Ya puestos

Desde 2017, la crisis de la heroína en Estados Unidos ha ocupado en nuestro entorno algún reportaje y muchos artículos. La causa principal es que la mencionara Trump porque, desafortunadamente, a este hombre se le otorga más capacidad de poner algo en los titularles que a cualquier otro en el mundo.

El problema ya venía de antes, claro, empieza, según parece, hace una década. Pero a ese señor le parece ahora que es momento de señalar el tema -y es lícito sospechar-, vinculado a que cree que le puede ayudar en su idea del muro con México e incluso para seguir mal metiendo las narices en el Proceso de Paz en Colombia como desde hace décadas viene haciendo su país.

Esta cuestión que ya hoy todos conocemos por epidemia aunque pudiéramos desconocerla hasta ayer, tiene ciertas peculiaridades que hacen que se deba prestar una especial atención y no dejar pasar otros 10 años. Resulta que los datos en las últimas encuestas anuales a jóvenes sobre consumo de sustancias en Estados Unidos parecen bastante buenos, pero luego nos cuentan que el problema actual tiene mucho que ver con la receta médica de opioides que se viene realizando fundamente a adultos con dolores. De esas recetas, muchas personas desarrollan adicción, de las cuales algunas no pueden recibir las dosis que llegan a necesitar y otras simplemente se pasan al mercado de drogas ilegales porque son más baratas. En ese mercado, al margen de la heroína que ya estaba, aparecen una o varias sustancias sintéticas que tienen efectos mucho mayores en la propia adicción y en la muerte por sobredosis y que son más baratas de producir. Cuesta imaginarlo, si realmente todo lo que nos cuentan es así, escapa de los esquemas habituales, de la representación y simbología de la adicción en el cine, por ejemplo, salvo en la serie House.

O sea, que esta crisis no empezó por los más jóvenes, ni necesariamente el consumo experimental, del una cosa lleva a la otra, sino que los médicos, colectivo que domina la salud pública y nos dicen a cada rato lo que tenemos, podemos y debemos hacer, están detrás. Aun así, algunos y algunas insisten que si consumiste una sustancia una vez o en tu casa beben alcohol o fuman tabaco tienes más posibilidades de engancharte con las recetas. Que bien podría ser, pero parece no querer sino mirar a otro lado o seguir haciéndolo al mismo de siempre.

Cabe, malintencioandamente pensar, que si todo esto es como nos lo cuentan y si se tardan 10 años más en sacar conclusiones quizás pueda ser por esto, por el dominio de la profesión médica en este campo y porque harán todo lo posible por no exponer su prestigio. Tal vez, si eso ocurriera, se pudiera cuestionar alguno de los preceptos que como evidencia científica se han estado manejando en el tema de las drogas y, desde luego, mucho, muchísimo trabajo y bueno desde hace años, se podría ver de golpe afectado. Pero el culebrón no termina aquí, las farmacéuticas están detrás de todo ello, incentivando a los médicos para que receten sus productos con opiáceos más de lo necesario. Un riesgo es caer en la tentación de saltarse en las responsabilidades a estos últimos y pasar a las todo poderosas anteriores como instigadoras primeras, si bien, creo, ello no terminaría de ser del todo equilibrado con los del juramento hipocrático, porque las farmacéuticas no son sospechas precisamente de ocultar sus intereses, como tampoco lo son los que forman parte del circuito de la producción y venta de drogas ilegales, pertenezcan o no a un cuerpo de cualquier estado.

Todo ello nos lleva, desde este lado del océano, a, primero, cuestionar el modelo de salud americano, costumbre que nos gusta dado que es de aquellas cosas sobre las que pensamos sí podemos darles lecciones a la gran potencia. Esto está muy bien, siendo que los sistemas sanitarios juegan su papel en el asunto; hasta ahora -creíamos- en cuestiones como la detección y el tratamiento y no tanto en la promoción de nuevos adictos. Pero es insuficiente, ha habido y sigue habiendo epidemias en sistemas sanitarios de lo más variado y no podemos olvidar que con el nuestro se produjo también una. De momento, nos dicen que no nos puede ocurrir. La cuestión es si estamos mirando en la dirección adecuada o la institucionalización de la atención a las drogas y los intereses creados con sus inercias, no nos permite ampliar la visión. Yo no lo sé, pero conviene hablarlo, podría ser lo que la situación en el país amigo nos esté indicando.

El caso es que ya hemos mencionado algunos de los actores clave en esta historia; quedan otros, los medios de comunicación entre ellos. Sabemos que los niveles de alarma social ya han contribuido antes a agravar situaciones, incluso a provocarlas, y nuevamente nuestro momento de crisis de la heroína es un buen ejemplo. Siempre resulta complicado dentro de eso que llaman prevención universal, saber si por un lado generará más alarma y por otro más consumo o realmente prevendrá que algunas personas prueben o consuman alguna sustancia. No me imagino una campaña diciendo “cuidado con lo que su médico le receta, desconfíe de su gobierno, consulte el prospecto e Internet”. Mantener un nivel de atención e información óptimo en una población no parece más que un ideal y por lo tanto debemos contar con los medios en cualquier crisis futura, tanto para prevenirla como para ampliarla.

Otro actor que desde nuestra perspectiva podría faltar, es el cambio social. Detrás de lo que en la historia se ha acabado considerando epidemia, siempre había cambio social de alguna trascendencia entre las poblaciones afectadas. La salida de una guerra, una guerra comercial, una cambio de régimen… ¿y en esta de Estados Unidos? Es muy complicado de ver. Parece que la población afroamericana consume en estos momentos menos heroína y derivados, dicen que porque los más jóvenes ya aprehendieron de la generación que los precedió. Hoy los opiáceos afectan más a una clase media blanca empobrecida, la misma que nos cuentan votó a Trump. Seguro que no tiene nada que ver pero, si un estudio se puede permitir decirnos que el problema por el que no se presta atención a la actual situación es que los que más lo están sufriendo son varones y que si el afectado fuera cualquier otro grupo la cosa sería distinta…pues todo cabe, ya puestos.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41755400

http://www.bbc.com/mundo/noticias-41696347

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-40451574

https://elpais.com/internacional/2017/10/26/estados_unidos/1509030646_508688.html

https://elpais.com/internacional/2017/10/24/estados_unidos/1508871087_374107.html?rel=mas

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233929

http://www.jornada.unam.mx/2017/11/09/opinion/a03a1cie

http://www.laprensa.hn/virales/1129948-410/video-viral-cajeras-drogadas-americas-opioid-epidemic-evidencia-crisis-opioides-usa

https://www.drugabuse.gov/publications/research-reports/medications-to-treat-opioid-addiction/overview

https://www.drugabuse.gov/news-events/news-releases/2017/12/vaping-popular-among-teens-opioid-misuse-historic-lows

https://www.researchgate.net/publication/242485727_Heroina_en_Espana_1977-1996_Balance_de_una_crisis_de_drogas

https://elpais.com/internacional/2017/06/12/estados_unidos/1497295458_563632.html

https://elpais.com/internacional/2017/08/26/estados_unidos/1503778994_700162.html

http://www.elperiodico.com/es/sociedad/20170827/la-adiccion-a-la-heroina-consume-estados-unidos-6228788

https://elpais.com/internacional/2017/10/24/estados_unidos/1508871087_374107.html

http://www.eldiario.es/theguardian/epidemia-EEUU-Canada-evidencia-masculinidad_0_664584383.html

http://www.eldiario.es/theguardian/Canada-responde-epidemia-abriendo-controlado_0_647436007.html

https://elpais.com/internacional/2017/10/27/colombia/1509139417_480180.html?rel=str_articulo#1517642690668

Obesidad

El tema de la alimentación es de esos que genera contradicciones a cada paso. No sólo una parte de la población mundial pasa hambre mientras en la otra se aprueban medidas contra la obesidad; la cocina y sus chefs están de moda, proliferan los programas en los que se convierten en estrellas mediáticas, incluso algunos colegios ofrecen actividades de cocina como extraescolares, sin embargo, la comida que le sirven a mi hija en el comedor está cada vez más mala.

Por esas y otras contradicciones, es posible albergar alguna sospecha, cuando desde el poder se insiste en divulgar lo que, en un primer análisis, es de cajón y no sé si hace falta que lo digan; alimentarse bien es bueno para tu salud. Lo que pasa es que luego se mezcla con las limitaciones presupuestarias, se compra lo más barato, la comida es mal cocinada hace horas y llevada en bandejas desde otro sitio, con escasos ingredientes, personal que no es del colegio, mal pagado y mal humorado (no muy profesionalizado y que le da igual la correcta alimentación o contribuir en la enseñanza para una mejor forma de comer) siendo el resultado, una mala experiencia cada día que se come en el comedor. Todo ello, tan desagradable como sano, respaldado por un nutricionista o una nutricionista que -casi siempre pasa a los expertos- son utilizados para validar cualquier cosa.

En Andalucía, por ejemplo, acaban de aprobar una ley que, en la prensa, se ha conocido como contra la obesidad infantil. No se trata de eso, al menos en exclusiva, ya sabemos cómo es la prensa. Por lo que veo en la misma, incluso en la que es contraria al partido que allí gobierna, parece que la Ley está bastante equilibrada en lo que fomenta o sanciona y se preocupa, por ejemplo, de que los “gordos” tengan una sanidad adecuada (por lo que cabe suponer que a veces hoy no es así y es preocupante) así como evitar cualquier tipo de discriminación contra los mismos. Esto último es un detalle porque es muy contradictorio que personas que atentan -también- contra su salud para estar delgadas (con todas esas dietas que encima se pagan, por ejemplo), caben dentro de los parámetros de lo aceptable, incluso deseable socialmente, pero meterse, marginar o discriminar al gordo es casi tradición.

A Leyes como estas, la verdad, no cabe ponerle muchas objeciones, por el revestimiento de salud que tienen, salvo la perspectiva desde la que parten. Y es esta principalmente médica e individualista, de tal forma que, una alimentación sana y ejercicio hacen que no haya tanta obesidad, lo cual repercute en evitar enfermedades, lo cual, aunque no se menciona, creen que ahorra gastos médicos porque añade miedo a la muerte; uno de los grandes males de nuestro tiempo. Amedrentar a la gente junto con explotar su necesidad de gustar siempre ha funcionado a las mil maravillas, a cualquier religión.

Ahora bien, en el propio texto de la Ley se reconoce que anteriores planes no consiguen sus objetivos, en especial acabar con la obesidad, lo que justifica su necesidad. ¿Cómo se puede explicar? No lo sabemos, pero planteamos, como hipótesis que comer no es algo meramente funcional, comer para obtener las calorías necesarias para la actividad diaria y estar sano, es decir, trabajar y seguir trabajando muchos años sin costar dinero, tal como una perspectiva médica parece plantear, no nos es suficiente. Alimentarse es mucho más, los humanos somos sobre todo cultura y no sólo eso que llaman dieta mediterránea.

En el cole de mi hija, por volver al tema, no les permiten hablar mientras comen porque hacen jaleo. En vez de enseñarles a disfrutar de la sociabilidad y placer que el acto de comer puede suponer, sin gritar, lo solucionan de esa manera, mientras se engullen alimentos sobre los que nada se puede objetar desde el punto de vista calórico, pero malos como los demonios. No les enseñan a poner una mesa, a comer con la boca cerrada, a ayudar a los más pequeños, sí a que se lo tienen que comer todo, no puede quedar nada en el plato bajo amenaza y castigo (amenaza y castigo que no falten). No digo que sean funciones necesariamente de un colegio, pero sí resulta que decir que deben desayunar todos los días y a aprender a distinguir cuántas calorías tiene un producto se considera, en estas leyes, como obligación de los centros escolares. ¿No es curioso?

Mientras engullimos realities de cocina a menudo con obsesión por ganar de unos concursantes, vamos dejando de cocinar con nuestros hijos, más con nuestras hijas no sea que se considere ir contra el reparto de las tareas en el hogar. Y perdemos toda esa diversión, toda esa charla, experimentación y transmisión de cultura y valores… cada vez es más difícil quedar para comer con amigos o la propia familia fuera de las Fechas si no es pagando en un restaurante; ya cocinar para otros y generar un atmósfera concreta es un castigo, casi mejor pagarlo y evitar todo el sacrificio y riesgo que supone.

Cocinar, la alimentación, debe ser como parece que consideran los japoneses, algo dirigido al corazón de hombres y mujeres y no sólo a las arterias. No es posible saber si mejoraría la métrica médica de la salud, pero seguro que la sociedad en su conjunto lo haría, a fin de cuentas es algo que, con suerte, se hace varias veces al día.

Y luego está la otra pata indispensable de estas leyes, el ejercicio fisco en el ocio. Este matiz es importante, en el tiempo de ocio, porque desde los poderes médicos tienen que decirnos también como emplear nuestro tiempo libre, haciendo deporte que es sano. Lo es, sin duda, está bien añadir más horas de gimnasia aunque la opinión de los padres no sea unánime porque salvo que seas futbolista en el futuro… pero luego no les pidas que abran los colegios por las tardes para que los chavales bajen a usar las instalaciones deportivas, eso es caro, peligroso y los profesores tienen que ir también a hacer su running que tienen derecho a cuidarse.

No sé hasta qué punto es sano que desde la política se tome en sentido literal que su trabajo consiste en dedicarse a las cosas del comer. Si asumiera que la obesidad tiene que ver con el modo de producción, la relación de las personas con el trabajo, las relaciones sociales y participación en la vida pública, cosas todas sobre las que sí deben y pueden hacer algo, se conseguirían mejores resultados. Bastaría quizás sólo cruzar los datos y ver si la obesidad afecta más a los que menos dinero tienen dentro de los ricos del mundo y quizás confirmarían que esta, como tantas enfermedades, es también social antes que física. Todo lo demás es bienvenido, pero parece más bien artificio, búsqueda de titular.

Guerra a las noticias falsas

El día de la Pascua Militar, la Ministra de Defensa quiso dirigirse de manera muy especial al Rey para resaltar que existe una nueva guerra que luchar.

Da algo de miedo. Si no lo entiendo mal, resulta que un gobierno, los principales causantes de la desinformación, quiere proteger a su país de las noticias falsas; obviamente de las que interpreta están construidas por otros países para desestabilizar el nuestro buscando objetivos geoestratégicos concretos. La Ministra habla de un nuevo campo de batalla que se utiliza para manipular al ciudadano. Y cuando los militares hablan de un campo de batalla, debemos tomarlo en serio.

La proliferación de desinformación y noticias falsas distribuidas de forma masiva buscan manipular la percepción del ciudadano para orientarla en favor de intereses de terceros divergentes de los nuestros.

Una vez que los telediarios de las principales cadenas nacionales en abierto han tomado la decisión (hace años pero últimamente es ya de escándalo) de dedicarse a los sucesos, el tiempo y los deportes casi por completo en su tiempo de emisión, no puede extrañar que la gente que tiene interés busque información sobre cualquier otra cosa por los medios que tiene a su alcance. La red es sin duda uno. Una vez que todos sabemos que estos mismos medios, en sus otros canales también, son muy parciales en su interpretación de la realidad, optamos por elegir nuestra propia parcialidad seleccionado medios on-line o a quién seguimos en Twiter, por ejemplo.

Es decir, que sí, coincidimos con la Ministra en que estamos rodeados de información falsa o escasamente relevante para entender la geopolítica o cualquier otra cosa. Y encontrar otras fuentes de información alternativas no es fácil ni en la red, seguro que todos y todas tenemos la experiencia de buscar y encontrar una y otra vez los mismos contenidos enlatados generados desde los mismos centros de opinión a parte de mucha publicidad. Saltarse eso, llegar incluso a medios de otros países requiere un esfuerzo, no pocas veces grande. No es una queja, más bien una constatación de la realidad, está bien, formarte un juicio propio y desconfiar de la información oficialista es una opción personal con su coste añadido, eso no ha cambiado a lo largo de la historia, ni con las nuevas tecnologías.

El ciudadano acrítico, informado desde la parcialidad de un único poder que decide lo que es verdad y lo que no, es algo deseable para cualquier gobierno desde siempre. Lo que parece que le incomoda a la Ministra no es tanto que exista información falsa como que no esté controlada. Y eso sí que debería preocuparnos a los ciudadanos. El ejército ha declarado la guerra a la información porque considera que otros, siempre malos, quieren quitarle el control de la misma. Y debe preocuparnos no porque la lucha entre desinformaciones no sea una constante, es decir, un problema parte de la humanidad, sino por lo que pueda hacer si logra convencernos de que es eso y no otra cosa lo que necesitamos.

Ya tenemos suficientes penas y personas encarceladas por opinar, ya tenemos suficientes oficialistas reclamando que todo lo que se publica sea susceptible de penas de cárcel si no gusta o es de mal gusto. No debemos dejar que en nombre de la defensa de la nación esto vaya a más, nos arrepentiremos en unos años. Ya sabemos que cuando se mete miedo, en este caso el de otras fuerzas exteriores, oscuras, sin concretar, conspiraciones, quedamos a merced de cualquier medida en contra de nuestras propias libertades. Pero no lo hacen los otros malos indefinidos, lo hace tu propio gobierno para defenderte que es otra cosa, bien distinta.

A mí me hubiera gustado escuchar que el Ministerio de Defensa, detectado ese problema, va a poner fondos en la educación e información de ciudadanos libres, críticos, independientes, desconfiados como para seguir siempre buscando respuestas e información, no conformistas… eso acabaría con el miedo a la información falsa que tiene. Pero todos sabemos que ningún poder hará eso con decisión pues la primera respuesta sería que los ciudadanos cuestionarían sus discursos. Y, además, no es competencia de ese Ministerio, te dirán.

La crisis migratoria ya es historia

Hace unos pocos años, en España, se empezó a preguntar por la necesidad de mantener servicios, programas y profesionales para solicitantes de asilo, dado que cada vez se contaba que llegaban menos. Realmente los números así lo indicaban y estábamos, además, en mitad del fragor de los recortes. Estas conversaciones tenían lugar en torno al 2010 y 2011, justo cuando, también, la opinión pública daba muestras de ser algo más desfavorable a la inmigración, según las series históricas del CIS. Es decir, venían menos personas, se buscaba recortar y la población era más negativa con la inmigración. No se debe olvidar que en el 2012 el Gobierno de España retira la asistencia sanitaria universal a las personas en situación irregular salvo para algunos supuestos y sin grandes muestras de disconformidad por parte de la ciudadanía.

Resulta que por la misma época, 2011, empezaba el conflicto en Siria y sólo dos años después el de Ucrania, que son el segundo y tercer país de los que España recibe en el 2016, más solicitudes de asilo. El primero parece ser Venezuela, cuestión que también invita a la reflexión.

El inicio de un conflicto y la llegada de personas solicitando protección a países europeos, es normal que se dilate, incluso algunos años. Ello tiene que ver con la cercanía geográfica al conflicto, con lo caro y difícil que pueda ser el viaje y con las trabas administrativo políticas, entre otras cosas. Cuanto más difícil es el viaje, suele ser también mayor la sensación de que el motivo de la salida durará más tiempo o que ya no se podrá regresar, y esa decisión también tarda en tomarse, como es humano. Los movimientos de personas dependen de elecciones individuales y no pocas veces colectivas que no podemos predecir, como tampoco el estallido de nuevos conflictos que fuercen a poblaciones a huir. Por este motivo, a parte de por la ilegalidad e inhumanidad, criticamos que el cierre de fronteras o el endurecimiento de la entrada sean útiles, dado que se convierten en parte del problema, siendo siempre decisiones a corto plazo ante dinámicas que deberían ser miradas a más largo plazo. La protección internacional que no es ni mucho menos una idea nueva del siglo pasado, se inventó para eso y perdura.

Si en el 2010, 2011, inmersos en nuestras preocupaciones por salir adelante, hubiéramos sabido que, en el 2017, el número de solicitudes de asilo triplicarían la cifra más alta de todos los años anteriores, quizás y sólo quizás, hubiéramos tenido otro tipo de conversaciones que no fueran cerrar servicios para solicitantes. Tal vez algunos y algunas hubieran incluso sido más contundentes con el cierre de fronteras, quién sabe. Las mentes más perversas que son contrarias a la recepción de personas que solicitan protección en base al Derecho Internacional, puede que incluso se hubieran abstenido de mezclar Venezuela con la política interna si creyeran entonces que esto acabaría teniendo repercusiones en el número de solicitudes. Una vez más, en parte ello se explica porque los movimientos humanos no son predecibles, se adaptan a las condiciones, reaccionan.

La cosa no acaba aquí, 2015 es el año en el que se empieza a hablar con total nitidez de crisis de refugiados en Europa, de la que España forma parte. Los conflictos que provocan la huida no siempre tienen conexión entre sí, a varios niveles pueden ser independientes unos de otros. Pero desde la perspectiva de los países receptores sí podemos ver las conexiones con más claridad. Los países europeos pueden recibir flujos procedentes de muchos conflictos independientes a la vez, pero como tales países, no son independientes, hay conexión entre los mismos, hay influencias; para empezar cierta legislación aunque se salte no pocas veces a la torera. En definitiva, lo que hace uno afecta al resto.

Además y por otro lado, es complicado determinar cuándo un fenómeno alcanza el nivel de crisis, si antes del millón de personas menos una llegando a las costas, por ejemplo o sólo después del millón de personas más una. No es que la situación no fuera desesperada para muchos seres humanos como nosotros, pero nacidos en otro país, los meses antes de que se usara el término, lo era, del mismo modo que las naciones, personas y formaciones políticas anti inmigración crecían desde años antes.

Entonces, resulta arriesgado hacer afirmaciones del tipo: lo peor de la crisis migratoria ya ha pasado. A toda persona con una mínima sensibilidad le gustaría que así fuera, pero no es el enfoque adecuado. Es muy triste pensarlo, los conflictos que generan la migración son diversos, seguirán existido y no podemos saber hacia dónde se dirigirán las personas afectadas. Y el rédito político de ser duro con la inmigración es posible que todavía no esté en su umbral máximo. De esta forma, es fácil que se produzcan nuevas crisis o que la actual se perpetúe y ya no seamos capaces de verlo de otra forma. Cabe recordar cuanto tiempo se quedaron entre nosotros expresiones como avalancha, problema de la inmigración, incluso crisis sólo referida a la llegada de personas a España. Mirado desde el día de hoy, poca justificación tenía tal uso.

Aunque parezca en contra de toda lógica, la mejor manera que tenemos de prevenir crisis futuras es tener un mejor sistema de acogida, una forma de canalizar los flujos migratorios que incluya, por supuesto, a Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia. Estos países son los que hoy con más claridad se oponen, pero no son los únicos, otros no lo dicen y han actuado igual.

Hay dos ideas más que son contraintuitivas. La primera es que el número de personas extranjeras acogidas tiene una relación directa con los movimientos de oposición a la inmigración. Esta relación no es tal, pues coincide que muchos países que se oponen son los que menores porcentajes de extranjeros tienen con respecto a su población total. Ocurre que asentar una idea entre la ciudadanía e ir convenciendo no es tampoco algo que se consigue de la noche a la mañana. Estaba presente, determinados partidos políticos se habían ido encargando de alimentarla y cuando se declara la crisis de la inmigración en el 2015, como profecía autocumplida, se sientan a recoger todavía más votos. El ascenso en Europa de la ultra derecha e incluso el Brexit son claras muestras.

La otra idea es que tener buenas condiciones de acogida hace de efecto llamada. El caso de España, por ejemplo, muestra lo contrario. Las concertinas, las noticias constantes de muertes en el mar, el alto porcentaje de rechazos de asilo, la retirada de la asistencia sanitaria universal, no han conseguido que hoy no soliciten asilo más personas que nunca antes, cosa que pasa desapercibida para los medios de comunicación.

Y en todo caso, siempre habría que definir qué se considera buenas condiciones de acogida. Desde luego no suelen serlo, en ningún país, no las aceptaríamos para nosotros mismos y nos quejaríamos, pero siempre alguien, presto, pensará que cualquier cosa es mejor que lo que se deja atrás, para zanjar la conversación.

Analizar las cosas con una perspectiva más amplia, creo que ayudaría, y desde luego hacer mejores y más profundos análisis que este, claro. No estaría mal -propongo- dejar de usar la lógica simple de la oferta y la demanda, esa especie de idea platónica por la que el mundo tiende al equilibrio y lo único que debemos hacer es darle pequeños empujones cuando éste se desorienta. Heráclito, ya antes que el ateniense, veía que el mundo era un proceso, un fluir constante que gira realizando combinaciones sin fin. Pensar que ayer fuimos refugiados y que mañana podemos serlo de nuevo, amplía las opciones de actuación, incluso nos acerca a soluciones. Sería curioso, por ejemplo, preguntar a Puigdemont qué piensa sobre esto.

Construyendo relatos

La primera vez que presté atención a la idea de construir un relato, fue cuando se la escuché al presidente de un trabajo que tuve. Venía a significar -él- que había que inventarse una historia para contar verdades a medias que la gente nos comprara. Una historia bien contada, engranada, es más asumible y se retiene mejor, convenciendo al final. Lo cierto es que a este señor le había perdido el respeto intelectual hacía mucho tiempo, sus muchos libros y publicaciones me parecían palabras puestas unas detrás de otras porque en realidad pensaba de otra manera, solo asumía un rol al escribir. La gente tenemos que ganarnos la vida, tampoco voy a culparle del todo.

En estos días, el tema de la construcción de un relato se escucha por todos lados. Como metodología es muy antigua, claro, pero no dejo de acordarme de aquel viejo socialista arrepentido y su petición para que construyéramos mentiras, incluso en nombre de la ciencia. Cada bando de nuestro conflicto político hace eso, construir su relato y lo escuchas repetido 100 veces y cada una suena mejor que la anterior. Para ser preciso, tomando café, a un señor en un bar es a quien mejor he escuchado relatar lo que defendía, más convincente que a cualquier político que se lo inventó.

Lo cierto es que sabemos que nuestras mentes funcionan de una forma muy selectiva con la información, es más que posible obtener muchas versiones diferentes partiendo de los mismos datos, cosa que vimos recientemente cuando se proclamó o no la independencia. Nos gusta y necesitamos, explicar cualquier fenómeno a la luz de la nueva información disponible, buscando siempre causalidades que no tienen por qué ser reales y nos valemos de los relatos.

Este defecto en nuestra percepción que es posible parta de una configuración biológica determinada, no puede, a estas alturas, seguir llevándonos al enfrentamiento. Tenemos herramientas para evitarlo, pero pasan todas por teorizar, por utilizar nuestro recurso humano menos inmediato.

Lo primero que vemos es que los independentistas no han dejado de comportarse como tales, pero han aparecido nacionalistas españoles por todos lados y los herederos del pensamiento franquista se han quitado la careta. Esto es bueno, han dejado a los radicales de izquierda en un punto medio de sensatez que antes no tenían otorgado. Y además han confirmado su hipótesis de que existen muchos radicales en la derecha, teoría que estaba bien pero nadie terminaba de creerse.

Nos han insistido mucho en que la mayoría no son todos, en que todos debe ser los españoles en su conjunto y en que no se puede violar la ley. El juego de los conjuntos es complicado, se pueden crear a medida que se acerca o aleja el foco de atención hasta llegar a la humanidad toda o al individuo y su ADN único. Y luego nos encontraremos con los que hacen la media o cuentan manifestantes. Esto no aporta información útil, ya deberíamos saberlo. Podríamos, por ejemplo, preguntar a todos los españoles si creen que los españoles deben tener la capacidad de decidir sobre su propio futuro y es complicado imaginar que la respuesta fuera no. Si los andaluces son españoles no deberíamos privarles de esa capacidad de decisión o pasar a considerarlos no españoles, dejando de tener tal pregunta sentido. También podemos imaginarnos preguntar a los catalanes si creen que los andaluces deberían tener capacidad para decidir sobre su propio futuro. Lo normal sería encontrarnos que dijeran que no que son los catalanes los que tienen que poder opinar sobre el futuro de los andaluces, al menos unos cuantos catalanes. Es un callejón sin salida, por eso no queda más remedio que recurrir a la ley que en realidad nadie sabe lo que dice, cada cual puede, atendiendo a su percepción, leer una cosa, como en todas las leyes y el 155 es el mejor ejemplo. Incluso es posible recurrir a leyes y tratados superiores, otro juego de conjuntos, y encontrar argumentos.

Total, las narrativas dónde nos llevan ¿a la violencia? Algunos tarados lo están deseando, pero creemos que no es la mayoría de la población española. También sabemos o especulamos con que ello no resolverá el problema, lo pospondrá unos años y creará un montón de nueva narrativa que no hace sino permitir que determinados partidos vivan del conflicto en cuanto a número de votos. Mientras siga siendo así, no podemos esperar otra cosa que escaladas de tensión cada cierto tiempo, y todas las miradas puestas en la reacciones de los votantes de cada cual. Y en el fondo que nadie quiere un referendum de verdad, uno para el conjunto de los españoles que responda a la pregunta de si tenemos derecho a decidir sobre el modelo por el que nos autogobernamos o no. Desde luego que sólo imaginarlo es quitarle una buena parte del poder al actual sistema de partidos, constructores de relatos, pero quizás sea eso lo que debemos hacer visto que el periodo de inestabilidad que llevamos viviendo estos años nos lleva una y otra vez a esa cuestión; el exceso de protagonismo de los partidos frente al escaso del ciudadano.

Desde luego cabe especular con que este proceso reciente, llevado por las consecuencias de la decisión final a la responsabilidad de cada persona, es decir, si al final no se trata de creer una cosa u otra, sino de decidir y asumir las consecuencias, el mismo hubiera ido por otro lado. Siempre es más sencillo oponerse a un poder cuando ya sabes la respuesta, que tenerlo tú y tomar las decisiones, entonces más te vale asegurarte que cuestionas todas las narrativas escudriñando lo que es razonable en cada una. Sería bueno dejar que los ciudadanos pasáramos de la preadolescencia a la edad adulta y el sistema no es recomendable que siga tratándonos como a niños en política. Las consecuencias serían menos dramáticas. De verdad que esperar día tras día a la comparecencia de unos u otros, mes tras mes, año tras año, y la interpretación posterior de sus palabras construidas con toda intencionalidad para ello, roza el ridículo.

Caixabank y el Real Decreto-ley 15/2017

Resulta que una sociedad tiene en sus estatutos -normas de funcionamiento que todos aceptan y bajo las que se rigen- que tengo que aprobar por votación una cosa como el cambio de domicilio fiscal. Pues bien, el Gobierno de España puede, por medio de un Real Decreto a la carrera, cambiar eso y quitarme esa postestad. Es, obviamente, el caso de Caixabank y el Real Decreto-ley 15/2017, de 6 de octubre, de medidas urgentes en materia de movilidad de operadores económicos dentro del territorio nacional.

Esto es lamentable. Si no fuera porque lo que es democrático ya ha perdido todo significado y sólo sirve de acusación de unos a otros, diría que este Real Decreto es profundamente antidemocrático. Tampoco es que ingenuamente crea que una organización como Caixabank, por tener que votar ciertas cosas, sea democrática en su funcionamiento interno, pero por lo menos algo de disimulo se mantenía en el esfuerzo de convocar juntas y demás mecanismos.

La redacción del Decreto con las justificaciones que usa es más lamentable si cabe que el fondo. Evidentemente no menciona el propósito del mismo y cuenta milongas sobre otras áreas del derecho y otras épocas por las cuales es posible hacer eso. Y lo justifica, para bochorno de quien se lo lea, por la movilidad de las empresas que es necesario preservar pues así lo dice la Constitución; siempre la misma. Resulta que en el tercer tremiste del año se producen muchos movimientos de empresas que -resulta también- es por motivos estratégicos (y así nos va, la estrategia de las empresas es trimestral por lo que se insinúa). No tiene desperdicio por lo que se copia a continuación un párrafo.

La extraordinaria y urgente necesidad de la medida viene justificada por la exigencia de garantizar la plena vigencia del principio de libertad de empresa consagrado en el artículo 38 de la Constitución, así como de respetar la prohibición de adoptar medidas que obstaculicen la libertad de establecimiento de los operadores económicos prevista en el artículo 139 de la Constitución. Por consiguiente, se debe evitar que las divergencias interpretativas y controversias societarias demoren la eficacia del traslado del domicilio dentro del territorio español en aras de consolidar la unidad del mercado. Esta necesidad es especialmente acuciante atendiendo al incremento de movimientos societarios que se produce en el último trimestre de cada año, al adoptar nuestras empresas decisiones de planificación estratégica cuya implantación requiere en muchas ocasiones el traslado del domicilio social y que, en el contexto actual, pueden venir motivadas por las especiales circunstancias que caracterizan el momento en que esta norma va a entrar en vigor.

Por supuesto no se puede quitar la libertad a los miembros de una sociedad para que pongan en sus estatuos que una decisión como la de cambiar de sede fiscal se deba debatir y votar. Pero para eso, nos dice el Decreto, se puede, si eso, incluir en los estatutos (convocando una Junta) después de la entrada en vigor del mismo Real Decreto que lo anula. Es de cachondeo.

A continuación seguro que alguien argumenta de nuevo la necesidad de respetar la Ley, claro, la misma que se puede cambiar sin más, de tapadillo, a medida de, en este caso, una concreta entidad bancaria, y contraria a derechos de personas que habían aceptado una normas de juego estatutarias y que, en el fondo, son los dueños de la misma. Pierden toda fuerza los mismos que argumentan que si se quiere cambiar una ley existen mecanismos para ello, lo cual, sabiendo como funciona el poder, todos sabemos que es falso.

Habrá mucha gente feliz viendo como las empresas “se van de Catalunya”. Evidentemente es un error conceder esa importancia y poder a las empresas frente a la política, es el error que venimos cometiendo desde que nos colaron la doctrina neoliberal. El dinero es cobarde y si alguien piensa que luego no se cobrará el favor que le está haciendo al Gobierno lo tiene claro y en el fondo lo pagaremos todos y todas, como siempre, si es que, con todo lo ocurrido en la banca, no está pagado con creces.

No conviene tampoco olvidar que otra vez y de nuevo, hay políticos que ya empiezan a decir que han fallado a los ciudadanos. Joder, ¡otra vez! Hace tres días decían lo mismo con la gran crisis y hace dos con las varias elecciones e imposibilidad de acuerdos. Podemos seguir así hasta el infinito, cada vez y con cada problema, pero que siempre fallan es el punto al que se llega. Se deberían volver en bloque a sus ocupaciones anteriores dado que su incapacidad ya es manifiesta y reconocida siendo, como son, los mismos personajes.

Resulta muy cansado salir a la calle, cada vez, votar, cada vez, para llegar al mismo punto también cada vez. Los ciudadanos estamos haciendo todo lo que se nos deja para mostrar nuestro compromiso con un sistema de toma de decisiones colectivo, que nos importan las cosas, acusación que tantas veces se ha vertido sobre la pasividad y anomia sociales. Pero el poder no se da por aludido y sigue haciendo todo lo que está a su alcance para demostrarnos que, en realidad esto no es una democracia, es un sistema como otro cualquiera, con el que nos fue bien un tiempo, a algunos y no a todos, pero ya ni eso.

Tienen lo que siempre han clamado, con la boca pequeña y cínicamente, que es una sociedad movilizada, ciudadanos debatiendo, implicados y resulta que sólo saben utilizarlo para enfrentarnos. Ya está bien de sostener esta gran mentira.

Estimado Luis

https://economia.elpais.com/economia/2017/09/08/actualidad/1504867507_445438.html

Estimado Luis,

La gente, mucha gente, está hasta el gorro de escuchar que hace falta cambios, muchos cambios y que estos se pueden emprender despacito. El sistema, los sistemas, nos demuestran una y otra vez su gran inercia y aunque gente sin duda bien intencionada como usted, nos dice que se puede hacer, la realidad demuestra lo contrario. Una y otra vez, la fuerza de las inercias o los puntos de atracción de los sistemas, hacen que experimentemos, en nuestros entornos, en nuestras empresas, en su política, que las grandes dinámicas acaban arrasando con todo y nada cambia.

Llevamos escuchando los seis objetivos clave para una futura política económica del señor Jordi Galí que usted dice compartir, tanto tiempo, que ya no creemos que en el marco dentro del que estamos eso, ni cualquier otra cosa, sea posible. Menos aun y si en particular de economía hablamos, recién saliendo de una crisis que apunta hacia el extremo contrario.

El nacionalismo independentista tiene la virtud de estar canalizando ese sentimiento, sin dejar de ser parte del problema y causante de la situación. Pero estimado Luis, tengo gente joven en mi entorno (y no vivo en Catalunya) que ni piensa en un trabajo estable, ni en uno que les motive, ni en formar familia, mucho menos en una jubilación, ¿cuánto tiempo dice usted que requieren esas reformas que en todo este tiempo, además, sólo se han alejado? Se lo crea o no, hay mucha gente que no es independentista que quisiera ver que es posible oponerse a la dinámica apisonadora que no les permite ver un futuro ni siquiera gris. Hay mucha gente a la que le gustaría ver que es posible decir basta y no (aunque lo digan otros), sin tener que bajar la cabeza y soñar que al día siguiente, tal vez, algo cambiará en sus vidas, cada día, pero no ver señal alguna de que eso es posible. Delirios de juventud es posible argumentar, pero ocurre algo parecido entre gente que ya cumplió los 40, los baby boomers, los que sufrieron la fiebre de la construcción y las hipotecas y encima han escuchado las mismas promesas vacías muchas más veces.

Demasiada gente ya no entiende qué es eso de respetar la ley que les oprime y sirve para justificar su situación y no ven motivo para hacerlo salvo la fuerza que los obliga. Está cansada de que la ley sólo cambie para perjudicarles y sin el mayor problema, por la vía rápida. Está cansada, estimado Luis, eso lo resume todo, agotada.

Usted puede no verlo, es posible seguir pidiendo paciencia y confianza argumentando que el nuestro es un gran país, pero no pocos han optado ya por el desafío, por el golpe en la mesa y aunque el independentismo les pueda parecer un error, resulta esperanzador que sea posible negarse, resistir, poner nervioso al poder, a los que ostentan todo, con la esperanza de que, tal vez, caigan, reaccionen o mejor que renazca un sistema distinto. El caso es que todos tenemos una sola certeza, lo que pueda ocurrir en estos días es incierto, pero -fíjese- la incertidumbre es preferida a la certidumbre que supone seguir como estamos y esa reflexión ya no puede esperar.

Vagón de silencio

Tomé un AVE Madrid-Alicante en el vagón de silencio. Un tipo, con el móvil sin bajar el volumen, cogió la llamada y estuvo 10 minutos hablando desde su asiento. La conservación fue intrascendente -ya lo anticipo- en unos 30 segundos se podría haber finiquitado. Esto no es la primer vez que lo vivo, incluso podría añadir que me pasa en cada viaje en ese tipo de vagón; alguien coge una llamada o lo que es peor, llama y tiene una conversación con el otro lado de la linea y con todo el resto de personas que acompañan, porque -supongo­ ya que hablas que no sea bajito y pueda escucharte el resto. Otro tipo se puso vídeos de fitness en inglés y sin cascos hasta que su compañera de asiento, muy hábilmente, le dijo que si quería los que Renfe entrega con el precio del billete y ella cogió para si. La pobre mujer se ve que quería estudiar algo y por eso eligió la plaza, buscando poder concentrarse. Aun así, el prenda, pasado el rato, cogió su teléfono y llamó a alguien.

¿De dónde salen estos tarados? ¿Cómo es posible que no sepan interpretar bien todos los signos y símbolos que tienen a su alcance señalando que la gente que va en ese vagón prefiere un rato de silencio? ¿Deberíamos ser generosos e ir caso por caso, estudiando las circunstancias o concluir que simplemente hay gente que es imbécil y ya está, así es la vida? A fin de cuentas, no es algo tan grave, es cierto que nadie muere de eso.

Muchas veces no somos capaces de leer bien los signos. Eso les paso a todos aquellos que defendieron, según se iban produciendo atentados en otros países europeos, que en España estábamos mejor preparados. A veces llegaron incluso a justificarlo diciendo que, por la trayectoria con el terrorismo de ETA, teníamos una experiencia que otros lugares no. Son los mismos que ahora, por responsabilidad periodística -dicen- critican todos los errores que han podido cometer las Fuerzas de Seguridad.

El primer error es pensar que el terrorismo se puede combatir sólo con la policía o el ejército. Los signos de ello sí que los tenemos en nuestra historia reciente. Otro signo lo podían haber encontrado en las detenciones que hasta la fecha se han practicado, en su número pero también en su forma, porque donde se corría para hablar de la detención, no tanto sobre los resultados de las investigaciones que, resulta, concluyeron dejando en libertad a muchas de esas personas acusadas. El incremento constante de la islamofobia también podría haber sido considerado un signo.

En estos días desde el atentando se puede ver muchas opiniones contrarias a que la integración o mejor la falta de la misma, sea un signo. Está bien, un indicador solo no puede explicar un comportamiento tan extremo y deleznable. La cuestión es que estas posiciones suelen confundir el orden de los términos. A veces piensan que la falta de integración produce pobreza, paro o malas notas, pero no es así, son más bien estos, signos de una integración deficiente. El matiz es importante, integración no deja de ser una construcción para el análisis y la discusión (poca discusión en los últimos años), pero nadie en su día a día piensa en términos de la misma; tienes trabajo o no, te relacionas normalmente o no, vives el futuro con esperanza o no… es lo que cada uno de nosotros sí experimentamos a diario.

Hay muchos factores que pueden influir en la construcción de la idea de integración, pero uno es el nivel de racismo en la sociedad de acogida o si queremos el grado de islamofobia en este caso. Como otras veces hemos dicho en estas líneas, la integración no sólo tiene en cuenta variables de la persona, todas ellas se producen en un contexto dado y la sociedad de acogida entra de lleno en el resultado de la misma, no está al margen mirando desde fuera tan sólo contando cuántas personas hay integradas o no. La integración es dinámica.

Y además están los símbolos. Igual que algunos compañeros de vagón se niegan a interpretar correctamente los que indican que se debe estar en silencio, es posible que a no pocos les pase igual con los relativos a la religión y la cultura; la propia y la extraña. Es necesaria una sensibilidad mediana y prestar atención a algo que no seas tu mismo y tus circunstancias, pues es fácil no ver o entender lo que tienes delante de las narices. Esto no se debe confundir con el buenismo acusador, la conclusión que se colige no es repartir mamandurrias, comprender e interpretar correctamente es simplemente lo inteligente y en el fondo la única solución.

Turismofobia

Este verano tocó la turismofobia. Por un momento amenazó el burkini como el pasado, pero no cuajó aunque en ambos casos se produjeron protestas en la calle y, como se acaba demostrando, son temas sobre los que no está, ni mucho menos, todo dicho.

El mayor argumento a favor del turismo pasa por el dinero; por el dinero que deja, por el que se gastan o no, por el peso del turismo en la economía, por las familias que viven del turismo… A mí esto me parece pobre, incluso si el Presidente del Gobierno habló de la falta de inteligencia de quienes protestaban contra lo que nos da de comer.

Luego resulta que, en el fondo, hay cierta coincidencia en que el modelo de turismo se puede y debe revisar, si bien no tanta en si es una mala idea hacerlo de forma tan llamativa, en la calle, justo en el momento de máxima afluencia de turistas. Quienes protestan, al menos, sí que están de acuerdo en que es necesario, creen que, sin la oportunidad, el sistema nunca permitirá hacer reflexión alguna, saben -intuyen- que donde el dinero está por encima de todo no hay discusión posible. Algo parecido les debe pasar a los de la seguridad de los aeropuertos.

Los que no están de acuerdo con que se proteste (que no creen que se deba protestar nunca, en ninguno caso) porque puede suponer pérdida de dinero, sí lo están con que se podría impulsar un modelo por el que cada turista pagara más por estancia. Esto muestra que la elección de indicadores para la discusión pública es siempre una cuestión espinosa; en este caso se suelen usar los 80 millones de estancias, la cantidad media de gasto por persona, el porcentaje del PIB que se debe al turismo y el porcentaje de empleos asociados al mismo, y estos se repiten como un mantra a base de titulares en la prensa.

Normalmente, quienes no gustan de la protesta suele darse que creen, además, en la Ley de la oferta y la demanda para que rija nuestras vidas. No les sería, entonces, tan difícil, imaginar qué ocurriría si un destino mantiene la demanda pero no puede cubrirla toda; el precio subiría. ¿Por qué no ocurre eso en nuestro caso? Es una pregunta dolorosa pues tal vez encontráramos la respuesta en que no es un destino tan atractivo si no se mantienen los precios bajos. Pero eso no puede ser, España es un gran destino, tiene una industria turística puntera, innovadora, la mejor del mundo y sol y cultura a partes iguales y decir lo contrario puede resultar antipatriótico ¿Entonces? Tal vez sea una elección y no tanto un ley divina.

Ya sabemos que la Ley de la oferta y la demanda no debería recibir tan regio nombre, quizás teoría sería suficiente. El sector turístico se basa, como tantos otros, en sueldos bajos (teniendo en cuenta la intensidad del trabajo) y esto no es nuevo, es una contaste desde mucho antes de la Gran Crisis, sólo de tal forma se pueden mantener los precios bajos y afectar a la demanda. Así las cosas, el único camino para que el año que viene los titulares puedan ser que llegan 90 millones de turistas en vez de 80, es seguir bajando los precios y seguirán apareciendo pisos de alquiler turístico y todo lo que se quiera, pues no pocos serán los que sigan pensando en sacar tajada de la gran industria, es inevitable.

El problema de cualquier empresa, de cualquier sector, es seguir tirando sólo de su ventaja competitiva pues esta acaba siempre desapareciendo. Aparecen otros actores que quieren su parte, nuevas ideas y se llega al limite desde el que ya no se crecerá (que parece una obsesión). Mientras se sigue pensando a corto plazo, en ingresos, en dinero, en los resultados del trimestre, esto no se suele ver y, de repente, la gallina de los huevos de oro entra en crisis y no te das ni cuenta. Pero siempre se concluye que eso no pasará mañana que el sol seguirá siendo un atractivo, que las cosas se acomodarán por su propia naturaleza. Y si algo cambia, además y por suerte, será posible culpar a los que protestaban.

Pudiera parecer que hablar de estas cosas significa que te alegraría que un sector sufriera una crisis, y es más bien todo lo contrario, porque hemos visto otros sectores antes sufrir de lo mismo, por lo que se quiere evitar. En mi caso, además, soy hijo de agente de viajes, me gusta mucho el turismo porque es parte de mi vida, una muy importante. Pero también he vivido en primera persona lo que ocurre cuando sólo se piensa en dinero. Viví el primer cambio del sector turístico cuando dejaban de venir a vernos personas y pasaron a ser billetes (pasó lo mismo en la banca y tantos otros sectores, la construcción sin ir más lejos). Y aquí ocurre otra cosa muy curiosa en los que no son favorables a las protestas. Resulta que esgrimen el argumento de que son otros los que quieren que dejen de venir personas turistas con menor nivel adquisitivo y pretenden que vengan sólo los que gastan cuartos, se acusa a los otros (a los que protestan) de tener una propuesta de elitismo turístico puesto que, se piensa, debería ser contraría a los ideales que se les atribuyen. Al hacerlo, relacionan un indicador que no dice nada, el del dinero gastado por persona (que no deja de ser una media cutre), con que si se quiere un mejor tipo de turista esto sólo puede ser si vienen los que mayor nivel adquisitivo tienen. Claro que sí, eso es como un jefe que tuve que se declaraba de izquierdas y para justificar que no tuviéramos días de descanso en agosto decía que eso de las vacaciones es una idea burguesa. Todo vale.

La cuestión es otra. Una industria que supone ¿qué? el 11% del PIB, el 13% de los puestos de trabajo, no se puede construir sobre una base tan débil y que no es otra que la precariedad laboral. Esta no debe ser nunca la ventaja competitiva. Con ese peso tan grande dentro del conjunto de la economía, surge ya la pregunta de si no será necesario, para mantener esa precariedad que es la que permite ofrecer precios bajos, basarse en una precariedad general, estructural. ¿Quien quiere trabajar en el sector turístico?, el que se ve obligado y no tiene más opciones. Esto debería hacernos pensar, basamos la economía en un sector del que la gente, en cuanto puede, sale corriendo, mientras el objetivo es aumentar el número de estancias.

No veo claro, entonces, que esto vaya sobre odiar a una categoría de personas, las que viajan por placer a otro país. Está bien, la estrategia es correcta, no pocos dejarán de hacer preguntas por miedo a que les tachen de turismofóbicos, no es algo con lo te guste vivir. Aunque no parece que la discusión vaya sobre las personas turistas. La discusión va sobre la propia discusión, conviene hablar de este tema y no crear etiquetas para desterrar a los que lo pretenden o acusarles de ir contra el pan de los demás. Ya hemos visto antes -varias veces- lo que luego puede ocurrir.

ONG empeñadas

Recientemente un amigo estuvo en Melilla compartiendo labor con personas que se dedican a ayudar inmigrantes y refugiados de la mano de las ONG. Le contaban que sienten tener a todo el mundo en contra; la policía por supuesto, autoridades y políticos y una amplia parte de la sociedad.

Hace poco hemos visto como, en Italia, se dejaba ver oficialmente un cuestionamiento de la labor de las ONG en el mar rescatando náufragos y embarcaciones. A los pocos días de una acusación pública sobre que alguna organización era sospechosa de estar en contacto con los traficantes de personas y atacar, de paso, la labor de todas ellas, resulta que había que firmar o no un protocolo por el que las embarcaciones deben llevar policías en las operaciones de rescate y otra serie de medidas para, supuestamente, organizar mejor el “trabajo”. Afortunadamente algunas se negaron a firmar.

Resulta interesante, y quizás sea una anécdota, ver como una noticia de El País se refiere a este asunto diciendo: “No todas las ONG empeñadas en salvar refugiados e inmigrantes en el Mediterráneo decidieron avalar el protocolo propuesto por el Gobierno italiano y sellado de forma definitiva en Roma.” El término empeñadas es lo curioso, sobre todo porque lo utiliza dos veces en el mismo párrafo. ¿Empeñadas? ¿a qué se refiere? ¿tal vez a que el dinero no les llega y han tenido que empeñar hasta la camisa? ¿no, verdad? aunque podría acercarse a la realidad. Entonces ¿se referirá a que están obcecadas? El lenguaje siempre es interesante, lo más plausible es que se refiera a que, pese a tenerlo todo en contra, las ONG se empeñan en salvar vidas. Si es así debe movernos a la reflexión, salvar vidas cómo puede tener a gente en contra, eso sería lo más cercano a dejar de utilizar el concepto humanos para referirnos a nuestra especie.

La cuestión es que no pocos pueden pensar que esta labor en el mar podría bien estar limitada sólo a los ejércitos y fuerzas y cuerpos de seguridad de los estados y, por lo tanto, que las ONG no pintan nada. Pero se puede, también, opinar, que si las ONG deciden intervenir es porque entienden que los gobiernos, precisamente, están dejando funciones o no ponen todos los medios necesarios y por ello merece la pena realizar esa misión que, según el propio artículo, supone un 40% de todos los salvamentos -vidas-. Tal y como están las cosas y según las acusaciones sobre que esta labor hace de efecto llamada, no parece del todo claro que poner la misión en manos de los estados y no tener presencia, pudiera suponer un descenso de muertes. Para confirmarlo nos basta recurrir al patinazo de Zoido (nada menos que Ministro del Interior en España) que dijo “No es nuestra responsabilidad que los inmigrantes decidan huir”. Vale que luego pidió disculpas y aclaró, pero una cosa así no se te escapa si no la tienes bien reflexionada.

Este tipo de planteamientos en ciudadanos o ciudadanas que comentan noticias en la red viene siendo frecuente desde hace mucho tiempo, pero verlo en dirigentes políticos, de fuerzas que no se consideran a si mismas radicales, es muy doloroso y preocupante. El menosprecio a las ONG, la negación de su actividad, el ataque a sus planteamientos, sólo era cuestión de tiempo, se veía venir. En los últimos años, poco a poco, los poderes iban asomando la patita, ahora parece que ya no les hace falta un mínimo de contención, sienten que pueden hacerlo porque a estas organizaciones cada vez les apoya menos gente, son más irrelevantes en el discurso social. Es esto una pérdida y un peligro en el mundo depredador que vivimos.

Pero debería mover a la reflexión. La estrategia de las ONG de incomodar al poder pero sólo un poco, de sentirse parte crítica pero colaboradora del estado, llegados a este punto, se ve que no ha funcionado y no sólo en el tema concreto de la inmigración y los Derechos Humanos. En España al menos, la Cooperación Internacional ha perdido casi toda la financiación, la intervención social anda en estos días preocupada por la distribución de fondos del IRPF, la sagrada “X” que los ciudadanos marcamos en la Declaración de la Renta. Las ONG se han vuelto casi invisibles e irrelevantes de no ser por esa presencia en muchas calles de captadores de fondos, cuestión que puede ser también muy cuestionable. Han pasado sin pena ni gloria por esta inmensa crisis social y han salido debilitadas, no sólo el poder las ningunea (cosa que podría incluso verse como un logro) sino que la sociedad no las respalda con claridad ¿es posible que algo estén planteando mal?

Claro que se puede seguir argumentado que hay muchos tipos de organizaciones sociales, pero ello no puede servir de excusa. Hay chiringuitos dirigidos por tramperos y tramperas, hay muchas que van de la mano directamente de partidos políticos, otras que sólo saben bailar el agua al poder, demasiadas son oportunistas. Ojalá resolvieran estas cuestiones internas, cambiara su imagen, retomaran la crítica y cumplieran con su papel de cuarto poder vigilante. Es verdad que a veces se pone sobre estas organizaciones una aspiración moral y ética que no se cumple en ninguna otra parte de la sociedad y que es limitante para la acción, dadas las reglas que tenemos, pero su labor principal, creo, es precisamente cambiar esas reglas y nadie dijo que eso fuera sencillo, como tampoco que fuera sólo cuestión de dinero. Desde luego, confiar en los poderes y sus gobiernos es lo menos razonable. No lo sé, conociendo el percal quizás sea una esperanza vana, pedir demasiado, buscar super héroes y no pueda ni deba ser, pero es por conservar alguna esperanza.