Estamos como para pedir un día

Eso me dijo un vecino al coincidir en el ascensor y comentar los golpes por las obras que se escuchaban en todo el edificio. Hay que cambiar cañerías y la parte final de cada cambio tiene que ser en casa de uno, por lo que alguien tiene que estar para abrir la puerta, es decir, si trabajas, pedirte un día. No lo conozco de nada, ni siquiera baja a las reuniones de vecinos, me sorprendió que con esa simple frase me explicara con tanta claridad cómo siente que es su situación laboral. Pero pensándolo, es sorprendente que las cosas estén tan complicadas en los entornos laborales que diera por sentado que yo lo entendería, cuando bien podría ser un optimista al estilo Rajoy y haberle hablado de las cifras de la economía y la recuperación. Sí -le habría dicho- pero la economía está mejorando y ya andamos por datos cercanos a antes de que empezara la crisis, hace lo menos 11 años.

Una amiga está bastante enfadada y buscando trabajo porque después de jornada tras jornada de 13 horas, ahora no le conceden unos días de vacaciones; resulta que sigue habiendo algo urgente que hacer. Otra me cuenta que de entre sus compañeros y compañeras, una está de baja y otro tiene problemas en la piel y el pelo, según parece, en ambos casos, por aguantar a la loca de su jefa. Y me lo cuenta resignada, como quien tiene la experiencia de que cosas así ya ocurrieron en su trabajo antes y seguirán haciéndolo; antes, cuando todavía se hablaba del acoso en el trabajo y se escribían libros, pues desde hace un tiempo ya ni se menciona.

¿Cómo interpretamos estas anécdotas? Puede ser que exista un sesgo en quien las escucha -yo- que sólo busco quedarme con las cosas malas, y que resulte que por cada una de estas me hubieran contado cinco de trabajos ideales en los que reinara la inteligencia, la paz y la felicidad y hubiera decidido obviarlos. Puede ser también que la gente, para hablar, elige sólo lo malo que les pasa y sobre lo bueno no te cuentan para no generar envida. Tal vez la explicación esté en alguna característica sociológica, que soy más cercano a una generación de edad con estudios universitarios sobre el sacrificio de sus familias (pues pensaron que sus hijos, gracias a la educación, vivirían mejor que ellos) que resulta que tiene mala suerte y lo peor del marcado laboral se concentra en nosotros y nosotras, viviendo el resto otra realidad mucho mejor. Tal vez, como se está poniendo de moda, en pueblos, ciudades pequeñas y el campo, sean felices y cosas tales sólo pasen a los que viven en las grandes urbes.

No descartando ninguna de las anteriores, cabe también pensar que las relaciones laborales han explotado y que el abuso ya no tiene frenos. La crítica al sindicalismo que era tan pareja a la crítica al funcionariado en este país, tuvo la gran suerte de, además, coincidir por el camino con la gran crisis. O quizás en la gran crisis tuvieron que ver mucho los mismos que piensan así. El caso es que ya no queda casi nada de ese mundo y ahora es el Gobierno el que tiene que pedir una subida de sueldos, como si sólo eso fuera la solución, pero no deja de ser gracioso; si prefieres reír en vez de llorar.

Puede ser que el empresariado y sus jefes que no son más que trabajadores auto engañados, vean que ya no tienen por qué frenar en su presión para lograr más horas por menos dinero. Seguro que ríen al escuchar al Gobierno hablar de pagar más, cuando no les hace falta, el mercado y su ley de la oferta y la demanda no obliga -piensan-. No es necesario contratar si pueden presionar para que se trabaje más. Si encima asumiéramos la hipótesis de Rajoy, el problema ya no es el dinero, hay de sobra y, lo mejor, las expectativas son buenas ¿cómo lo explicamos entonces?. La conciliación, las medidas sociales para mejorar el bienestar de empleados y empleadas… seguro que se tronchan al oír hablar de esto. Les basta con seguir defendiendo el otro gran hilo argumental -junto a sindicatos y funcionarios malos y vagos-, que no es otro que la gente no quiere trabajar. Así tampoco les es necesario la autocrítica, ni pensar en formas de organización mejores dado que las decimonónicas funcionan hoy casi mejor que entonces.

El dinero puede empezar a fluir, es posible conceder que en esto pueda tener un poco de razón Rajoy (no discutamos por ello), pero la cultura laboral ha retrocedido a la época poco posterior al esclavismo. Y la señora Presidenta de la Comunidad de Madrid, con su idea de las vacaciones, es sólo un ejemplo más. Puede estar bien para ella hablar de no cogerse vacaciones, pero para personas que trabajan 10 horas (más otras dos para ir y volver de casa) por menos de 1.000 euros brutos, si además les quitas las vacaciones y tienen miedo a pedir un día para abrir su casa y que llegue el agua caliente, pues no es lo mismo. Por lo menos necesitan que sus vacaciones puedan pedirlas coincidiendo con las obras ¿no? para no perder días. Y ya que estamos, aprovechar las mismas para arreglar papeles e ir al dentista, qué menos que poder elegir cuándo te coges las vacaciones. Por no mencionar las piruetas que es necesario hacer para encajar los horarios si tienes hijos pequeños, siendo la época veraniega ya la locura máxima. Lo que resulta complicado es entender que la gente todavía se anime a tener hijos, quizás lo del pan debajo del brazo esté marcado a fuego en nuestro ADN y alguien lo siga pensando.

Ante lo descrito seguro que estos días estivales nos encontramos todos y todas, como tontos del haba, diciendo la frase “pues la cosa estará fatal pero no veo mas que gente en la playa y en los bares”. Quien más y quien menos la pronunció también en los peores años de la crisis, como intentando justificar que -bueno- no todo el mundo estaba tan mal. Pero en el fondo, si lo pensamos, no es eso. No se trata de llegar a fin de mes y poder gastar algo si tienes vacaciones, que por otro lado no es poco. Hablamos de llegar a Marte en pocos años, de innovación tecnológica sin fin, de coches eléctricos en nuestras ciudades, por ejemplo, y pensamos que todo esto se puede construir sobre la base de unas relaciones laborales podridas, caducas, abusonas con los trabajadores y trabajadoras… pues lamento decir que esto no ocurrirá, no se entrará en modernidad alguna mientras no solucionemos algo tan básico como la forma de relacionarnos con el trabajo, con inteligencia, no recurriendo a la fuerza. La tensión seguirá creciendo lo haga o no la economía, es lo que nos enseña la historia y en este país o lo que sea, costará vanagloriarse de estar entre los “grandes” del mundo.

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Al estilo RFEF

Lo ocurrido en la Federación Española de fútbol no es más que un reflejo del estilo de liderazgo que nos domina. Es verdad que la historia del poder nos remonta a sus anales para contarnos que la del humano se puede explicar por la psicología especial que desarrollan algunos seres y que, además, podríamos ser cualquiera en las mismas circunstancias.

Pero lo hemos visto todos y todas, en nuestro entorno, en nuestro trabajo, por ejemplo. Líderes que consideran que su labor consiste en repartir prebendas, en ocuparse de a quién se pone dónde para asegurarse lealtades, adoración y servilismo; inteligencia lo menos, es ese un riego para el todopoderoso personaje. Y el mundo en general funciona así, recuerdo cuando en mis primeros pasos conversaba con mi padre sobre lo que veía y él movía la cabeza como diciendo: pues lo que te queda por tragar…

Grandes errores se han cometido por equipos prebendados que no eran capaces de pensar ni hablar más allá de lo que sus líderes les limitan. En realidad no pueden considerarse equipos, son personas interesadas que se juntan y su valor es el silencio más sacar las castañas del fuego de vez en cuando, poner la cara. Se suelen distinguir además porque, en privado, todos sus miembros están deseando la desaparición de ese líder, su muerte, bien para hacer cosas distintas a las que su majestad quiere, bien para ocupar su puesto. Y porque los que se van y abandonan o denuncian son tachados de traidores y la sola pronunciación de su nombre indica a todo el mundo cómo serán recordados los que si quiera se plateen proceder de la misma forma. Generan estos grupetes una narración de lo que está bien y lo que está mal y siempre encuentran la forma de explicar que no hubo otra opción para tal o cual decisión que no tomaron. Son distinguidos, además, por el desprecio hacia los que no son de su clase divina, esto también es necesario, negar la existencia de quienes no están en su juego aunque estos sean quienes sostienen su chiringo.

Lo que interesa más es saber si esto está en vías de extinción en nuestra cultura o, por el contrario, se seguirá reproduciendo. ¿Quién lo sabe? Algunos tienen la esperanza de cuando vayan pasando a la jubilación toda una generación que aprendió en otra época, tomarán su lugar unos jóvenes muy formados, que gustan de ir a festivales de música, viajar y miran el poder y la vida de otra forma. Otros que al ver cómo acaban algunos de estos personajes -los más oscuros- en la cárcel o suicidándose, será suficiente para los que sigan.

Mi experiencia si embargo no me permite ser tan optimista y ya me gustaría. Son detalles, pero por ejemplo, hace nada se habló desde el Ministerio de los CV ciegos, aquellos donde no aparecen datos que puedan llevar a prejuicios en quien selecciona. ¿En serio? ¿Todavía estamos en este punto tan básico dentro del mercado laboral? Eso no debería estar ya en discusión, a estas alturas, pero ya ven, se presenta como algo realmente innovador. Y también hace poco, Iberia apareció en los medios por pedir test de embarazo a sus candidatas para azafatas de vuelo. Pero hace nada, en mi entorno, tuve que escuchar una conversación -una vez más- sobre contratar a una mujer que dijo que estaba embarazada. Sí, estamos en ese nivel tan bajo.

Alguien podrá pensar que lo comentado antes y estos ejemplos que, seguro, todos vemos a diario, no están relacionados. En mi modesta opinión sí lo están, denotan un estilo, piramidal, de liderazgos, en el que si no compartes unos valores los acabas adoptando porque el mundo no lo creaste tu y si te quieres desenvolver en el, las reglas son esas. Esta es la clave, no existen estímulos para pensar y actuar de otra forma, el daño es sistémico. Estos señores de la federación son sólo la cara más visible y grotesca; de otra forma no se explica el silencio de tanta gente durante tantos, tantísimos años, porque, al final, lo acabamos viendo como algo normal y sobre lo que nada se puede hacer. Y que vayan a la cárcel por el mal uso del dinero, siendo necesario, no resolverá nada hasta que nos cuestionemos el estilo que permitimos.

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¿Poco que perder?

Escuché a un tertuliano, a propósito del tema de la independencia, decir que la propiedad privada la inventamos precisamente para disuadir a los humanos de tomar acciones que pudieran provocar pérdida en su patrimonio. Es una idea muy buena, seguramente se le escapó y él no quería desvelarnos ese secreto a todos y todas.

Lo cierto es que este tema, el de la consulta, está dando para muchos planteamientos bizarros. Pero es que este argumento ha triunfado entre una parte de nuestros intelectuales que llevan varios días muy contentos y contentas porque, al parecer, figuras destacadas del proceso, se están retirando del mismo precisamente porque ven que las amenazas pueden ir contra sus posesiones. Pues desde luego, si esto es así, quienes pensaran que no corrían ese peligro y se dan cuenta ahora, mejor están en su casa meditando sobre cómo nos han metido en todo esto. Aunque por otro lado, bien parecen estos argumentos una extensión del viejo prejuicio que tantos chistes arroja sobre la relación de los catalanes con el dinero, y en manos de nuestros generadores de opinión, es difícil saber qué resulta peor.

En todo caso, en este escenario, es comprensible que mucha gente quiera independizarse del PP. Lo es menos que quieran hacerlo de la mano del PdCAT, ni siquiera bajo la ilusión de que el siguiente paso será, ya destrozado como partido, deshacerse del mismo. La cuestión clave en este asunto es si este movimiento de oposición al poder y deseo de cambio de statu quo y en el sistema de relaciones sociales de los catalanes, lo es de verdad de las clases hasta ahora perdedoras o sólo de unas élites que piensan seguir igual el día después pero ya con todo el poder para ellas. De momento da la sensación que es más esto segundo.

Un dato interesante y que quizás pueda estar pasando desapercibido es lo que parece un 37,4% de españoles que podrían estar a favor de que se votara en Catalunya. No de entre los catalanes, el dato es sobre el conjunto de los españoles. Vale que sí, esto es de una empresa en un momento puntual y las barómetros ya sabemos, y todo eso. Pero es interesante porque de ser algo ajustado a la realidad no serían sólo votantes de Unidos Podemos, es algo más que el resultado de este partido en las últimas elecciones.

Toda manipulación de sentimientos de pertenencia para dar capricho a unos políticos, la historia demuestra que es un error de consecuencias fatídicas, sobre todo en el momento que queda al descubierto y ya no hay marcha atrás. Pero si por el camino se consiguen adherir los descontentos de la gente que viene siendo, además, perdedora de tal manipulación, los resultados son mucho más impredecibles. Y eso todavía está por descubrir porque, para mayor gloria de nuestro tertuliano, tal vez haya mucha más gente que no tiene tanto que perder y sí mucho por ganar. Pensemos en esos jóvenes que no pueden irse de casa de sus padres o que ya pasados los 30 sólo han compartido habitaciones y trabajos miserables. O en los que todavía no han conseguido recuperarse de la pérdida de su trabajo durante la crisis y tienen cargas familiares, una hipoteca y van todo el día arrastrados para sobrevivir. Estos y muchos otros ven el futuro tan incierto que quizás les compense correr el riesgo. Habrá que verlo.

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