El miedo que nos ha perdido

Estoy de acuerdo con De Guindos cuando afirma que en España se ha perdido el miedo a quedarse sin trabajo, si bien que quizás por motivos distintos a los suyos.

De Guindos parece creer que dado que lo peor de la crisis ya ha pasado, los trabajadores y trabajadoras que han mantenido su trabajo ahora se ven seguros de que ya no les tocará. Desde luego tal forma de pensar se apoya en la creencia de que todos y todas ven que lo peor de la crisis ha pasado que, pudiendo ser o no cierto, coincide con lo que De Guindos quiere pensar. Es algo atrevido aunque quién sabe si acierta con su creencia, habría que preguntarle cuánto de su dinero, por ejemplo, estaría dispuesto a apostar en esa predicción o en una más sencilla, si haría la predicción y apostaría por una victoria del PP en las generales.

Pero según mi parecer han sido tantos años de miedo a perder el trabajo que muchas personas – nunca diría todos los trabajadores y trabajadoras- se han acostumbrado a pensar que en cualquier momento les puede tocar a ellos. Y esto hace que a base de esfuerzo se acabe perdiendo el miedo, puesto que es algo que no controlas, simplemente te puede ocurrir. Sólo la semana pasada escuché a dos personas decirle a su responsable directo “pues despídeme” después de la presión y modos de este. Desde esta perspectiva coincido con De Guindos, muchas personas le han perdido el miedo.

Ahora bien, algo que se deprende de ese aprendizaje a vivir con miedo, es que el esfuerzo, el saber, las ganas, el trabajo bien realizado, no tienen que ver con perder tu empleo. En una cultura del esfuerzo como la que le atribuyo a De Guindos o al menos eso es lo que el PP esgrime cada vez que habla de reformar, por ejemplo, el sistema educativo, saber que tener o no trabajo no depende de tu esfuerzo es un daño moral incalculable en cifras económicas. La moral, por tanto, del trabajo, está profundamente afectada en nuestro país y eso que no partíamos, en mi modesta opinión, de una posición muy elevada antes de la crisis. El que está empleado tiene conciencia de que perder el trabajo es arbitrario, no importa su esfuerzo, igual que el desempleado piensa lo mismo sobre encontrarlo, es cuestión de suerte.

Cuando se llega a pensar así, el estado es de indefensión aprendida. Dicho estado se caracteriza por asumir que no se puede hacer nada, el sujeto deja de responder aunque las circunstancias sean favorables para un cambio. Se asocia a veces a estilos de crianza autoritarios donde predominan los castigos sin importar lo que se haya hecho y puede haber lastrado el talento de toda una nación para muchos años incluso generaciones.

Otro día habrá que introducir también en el análisis el destape del autoritarismo que me parece ha experimentado el mundo laboral en España. Si bien el número de personas autoritarias ya parecía alto antes de la crisis, la misma ha facilitado las cosas con unas reglas de juego propicias. El uso del miedo al desempleo es una característica por la que se puede identificar rápidamente a estas personas, otra -si se me permite- por pensar que cualquier trabajo es mejor que el desempleo; razonamiento con el que también nos deleitó De Guindos. Seguramente si comparáramos las cifras de crisis de ansiedad, lloros en el trabajo, bajas laborales debidas a este fenómeno del autoritarismo en el empleo… ocuparíamos puestos muy altos de una lista de naciones.

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