Guerra a las noticias falsas

El día de la Pascua Militar, la Ministra de Defensa quiso dirigirse de manera muy especial al Rey para resaltar que existe una nueva guerra que luchar.

Da algo de miedo. Si no lo entiendo mal, resulta que un gobierno, los principales causantes de la desinformación, quiere proteger a su país de las noticias falsas; obviamente de las que interpreta están construidas por otros países para desestabilizar el nuestro buscando objetivos geoestratégicos concretos. La Ministra habla de un nuevo campo de batalla que se utiliza para manipular al ciudadano. Y cuando los militares hablan de un campo de batalla, debemos tomarlo en serio.

La proliferación de desinformación y noticias falsas distribuidas de forma masiva buscan manipular la percepción del ciudadano para orientarla en favor de intereses de terceros divergentes de los nuestros.

Una vez que los telediarios de las principales cadenas nacionales en abierto han tomado la decisión (hace años pero últimamente es ya de escándalo) de dedicarse a los sucesos, el tiempo y los deportes casi por completo en su tiempo de emisión, no puede extrañar que la gente que tiene interés busque información sobre cualquier otra cosa por los medios que tiene a su alcance. La red es sin duda uno. Una vez que todos sabemos que estos mismos medios, en sus otros canales también, son muy parciales en su interpretación de la realidad, optamos por elegir nuestra propia parcialidad seleccionado medios on-line o a quién seguimos en Twiter, por ejemplo.

Es decir, que sí, coincidimos con la Ministra en que estamos rodeados de información falsa o escasamente relevante para entender la geopolítica o cualquier otra cosa. Y encontrar otras fuentes de información alternativas no es fácil ni en la red, seguro que todos y todas tenemos la experiencia de buscar y encontrar una y otra vez los mismos contenidos enlatados generados desde los mismos centros de opinión a parte de mucha publicidad. Saltarse eso, llegar incluso a medios de otros países requiere un esfuerzo, no pocas veces grande. No es una queja, más bien una constatación de la realidad, está bien, formarte un juicio propio y desconfiar de la información oficialista es una opción personal con su coste añadido, eso no ha cambiado a lo largo de la historia, ni con las nuevas tecnologías.

El ciudadano acrítico, informado desde la parcialidad de un único poder que decide lo que es verdad y lo que no, es algo deseable para cualquier gobierno desde siempre. Lo que parece que le incomoda a la Ministra no es tanto que exista información falsa como que no esté controlada. Y eso sí que debería preocuparnos a los ciudadanos. El ejército ha declarado la guerra a la información porque considera que otros, siempre malos, quieren quitarle el control de la misma. Y debe preocuparnos no porque la lucha entre desinformaciones no sea una constante, es decir, un problema parte de la humanidad, sino por lo que pueda hacer si logra convencernos de que es eso y no otra cosa lo que necesitamos.

Ya tenemos suficientes penas y personas encarceladas por opinar, ya tenemos suficientes oficialistas reclamando que todo lo que se publica sea susceptible de penas de cárcel si no gusta o es de mal gusto. No debemos dejar que en nombre de la defensa de la nación esto vaya a más, nos arrepentiremos en unos años. Ya sabemos que cuando se mete miedo, en este caso el de otras fuerzas exteriores, oscuras, sin concretar, conspiraciones, quedamos a merced de cualquier medida en contra de nuestras propias libertades. Pero no lo hacen los otros malos indefinidos, lo hace tu propio gobierno para defenderte que es otra cosa, bien distinta.

A mí me hubiera gustado escuchar que el Ministerio de Defensa, detectado ese problema, va a poner fondos en la educación e información de ciudadanos libres, críticos, independientes, desconfiados como para seguir siempre buscando respuestas e información, no conformistas… eso acabaría con el miedo a la información falsa que tiene. Pero todos sabemos que ningún poder hará eso con decisión pues la primera respuesta sería que los ciudadanos cuestionarían sus discursos. Y, además, no es competencia de ese Ministerio, te dirán.

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