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Traumas

Un empleo puede ser una experiencia traumática, no sólo representan traumas aquellos de la infancia con una araña o un plato de comida realmente malo. Esto nos pone ante una tesitura incómoda, una pregunta molesta ¿cuánta gente hay traumatizada por allí por sus experiencias laborales?

Te empiezas a dar cuenta cuando miras hacia atrás e intentas explicar lo que viviste y no sabes cómo. Pretendes no tener que hablar de ello si te preguntan en otra entrevista de trabajo o con tus nuevos compañeros y recurres a los tópicos, te preparas las frases para salir del paso si llega el momento. Sabes que puedes estar propiciando un nuevo estigma sobre tu persona, uno por el que no te contraten o te miren con sospecha en ese nuevo entorno.

Me pasó entrevistando a un candidato que con toda libertad hizo lo que siempre te recomiendan los gurúes del empleo no hacer, soltó toda su rabia. Rabia porque había tenido que agachar la cabeza, rabia porque vivió un buen tiempo en un ambiente infesto, tuvo que ver cómo destrozaban a compañeros y compañeras hasta que caían enfermos, se iban o despedían; finalmente le tocó a él.

Tanta honestidad resultó incómoda, al principio mi reacción fue lo que quizás hemos aprendido todos, culpar de lo ocurrido al que lo narraba, considerando su potencial conflictividad y que en un futuro pudiera provocar lo mismo en el entorno para que el estaba siendo seleccionado. Culpé a la víctima que es una gran costumbre de nuestros tiempos; sin darme cuenta, hasta más tarde que en realidad también cuestionaba mi propio entorno laboral.

Él, sin embargo, se quedó tan agustito, como si verbalizarlo estuviera siendo terapéutico, para añadir que llevaba dos años en paro. Se preguntaba si su edad tendría algo que ver, 34 años, porque ahora las empresas buscan veinteañeros que aguanten el tirón con todo, cobren poco, cubran más allá de cualquier horario y trabajen como buenos soldados sin cuestionarse nada.

Madre mía, 34 años y ya llevaba una experiencia traumática y dos de paro quizás por no haberla superado. ¿Estamos todos locos y el único cuerdo es él? Pues sí. El caso es que para mí también fue terapéutico, de estas conversaciones que a veces uno tiene en la vida de las que sale cansado, removido y durante varios días vuelven incesantemente a tu cabeza. Claro que yo también lo he vivido, en los dos lados, y me cuesta encontrarme gente que -lo disimule mejor o peor- no haya pasado por circunstancias similares. No puede ser casualidad, tiene necesariamente que ver con el sistema que padecemos y quizás una prueba de ello es que tanto supuesto experto nos intente convencer a todos de ponerlo bajo la alfombra, de no dejarlo saber, perpetuando así una enfermedad social, aunque sea lo mejor en la práctica. La consecuencia de airearlo, no se sabe muy bien cómo funciona el mecanismo, puede ser que no encuentres otro trabajo porque te mirarán con sospecha, y habiendo cientos de candidatos pues…

Otro tipo de expertos, los que se dedican a lo macro y no a lo micro, nos invaden con sus ideas sobre un mundo productivo mejor y hacia dónde deberíamos ir. Hablan de nuevas tecnologías, innovación, inversión, pequeña empresa frente a gran empresa, lo público frente a lo privado, competitividad… pero no consideran campo de su preocupación el sistema de relaciones en el trabajo. Y todo está conectado, sus grandes ideas no se pueden desarrollar sin que funcione el día a día de los entornos laborales. No puede haber innovación, no puede haber competitividad, ni productividad, con tanta gente traumatizada.

Rebelión de las masas

Es comprensible que un periódico como el País no sea partidario de Pedro Sánchez y así lo deje claro en su editorial del día siguiente a las primarias; perder definitivamente la identificación que durante tanto tiempo se venía haciendo entre partido y diario no debe ser fácil.

No obstante, hay una cosa muy interesante en dicho editorial cuando habla de la crisis de la democracia representativa. El argumento único, como en tantas otras ocasiones estos días, es que ha ganado el populismo, definido como demagogia, mentiras y promesas imposibles de cumplir. De alguna forma viene a cuestionar que la elección directa y no delegada es un peligro porque pueden salir elegidos personajes como Trump, los de Unidos Podemos o el propio Sánchez. Es la rebelión de las masas que se oponen al establishment, al aparato, a la clase política.

Sánchez ha conectado con la experiencia vital de mucha gente de su partido y fuera del mismo porque ha sido víctima de manipulaciones y conspiraciones, relegado al ostracismo, justo en el momento que defendió decir no a lo que era un clamor popular precisamente porque el PP representa la manipulación, la mentira y la conspiración constantes (para mucha gente). No se puede olvidar la relación entre ambas cosas, no siendo un líder muy querido, ha sufrido lo que muchas personas en su día a día o en algún momento de su vida. Y en vez de agachar la cabeza, culparse a sí mismo y buscar terapia, se ha rebelado. Si hubiera sido sustituido de otra forma no hubiera pasado nada.

Resulta que no pocos políticos y periodistas siguen viendo la política como un objeto propio y distinto del resto de cosas de la sociedad. Y se olvidan que el común de los mortales, ese que a veces desprecian por insignificante considerando que no sabe lo que vota, vive la política a diario, no sólo la de los políticos al encender la tele para ver el telediario. Seguro que muchos trabajadores de El Pais, por ejemplo, hubieran votado a Sánchez porque están cansados de ser un número y trabajar para lograr números, de que los traten como imbéciles, del ejercicio del poder en su entorno, de las cosas que tienen que aguantar a diario. Quizás me equivoque, quizás esta empresa es modélica y muy distinta al resto mayoritario de nuestra sociedad.

Sigo pensando que no están entendiendo lo que se habla en las conversaciones diarias. La frustración que se expresa, la desesperanza, la alienación. No se trata sólo del trabajo, de una remuneración adecuada si se tiene trabajo, es más profundo. Se quiere formar parte de algo bueno, no un engaño continuo, no de un sistema para sostener privilegios, se busca poder ser buena gente y sobrevivir, no tener que comportarse despiadadamente a cada momento para salir adelante. Se desea una forma distinta de relacionarnos, más humana, más enriquecedora, más horizontal y eso se ve muy lejano.

Lo que Ortega en su Rebelión de las masas planteaba era la diferencia entre quienes se esfuerzan por alcanzar la excelencia y los que no. Quizás lo que le faltó por ver es que la mayoría, la masa, se esfuerza mucho y padece por ello a diario y su recompensa es ver el deterioro de sus vidas. Las masas y la élites se han invertido y las primeras reclaman lo suyo tal como se les dijo obtendrían si actuaban correctamente. Es posible que las masas se engañen y crean falsamente que están más preparadas que sus elites, y reclamen un poder que la historia no les reserve, pero creen tener pruebas suficientes. Nos prevenía el autor de ese riesgo, lo que quizás dio por sentado es que las élites seguirían siendolo a base de tesón. Aunque no es menos cierto que nunca consideró élites a los señoritos y señoritas de postín, refinados sólo en su maneras y no en su pensamiento. Y de este estilo de personas nos sobran entre las élites.

Alianzas liberales

Acabo de conocer una historia, como tantas otras iguales, que me remueve. Una persona se dio de baja voluntaria de un empleo para ir a otro y a la semana, resultó que el otro era una oferta falsa, una labor comercial encubierta y unas funciones que no fueron las habladas en la entrevista ni publicadas en la oferta. Cuando esta persona puso objeciones fue despedida en periodo de prueba. Esto ya es grave, merece una inspección de trabajo porque le pasará al siguiente, pero además, ésta persona se quedó sin cobrar el paro acumulado después de muchos años de trabajo. La legislación lo permite y las oficinas de empleo lo facilitan. Me pregunto quién se ha creído esta gente que es para hacer estas leyes y sobre todo por qué se lo permitimos.

Al parecer, este tipo de medidas se pensaron para evitar el fraude, aquella situación por la que te vas de un trabajo y te das de alta unos días en la empresa de un familiar o colega y así cobras el paro, por ejemplo. Y aquí me aturrullan ya las dudas. La primera pregunta es cuánta gente deja un trabajo en el que le va bien para cobrar el paro. Quizás se podría pensar en cuánta gente simplemente deja su trabajo porque no está a gusto en el mismo e indagar en las causas que lo provoca. Incluso deberíamos preguntarnos lo contrario, por qué tanta gente que no está bien en su trabajo continúa, con el daño que se hace a sí misma y muy posiblemente a los demás.

La respuesta a esta última pregunta es de lo mas sencillo, porque no le queda otra, ya lo sabemos. Lo curioso del tema, del planteamiento, es una ley que castiga al que se quiere mover, al que busca mejorar, al que quiere cambiar y permite que el mal jefe, el mal empresario, campen a sus anchas y abusen. Sin embargo intentan colarnos, con el discurso del emprendimiento como la mayor de las virtudes, que moverse, tener iniciativa, no quedarse en la zona de confort… es lo mejor, como si cambiar de trabajo no fuera el mayor de los emprendimientos.

Desde estas líneas sostenemos que una parte del alto desempleo se debe a la voluntad del tejido empresarial y capitalista de este país, a su forma de pensar y valores, puesto que les es beneficioso. Su discurso sobre el empleo, además, ha calado y se ve reflejado en las leyes, pues la distancia entre esta clase y la clase política es mínima.

Veamos. El despido debe ser barato para poder, con el menor coste posible, ajustar las necesidades de producción, nos dicen. Pero un trabajador o trabajadora no puede dejar su empresa voluntariamente y tener una protección, si se va lo hace con una mano delante y otra detrás y si se va para cambiar de trabajo -como hemos visto- se la juega. En el caso de que, irregularmente, se arreglara la situación y el trabajador se fuera teniendo paro, este es más bajo de lo que cobraba trabajando o de lo que contribuyó durante años. Y aceptando eso, las posibilidades de que si encuentra otro trabajo, en este le paguen menos que lo que cobra de paro son muy altas, ampliando el círculo de despropósitos a favor de la libertad de coacción de la clase empresarial, apoyada por la clase política, sobre la trabajadora. El trabajador no es libre de facto para abandonar su trabajo, el empresario sí para despedir, al menos valorando el coste de una acción y de otra.

Resulta contraproducente que el Estado favorezca sólo la libertad del empresario y no la del trabajador. La ideología liberal no está de acuerdo con esto, propugna menos estado y más libertad individual. El estado, en todo caso, debe tener como función garantizar y ampliar la libertad del individuo, no sólo la del individuo empresario. Resulta contraproducente porque el sistema necesita contrarrestar la espiral peores trabajos, peores condiciones, peores trabajadores, peores empresas. Nadie sale beneficiado de esto. El Estado no puede tener la imagen de ser el recaudador de impuestos, una parte de los mismos que esquilma la clase política y de represor del trabajador a favor de la empresa que además tolera que se meta la mano en el dinero público como contraprestación. Y no sólo por imagen, esto explica en parte lo que tan nerviosos pone a tantos y que denominan populismos.

Aquellos que se llaman a si mismos liberales y en realidad buscan activamente que el Estado favorezca unos intereses de clase y no la libertad individual, no lo son. Cada cual puede ser lo que quiera, pero esa postura nos llevará a todos a la ruina, tarde o temprano.

Censura

El planteamiento de mociones de censura está despertando un gran consenso en su contra. El mayor argumento utilizado es el de no romper la estabilidad mínima necesaria para el avance del país. En contra se podría esgrimir si realmente es posible el avance de nada sobre la base de un sistema tan corrupto. Y la respuesta es que no y tengo la sospecha que todos los que defienden la estabilidad en el fondo lo saben, pero prefieren seguir hacia delante porque no quieren la incertidumbre que imaginan provendría de lo que denominan izquierda radical. Quizás también teman más la respuesta que podría venir de la derecha radical a un gobierno de izquierda radical, eso es como para pensarlo.

Si no se hace el gesto simbólico de desalojar a un gobierno por la corrupción, ésta quedará legitimada otra buena temporada, se entenderá que es mejor eso que la nada, dando pie en todas las esferas de la sociedad a comportamientos indeseables y dañinos para la misma porque, al final, no importa. Legitimará unas relaciones asimétricas y explotadoras en el mundo laboral, micro caciquismos, micro machismos, micro racismos, todo. Esto no es una exageración, lo contrario es pensar que existen islas dentro de la sociedad y que el comportamiento político no influye en el resto de ámbitos de la misma ni se ve influido por estos, que es posible separar las partes de un sistema y que no se comuniquen. Se puede pensar y decir, por ejemplo, que el comportamiento de un individuo tiene la capacidad de transformar el sistema, pero se olvida que un gran gesto en el sistema tiene más capacidad de cambiar a los individuos y quizás este pudiera. De igual modo se puede argumentar que el comportamiento deshonesto de un individuo no influye en el resto, es un caso aislado, pero nada lo es. Se puede incluso plantear sanciones a los padres por el comportamiento inadecuado de sus hijos, responsabilizando a los primeros, pero no que se puede responsabilizar a unos responsables del comportamiento inadecuado de muchas personas en distintos ámbitos de su influencia.

Aquello de “el que la hace la paga” no es suficiente. No se trata del argumento sobre las responsabilidades políticas antes que las penales, es ese otro debate falso producto de la corrupción del sistema, pues en otro, donde primara la honradez, no se produciría cada vez. El problema es que en un sistema corrupto se pierde la capacidad hasta de juzgar la corrupción.

La cuestión es si queremos seguir en un sistema en cuyo seno se favorece las relaciones corruptas como parte del funcionamiento o no. Y esto no es incompatible con la preferencia partidista en el voto de cada cual, es evidente, saliendo al paso del anatema, que en Andalucía, por ejemplo, hace tiempo que hubiera sido sano un cambio en el signo del gobierno.

Los que defienden por encima de todo al sistema, deberían considerar si realmente están haciendo un favor al mismo o no. Demasiadas veces antes desde la aprobación de esta Constitución hemos hablado de corrupción, de financiación ilegal de los partidos y de la necesidad se soluciones. Es evidente que está en nuestro sistema que es parte del mismo, todos y todas lo hemos sentido cerca en algún momento. Si queremos un nuevo tipo de sociedad, un nuevo tipo de ideal de ciudadano, el efecto en cascada que podría producir quitar a un gobierno por corrupción merece la pena intentarlo.

Periodistas sistémicos

A los periodistas defensores del sistema les ha dado ahora por decir que todo el mundo (todo el mundo es populista menos ellos) presenta soluciones sencillas a problemas complejos. Es la última defensa de lo indefendible, de la corrupción por sistema, de los locos que gobiernan el mundo o la masacre de los refugiados.

Claro que sí, los sistemas sociales son complejos, siempre lo han sido, también cuando antes de llegar a ese punto defendían justamente soluciones fáciles, eslóganes, el marketing social de los suyos, palabras vacías de contenido, a políticos corruptos que todavía no habían llegado a la cárcel aunque fueran en camino…

La gran historia de los sistemas complejos es que tienen propiedades emergentes. Emergentes no significa, en este caso, país emergente (pobre y por ello con posibilidades de lucro) en el que invertir por medio de unos fondos, no sea que se equivoquen estos periodistas por los anuncios de empresas de inversión en sus medios. Significa que en la interacción entre sistemas y partes de sistemas complejos, hay variables que no son fáciles de ver, y que aparecen otras fruto de la interacción, emergen, e influyen en el sistema de maneras misteriosas porque no controlamos. Pues eso, señores y señoras periodistas del sistema, es lo que está pasando. Defendían ustedes un monopolio descendente de lo que se podía decir y sobre lo que se podía opinar, es decir, de los medios de comunicación con los individuos y resulta que esas unidades pequeñítas, insignificantes, que son las personas, interactúan por su cuenta, se unen, toman decisiones, generan e interpretan información… como liberales autoproclamados en su mayoría, deberían saber que eso es así y no se puede evitar por mucho que se pretenda, es una de las pocas lecciones claras de la historia. No que la historia se repite, eso es imposible, el tiempo sólo va en un sentido, ni siquiera que es cíclica; los movimientos sociales se producen frente al poder y su evolución es impredecible, sólo sabemos que está relacionada con cómo el poder escucha e incorpora lo que estos plantean.

Muchos de ustedes defienden que una de las funciones del periodismo es controlar al poder. Y lo es, algunos lo llevan más a flor de piel que otros. Pero cuando no existía el periodismo ni sus Facultades, los movimientos sociales también se producían. Ya sabemos de sobra que la herramienta periodismo puede funcionar tanto para controlar y aplacar a eso que llaman opinión pública, como para favorecer realidades emergentes, como toda herramienta tiene distintos usos humanos. La función que muchas veces se olvida del periodismo es la de dejar saber al poder lo que está ocurriendo y en eso fallan. Tal vez el poder es insensible y no quiere escuchar, puede ser, pero da la sensación que en su autocomplacencia cree que controla a los periodistas y que con eso basta para transmitir sus intereses, lo de escuchar es para pusilánimes. Está bien, si no es más que lo mismo que ha ocurrido siempre, pero hasta que el poder no aprenda a usar su capacidad de empatía, de ponerse realmente en lugar del otro, de muchos otros, las transiciones seguirán siendo difíciles. Los medios podrían añadir a sus indicadores de productividad uno que fuera comprobar que el poder realmente ha entendido y siente lo que se le está contando y claro, contarle también algo de lo que no guste escuchar, es importante. Nos llevaríamos alguna sorpresa.

Impredecible

Por casualidad he leído en estos días dos opiniones que, en mi mente y no necesariamente en la realidad, hablan de la pérdida de posibilidades de predicción. Vargas Llosa se fija en lo difícil que es tener una noticia limpia en un periódico, algo que no esté contaminado por la subjetividad de los dueños del medio o los periodistas. Y esto quizás sea un problema en un mundo cada vez más difícil de entender y ante el que posicionarse -según parece lamentar también el autor-. De otra parte, Javier Gómez habla de la necesidad que tiene la gente, las clases medias y obreras -dice-, de entender la realidad, de verla como algo simple y manejable.

Ya sabemos que los autores conocen que el mundo es impredecible, subjetivo, interpretable, no mecanicista; si tocas una variable no siempre se obtiene la misma respuesta. Sólo porque es así puede existir la creatividad, el cambio, la evolución (sea hacia mejor o hacia peor) y sólo porque es así, cuanto más conocemos menos conocemos. ¿Qué les preocupa entonces? Las cosas en realidad son como han sido siempre.

Les preocupa -vaya mi interpretación- que quizás estemos en un momento de máxima inestabilidad donde cualquier gota puede ser la que colme el vaso. Es una sensación inquietante porque normalmente se conocen o intuyen los límites entre los que nos podemos mover y tal vez en este momento no está claro. La reacción normal es clamar por recuperar el orden y quizás esto explique que una mitad de la población turca (tal vez menos) prefiera cercenar sus libertades o el Brexit o Trump o Le Pen…

La cuestión es si esta estrategia funciona. Si el orden y control locales realmente producen los mismos efectos en una escala superior y se mejora la predictibilidad. La respuesta histórica y hoy otra vez, demuestran que no. El error continuo es pretender un mundo ordenado puesto que centrándose en ello se olvida aprender de los momentos creativos que proporciona el desorden. No se trata de empujar constantemente hacia el desorden, se trata de entender que cuanto más orden se quiere imponer más desorden se produce aunque no sea inmediatamente. Es absurdo no aprender que según Occidente se empeñaba en controlar el mundo a su conveniencia, esto se hacía creando desigualdad -que es desorden- dentro del mismo y fuera, que a más pretendido control menos iba apareciendo. Siendo la tensión necesaria, no hace falta insistir en la misma hasta la crisis y luego ya veremos, sólo hace falta querer aprender y ampliar la conciencia sobre el mundo, no llegar hasta medírsela en forma de quién tiene el obús más grande y puede hacer lo que le de la real gana con más impunidad.

Claro que con los autores es sensata una preocupación por el mundo, pero por pensar cómo es posible que otra vez tengamos dirigentes mundiales que seguro no pasaban algunos test psicológicos básicos para determinar la cordura. La solución ya no puede ser pedir mejor información y dotar de sentido el mundo para que esas pobres clases trabajadoras puedan interpretarlo. Es necesario ampliar la conciencia, multiplicar la información, permitir que más gente decida si el absurdo que nos pone al límite merece la pena. Llegados a este punto es mejor no empeñarse en construir una imagen de un mundo ordenado si bien partidista, casi es mejor mostrarlo tal cual es y favorecer que la gente entienda cómo ha pasado, tome conciencia y decida qué quiere hacer con él. Lo que ocurrirá no puede ser más impredecible que lo tenemos ante nosotros.

Felicitar a tu hija por las notas y por watsup

Estaría bien que los defensores de la familia y la educación y de que los niños no tengan móvil porque perjudica a ambas así como a los propios niños, pensaran en alguna solución que yo no tengo.

Resulta que los colegios están de vacaciones desde el viernes anterior al Viernes Santo, en algunas Comunidades. Afortunadamente, como diría cualquier persona adoctrinada, el padre y la madre tienen trabajo y la niña unos tíos prejubilados que la pueden ir a recoger y quedarse con ella. La solución más sencilla para una niña orgullosa de sus sobresalientes, es hacer una foto a las notas y mandársela por watsup a sus padres que están trabajando hasta las 9 de la noche y que los reciben en el metro de vuelta a casa. Contra todos los expertos y expertas meapilas, la niña tiene móvil desde muy pequeña y lo puede hacer. No será bueno para su educación según los mismos, pero es una solución a no estar con ella porque no se puede; una mala solución, pues quizás.

Pensemos en soluciones mejores. Las primeras de carácter individual como tanto gusta en estos tiempos del “tú individuo puedes y te voy a facilitar un coaching para demostrártelo”. Cambiar de trabajo, que uno de la pareja deje de trabajar. Y que la niña no tenga móvil, que utilice el de su tía o se espere a que nos veamos el fin de semana.

Pensemos en soluciones colectivas. Evitar que los niños tengan vacaciones de Semana Santa o días que no coincidan con los no laborables. Cambiar la forma que tenemos de entender el mercado laboral.

Al final, la única solución a nuestro alcance mientras nuestra hija esté en edad escolar, unos pocos años de nuestra vida, es que no tenga móvil, para contento de los chupacirios que seguirán ocupando espacio en los medios con la negatividad de las nuevas tecnologías y sus efectos en los niños, la familia y las relaciones. Pero claro, esto parece un poco pobre en comparación con los problemas de fondo que se han enumerado que sí que requerirían una auténtica revolución social.

Para que nadie se enfade porque no aporto más soluciones, va una. Estaría bien una charla en los colegios que explicara a los niños el sistema de opresión al que se verán enfrentados en el futuro. Que les dijera que, como se dejen, el sistema escolar es parte de ese intento por convencerles desde pequeños de que sean acríticos y sumisos. Que por mucho que estudien, la mayoría de ellos se verán envueltos en un sistema laboral explotador, que les sangrarán a impuestos para sostener una maquinaria destinada a reprimirles y sostener los privilegios de unos pocos, intentando, además, camuflarlo para que no lo vean del todo claro. Y que si deciden tener hijos, siempre habrá alguien con objeciones morales a algún comportamiento que estimen vaya en contra de la familia para no hablar del fondo de los problemas que sí que son los que atentan contra la misma, al menos las familias de las clases explotadas.

¿Radical? Tal vez. Pero pensemos si este bombardeo casi constante sobre los peligros de las nuevas tecnologías, parejo a la persecución de las opiniones en las mismas no es lo realmente radical. Pongan ustedes peligros nuevas tecnologías en cualquier buscador y verán.

Víctimas somos casi todos

Se sienta uno a escribir y le tiemblan las canillas sólo de imaginar que la policía podría irrumpir por la puerta de casa y llevarte preso por lo que estás pensando, por si acaso lo escribes. Seguro que es una imagen sacada de algún libro o película de ciencia ficción, pero da miedo. Al mismo tiempo escuchamos la palabra decoro, y en boca de quienes la esgrimen no sabes si se refiere a las formas o si lo hace a su acepción de dignidad; bueno, sí lo sabes, a vivir con dignidad no se estaban refiriendo en el Congreso cuando se utilizó.

El ruido del debate sobre los chistes, la libertad de expresión y el yihadismo tal vez me confunden y me pregunto ¿quién es el que denuncia a Casandra o a Strawberry? ¿quién es el ofendido o la ofendida? Tal vez el exceso de información me lleve a eso, a perderme algo. Puedo entender el juicio que un periodista tiene en una sala provincial y no en la Audiencia Nacional, por haber vertido acusaciones sobre la obtención de dinero de Venezuela por parte de un político. Si se considera que hay fabricación de pruebas conchabado con alguien de la policía y que todo ello redunda en un ataque contra la honorabilidad de la persona, entiendo la denuncia, pero ¿quién se ha sentido molesto con estas personas y denuncia por enaltecimiento del terrorismo? Incluso parece que está claro en el caso en el que una mujer se siente ofendida por un cartel de las fiestas de carnaval en el que aparece el Papa con una copa de vino, perfecto.

Lo cierto es que no me quiero imaginar un cuerpo de policía rebuscando entre twits o leyendo letras de canciones para elevar estas denuncias. Suena ridículo y si así ocurriera ellos mismos deberían negarse diciendo que eso no ayuda a combatir el terrorismo, cuestión que seguro sí quieren hacer. Aunque sé que ocurre, sigo sin poder imaginarme a la Audiencia Nacional o el Supremo juzgando estos casos, suena a chiste, eso sí que suena a chiste.

No se trata de decoro, ni buen gusto, no es un debate sobre los límites del humor o la libertad de expresión, se trata de mecanismos de control social para que determinadas personas que piensan contrario a la corriente en el poder tengan miedo y éste se extienda. Porque parece que les pasa sólo a unas personas y no a otras, a un tipo de planteamientos y no a otros o tal vez sea de nuevo mi imaginación.

El colmo de la majadería parece estar en que para decir esto, primero se debe mencionar que no se está de acuerdo con el fondo y las formas de esos twits, como pidiendo permiso y perdón aunque quien habla no fuera su autor, y añadir que son un error, incluso insultar al autor o autora, levemente. Y luego, acto seguido, entrar en el debate pero obviando que el fondo no es otro que la pretensión de control de la opinión de unos que no de otros o como mucho -casi condescendientemente- decir que la libertad de opinión es también para esta gente. Lo peor de ese fondo es quizás la escusa, no otra que el terrorismo y la defensa de las víctimas. Este es el fin de la discusión, mejor no añadir nada, no se puede argumentar, te la juegas. Y eso que víctimas somos casi todos y todas.

Poder hacer

Soterrado, asistimos a un debate en nuestra política sobre la concentración de poder. Los dos ejemplos más visibles han sido el de Cospedal y Susana Díez. Pues bien, dicha concentración de cargos y por lo tanto poder, ya sabemos que es alejarse de un ideal democrático.

Muchos insistirán en que democracia es poder votar, pero no estarán en el buen camino. La democracia se define antes por poder participar y ello no se limita sólo al voto. En demasiadas ocasiones el voto se utiliza para solucionar conflictos dando la razón definitiva a una postura frente a otra y, si me apuran, a decidir entre la solución menos mala. Si votar es decidir entre opciones empaquetadas de antemano, simplificaciones y además malas, la democracia podría considerarse el camino de la mediocridad, de la eterna casi solución.

Participar es más que poder votar o ser escuchado con benigna condescendencia para hacer luego lo que le parezca al escuchante. Participar significa más bien poder hacer algo, tener autonomía para emprender acciones que no sean sólo la de hacerte escuchar. Opinar sin prever la posibilidad de llevar algo a cabo, se puede convertir en un ejercicio radical.

Entonces -me dirán- no podemos hablar de democracia puesto que el poder de emprender acciones se concentra en unos pocos muy pocos. Sí y no, sí y por eso concentrar cargos es empeorar la democracia, pero no porque la posibilidad de tomar decisiones propias no se refiere sólo a unos pocos asuntos, es algo que se debe poder hacer en cualquier ámbito.

Llegados a este punto se suele argumentar que las relaciones laborales no son democráticas, ni la familia lo es como tampoco la escuela. Y la pregunta es si realmente se puede hablar de democracia cuando hay instituciones dentro de la misma que no son democráticas. Parece algo complicado salvo que nos remitamos a la idea de voto y así podemos seguir viendo familias que se empeñan en votar decisiones o escuelas que introducen sistemas parecidos, sin darse cuenta que realmente no alcanzarán mayores cuotas de democracia necesariamente, pero pueden enseñar frustración a los más jóvenes cuando contrasten que fuera de ese entorno quizás y con suerte, podrán votar cada dos años.

El mundo laboral es el mejor ejemplo. Se asume que uno o unos toman decisiones y los otros ejecutan lo que se les manda. Votar en este esquema es tan ridículo como esperar que me lleguen mis indicaciones o no tendré nada que hacer en mi día laboral. Te llegan los objetivos y la forma detallada de lograrlos, lo que resulta de lo más absurdo. Y en no pocas ocasiones las personas en el mundo laboral son asistentes personales de los asistentes personales, en cadena, donde uno tiene que hacer algo y se lo pide hacia abajo a otros que a su vez hacen lo mismo con otros. El problema aquí no es precisamente votar. En el mundo laboral no pocas veces la única decisión que uno pude tomar es quedarse o irse y no siempre. Y sin participar, tampoco se puede esperar que el compromiso sea otro que en lo que afecta a las propias condiciones laborales.

Existen muchas propuestas para democratizar sin votar el mundo laboral, otra cosa es que interese más seguir diciendo que el trabajo no puede ser democrático o no se sacaría adelante. Es comprensible que quienes llegan a posiciones de poder bajo este esquema, quieran mantenerlo, así hemos aprendido. Aquí sólo mencionaremos la cantidad de oportunidades que se pierden con esta forma de actuar, dado que la cantidad de posibilidades que se abren cuando más personas pueden tomar decisiones sobre su propio trabajo son exponencialmente mayores que cuando las toma una sola persona por ellas. Si, además, esta persona poderosa se equivoca, los resultados pueden ser catastróficos, mientras que si muchas otras con ámbitos distintos de actuación lo hacen, las consecuencias serán pequeñas e inmenso el potencial de dar con algo bueno.

¿Por qué alguien quiere ocupar cargos en el partido y responsabilidades de gobierno y todo lo que se cruce por delante? Obviamente para imponer su voluntad, para decir que esto es lo que se tiene que hacer y que otros lo vayan haciendo, para quitarse de encima cualquier posible discrepancia y a sus discrepantes, para medrar con el jefe o acabar siéndolo. Está bien, si esto no es más que la historia del poder, nada nuevo, pero no es lo más democrático aunque te voten para ello.

El argumento sobre el poder es sencillo. Podemos pensar que este es un bien finito y que por lo tanto cuanto más tenga una persona menos deben tener otras. O podemos pensar que es un concepto abstracto y que se amplía cuanto más poder se tenga en conjunto y por lo tanto no es ni finito ni infinito, el poder aumenta cuando el poder disminuye. Veamoslo de otra forma, se trata de poder-hacer y para ello, cuantas más cosas sea posible hacer más cantidad de poder existe. Una sola persona tiene un límite en cuanto a lo que es capaz de imaginar se puede intentar, pero muchas personas no lo tienen. Si el poder de una consiste en amarrar el poder de muchas para que no hagan salvo lo que esta dice, está limitando lo que se puede hacer en conjunto. Parece sencillo, pero nunca nadie dijo que la democracia lo sea.

A la estiba

El tema de la estiba va camino de convertirse en otro disparate nacional, promovido, en parte, por los medios y sus tertulianos. Uno de ellos, por ejemplo, en el programa nocturno de 24 Horas de Televisión Española, dijo que no entendía cómo nos alegramos tanto cuando el Tribunal de Justicia Europeo se pronunció sobre las cláusulas suelo y ahora que lo hacia sobre la estiba, la mayoría de los grupos políticos rechazaban un decreto ley propuesto para cumplir con una sentencia de ese mismo tribunal.

No pocos medios y sus comentaristas han decidido que el rechazo al real decreto para regular la estiba es un movimiento político y que, en un caso menor como este, los partidos aprovechaban para enseñar los dientes a un gobierno en minoría. Para empezar el tema no puede considerarse menor, primero porque hay personas y su familias que se ven afectadas por el mismo y luego porque la actividad económica detrás suministra mercancías al resto de ciudadanos aquí y en otros países, trabajos a muchos, negocio para empresas y, además, se mueve mucho dinero. Para continuar, si los partidos rechazan el real decreto sólo por esto, no por que, analizado, no les guste, es una irresponsabilidad de tal calibre que sería para cambiar a todas sus señorías de golpe y empezar de cero con personas serias. Se podría decir que pensar así -como yo- es algo ingenuo, no conocer la política, pero lo prefiero a realmente concluir que son tan flojos nuestros políticos y que de fondo poco importan los estibadores o la sociedad y sí medir fuerzas con este tema de cara a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, tal y como es la interpretación mayoritaria en los medios.

Además, lo que dice el Tribunal de Justicia europeo en este caso y -por seguir al tertuliano- el de las cláusulas suelo, no tienen absolutamente nada que ver. Dicho tertuliano, como otros, me parece que llevan sus argumentos a una generalización e igualación de ideas para favorecer las suyas que no se puede hace. En el caso de la estiba, dicho tribunal lo que hace es condenar a España por no favorecer que otras empresas de estados miembros operen sin condiciones en los puertos españoles.

al imponer a las empresas de otros Estados miembros que deseen desarrollar la actividad de manipulación de mercancías en los puertos españoles de interés general tanto la obligación de inscribirse en una Sociedad Anónima de Gestión de Estibadores Portuarios y, en su caso, de participar en el capital de ésta, por un lado, como la obligación de contratar con carácter prioritario a trabajadores puestos a disposición por dicha Sociedad Anónima, y a un mínimo de tales trabajadores sobre una base permanente…

Es un tema espinoso para la opinión pública. La cuestión es que España defiende de alguna forma sus intereses portuarios y a sus trabajadores. En aras de la competitividad, otros estados miembros se quejan y quieren que las empresas puedan contratar libremente estibadores. Con la que está cayendo en el mundo es complicado decir que España defiende lo suyo frente a otros estados miembros, el debate sería monstruoso, quizás muchos españolistas de derecha populista se quedarían sin otro argumento que menospreciar a Europa y muchos izquierdistas podrían concluir lo mismo pero por las consecuencias negativas que tiene la liberalización de cualquier sector. La solución a no tener este debate es llamativa, arremeter contra los estibadores, su sueldo y su profesionalidad, incluso su machismo. Es de locos y algo manipulador.

Por otro lado, la sentencia sobre las cláusulas suelo, lo que hace es confirmar que existen unas cláusulas abusivas según condena la propia justicia española pero que no tiene sentido poner un límite por retroactividad como también hizo esa sentencia española, es decir, si son abusivas son nulas todo el tiempo, desde el principio.

El artículo 6, apartado 1, de la Directiva 93/13/CEE del Consejo, de 5 de abril de 1993, sobre las cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores, debe interpretarse en el sentido de que se opone a una jurisprudencia nacional que limita en el tiempo los efectos restitutorios vinculados a la declaración del carácter abusivo, en el sentido del artículo 3, apartado 1, de dicha Directiva, de una cláusula contenida en un contrato celebrado con un consumidor por un profesional, circunscribiendo tales efectos restitutorios exclusivamente a las cantidades pagadas indebidamente en aplicación de tal cláusula con posterioridad al pronunciamiento de la resolución judicial mediante la que se declaró el carácter abusivo de la cláusula en cuestión

No parece la misma idea ¿verdad? En un caso se condena a España por -digamos- una forma de proteccionismo y en otra por dictar una sentencia pero mal, incluso para el derecho español. Sentencia que además es por abusividad contra todos los consumidores.

¿Cual puede ser la intención entonces de igualar ambas sentencias, de transmitir la idea de que Europa es justa en un caso y otro? Pues parece que criticar que los partidos critiquen a su vez el real decreto del gobierno sobre la estiba, pretendiendo que el mismo fuera para cumplir una sentencia justa. La sentencia bien puede ser, quizás y como todas, criticable, lo que no vale es el contenido del real decreto que pretende dar cumplimiento de la misma. Lo sentimos, señores del gobierno y periodistas afines, parece que se puede hacer cumplir lo que dice Europa de otra manera, al menos a juicio de la mayoría de partidos. Es cierto que cuesta entender que alguien se abstenga en este tema, tal como hizo Ciudadanos.

Pero claro, la cosa nunca queda así. Para esta corriente de pensamiento, la culpa de que tengamos que pagar multas, que cada ciudadano tenga que pagar dinero por que no votaron sí al real decreto (como si esto no fuera un argumento estrictamente populista), es de estos partidos, no del gobierno y una mala solución que no convence a tantos. Es una manipulación en toda regla, salvo que, efectivamente, algunos partidos estén usando este tema de manera política para castigar al gobierno, haciéndole ver su debilidad ante unos futuros presupuestos.

Como siempre, los ciudadanos nos quedamos atónitos ante las alternativas de interpretación que nos dejan algunos y que van de lo malo a lo peor. Si el gobierno propone un mal real decreto… mal, pero si algunos partidos juegan a la política… peor. Estamos desamparados si hacemos caso a estos profesionales de la interpretación.

Personalmente, aunque ganaran más dinero que ministros y el mismísimo presidente del gobierno, creo que se lo merecen más los estibadores. Una ley que supusiera el despido de muchas personas por la simple idea de liberalizar un sector me parece mala. Bajar sueldos como consecuencia de la misma me parece un error y justificar cualquier cosa porque unos trabajadores manuales ganan mucho cuando el dinero que generan lo permite, me parece una manipulación intencionada, cuando más bien al contrario, es hacia lo que deberíamos tender todos, no hacia concentrar los beneficios de cualquier actividad sólo en unos pocos.