Censura

El planteamiento de mociones de censura está despertando un gran consenso en su contra. El mayor argumento utilizado es el de no romper la estabilidad mínima necesaria para el avance del país. En contra se podría esgrimir si realmente es posible el avance de nada sobre la base de un sistema tan corrupto. Y la respuesta es que no y tengo la sospecha que todos los que defienden la estabilidad en el fondo lo saben, pero prefieren seguir hacia delante porque no quieren la incertidumbre que imaginan provendría de lo que denominan izquierda radical. Quizás también teman más la respuesta que podría venir de la derecha radical a un gobierno de izquierda radical, eso es como para pensarlo.

Si no se hace el gesto simbólico de desalojar a un gobierno por la corrupción, ésta quedará legitimada otra buena temporada, se entenderá que es mejor eso que la nada, dando pie en todas las esferas de la sociedad a comportamientos indeseables y dañinos para la misma porque, al final, no importa. Legitimará unas relaciones asimétricas y explotadoras en el mundo laboral, micro caciquismos, micro machismos, micro racismos, todo. Esto no es una exageración, lo contrario es pensar que existen islas dentro de la sociedad y que el comportamiento político no influye en el resto de ámbitos de la misma ni se ve influido por estos, que es posible separar las partes de un sistema y que no se comuniquen. Se puede pensar y decir, por ejemplo, que el comportamiento de un individuo tiene la capacidad de transformar el sistema, pero se olvida que un gran gesto en el sistema tiene más capacidad de cambiar a los individuos y quizás este pudiera. De igual modo se puede argumentar que el comportamiento deshonesto de un individuo no influye en el resto, es un caso aislado, pero nada lo es. Se puede incluso plantear sanciones a los padres por el comportamiento inadecuado de sus hijos, responsabilizando a los primeros, pero no que se puede responsabilizar a unos responsables del comportamiento inadecuado de muchas personas en distintos ámbitos de su influencia.

Aquello de “el que la hace la paga” no es suficiente. No se trata del argumento sobre las responsabilidades políticas antes que las penales, es ese otro debate falso producto de la corrupción del sistema, pues en otro, donde primara la honradez, no se produciría cada vez. El problema es que en un sistema corrupto se pierde la capacidad hasta de juzgar la corrupción.

La cuestión es si queremos seguir en un sistema en cuyo seno se favorece las relaciones corruptas como parte del funcionamiento o no. Y esto no es incompatible con la preferencia partidista en el voto de cada cual, es evidente, saliendo al paso del anatema, que en Andalucía, por ejemplo, hace tiempo que hubiera sido sano un cambio en el signo del gobierno.

Los que defienden por encima de todo al sistema, deberían considerar si realmente están haciendo un favor al mismo o no. Demasiadas veces antes desde la aprobación de esta Constitución hemos hablado de corrupción, de financiación ilegal de los partidos y de la necesidad se soluciones. Es evidente que está en nuestro sistema que es parte del mismo, todos y todas lo hemos sentido cerca en algún momento. Si queremos un nuevo tipo de sociedad, un nuevo tipo de ideal de ciudadano, el efecto en cascada que podría producir quitar a un gobierno por corrupción merece la pena intentarlo.

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