Minimax o maximin

El 31 de marzo de 2016 Fernando Vallespín publicó en El Pais un artículo titulado Minimax o maximin en el que analizaba las posibilidades de acuerdo entre tres partidos antes de convocar unas nuevas elecciones. Y -a mi al menos- me resultó muy de agradecer que alguien intentara aplicar una forma de análisis algo menos basada en las adhesiones viscerales a la que tan acostumbrados y acostumbradas estamos en esto de la política.

Vallespín tuvo razón final, las elecciones se convocaron, pero no termino de ver del todo los planteamientos que utilizó. Su argumento se basaba en que el escenario para llegar o no a un acuerdo era un juego de suma cero que se caracteriza porque lo que uno de los jugadores gana es exactamente igual a la pérdida del otro. “Y ello porque la posibilidad de elecciones presenta los pactos como un juego de suma cero: lo que unos ganan lo pierde el otro.” Esto es lo que no termino de entender, creo que se refiere a la idea por la que los partidos tratarían de fingir que querían llegar a un acuerdo, anticipando que quien resultara mejor valorado en ese empeño saldría ganando en unas nuevas elecciones y penalizado el que se mostrara como menos cooperativo.

En términos políticos puede bien ser una interpretación, pero nada tiene que ver con un juego de suma cero al que poder aplicar el teorema minimax. Efectivamente este supone que cuando tienes que tomar una decisión para recibir unos pagos que el juego determina, sin saber la que el otro tomará y de la que dependen tus ganancias, existe una solución más racional que otras siempre que pienses que el otro jugador hará el máximo para ampliar sus ganancias, como tú mismo. Si tú decides cooperar y el otro no, quedas como un primo y lo pierdes todo, igual que al revés. Si tú decides no cooperar y el otro tampoco, cada cual se lleva el mínimo de ganancias posible. Si los dos decidís cooperar, el resultado es el mayor posible para ambos. Tu solución mejor dentro las peores posibles es, obviamente, no cooperar, con eso te aseguras un mínimo de ganancias y si el otro hace el primo te lo llevas todo. Como al otro le presuponemos igual información e inteligencia verá la misma situación y lo suyo es que elija también no cooperar. ¿Que el mayor beneficio está en cooperar ambos? Sin duda, pero arriésgate tú primero.

En principio podríamos sustituir no cooperar por elecciones y cooperar por formar gobierno. El problema es que no funciona en todos los 4 supuestos, sólo en 1 de ellos que sería si los dos jugadores deciden acordar gobierno. Si cualquiera de los jugadores decide elecciones, hay elecciones; con una sola decisión por cooperar no se forma gobierno. Desde mi perspectiva nunca fue un juego de suma cero.

Ahora bien, ya Nash estableció que existen puntos de equilibrio en juegos que no son de suma cero. El problema es que las soluciones en estos casos no siempre tienen apariencia de racionalidad. En el nuestro, uno de los dos tenía una jugada muy clara, cooperar para formar gobierno, estaba, si lo pensamos bien, aportando más información de la necesaria para el juego. Al otro le parecía mejor unas nuevas elecciones que lo que recibiría con formar gobierno. Pero y quizás aquí está lo interesante, incluso si se hubiera seguido aumentando lo que recibiría por formar gobierno, es decir, por cooperar, el resultado habría seguido siendo minimax, de tal forma que el mayor beneficiado sería el primero, su rival. Sólo en el caso de que los beneficios por cooperar hubieran igualado los de no hacerlo hasta el punto en que la decisión le resultara indiferente, habría funcionado. Experimentalmente parece ser que en el mundo, por encima incluso de posiciones culturales, existe una tendencia a rechazar un acuerdo que parece injusto aunque te beneficie un poco más que la inexistencia de acuerdo. Parece ser, también, que el dinero o los pagos que se reciben, no son siempre lo más importante para aproximadamente un 70% de las veces, es la percepción de justicia (igual que la posibilidad de sentirse un primo cooperando y verte traicionado) aquello que nos mueve muchas más veces que simplemente presuponer que el rival es egoísta y va a lo suyo.

La clave de lo anterior está en la reintroducción, en la posibilidad de jugar el juego más veces. Se intentó decir que el juego se jugaba sólo aquella primera vez a todo o nada, pero no era cierto -todos los sabíamos-, con la información recibida del primer juego se jugará un segundo. Si el escenario es el mismo y se necesita llegar de nuevo a un acuerdo, lo importante no será ya si el que vota cree que uno tuvo más o menos culpa en la situación anterior. Si esa fase se supera y la situación es la misma que la primera vez, lo importante estará en lo justo que se considere el acuerdo y las posibilidades serán que o bien uno castigue al otro por su decisión anterior de no cooperar y entonces habría que jugar una tercera vez o que plantee un acuerdo que el otro considere mejor.

Si todo esto fuera cierto y valiera para algo, lo primero es que al no ser un juego de suma cero, uno de los que jugaban tenía más que perder que otro. Y, en la posibilidad de acuerdo, influyó menos ese incierto futuro de nuevas votaciones con castigo o no a las actuaciones de cada parte que en realidad el sistema de pagos, el acuerdo. El análisis por medio de juegos como el dilema del prisionero, o el uso de las doctrinas clásicas de negociación pueden ser muy interesantes, si bien aportan más al análisis a posteriori que soluciones seguras para situaciones reales. Cualquier situación real que busque una solución sin subterfugios en los que esté la clave del éxito, requiere primero que se acuerden las normas del juego, luego ya se puede pasar al contenido. Quizás, no lo sé, no estamos acostumbrados a estas situaciones en las que no existe una ley o un procedimiento que interpretar y se debe construir un marco antes de dar el siguiente paso. Acordar cómo se acordará es muy distinto a establecer lineas rojas, umbrales mínimos que le toca descubrir a la otra parte o subastas al mejor postor. Quizás la próxima vez.

Sí pero, refugiados

Al menos en España ya son pocas las voces públicas que arremeten contra la acogida de refugiados y refugiadas de esta crisis. Puede ser que aquellas se esperaría críticas estén convencidas con los muchos argumentos sobre el daño que estamos haciendo no sólo a las personas sino también a la propia UE. Pero puede también que no les merezca la pena ponerse en contra de lo que parece ser un sentimiento mayoritario (aunque no aparezca como principal preocupación en el CIS o precisamente por ello) sabiendo que, en realidad, la UE no hará grandes cosas porque es improbable poner de acuerdo a los estados; para qué entonces arriesgarse a ser impopular.

Sí pero todavía nos quedan resquicios como se puede ver en esta noticia del ABC que titula “España extrema la seguridad ante la acogida de 200 asilados”. Por supuesto el temor que se quiere sembrar, la relación ya establecida hace unos meses con la que se juega, es el miedo a que entre estas personas se cuelen yihadistas.

En principio no hay nada que objetar a la seguridad que se anuncia, si bien leyendo la noticia o por ejemplo otra publicada en EFE, parece que esta está todavía poco articulada y clara. No obstante cabe siempre preguntar si realmente los yihadistas no tienen otra forma menos costosa y segura para ellos de entrar en Europa. Yo tiendo a pensar que sí, muchas otras, eligen esta dolorosa, calamitosa y peligrosa los que no tienen otra opción, seguro. Con dinero hay opciones mejores de entrar en la UE y pasar desapercibido. No se olviden, además, que en el caso de España, los más normal es que las personas acogidas estén unos 18 meses en centros o en contacto frecuente con personal especializado, y cuanto menos localizadas.

Tampoco conviene olvidar que el tema de la identidad en el caso de los refugiados no pocas veces es algo delicado, si huyen es por algún motivo y se debe tener cuidado para que si alguien quiere encontrarles no pueda hacerlo, es esta también una responsabilidad de los estados, no sólo la de velar por que no se cuelen los malos; proteger a los que refugias.

Verán, todo lo que se dice en la noticia no deja de ser lo que ya está establecido en el procedimiento de asilo que, cabe recordar, no es nuevo para esta crisis. La policía y el ministerio intervienen desde siempre. La noticia menciona, por ejemplo, el tema de los pasaportes falsos, cosa que es tan vieja como el procedimiento; lleva ocurriendo mucho tiempo, no es algo que se desconozca ni tampoco que sea mayoritario entre las personas que solicitan asilo, pero ocurre. Y si lo hace, en contadas ocasiones es para ocultar intenciones o pasados delictivos y más para mejorar las opciones de conseguir asilo que han tendido siempre a ser bastantes escasas, no lo olvidemos.

Hay también una cuestión que me pregunto. En principio estas personas son reasentadas, es decir, ya tienen el asilo concedido en otro país y se mueven para España porque esta quiere y asume ese estatuto ¿o no? No termino de verlo claro entre las noticias. Desde luego hay una diferencia entre ambas figuras siendo parte del mismo sistema. Para lo que nos concierne, ya otro país ha realizado la evaluación tanto personal como de seguridad antes de conceder el estatuto. Y si bien existen más o menos medios según los países, todo está bastante regulado partiendo de los principios generales de la Convención de Ginebra que los países deben aplicar. Tampoco es que España haya acogido muchos reasentados, pero es algo que ya venimos haciendo desde hace unos pocos años.

En mi modesta opinión hay suficientes matices en todo lo relacionado con el asilo como para centrarse sólo en el temor a que se cuelen yihadistas y me gustaría ver que las noticias los van presentando de manera mesurada y realista.

Señores Martin Schulz y Jean Claude Juncker

Señores Martin Schulz y Jean Claude Juncker, soy muy crítico con esta Unión Europea, vaya por delante, y sus palabras que leo en El País del día 6 de mayo de 2016 me refuerzan en esa postura.

Empiezan ustedes por alabar las palabras del Papa sobre la integración y a tenor del premio Carlomagno que se le otorga. Yo también, pero me hubiera gustado más que esas ideas hubieran sido expuestas por ustedes como presidentes de la Comisión y del Parlamento Europeo. No es que yo ironice con que muy mal debe irle a la UE para que tenga que recurrir a las palabras del Papa -como ustedes anticipan que algunos y algunas harán a raíz de su artículo-, no finjo mi profunda preocupación por ello.

Ustedes, en su artículo, establecen tres retos del presente: mantener nuestro estilo de vida europeo, garantizar la seguridad y la paz y gestionar la inmigración.

La elección del primero, mantener el estilo de vida europeo y en ese orden, es muy importante, no tiene mucho que ver con lo que propone el Papa y en cierta medida, es contradictorio con los otros dos. Para empezar, el concepto es ambiguo, tal como deben ser todos aquellos que esperan granjearse un alto consenso. Así dicho, parece que ningún europeo podría oponerse a mantener su estilo de vida, pues -además- la imagen que existe de otros y por comparación, hace que sea deseable el que se tiene que ni tan mal. Pero, “mantener” parece un concepto algo reaccionario, quedarnos como estamos a toda costa; no implica mejorar. ¿Es satisfactorio para un gran proyecto como el de la UE sustentarse en “mantener” algo, no en mejorarlo? ¿para eso nos unimos, para defendernos mantenido posiciones? ¿es posible pensar que a muchos europeos y europeas “mantener” les viene realmente muy mal a la salud?

Su ambigüedad, no obstante, continúa, y me parece entender que estilo de vida se refiere sólo a resultados económicos, el crecimiento, por ejemplo. Argumentan, además, que los estados europeos, permaneciendo juntos, pueden ser el árbitro entre las grandes potencias. O sea, que no consideran que Europa sea una gran potencia y se conforman con influir un poco entre lo que otras grandes potencias hacen que es, supongo, luchar por mantener su propio estilo de vida. No sólo me parece, de nuevo, poco ambicioso, sino antes equivocado, Europa podría definir un nuevo estilo de vida diferente al de esas otras potencias, debería y creo que muchos europeos y europeas estarían dispuestos y dispuestas, pero no por una cuestión sólo de valores, es que, además, el estilo de vida europeo actual no les ayuda en nada a su día a día.

Siempre parece que defender una idea así es menospreciar el crecimiento económico, y no es el caso, en realidad ustedes mismos mencionan que la fortaleza europea es su mercado interior, potencialmente -creo- mayor que de Estados Unidos, lo que, a priori, nos debería mostrar que podemos marcar pautas a seguir en el mundo, no sólo asumir un papel de árbitro.

El problema es siempre el mismo, no creo que ustedes desconozcan que cualquier proyecto que merezca la pena y por el que los individuos se quieran realmente mover y conmover, debe contener unas ideas de transformación de la realidad y de mejora de la misma, no sólo tratar de dinero. El dinero y la economía no son un fin en sí mismo, son un fin para poder desarrollar algo que deje huella, que signifique.

Pues bien, dado que el orden por ustedes establecido pone en primer lugar el dinero, en su forma conservadora de mantener un estilo de vida -sin definir- no de mejorar nada y sí de arbitrar entre otro concepto ambiguo como el de grandes potencias, queda muy poco que añadir; en un segundo lugar ya viene el objetivo de la paz y el de la gestión de la inmigración. Las ideas económicas abstractas como el crecimiento son -sabemos- muy interesantes cuando van en primer lugar pues ejercen el efecto de un continuo horizonte por alcanzar que se mueve con cada paso que damos. Como nunca se alcanzarán los resultados, nunca se puede dar el paso al segundo y tercer objetivo. ¿Qué puesto en las listas de la economía mundial se debe tener para velar por la paz y la seguridad o preocuparse de los refugiados? ¿Cuánto crecimiento hace falta?

No pudiendo ser menos, por una parte de nuestros valores europeos compartidos (que no poco tienen que ver con el cristianismo), ustedes buscan un culpable que no es otro, en este caso, que los estados pues, a veces, parecen no querer entender ese gran proyecto. Bien podría ser, pero piensen que si tú a alguien le dices esto va de la pasta, no puedes esperar que luego no mire por la suya y se centre en lo que quiera que sean los valores europeos o en permanecer unidos.

El proyecto europeo, al menos el que yo visualizo, está necesitado de historias de éxito, concepto que utilizan los consultores de empresas y demás. Desde luego el mantenimiento de la paz y seguridad en el mundo y cómo se aborda el tema de los refugiados no lo son y no lo han sido, nada tiene que destacar la UE en este sentido, más bien en el contrario, habiendo provocado menos seguridad y paz y con ello más miseria y refugiados. Es verdad que ustedes mencionan el tratado nuclear con Irán y el del cambio climático de París. No está mal, desde luego, pero ¿son historias de éxito europeo?

Añaden, por terminar, algo que me tiene todavía sobresaltado, resulta que los voluntarios y voluntarias que atienden a los refugiados son los que muestran el rostro humano de Europa. No es que no sea así, precisamente lo que asusta es que ese rostro humano sólo lo pongan los voluntarios y el Papa y no los gobiernos y las empresas europeas. Sí, también las empresas, porque ya está bien de esta bula papal que tienen para no hacerse cargo de ciertas cuestiones delegándolas en los estados y que no nos lo cuestionemos, como si el tema no fuera tan importante para el futuro de Europa y por lo tanto para el suyo como empresas, tanto como por ejemplo el TTIP. Si seguimos pensando que está bien que las empresas miren sólo por sus intereses económicos, igual que hacen los estados, qué podemos cuestionar a nadie, sólo estamos jugando todos y todas con las mismas normas del juego.

Ustedes quieren que nos levantemos y luchemos por nuestra Europa común ¿pero qué idea de Europa? ¿para qué? ¿para ganar más dinero, quienes? ¿incluye esto sólo a los asalariados, a los votantes y no a las empresas? ¿Y a los inmigrantes y refugiados o a estos sólo los gestionamos lejos?