Y tampoco está entre los países que más solicitudes tramitan de la UE.

La situación de muchas personas que entran o lo intentan en España es no pocas veces dramática y nuestras actuaciones administrativas y de seguridad contribuyen en muchos casos a que lo sean más. Pero la sensación alarmista de presión migratoria no está justificada y deberíamos antes que ello preocuparnos por las personas y lo que podemos hacer por ellas sin dejarnos arrastrar por esa sensación.

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El miedo que nos ha perdido

Estoy de acuerdo con De Guindos cuando afirma que en España se ha perdido el miedo a quedarse sin trabajo, si bien que quizás por motivos distintos a los suyos.

De Guindos parece creer que dado que lo peor de la crisis ya ha pasado, los trabajadores y trabajadoras que han mantenido su trabajo ahora se ven seguros de que ya no les tocará. Desde luego tal forma de pensar se apoya en la creencia de que todos y todas ven que lo peor de la crisis ha pasado que, pudiendo ser o no cierto, coincide con lo que De Guindos quiere pensar. Es algo atrevido aunque quién sabe si acierta con su creencia, habría que preguntarle cuánto de su dinero, por ejemplo, estaría dispuesto a apostar en esa predicción o en una más sencilla, si haría la predicción y apostaría por una victoria del PP en las generales.

Pero según mi parecer han sido tantos años de miedo a perder el trabajo que muchas personas – nunca diría todos los trabajadores y trabajadoras- se han acostumbrado a pensar que en cualquier momento les puede tocar a ellos. Y esto hace que a base de esfuerzo se acabe perdiendo el miedo, puesto que es algo que no controlas, simplemente te puede ocurrir. Sólo la semana pasada escuché a dos personas decirle a su responsable directo “pues despídeme” después de la presión y modos de este. Desde esta perspectiva coincido con De Guindos, muchas personas le han perdido el miedo.

Ahora bien, algo que se deprende de ese aprendizaje a vivir con miedo, es que el esfuerzo, el saber, las ganas, el trabajo bien realizado, no tienen que ver con perder tu empleo. En una cultura del esfuerzo como la que le atribuyo a De Guindos o al menos eso es lo que el PP esgrime cada vez que habla de reformar, por ejemplo, el sistema educativo, saber que tener o no trabajo no depende de tu esfuerzo es un daño moral incalculable en cifras económicas. La moral, por tanto, del trabajo, está profundamente afectada en nuestro país y eso que no partíamos, en mi modesta opinión, de una posición muy elevada antes de la crisis. El que está empleado tiene conciencia de que perder el trabajo es arbitrario, no importa su esfuerzo, igual que el desempleado piensa lo mismo sobre encontrarlo, es cuestión de suerte.

Cuando se llega a pensar así, el estado es de indefensión aprendida. Dicho estado se caracteriza por asumir que no se puede hacer nada, el sujeto deja de responder aunque las circunstancias sean favorables para un cambio. Se asocia a veces a estilos de crianza autoritarios donde predominan los castigos sin importar lo que se haya hecho y puede haber lastrado el talento de toda una nación para muchos años incluso generaciones.

Otro día habrá que introducir también en el análisis el destape del autoritarismo que me parece ha experimentado el mundo laboral en España. Si bien el número de personas autoritarias ya parecía alto antes de la crisis, la misma ha facilitado las cosas con unas reglas de juego propicias. El uso del miedo al desempleo es una característica por la que se puede identificar rápidamente a estas personas, otra -si se me permite- por pensar que cualquier trabajo es mejor que el desempleo; razonamiento con el que también nos deleitó De Guindos. Seguramente si comparáramos las cifras de crisis de ansiedad, lloros en el trabajo, bajas laborales debidas a este fenómeno del autoritarismo en el empleo… ocuparíamos puestos muy altos de una lista de naciones.

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La aguja de Melilla en el pajar del conflicto sirio

Me parece entender por un artículo en ABC y otro en 20minutos que preocupa la situación de las personas sirias en España, en concreto en Melilla. Me alegro mucho, a mí también. La idea que saco de su lectura es que, primero, los sirios entran por puesto fronterizo aunque con documentación falsa. Segundo que son distintos de otros inmigrantes porque tienen dinero y tercero que no piden asilo porque quieren irse a otro país europeo y ello se lo impediría.

Lo que no termina de tener mucho sentido, de ser cierta toda la información que se nos facilita, es que una vez dentro de España se queden en Melilla y menos si lo que quieren es ir a otro país de la UE; teniendo dinero se explica menos. ¿Qué hacen entonces, según ABC, 600 personas en el CETI si tienen dinero y qué hacen los demás gastando en taxis y pensiones si lo que quieren es continuar su camino?

En todo caso algo que resulta más llamativo es que no pidan asilo para no tener que quedarse en Melilla o no poder ir a otro país. El procedimiento de asilo es complicado, tiene muchas aristas que se puede entender el público o muchos periodistas no quieran conocer. Precisamente por eso se explica que muchas personas informadas decidan no pedir asilo, pero esa es precisamente la cuestión, y lo que debería sonrojarnos un poco dado que el asilo es un Derecho Internacional recogido, ni más ni menos, que en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 14). Quizás también tiene algo que ver, entre otras cosas, con que el número de casos aceptados en España… “Es importante señalar que la tasa de reconocimiento en España está muy por debajo de la de otros países de la Unión, como Italia que alcanza el 64% o la media de la UE que fue del 34,5%”. Que bien puede ser porque a nuestro país llegan más personas fingiendo persecución que a los demás o que somos más estrictos en la aceptación de las pruebas de esa persecución… todo puede ser, también eso.

Pero cuando se hable de inmigrantes o refugiados sirios, creo que primero se debería recordar algunas cosas – me permito sugerir amablemente a los periodistas- por contextualizar. Por ejemplo que en 3 años de conflicto ya hay 3 millones de personas refugiadas y 6,5 millones más desplazadas dentro del país. La mayoría de las personas refugiadas están en los países vecinos, por ejemplo, Líbano, que acoge a 1 millón de personas. Eso, queridos periodistas y fuente anónima de la policía a Efe (según recoge el artículo de ABC), es presión migratoria. Han sido numerosas las peticiones y críticas a Europa por desentenderse del conflicto sirio entre otras muchas cosas porque apenas 130.000 sirios y sirias estén aquí, en la UE, atendidos y atendidas. Parece desproporcionado y por ello una crítica razonable comparando la riqueza, la posición política en el mundo y los supuestos valores europeos. Algo vergonzoso -también- para qué engañarnos.

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Relaciones ocasionales

El 27 de diciembre, en Europa Press Oviedo se pudo leer: “El 33,3% de los asturianos que mantuvieron relacionales ocasionales en el último año no utilizaron anticonceptivos”.
“Practicar sexo de manera ocasional” no me parece una definición muy exacta. Pero lo grave llega después, cuando afirma: “pone de manifiesto que un 44,2% ha utilizado siempre un método barrera para evitar una Infección de Transmisión Sexual (ITS)”. La confusión es seria pues los conocidos como métodos barrera no son todos considerados eficaces para la prevención de las enfermedades de transmisión sexual, es más, sólo los preservativos lo son.
Si vamos a la fuente de información que es, según el artículo, la Encuesta de Salud de Asturias, para sorpresa, vemos que el error sobre los métodos barrera y la asunción de que todos ellos sirven para evitar enfermedades de transmisión sexual, está de allí recogido. Parece que la encuesta es de 2012 y en diciembre de 2014 se hace un informe sobre vida sexual, cosa interesante. No es menos cierto que en dicho informe también se es más preciso con el concepto de “sexo ocasional” y en el mismo se utiliza la idea de relación sexual con pareja no estable.
No distinguir bien sobre qué se está hablando lleva a lo que parece otro error de bulto. En el informe dice que de las personas que tuvieron relaciones sexuales con penetración el año anterior a la recogida de datos, un 5,8% utilizó la píldora del día después. Y matiza que es sólo un porcentaje sobre las personas que contestaron a la pregunta, con lo que se puede intuir que un número cuanto menos significativo no la contestó aunque no se den detalles. Pero, si tomamos el artículo de Europa Press, cabe interpretar que ese 5,8% es sobre las personas que mantuvieron “este tipo de relación”, y todo indica que se refiere a “relaciones ocasionales”, pues no aclara otra cosa. Un error de interpretación de la fuente que no puede pasar desapercibido.
En fin, como tantas veces ocurre, disparar datos sin más no ofrece una información de calidad o útil. Ni mucho menos una información cierta y cuando pretendes que, además, esta encaje con juicios previos de quien escribe o las líneas que te marcan ya sean desde la política en el caso de la investigación o del medio para el que trabajas, cometes errores graves. El de mezclar los métodos barrera, los anticonceptivos y la prevención de enfermedades de transmisión sexual, sin dejar claras las cosas, es de los errores graves desde la perspectiva de la salud pública.

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La crisis es una oportunidad

A lo largo de estos últimos años seguramente todas y todos habremos escuchado que la crisis es una oportunidad. No se me ocurre cómo esto puede tener sentido, si es una crisis, no es una oportunidad, pero he escuchado que se repetía como un mantra.

Entiendo el significado oculto, como todos y todas, consiste en pensar que si eres listo puedes sacar provecho de la crisis. De cualquier situación horrible alguien puede sacar beneficios, vale, pero no cambia que la situación siga siendo horrible y que los menos listos no podrán obtener ese beneficio.

Ser listo requiere muchos matices. Si ser listo significa aprovecharse de los demás, no es necesario esperar a una crisis, incluso podemos pensar que a las crisis se suele llegar porque mucha gente hizo precisamente eso.

Si ser listo significa buscar y encontrar oportunidades, tampoco se entiende que sea necesario esperar a una crisis, por lógica, en momentos mejores, las oportunidades son más.

Si lo que significa en el fondo es hacer la guerra por tu cuenta buscando lucrarte, vuelve a no ser necesaria la crisis, pero además y como comportamiento en periodo de crisis puede resultar, pero posiblemente sólo a corto plazo, si el resto no sale de la misma, pocas posibilidades existen de mantener altas las expectativas de lucro.

Para algunos ser listo puede significar innovar. Precioso, siempre alguien nos recuerda que en los periodos de guerra es cuando mayores innovaciones armamentísticas se han producido; halagüeño y tranquilizador, sin duda el mejor ejemplo. Porque tenemos que esperar a las crisis para innovar es también por lo que estas se producen, si no somos capaces de mantener una tensión constante en innovación, las crisis y la historia serán cíclicas como a muchos les gusta pensar y jugar así a ser adivinos. Pero innovación es una palabra muy gruesa, hablemos de cambio. Culturalmente parece que estamos acostumbrados a introducir cambios sólo cuando se ha forzado una crisis. Esto resulta de lo más ridículo, pero si pensamos en cuestiones cotidianas veremos que es un comportamiento estable. La política es un vivero de ejemplos.

Una idea tan sencilla ha podido hacer mucho daño. Cada cual pensando cómo aprovecharse de la crisis es posible que nos haya ya costado caro. Y eso que a nada que lo pienses es una idea falsa.

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