Basta con esperar

Resulta absolutamente desalentador que el nuevo Secretario General del PP, en uno de los primeros temas que aborda, recupere la idea del papeles para todos o la de efecto llamada como contra argumento a no se sabe muy bien qué amenaza o estrategia. Lo que, no obstante, desde estas líneas más nos gusta y ya nos estaba haciendo falta, es la expresión “buenismo” con la que tanto se prodiga. Es casi humillante ver como al rato se pasea entre las personas no hace mucho sacadas del mar y todavía recuperándose en algún muelle del sur de España o mirando los restos de un salto a una de las vallas.

Es también doloroso comprobar que en todos estos días de actividad mediática no se le ha escuchado hacer uso de la palabra personas:

Casado: “A mí también me desgarra hablar con inmigrantes, yo también soy persona”

https://www.abc.es/espana/abci-casado-tambien-desgarra-hablar-inmigrantes-tambien-persona-201808011345_video.html

Al margen de que preguntar de dónde es cada cual se puede considerar hablar con estas personas de refilón, hubiera sido curioso que dijera algo como: “A mi también me desgarra hablar con personas, yo también soy inmigrante”. Un ligero cambio en el guión, cualquier cosa, algo que nos hubiera dado esperanzas en que sobre este tema se piensa en serio y se quiere hacer algo. Pero no, esta vez tampoco.

Papeles para todos y efecto llamada. Como novedad que conviene mencionar ante este renovado interés en los grandes medios de comunicación por la inmigración en las costas españolas, está que en esta ocasión se ha dado voz a muchas personas para que aportaran los datos de lo que ocurre y viene ocurriendo, y -resulta- no casa nada con las posturas que defiende el nuevo y renovado PP. En particular, ha quedado patente para cualquiera que quiera verlo que el efecto llamada nada tiene que ver con gesto alguno del nuevo gobierno. Si cabe, es un efecto relacionado con el observador que mira o no lo hace, lo cuenta o no, porque el número de llegadas lleva creciendo unos años y alcanzó su máximo año tras año sin que fuera noticia, como si no hubiera ocurrido.

Pero da igual. El caso es que después de tanto tiempo de una política de inmigración concreta, con varios gobiernos de distinto signo, tampoco este parece ser el momento en que se abrirá un debate sobre cómo abordar la misma. Los argumentos están cerrados; buenismo, papeles para todos y efecto llamada de ello se encargan. Así y como reacción, ya hemos tenido que soportar también que el nuevo gobierno tuviera que decir que no está prevista una nueva regularización. Ante esta insoportable actitud de no querer hablar de nada y sacar todos los viejos temas y frasecitas, lo único que queda es la UE, la patada hacia arriba que sirve como perfecta coartada. Y mayor garantía de que no se hará nada y nada cambiará no es posible tener.

La solución populista de Casado es una inmigración legal y ordenada que tampoco es cosa suya ni novedosa, es una mantra desde hace décadas. Suena convincente para cualquiera y a continuación permite añadir que tenemos “derecho a defender nuestras fronteras”. Lo que no explica es por qué si existiera la posibilidad de llegar de manera legal y ordenada no se hace. Y si existiera y la gente no quisiera seguirla, habría que plantearse entonces en qué estamos fallando porque si una persona tiene a su disposición vías para acceder a un país de manera legal, no es muy razonable pensar que prefiera jugarse la vida. Vamos, que la esencia de la inmigración ilegal es esa, no poder acceder de manera legal y seguir queriendo hacerlo o se llamaría de otra forma.

Al final es tan sencillo como esto, si lanzas un tema a la arena de la opinión pública y te sacas fotos, lo menos que puedes hacer es darle un poco de seguimiento y un mínimo de profundidad para que tenga recorrido. Pues de momento parece que debemos seguir sentados esperando a que Casado o Sánchez nos cuenten sus ideas.

Es verdad que existe una gran diferencia, al menos el buenismo de dejar que un barco lleno con personas sacadas del mar (o con una sola como muestra de que una vida sí importa) atraque cuando no se lo permiten en Italia, ya es grandioso, y no cabe, además, relacionarlo con el aumento de actos racistas cuando lo contrario sí. Basta con esperar.

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