Tentación utilitarista

El día 15 de junio de 2016, Milagros Pérez Oliva escribió un artículo para El País titulado La tentación utilitarista de la Iglesia Católica. En el mismo critica su publicidad a modo Ikea que pretende destacar la aportación económica de la Iglesia a la sociedad. Al final de su argumentación dice que hacerlo es tan mala idea “como … lo fue en su día la pretensión de algunas entidades humanitarias de utilizar como argumento en favor de los inmigrantes lo mucho que contribuían a la economía”. Creo entender que con los ciclos económicos, lo que un día parece un buen argumento a la vuelta se te vuelve en contra. Pero no termino de ver la idea.

La inmigración en España aportó a la economía (y lo sigue haciendo). No fue responsable del ciclo expansivo provocado sobre todo por la especulación en el ladrillo, pero sin su presencia tampoco habría podido ser como fue, sirvió para retroalimentarlo. La gente venía (y viene) porque había trabajo y pagaban sus impuestos y trabajaban, luego estaban contribuyendo. También compraban o alquilaban sus casas, los libros para el cole, iban de vacaciones favoreciendo el consumo interno… lo mismo que todos y todas las que vivimos en España. Tampoco conviene olvidarse de lo que supuso tener a disposición un trabajo mayoritariamente femenino para el servicio doméstico porque ello también contribuyó a mayor presencia de la mujer española en el mercado laboral; un salto pequeño más que fue posible no gracias a nuestro planteamiento sobre la conciliación. Hubo (y hay) también muchos abusos en sueldos de inmigrantes pero incluso eso contribuyó controlando la subida de costes salariales que, fue un error e ilegal en muchas ocasiones, sí, pero no pocos (los de siempre) se beneficiaron de ello cuando podían haber elegido hacer algo distinto.

Al pincharse la burbuja que todos podíamos ver era algo que tenía que ocurrir aunque no quisiéramos verlo, lo mismo, los inmigrantes siguieron y siguen contribuyendo; no fueron responsables del auge ni de la caída o tanto como los demás. Ahora bien, que alguien opina y opinaba que todo fue culpa suya, que son el problema, claro, tradicionalmente la inmigración es un chivo expiatorio de todos los males, en eso tampoco fuimos innovadores. Por todo ello no entiendo el argumento de Milagros Oliva, no sé en qué se equivocaron las “organizaciones humanitarias” al señalar lo que es cierto; contribuyeron y contribuyen a la economía.

El problema, entiendo, es el enfoque económico de los asuntos. Hoy todo tiene ese mirada, pero de la inmigración siempre se habló en esos términos, había quienes querían justificar lo injustificable mediante el daño a la economía que la inmigración causaba. Las organizaciones humanitarias intentaron desmontarlo. Lo que no podían hacer era apelar a cuestiones humanitarias en contra de argumentos económicos, pues no había, España se beneficiaba de la inmigración y era conveniente decirlo aunque no todos ni todas se lo creyeran.

Pero sigamos hablando de la pasta. Debemos definir lo que es una organización humanitaria porque para muchos lectores en esta idea puede estar el problema. Tal vez parezca que se trata de un grupo de gente con rastas que cree en unos valores extraños o del otro lado ya pasar a los curas. Evidentemente no es ni una cosa ni otra, hay muchos tipos de organizaciones que sería pesado describir aquí. Pero sí, tenemos que hablar del concepto “sin ánimo de lucro”. En este mundo mercantilizado puede resultar algo raro, pero no significa que, por un lado, estén los de las rastas viviendo casi en la indigencia por su alma comprometida y por otro los curas viviendo en la opulencia. Sí significa que hay actividad económica, estas entidades, la Iglesia también, contratan (con bajos sueldos casi siempre y ello está relacionado de nuevo y entre otras cosas con el factor género) pero también tiene proveedores, dan servicios y tienen un mercado de trabajo indirecto a su alrededor, es decir, hay actividad económica que se refleja en el PIB. Cosa bien distinta es que no repartan beneficios y que si los hubiera, lo que se denomina excedentes, se reinvierte en la propia actividad generando más valor. Además y precisamente por la actividad a la que se dedican una buena parte de estas organizaciones, en principio, ahorran unos costes en gastos sociales, primero cuando previenen situaciones más graves y segundo porque son más baratos que las administraciones (de nuevo y no conviene olvidarse).

La Iglesia que es el objeto de crítica del artículo, ocurre que tiene dos vertientes, una por ser Iglesia y dedicarse a lo relacionado con la fe y la educación a ella vinculada y otra por su “labor humanitaria”. Ambas generan actividad económica. Y por ambas recibe dinero del Estado, por tradición cultural y el poder que supone por un lado, y por otro con sus ONG. Por poder se pueden criticar ambas. De una parte la Iglesia tal vez goce de muchos privilegios y tal vez no rinda las suficientes cuentas. De la otra, puede discutirse, no pocos lo hacen, si una perspectiva asistencial, caritativa, de la intervención social es lo que queremos, pues prefieren otra basada en los derechos sociales, pero las ONG de la Iglesia no son las únicas que tienen esa perspectiva en nuestro país, hay muchas otras.

Creo que no se puede discutir que la Iglesia y en concreto Cáritas ha estado en el centro del debate sobre la pobreza y que, a diferencia de muchas otras ONG que no han podido hacerlo por su dependencia del dinero público o por su propia incapacidad de gestión, ellos y ellas enfadaron hasta a un Ministro. Las ONG, en mi opinión, deben mantener la capacidad de enfadar a los poderes públicos, sean del color que sean y esto no ocurre en nuestro modelo, principalmente por el sistema de financiación que debería ser revisado. A parte del no fin de lucro, está la idea de ser organizaciones no gubernamentales.

Ocurre que en casi todas las ONG se ha hablado en algún momento de la idea del retorno de la inversión y decirle a la sociedad lo que cada euro que llega a estas organizaciones devuelve a la misma. Se han realizado algunos intentos con – me temo – poca repercusión. Es un sector sobre el que siempre se habla al final de la lista o de la agenda y está bastante mal tratado. La izquierda, por ejemplo y en general, cree que es mejor incorporar su labor a lo público como servicio, y a veces olvida que ello requiere hablar del modelo de Estado de bienestar que se quiere y de la participación y organización de la propia sociedad, cuna de la izquierda. La derecha acepta que se presten servicios, eso sí, del estilo caritativo y más baratos, como si ello significara necesariamente eficiencia. Las ONG tienen muchas cosas que mejorar y una no es incorporar lo que se les dice desde el marketing empresarial en su quehacer, como han venido haciendo con escasos resultados pese a las promesas. Lo que sí es cierto es que salvo unas pocas, el resto siempre están bailando por unas migajas de presupuesto, lo que limita su capacidad para pensar en soluciones. Y siempre se les reprocha, desde muchos frentes, que no ocupen todo su dinero a la actividad que realizan, como si generar estructuras no fuera la clave para desarrollar e innovar.

Otro debate en esta situación, y mejor para otro día, es cuánto unos y otras, poderes y ONG, están convencidos del todo sobre favorecer que los grupos sociales más desaventajados, los estigmatizados y excluidos, puedan tomar el control de su propia situación y reivindicar por su cuenta; eso podría resultar bastante incómodo para no pocos.

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