Burkini

Este verano el burkini se ha puesto de moda. Por momentos parecía que había que pronunciarse a favor de su prohibición en playas y piscinas o no, así como sobre si existe diferencia entre elegir libremente ponerse la prenda o es lo mismo pues se trata de una imposición machista en cualquier caso.

Todo parece empezar porque en Córcega se producen unos incidentes violentos pude que a tenor de la prenda en cuestión. Luego, desde el Ayuntamiento, se procede a la prohibición del atuendo, si bien que no haciendo mención expresa al mismo, sí argumentando cuestiones de seguridad.

A todo esto Natacha Polony publica un artículo que parece quitarle importancia a esos incidentes. El argumento es muy interesante. No le gusta, a la autora, el uso del concepto comunidad en los medios de comunicación. No existe tal cosa como una comunidad musulmana -argumenta- sino ciudadanos de confesión musulmana y esto mismo es extensible a cualquiera. Se basa en la lógica del liberalismo anglosajón de defensa de los derechos individuales. Y esto está bien, es una forma de afrontar el debate entre derechos individuales y colectivos, pero claro, ella misma acaba hablando del pueblo francés, presuponiendo además que este ente está claramente en contra del burkini y que los corsos son sólo unos valientes que lo dicen, no como sus acomplejados conciudadanos de las metrópolis.

Imaginemos, dado que no estábamos allí que somos cualquiera de nosotros o nosotras los que se ven acosados por una multitud por llevar una prenda o no llevarla. El miedo que pasas es individual (o el disgusto si la cosa no se pone tan fea), no cabe duda, pero si no consideras que has cometido agravio alguno luego tienes que intentar explicarte el motivo por el que eso te sucedió. No puede ser porque les cayeras mal a esas personas que ni conoces, entonces será por algo (quizás una comunidad) que ellos creen que representas. Tú estás ejerciendo tu libertad individual puesto que no existe norma en contra de llevar el burkini (luego se impuso) y te atacan. Además, a los días se da la razón de alguna forma a quienes te atacaron porque se prohíbe lo que antes formaba parte de tu libertad individual. Eso sí, se argumenta que es para protegerte.

Hombre, yo diría que algo de racismo subyace en todo ello, algunas cosas son de manual. Pero claro, esto no resuelve las grandes cuestiones, los debates de fondo, y no puedo estar más de acuerdo con Reverte en que es mejor no hacerlo desde estos lamentables acontecimientos pues son el peor punto de partida. Es algo tramposo empezar a pensar sobre cualquier tema con posiciones de fuerza sobre la mesa y más si no se condenan los ataques sufridos por personas que probablemente sólo querían disfrutar de un plácido día de playa, no se puede olvidar que ese es el origen. Entre lo mucho que se ha escrito me parece que se ha criticado poco lo ocurrido y, de alguna forma, así se justifica, se hace invisible también el racismo.

Pero claro, Natacha Polony deja algún recadito más por si alguien quisiera afrontar un debate que debería haberse intentado zanjar hace mucho tiempo y no esperar a que esto ocurriera. Habla de “aficionados al mestizaje y la mezcla” e interpela a su supuesta responsabilidad cuando las comunidades terminen de adueñarse del espacio público. O sea, que si te extrañas porque se ejerza un derecho individual que es llevar una prenda cuando no está prohibido, quizás puedas estar favoreciendo que los islamistas conquisten Occidente. No es eso lo que sugiere ¿verdad que no? En todo caso no creo que se trate de tener una afición como si de coleccionar sellos se estuviera hablando, el mestizaje es algo que ocurre (no siendo tampoco el mejor concepto pues nos lleva a la idea de raza y en los humanos sólo hay una) y supongo que mejor que así sea porque lo contrario – que podría ser mantener una imaginaria pureza en base a cualquier criterio que se nos antojara- ya sabemos donde acaba.

Buenismo

Guerra tras guerra se acaba demostrando que la espiral que crece hasta que se derrama sangre está basada en visiones parciales, equivocadas e interesadas del otro. La de Irak es sólo el último ejemplo y el informe Chilcot una muestra del incremento de la velocidad de nuestros días para llegar antes a la misma conclusión a la que sólo un poco después suelen llegar los historiadores.

El primer ataque, en cada caso, me parece que ha podido ser igual al que hoy se produce cuando algunas personas utilizan la palabra buenismo. Es decir, puede que todo empiece con alguien que te llama buenista si no estás dispuesto a contrata atacar ante lo que se considera una ofensa, un feo o directamente un ataque de los otros-malos que en el fondo sólo buscan tu aniquilación. Por supuesto esta atribución de intenciones maléficas al otro es necesaria siempre, todas las guerras las empiezan quienes se están defendiendo del otro, nadie parece haberlas provocado, son algo a lo que te obligan, te arrastran inevitablemente en tu defensa.

Por supuesto el pacifismo será catalogado de utópico por quienes gustan de acusar de buenismo a todo el que no piense como ellos, eso no hace falta ni discutirlo, se asume. Al final, siendo realistas -te dirán- la sociedad se sustenta en el uso de la violencia, es esta y la posibilidad última de recurrir a la misma sobre lo que se sostiene el edificio. Pues vale, supongo entonces que su consideración es que la civilización es lo que ocurre entre guerra y guerra. Puede ser, desde luego la violencia es parte de lo humano.

Pero no es eso lo que nos ocupa en estas líneas. Resulta que el Papa, ante los ataques en Europa, dijo a los periodistas algo muy obvio, algo así como que los mismos no se pueden relacionar con la práctica de una religión y que vinculado a todas las religiones hay facciones radicales, extremos que se aprovechan de las mismas. Pues para no pocos tertulianos y tertulianas, en los días que siguieron, la interpretación fue que esta postura era de un buenismo esperable del Papa, pero buenismo a fin de cuentas. La verdad para estos defensores a ultranza de la realidad única es que los islamistas son los que nos atacan buscando nuestra destrucción. Sin saber cuantos de los millones de musulmanes se pueden considerar dentro de esta categoría de islamistas, tampoco escuché reflexión alguna sobre que algún musulmán en alguna parte del mundo -también contrario a los buenistas- podría considerar que los catolicistas, por ejemplo, les atacan para acabar con ellos. Es igual de ridículo y equivocado, pero Irak, Afganistán, Siria, Libia… podría llevar a alguien a pensar de esta manera -insisto- tan equivocada.

Europa se va poblando de islamofobia y de paso inmigraciónfobia, cuestión que tampoco es nueva de ayer, sólo que a veces se hace más visible y cobra un poco más de fuerza. Y sorprendentemente los acusa buenistas señalan como culpables a los populistas de derechas que se aprovechan de las clases trabajadoras más perjudicadas por la crisis que se dejan absorber por el discurso fácil y directo a las más bajas pasiones. Vaya tela ¿no?

Europa se niega a evolucionar, quiere conservarse. Ya no estamos dispuestos a confrontar nuestras identidades e ir construyendo otras nuevas sobre las mismas, pretendemos un estancamiento dentro de un universo, planeta, civilización, estados, culturas… que están siempre en movimiento. Por supuesto esto a la larga no tendrá éxito alguno, cambiaremos de alguna forma. Por eso yo siempre me pregunto cómo es posible que, dentro de las tantas tertulias, programas de discusión y demás, nunca encuentres hablando personas algo distintas, inmigrantes o musulmanes por ejemplo. Y no sólo sobre religión o inmigración, ¿a caso no pueden tener opinión sobre la formación de gobierno o la corrupción? Por qué motivo se sigue representando una realidad única, monolítica, cuando esta es mucho más variada -en el mundo por descontado- pero en España también. Quizás fuera un buen primer paso para evitar dolores futuros.