Rebelión de las masas

Es comprensible que un periódico como el País no sea partidario de Pedro Sánchez y así lo deje claro en su editorial del día siguiente a las primarias; perder definitivamente la identificación que durante tanto tiempo se venía haciendo entre partido y diario no debe ser fácil.

No obstante, hay una cosa muy interesante en dicho editorial cuando habla de la crisis de la democracia representativa. El argumento único, como en tantas otras ocasiones estos días, es que ha ganado el populismo, definido como demagogia, mentiras y promesas imposibles de cumplir. De alguna forma viene a cuestionar que la elección directa y no delegada es un peligro porque pueden salir elegidos personajes como Trump, los de Unidos Podemos o el propio Sánchez. Es la rebelión de las masas que se oponen al establishment, al aparato, a la clase política.

Sánchez ha conectado con la experiencia vital de mucha gente de su partido y fuera del mismo porque ha sido víctima de manipulaciones y conspiraciones, relegado al ostracismo, justo en el momento que defendió decir no a lo que era un clamor popular precisamente porque el PP representa la manipulación, la mentira y la conspiración constantes (para mucha gente). No se puede olvidar la relación entre ambas cosas, no siendo un líder muy querido, ha sufrido lo que muchas personas en su día a día o en algún momento de su vida. Y en vez de agachar la cabeza, culparse a sí mismo y buscar terapia, se ha rebelado. Si hubiera sido sustituido de otra forma no hubiera pasado nada.

Resulta que no pocos políticos y periodistas siguen viendo la política como un objeto propio y distinto del resto de cosas de la sociedad. Y se olvidan que el común de los mortales, ese que a veces desprecian por insignificante considerando que no sabe lo que vota, vive la política a diario, no sólo la de los políticos al encender la tele para ver el telediario. Seguro que muchos trabajadores de El Pais, por ejemplo, hubieran votado a Sánchez porque están cansados de ser un número y trabajar para lograr números, de que los traten como imbéciles, del ejercicio del poder en su entorno, de las cosas que tienen que aguantar a diario. Quizás me equivoque, quizás esta empresa es modélica y muy distinta al resto mayoritario de nuestra sociedad.

Sigo pensando que no están entendiendo lo que se habla en las conversaciones diarias. La frustración que se expresa, la desesperanza, la alienación. No se trata sólo del trabajo, de una remuneración adecuada si se tiene trabajo, es más profundo. Se quiere formar parte de algo bueno, no un engaño continuo, no de un sistema para sostener privilegios, se busca poder ser buena gente y sobrevivir, no tener que comportarse despiadadamente a cada momento para salir adelante. Se desea una forma distinta de relacionarnos, más humana, más enriquecedora, más horizontal y eso se ve muy lejano.

Lo que Ortega en su Rebelión de las masas planteaba era la diferencia entre quienes se esfuerzan por alcanzar la excelencia y los que no. Quizás lo que le faltó por ver es que la mayoría, la masa, se esfuerza mucho y padece por ello a diario y su recompensa es ver el deterioro de sus vidas. Las masas y la élites se han invertido y las primeras reclaman lo suyo tal como se les dijo obtendrían si actuaban correctamente. Es posible que las masas se engañen y crean falsamente que están más preparadas que sus elites, y reclamen un poder que la historia no les reserve, pero creen tener pruebas suficientes. Nos prevenía el autor de ese riesgo, lo que quizás dio por sentado es que las élites seguirían siendolo a base de tesón. Aunque no es menos cierto que nunca consideró élites a los señoritos y señoritas de postín, refinados sólo en su maneras y no en su pensamiento. Y de este estilo de personas nos sobran entre las élites.

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