Asilo en Ceuta y Melilla

El 8 de enero pudimos leer una noticia que parecía esperanzadora en relación a las solicitudes de asilo en Ceuta y Melilla: “Díaz subraya que los solicitantes de asilo podrán permanecer en Ceuta y Melilla durante su tramitación”.

Pero la noticia es confusa, el procedimiento de asilo no pocas veces lo es también y no dedicándote a ello, como es el caso, los matices son muchos, con lo que es posible cometer errores. Para empezar, solicitar asilo es un derecho. Cuando una persona lo hace en frontera, puesto que se puede solicitar también ya una vez en el territorio español e incluso en una embajada, lo primero es estudiar su solicitud para admitirla a trámite o no. Si se admite se estudia de nuevo en profundidad y se decide si se concede asilo o no.

Según una web del propio Ministerio, cuando se solicita en puesto fronterizo la persona debe tener respuesta en un plazo máximo de un mes (cosa también matizable). Mientras tanto y aquí la gran duda, la persona podría pasar al territorio español con un permiso de estancia temporal. Sólo cuando la admisión a trámite es denegada y se presentan los recursos legalmente establecidos contra ella se debe permanecer en dependencias fronterizas. Desde luego se contempla la posibilidad de que todo el tiempo que se tarda en decidir si admitir o no a trámite se pase en dependencias habilitadas y es lo que suele ocurrir, pero en principio debería ser algo excepcional, cuando se deba a razones de salud y seguridad pública o no tener documentación. Este último motivo, no obstante, es discutido por no ser legal exigir documentación a los solicitantes de asilo con arreglo a los acuerdos internacionales suscritos por España. En todo caso, el procedimiento debería ser igual que cuando se solicita asilo estando ya en territorio español, en principio no se lleva a la persona a un lugar habilitado, se para cualquier otro procedimiento abierto y se otorga un permiso de estancia.

Desde esta perspectiva y si todo ello es así. Díaz no le está haciendo un favor a nadie, sólo aplicando lo que estipula la Ley de una manera distinta a como lo venía haciendo. La duda es si esa aplicación es ahora muy rígida y todo solicitante se queda acomodado en dependencias o si su propuesta, cuando empiece a funcionar, es lo que debería haber sido hasta ahora. Lo que sí parece es que el único cambio es ese, los solicitantes y las solicitantes no hacían ni harán nada distinto, es el Ministerio el que cambia su enfoque con la misma Ley. Eso puede estar bien salvo que nos preguntemos, siendo si quieren algunos y algunas demagógicos, por qué hay y ha habido personas encerradas sin necesidad de ello hasta ahora y seguirá habiendo en otros lugares que no sean Ceuta y Melilla; pues eso es lo que significa permanecer en dependencias habilitadas.

Cuando se habla de Ceuta y Melilla se suele asociar a la situación allí la idea de presión migratoria, quizás como excusa. Rara vez se aclara con datos a qué se refiere dicha idea, pero además, en lo que concierne al asilo, si existe es por la utilización de las ciudades como frontera adicional hacia el resto de España, pues como hemos creído ver, las personas podrían ir a la península y moverse por el territorio tanto en la solicitud como si se admite a trámite la misma.

Además, resulta que los datos no indican que en Ceuta y Melilla sea donde más solicitudes se presentan de España, en cambio resulta que el número es mucho mayor una vez que las personas están ya en el territorio que en frontera. También que España tiene datos de admisión a trámite y concesiones de asilo bajos con respecto a otros países europeos. Y tampoco está entre los países que más solicitudes tramitan de la UE.

La situación de muchas personas que entran o lo intentan en España es no pocas veces dramática y nuestras actuaciones administrativas y de seguridad contribuyen en muchos casos a que lo sean más. Pero la sensación alarmista de presión migratoria no está justificada y deberíamos antes que ello preocuparnos por las personas y lo que podemos hacer por ellas sin dejarnos arrastrar por esa sensación.

El miedo que nos ha perdido

Estoy de acuerdo con De Guindos cuando afirma que en España se ha perdido el miedo a quedarse sin trabajo, si bien que quizás por motivos distintos a los suyos.

De Guindos parece creer que dado que lo peor de la crisis ya ha pasado, los trabajadores y trabajadoras que han mantenido su trabajo ahora se ven seguros de que ya no les tocará. Desde luego tal forma de pensar se apoya en la creencia de que todos y todas ven que lo peor de la crisis ha pasado que, pudiendo ser o no cierto, coincide con lo que De Guindos quiere pensar. Es algo atrevido aunque quién sabe si acierta con su creencia, habría que preguntarle cuánto de su dinero, por ejemplo, estaría dispuesto a apostar en esa predicción o en una más sencilla, si haría la predicción y apostaría por una victoria del PP en las generales.

Pero según mi parecer han sido tantos años de miedo a perder el trabajo que muchas personas – nunca diría todos los trabajadores y trabajadoras- se han acostumbrado a pensar que en cualquier momento les puede tocar a ellos. Y esto hace que a base de esfuerzo se acabe perdiendo el miedo, puesto que es algo que no controlas, simplemente te puede ocurrir. Sólo la semana pasada escuché a dos personas decirle a su responsable directo “pues despídeme” después de la presión y modos de este. Desde esta perspectiva coincido con De Guindos, muchas personas le han perdido el miedo.

Ahora bien, algo que se deprende de ese aprendizaje a vivir con miedo, es que el esfuerzo, el saber, las ganas, el trabajo bien realizado, no tienen que ver con perder tu empleo. En una cultura del esfuerzo como la que le atribuyo a De Guindos o al menos eso es lo que el PP esgrime cada vez que habla de reformar, por ejemplo, el sistema educativo, saber que tener o no trabajo no depende de tu esfuerzo es un daño moral incalculable en cifras económicas. La moral, por tanto, del trabajo, está profundamente afectada en nuestro país y eso que no partíamos, en mi modesta opinión, de una posición muy elevada antes de la crisis. El que está empleado tiene conciencia de que perder el trabajo es arbitrario, no importa su esfuerzo, igual que el desempleado piensa lo mismo sobre encontrarlo, es cuestión de suerte.

Cuando se llega a pensar así, el estado es de indefensión aprendida. Dicho estado se caracteriza por asumir que no se puede hacer nada, el sujeto deja de responder aunque las circunstancias sean favorables para un cambio. Se asocia a veces a estilos de crianza autoritarios donde predominan los castigos sin importar lo que se haya hecho y puede haber lastrado el talento de toda una nación para muchos años incluso generaciones.

Otro día habrá que introducir también en el análisis el destape del autoritarismo que me parece ha experimentado el mundo laboral en España. Si bien el número de personas autoritarias ya parecía alto antes de la crisis, la misma ha facilitado las cosas con unas reglas de juego propicias. El uso del miedo al desempleo es una característica por la que se puede identificar rápidamente a estas personas, otra -si se me permite- por pensar que cualquier trabajo es mejor que el desempleo; razonamiento con el que también nos deleitó De Guindos. Seguramente si comparáramos las cifras de crisis de ansiedad, lloros en el trabajo, bajas laborales debidas a este fenómeno del autoritarismo en el empleo… ocuparíamos puestos muy altos de una lista de naciones.

La aguja de Melilla en el pajar del conflicto sirio

Me parece entender por un artículo en ABC y otro en 20minutos que preocupa la situación de las personas sirias en España, en concreto en Melilla. Me alegro mucho, a mí también. La idea que saco de su lectura es que, primero, los sirios entran por puesto fronterizo aunque con documentación falsa. Segundo que son distintos de otros inmigrantes porque tienen dinero y tercero que no piden asilo porque quieren irse a otro país europeo y ello se lo impediría.

Lo que no termina de tener mucho sentido, de ser cierta toda la información que se nos facilita, es que una vez dentro de España se queden en Melilla y menos si lo que quieren es ir a otro país de la UE; teniendo dinero se explica menos. ¿Qué hacen entonces, según ABC, 600 personas en el CETI si tienen dinero y qué hacen los demás gastando en taxis y pensiones si lo que quieren es continuar su camino?

En todo caso algo que resulta más llamativo es que no pidan asilo para no tener que quedarse en Melilla o no poder ir a otro país. El procedimiento de asilo es complicado, tiene muchas aristas que se puede entender el público o muchos periodistas no quieran conocer. Precisamente por eso se explica que muchas personas informadas decidan no pedir asilo, pero esa es precisamente la cuestión, y lo que debería sonrojarnos un poco dado que el asilo es un Derecho Internacional recogido, ni más ni menos, que en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 14). Quizás también tiene algo que ver, entre otras cosas, con que el número de casos aceptados en España… “Es importante señalar que la tasa de reconocimiento en España está muy por debajo de la de otros países de la Unión, como Italia que alcanza el 64% o la media de la UE que fue del 34,5%”. Que bien puede ser porque a nuestro país llegan más personas fingiendo persecución que a los demás o que somos más estrictos en la aceptación de las pruebas de esa persecución… todo puede ser, también eso.

Pero cuando se hable de inmigrantes o refugiados sirios, creo que primero se debería recordar algunas cosas – me permito sugerir amablemente a los periodistas- por contextualizar. Por ejemplo que en 3 años de conflicto ya hay 3 millones de personas refugiadas y 6,5 millones más desplazadas dentro del país. La mayoría de las personas refugiadas están en los países vecinos, por ejemplo, Líbano, que acoge a 1 millón de personas. Eso, queridos periodistas y fuente anónima de la policía a Efe (según recoge el artículo de ABC), es presión migratoria. Han sido numerosas las peticiones y críticas a Europa por desentenderse del conflicto sirio entre otras muchas cosas porque apenas 130.000 sirios y sirias estén aquí, en la UE, atendidos y atendidas. Parece desproporcionado y por ello una crítica razonable comparando la riqueza, la posición política en el mundo y los supuestos valores europeos. Algo vergonzoso -también- para qué engañarnos.