Cameron

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/las-inmigrantes-musulmanas-deberan-hablar-ingles-para-permanecer-reino-unido-4826068

http://www.eldiario.es/desalambre/Reino-Unido-expulsara-migrantes-reunificadas_0_474902707.html

En Europa tenemos un problema si no empezamos a pensar que la integración depende más del grado de prejuicios, clasismo y racismo que del conocimiento de la lengua. Con la reciente pretensión de Cameron de expulsar a las mujeres musulmanas que no mejoren su nivel de inglés sólo queda patente la discriminación por razón de género que impera en nuestras sociedades androcéntricas. Cosa que ya sabíamos, pero que es siempre un argumento en contra de otras culturas porque -decimos- son machistas.

Yo veraneo y me escapo para allá cada vez que puedo, en una mediana localidad costera que tiene un nutrido grupo de ingleses que residen allí de manera permanente. Algunos venían ya a España cuando Franco vivía. Su nivel de castellano es bastante malo, seguro que no pasaban los exámenes que propone paras las mujeres musulmanas -señor Cameron- pero en español. Y no podría decir que no están integrados, ni mucho menos. Se saludan con todo tipo de personas, españoles que no hablan una palabra de inglés, otros ingleses, alemanes y franceses y se toman una cervezas con todos ellos de vez en cuando. En los comercios de la zona son reconocidos y apreciados, todo el pueblo los conoce y son cordiales las relaciones. ¿Los expulsamos señor Cameron? También hay mujeres, no son sólo hombres, algunas tienen hijas que a su vez tienen hijas y que hablan un perfecto castellano, son envidiablemente bilingües.

Algunos, señor Cameron, te cuentan que su decisión no tiene sólo que ver con el sol, se marcharon también porque no aguantaban a una parte de la sociedad rancia británica y la forma de relación humana que por ello se establece. Es su versión, yo no juzgo ni doy crédito, sólo reproduzco lo que a veces he escuchado ¿Los expulsamos?

Y ¿qué le ha dado a usted con las mujeres musulmanas? ¿De verdad me está diciendo que se cree que con la amenaza de expulsión conseguirá que hablen mejor inglés, que se relacionen con otros ingleses y que con ello se integren? En serio usted se cree que ahora que ha señalado con el dedo a las mujeres musulmanas los ingleses harán un esfuerzo por acercase a ellas y favorecer su integración. No se lo ha pensado bien desde luego. Y debería poder explicarnos por qué de entre todas las posibilidades para favorecer la integración va usted y elije la amenaza y específicamente contra las mujeres musulmanas. ¿No es verdad que las mujeres ya sufren suficientes dificultades añadidas por ser mujer como para que usted sume esta? Más si cabe si no tienen ingresos propios y son dependientes de un varón hasta en su permiso de residencia.

Lo que usted está haciendo, en el fondo, es tratar a la mujer como un objeto, una posesión del hombre, algo que seguro se hace también en otras culturas, el mundo es androcéntrico, pero no tengo claro que partir del mismo punto sea una solución. Podría haber optado por empezar a explicar en qué puntos la sociedad que usted temporalmente preside es androcéntrica y como se manifiesta el machismo, luego hacer lo mismo sobre otras sociedades, no sólo partiendo de la religión. Luego podría explicar a su sociedad lo que es la discriminación y el racismo y a los nuevos vecinos y vecinas también para que estén prevenidos y prevenidas. Claro que todo esto es un trabajo a muy largo plazo, un cambio profundo en nuestras sociedades y no da votos de los más radicales islamafóbicos y misóginos.

Fútbol

Estaba leyendo un libro sobre lo peligrosas que son las identidades cuando me sorprendió la noticia de otro jugador de fútbol pillado excediendo todos los límites de velocidad en el coche. El libro se titula Identidades: una bomba de relojería y es de Jean-Claude Kaufmann. Muy al contrario de lo que soñamos con la Ilustración y su base en la Razón, “la reflexividad crítica y la creatividad de singularidades personales, hoy en día todos los fundamentalismos (comunitaristas, nacionales, religiosos o raciales) se ven reforzados. Las desviaciones identitarias son una verdadera bomba de relojería”. Y Kaufmann, según va explicando lo que cree es la clave futura – abordar el tema de las identidades – menciona varias veces el fútbol, le dedica hasta un epígrafe. Es verdad que muchas personas se ven embargadas por un sentimiento de identidad nacional ante el fútbol o de otro más local, cada fin de semana, ante su equipo, sobreponiendo el mismo – si bien que sea momentáneamente – a otras fuentes de identidad personal. ¿Cómo es esto posible? Mientras, el negocio, la corrupción, la evasión de impuestos… siguen adelante a su alrededor y no muchos ni muchas parecen indignarse cuando esto debería sonarnos no sólo en la actualidad, a lo largo de la historia reciente.

Nada tengo yo en contra de dicho deporte, pero desde luego me preocupa todo lo que significa más allá de él mismo, ocupando horas y horas en las franjas más cotizadas de televisión y radio. Ni que decir tiene las lamentables imágenes que hemos visto estas Navidades de un triste Opel Corsa de la policía Nacional, camuflado, siguiendo a ese jugador que se había puesto a 200 km/h por la M-40 de Madrid.

Lamentable resulta ver cómo los modestos agentes de policía se detienen ante los de seguridad de Valdebebas como si en cualquier otra situación se hubieran frenado en mitad de una intervención – una carga policial por ejemplo – y le dan explicaciones ¡al de seguridad de la puerta! que, para más inri todavía, tiene que llamar a otro que es más encargado que él para gestionar el asunto mientras ellos se esperan pacientemente.

El ilustre jugador de fútbol no se detiene en el camino cuando va a 200 km/h, no se detiene ante las llamadas de la policía ya cuando está en la puerta, al final, los únicos que se detienen son los agentes. Menos mal que en las grabaciones al menos no se oye a la policía pedir perdón al de seguridad, pues sólo hubiera faltado. Y luego, el que le da patadas a una pelota, alega toda una serie de estupideces para no haber obedecido a los agentes como que en su país esa táctica se utiliza para los secuestros -y qué puede decir ya asesorado por sus múltiples abogados-.

Casi es peor cuando te informan de las sanciones a las que se enfrenta. Algo de dinero que es lo que le sobra, ir a saludar a un juez y poco más, el resto parece que se cachondea del asunto, sus compañeros de equipo por ejemplo; no pasa nada, ellos están por encima de todo. Igual que Esperanza Aguirre – por cierto-. Llega un momento en el que acabas por pensar que no son nadie en el mundo de ese espectáculo si no han tenido algún problema con la justicia y sido pillados a 200 km/h. ¿Estamos todos tontos? Y al día siguiente la gente se gasta porcentajes altos de sueldo mensual para ir a verles dar patadas, y los sponsor no les retiran el apoyo y dejan que sigan siendo las caras de sus caras marcas.

Y esta gente es la depositaria de grandes momentos de identidad colectiva. Escapa toda razón y efectivamente parece un mal síntoma de hacia dónde llevamos nuestra civilización.

Madre mía señor Albiol

Madre mía señor Albiol

Primero resulta que no opinar como usted es ser “buenista”. Y serlo, supongo, implica -no sé cómo hemos llegado a esto- ser malo. Este pretendido insulto es muy divertido, tendrá que reconocerlo, porque si ser buenista es defender la paz, la convivencia, la justicia social, la igualdad, por ejemplo, no le veo y no le podré ver la parte criticable. Quizás sería mejor utilizar el termino “malista” para aquellos que defendemos un mundo distinto al que usted defiende.

Señor Albiol, su Occidente es multicultural. Es una realidad contrastable y lógica, en él viven culturas, etnias, tradiciones lingüísticas y religiones muy distintas, dentro de cada estado político ya lo hacen, por lo que los estados políticos entre sí son multiculturales, es de sentido común ¿Entonces? ¿cuál es su crítica? ¿qué parte de esa realidad no le gusta? a lo mejor propone españolizar Occidente, no lo sé; de verdad, creer que existe o pretender la homogeneidad cultural es muy peligroso para la humanidad.

Pero entiendo que usted, para provocar a los buenistas, sólo está hablando de las minorías y en concreto de algunos inmigrantes. Pasemos por alto que la mayoría de inmigrantes en nuestro país son de su Occidente, no necesariamente pertenecientes a la cultura Albiolista, pero de Occidente. Y lleguemos a los que se puede suponer usted se refiere, unos cuantos, los menos, una minoría dentro de una minoría ¿Qué le hace pensar que las costumbres de estas personas puedan ser contrarias a los valores y leyes que tenemos en su Occidente? En qué se basa, primero, para afirmar que nuestras leyes son las mismas que, no sé, por ejemplo, las de Estados Unidos que supongo será parte de su Occidente. Lamento comunicarle que no es así, entre estados de Occidente se manejan leyes muy distintas que no podrían, sin más, permutar de uno a otro; es lo que tiene la cultura.

Y lo más complicado siempre, los valores, defina qué valores considera imprescindible tener para ser de Occidente. ¿Los suyos? Dado que entiendo que los valores de los “buenistas” no. Pues a lo mejor me tiene que expulsar a mí también de Occidente porque estoy seguro que no comparto muchos de los cuales usted considera fundamentales para ser un buen “occidentalista” a fecha de hoy.

Señor Albiol, reconozco su postura sobre la inmigración, una forma concreta de la misma, la de las minorías y dentro de las mismas unas más en concreto que otras. Mucha gente piensa como usted. Pero no nos venga con el rollo de la pluralidad ¿qué es eso? ¿a qué se refiere? Multiculturalidad no, aunque sea una realidad, pluralidad sí ¿de qué nos está hablando? Díganos, por ejemplo, cuantas personas tiene su partido y el resto, en el Parlamento Catalán o en el de España, pertenecientes a alguna minoría de esas que si no tuvieran los valores occidentales según usted tendrían que irse ¿A esa pluralidad se refiere? Si es así tiene fácil solución, lo de la multiculturalidad, aunque le pueda pesar, no.

Asimilacionismo

Resulta descorazonador escuchar, como el sábado escuchamos en La Sexta Noche, a personas como Jorge Verstrynge decir que hemos de adoptar el asimilacionismo y no la integración cuando pensamos en la inmigración.

Primero porque no se ha hecho otra cosa hasta el momento y el resultado es el que es. Segundo y no sé si más importante, porque parte de confundir los conceptos de manera peligrosa.

Asimilacionismo e integración no son antónimos. El objetivo es la integración, siempre, y para lograrla existen diferentes estrategias, una de las cuales es el asimilacionismo y otra, por ejemplo, la multiculturalidad. Hay más matices y estrategias combinadas, pero decir que es necesario acabar con la integración supone que ni asimilacionismo ni nada, no importa la estrategia que se use, simplemente no debe existir; es algo así como la pureza cultural, idiomática o genotípca o… algo que si alguna vez fue real en la historia de la humanidad hoy simplemente es impensable por imposible, salvo recurriendo a la violencia y la “limpieza étnica” o parecidos.

Dado que entiendo que Verstrynge no se estaba refiriendo a esto último, simplemente debió confundir los términos porque, es cierto, a la estrategia de la multiculturalidad, a veces, en las conversaciones cotidianas, nos referimos como estrategia de integración, puesto que la idea despierta cierto rechazo social. Pero esto es sintomático ¿por qué se debe tener complejo al hablar de multiculturalidad o intecurlturalidad? Pues precisamente por lo que estamos viendo estos días, tras el atentado, una mayoría de personas lo relacionan con la falta de integración. Según ellos y ellas la gente no quiere integrarse por no se sabe qué motivo, quizás algo genético que se lo impide, probablemente -piensen-su religión anti-integración, no que otros se lo dificulten, eso no, porque el que quiere se integra. Y para colmo, una serie de individuos flojos e ignorantes se lo permiten con sus ideas rojillas. El argumento cierra casi a la perfección, ya sólo queda repetirlo muchas veces. Pero la realidad es muy distinta y tozuda, el fracaso está en lo único que se ha intentado, lo que esas mismas personas duras, inteligentes, responsables y racionales defienden, el asimilacionismo como estrategia para la integración. Y aun así, el fracaso en las políticas de integración tiene infinita menos fuerza que las decisiones geopolíticas, no vaya a ser que alguien acabe culpando también de esto a la inmigración, cosa que, como chivo expiatorio habitual, algunos y algunas lo utilizarán como ya está ocurriendo. La culpa, toda, siempre es del otro y de la otra.

La estrategia asimilacionista parte de pensar que “ellos se deben acabar pareciendo a nosotros, ser como nosotros”. Ahora, no sé si alguien puede mostrar alguna política pública que no parta de esta idea de fondo. Han sido muy pocos documentos, quizás contados con los dedos de una mano y en la realidad, dado que mayoritariamente pensamos de manera asimilacionista, no se ha puesto en marcha nada desde otra perspectiva. La única diferencia ha estado en el tiempo que se estima se debe producir esa asimilación, el tiempo que se debe tardar en hablar el idioma o encontrar un trabajo, cosas así. Pues lamento recordar que idioma y trabajo ni siquiera son buenos predictores de integración, el racismo en una sociedad lo es más, y tener partidos políticos racistas, por ejemplo, influye de manera determinante.

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Sexo, drogas y una epidemia sin control

El día 10/11/2015 El Mundo publicó el artículo que copio. En los telediarios el tema de las drogas y el VIH reaparecieron con fuerza si bien, en buena medida, vinculados a las bacanales y los hombres que tiene sexo con hombres. Entiendo que son las estrategias vinculadas al Día Mundial del SIDA pero estoy, sin embargo, casi seguro que son un error en buena parte.

El artículo está cargado, para mi gusto, de una moral concreta sobre la sexualidad, la elección de las palabras, en especial del primer párrafo, creo que así lo demuestra. Pero acaba de forma muy sorprendente cuando el protagonista dice que no se siente orgulloso de haber tenido relaciones con muchas personas, cree más bien que es una falta de autoestima. Las ideas de autoestima y estigma creo que se usan mal en el lenguaje más cotidiano.

No deja de ser sorprendente que Ferran Pujol, codirector de BCN Checkpoint y según el artículo, diga “no se puede prevenir el VIH usando el condón.” No lo quiero sacar de contexto, el uso de los datos es más o menos correcto en el artículo, la interpretación de los mismos es lo que creo que falla un poco. Es verdad que podríamos enseñar una sexualidad distinta de la dominante, con alternativas para disfrutar de la sexualidad y que cada cual escoja y ello implicaría poder ir más allá del latex como única forma de protección. Lo cual no significa que ese escenario esté muy lejano en el mundo en el que vivimos y que no se pueda negar que el preservativo es la mejor herramienta que tenemos.

Con respecto a la presunta relación entre el uso de drogas y el sexo sin protección creo que habría que matizar e ir con cuidado. La relación no puede ser tan simple como uso drogas y no me protejo como el que pasaba por allí, eso sería trasladar a las drogas un poder que no tienen por encima del individuo. Que si alguien disfruta el sexo con drogas porque “duras más”, se te dilata el ano o la vagina, el sexo se vuelve más violento y eso le gusta, pues perfecto, pero sigue sin haber una relación directa entre la sustancia y el sexo, median tus preferencias es ideas, luego cabe pensar que es posible tomar medidas de protección en casi todos los casos porque, en principio, no deberías necesitar excusas para disfrutar de la sexualidad ¿o sí? ¿ y si lo que te va es el riesgo a secas? esto habría que estudiarlo, afirmar que lo que te va de una relación sexual es el riesgo de contraer VIH es mucho afirmar ¿no? en fin que son muchos lugares comunes por discutir todavía.

Refugiados y refugiadas

Ahora somos más sensibles al tema de los refugiados y refugiadas y eso está bien, aunque ya se puede ir avisando de algunos de los siguientes problemas que puede que enfrentemos, y no es por ser pájaro de mal agüero.

Hemos tardado y ha tenido que ser debido a lo que se ha denominado una crisis humanitaria, pero el caso es que hoy el ciudadano que quiere estar informado sabe mucho más sobre el tema que hace unos meses y ello es positivo. Políticos, funcionarios y periodistas siguen, en no pocos casos, tratando el tema de manera muy gruesa y con ciertas inexactitudes, sin embargo, poco a poco, se va llegando a exponer y entender con más claridad la cuestión de la protección internacional por medio del asilo.

La movilización de recursos por solidaridad está muy bien y en eso estamos, pero hay un tema clave previo que no he escuchado con claridad ¿qué estatus legal tendrán las personas que vengan sea el número de ellas que se decida? Si se considera que son solicitantes de asilo y otorga lo que se conoce como la tarjeta blanca, no tendrán acceso a la red de recursos públicos sólo a los que se pongan específicos para su situación y, por supuesto, no pueden trabajar con permiso de trabajo. A fecha de hoy y desde hace ya un tiempo, la cobertura para las personas en esta condición es muy poca o casi inexistente. Sirva esto también de denuncia de lo que ha estado pasando y hemos dicho pero como si nada, a nadie le importaba, y crisis humanitarias no se han dejado de producir en el mundo estos últimos años.

Antes de los recortes, si una persona solicitaba asilo se le daba acogida, entendiendo por tal alojamiento y comida hasta que formalizaran la petición y le dieran la tarjeta blanca. Eso ya no ocurre y como la cita tarda unos 6 meses pues durante ese tiempo son lo más parecido a inmigrantes en situación irregular, sin cobertura salvo de emergencia como por dormir en la calle con menores o similar. Y eso está ocurriendo hoy aunque no hayamos tenido noticias. Quiero decir que sí, efectivamente, si una persona pide asilo puede esperar varios meses hasta que su petición es vista por primera vez para confirmar a esta persona que ha pedido asilo –lo crean o no- que es todo lo que en el fondo se hace, y la maquinaria de la protección no se mueve porque no hay dinero hasta ese momento.

Si a estas personas que vendrán les dan la tarjeta roja o de la blanca pasan muy rápido a la roja como en otras ocasione excepcionales ha ocurrido, querrá decir que ya son admitidos a trámite y provisionalmente podrán trabajar y tendrán acceso a lo establecido de ayudas, pero para refugiados, no mezclemos, no podrán pedir subsidios o vivienda por si alguien quiere utilizar este argumento de manera torticera. Pongamos que a ese tipo de posibles prestaciones (vivienda pública y rentas por ejemplo) se llega en situaciones normales, a fecha de hoy, a partir de los 5 años de media y dependiendo de los requisitos que establezca cada administración que suele pasar por los años (5) de empadronamiento en la zona. En el actual sistema uno de los problemas detectados es cuando el programa específico de atención a los refugiados que dura entre 18 y 24 meses se acaba y las personas no pueden acceder a la red normalizada de atención.

Evidentemente y desde el principio, sanidad y escolarización son otra cosa. Todos los niños y niñas tienen que ser escolarizados y la comunidad educativa ya tiene experiencia en hacer inmensos esfuerzos, lo cual es para seguir agradecidos. Y sobre la sanidad, curiosamente, el debate ya venía servido si bien estas personas no serán, cabe pensar, “irregulares” en ningún momento ¿o sí?

¿Qué podemos esperar entonces? Dependiendo de cómo se quiera resolver las cuestiones anteriores y no se debe olvidar que por el Convenio Dublín se puede devolver a la persona al primer país en que fue registrada, algunas personas, si pasan muchos meses en un recurso de alojamiento a la espera de unos trámites administrativos, por mucho que estén dando clases de español y tengan las necesidades básicas cubiertas, es posible que piensen en moverse hacia otro país. Pónganse en su situación y es humanamente comprensible. ¿Desde la admisión a trámite cuánto tiempo podemos esperar que pase hasta que se resuelva el expediente y sean concedidos asilo? ¿Se concederá una situación humanitaria, será caso por caso o se hará trazo grueso por nacionalidad por ejemplo? Quizás la guerra acabe antes y muchos quieran volver a su país de origen. Algunas familias o personas, tal vez, decidan quedarse y reiniciar su vida en España, según les vaya. Algo de fraude puede intentarse, claro, si personas que se ven sometidas al sistema de asilo a fecha de hoy, ven que pueden obtener alguna aceleración en su situación con el sistema que se establezca para las crisis humanitaria, pues lo intentarán, cosa también humanamente comprensible.

La presión de la sociedad civil y que se produce en un periodo electoral es algo maravilloso. Habla muy bien de nosotros y nosotras. Es posible que por cómo se han resuelto situaciones similares antes, determinadas expectativas no queden cubiertas, ni de esa sociedad civil, ni de los propios refugiados y esto genere malos sentimientos. Promesas no cumplidas por un lado, sentimiento de ingratitud por otro. Ojalá que no, ha pasado más veces y sólo por eso cabe mencionarlo, por si esta vez fuéramos capaces de hacerlo mejor, siendo el reto mucho más complicado dado el volumen de personas. Es importante que quienes vengan tengan la información de lo que les espera muy clara y lo es tanto como que lo que les espera sea algo mejor que el actual sistema de asilo, con lo que el reto no es pequeño.

Las entidades sociales a cargo del sistema están insistiendo en que se debe utilizar la misma lógica que ya hoy existe y que implica todo un programa bien estructurado y por fases que cubre del 18 a 24 meses con distintas acciones y apoyos. Sistema que por otro lado goza de reconocimiento en los países de la UE. Ese podría ser el ideal pero sin las cuestiones derivadas de la situación administrativa y legal de las personas claras de antemano puede ser complicado implantarlo. Y dicha situación pasa no sólo por la atención psicosocial, la administración debe poner recursos pues es la única responsable de tramitar los miles de expedientes.

Deberíamos haber pensado antes en el sistema de asilo, es muy lento y burocrático para las pocas concesiones que finalmente se producen en España que es el país europeo que menos concede o casi en porcentaje de solicitudes. Ahora es tarde y parece que nos lo encontraremos todo de golpe, siendo el tiempo para pensar escaso. Se podría decir que bienvenida la situación y así espabilamos, pero como siempre, el problema es que detrás hay personas que pueden sufrir las consecuencias de nuestro desinterés común por este tema hasta ahora. Y si la experiencia no es gratificante y si la sociedad civil se desentiende pasados los calores iniciales, es posible que se dé todavía un paso atrás y empeoremos en España y en Europa la situación para los solicitantes de asilo. Ese riesgo existe sólo con ver la cantidad de personas y grupos que por todos lados, en los gobiernos también y sobre todo, se han mostrado a las claras contrarios a aceptar a otros en su territorio y lo rápido que encuentran argumentos con aparente lógica y pasan al siguiente si se les desmonta.

Selfies

Tal vez le pase a otras personas que, como es mi caso, llevamos muchos años trabajando sobre el tema de la inmigración; siento el fracaso de todo ese esfuerzo.

Hubo un momento en el que se pudo pensar que España había estado casi a la altura de lo que un anhelado mundo civilizado – que a la postre no lo es tanto- requería. Habíamos incorporado a unos 5 millones de personas en nuestra vida en muy pocos años y sin excesivos problemas. En ese momento mirabas atrás y pese a haber visto pobreza, marginación, explotación y racismo, el balance podías llegar a inclinarlo hacia el lado positivo, era posible decir con cierto orgullo que España lo había hecho bien.

Pero fue una ilusión. En cuanto apareció la crisis todas esas personas oscuras que mantenían latente su racismo y egoísmo mientras nos llenábamos las manos con el trabajo de los inmigrantes, reaparecieron con fuerza para convencer a la mayoría de que teníamos que retroceder muchos años en nuestros logros como sociedad. La retirada de la sanidad para las personas en situación irregular y sobre todo la escasa repulsa que tal medida tuvo, fue el punto más claro del fracaso. Estábamos exhaustos, asustados por la crisis, preocupados por la supervivencia cotidiana, mirábamos a ambos lados con desconfianza y nos dejamos llevar, arrastrando con esa inercia muchos de los logros anteriores.

La situación en nuestras fronteras con disparos al agua, vallas, concertinas, ahogados, refugiados sirios… se seguía produciendo, pero parece que habíamos perdido la fuerza para hacer sonrojar a nuestros representantes o los mismos sentían una legitimidad casi incuestionable. Hoy ya no tenemos casi energía para poner sobre la mesa el ridículo tan espantoso que estamos haciendo como parte de la UE con este tema, en el que, además, España no tiene apenas voz política ahora que ya no se trata sólo de pedir más medios sino de arrimar el hombro. Ridículo muy doloroso si contamos los muertos mientras hablamos de cuotas o dinero para luchar contra las mafias.

Los nuevos partidos tampoco prestaron mucha atención al tema, PODEMOS insistiendo sobre todo en los desmanes de la corrupción del sistema y CIUDADANOS incluso todavía hoy respaldando que las personas en situación irregular no tengan acceso a la sanidad. No es que se les pueda culpar del todo, la preocupación por la inmigración había desaparecido de la sociedad, llevábamos, por ejemplo, ya años sin usar la palabra integración que en un momento hasta fue objeto de debate y programas específicos. Éramos y me tienen que perdonar, nuevos ricos que no han meditado todavía sobre su responsabilidad y fuente de riqueza, a fin de cuentas sobre lo que tiene valor y lo que no.

Las próximas elecciones tampoco parece que vayan a ser aquellas en las que se plantee la importancia más allá del dinero de cómo vemos al otro como reflejo de lo que somos nosotros. Menos en este nuestro país en el que las elecciones más cercanas, las catalanas, algunos quieren todavía basarlas en los otros de allí malos y yo de aquí bueno, lo que a mi entender es seguir retrocediendo en la creación de un ser humano mejor. Y me podrán decir que el tema del nacionalismo independentista o españolista no tiene nada que ver con la inmigración, pero yo, como desde hace años, sigo creyendo que sí y mucho. Podría, desde luego, estar equivocado, pero pensemos que cada vez que estrechamos nuestra visión, pensamos que el dinero es un medio y no un fin, necesitamos desmerecer al otro, denigrarle en su condición humana… acabamos pensando en cómo limitar el acceso a algo o alguien, en poner una frontera o una valla. Si proliferan los selfies del ombligo de cada cual es porque no queremos vernos en el espejo del otro, creemos que somos tan autosuficientes como malo devolviendo imágenes al que encima deberíamos pedir ayuda para que nos haga la foto.

Merkel una y otra vez

Ha sido muy comentado el episodio de Merkel con la niña palestina en un programa de televisión. La niña cuenta su historia de 4 años de residencia en Alemania y sus sueños de estudiar en la universidad, pero le preocupa que su padre no tenga respuesta al asilo solicitado y que no pueda trabajar, así como la posibilidad de que se lo denieguen. Merkel le dice a la niña que no se puede dejar entrar a todo el mundo, la niña se pone a llorar y ella va a consolarla poniéndose algo borde con un comentario del presentador mientras lo hace.

Para algunas personas en España y en Europa la interpretación es que esta señora carece de la más mínima empatía. Para otras que es una gran dirigente porque no trata a la gente como niños, les dice la verdad aun cuando esta es dolorosa, aun dirigiéndose a niños.

Esta segunda interpretación, para mi gusto, carece de toda veracidad. La cuestión sobre la que contestar es que un procedimiento como el del asilo lleve 4 años sin respuesta ni favorable ni desfavorable. Esto es inhumano e ilegal. En ese tiempo tienes a una niña que en apariencia está integrada en la sociedad alemana, al menos habla alemán que es lo que se suele considerar una muestra de integración, pero unos padres que no saben si serán deportados en algún momento y que no han podido trabajar legalmente. Y la respuesta es algo así como que no se puede dejar pasar a todo el mundo. Pues menos mal, quizás Merkel esté llegando 4 años tarde.

A lo que debe dar respuesta es a si considera que saltarse toda la legislación internacional a la torera, permitir estas situaciones de indefensión que, además rozan el absurdo, le parece normal. Pero ella no, ella recurre a un argumento tan populista como que no se puede dejar pasar a todo el mundo, argumento que seguro hizo dar un salto de alegría a los más radicales de derechas en su país.

Y todavía escuchar que eso es una dirigente como tiene que ser porque no le dice a la gente lo de los Reyes Magos, me demuestra que existen al menos dos sensibilidades muy distintas entre europeos. El problema lo estás creando tú permitiendo que personas no tengan respuesta después de tanto tiempo en el que no saben qué será de su vida al día siguiente; esto es parecido a una tortura, no tenemos más que preguntárselo a quienes viven tal situación.

En el fondo subyace un argumento doble, por un lado que Europa y en este caso Alemania no puede acoger a más personas y por otro, para apuntalar el anterior, que realmente la situación por la que se produce la salida no la creamos nosotros que es también lo que le dice Merkel a la niña. Empezando por este segundo argumento habrá quien piense que desentenderse del papel histórico que Europa y en particular Alemania han jugado y juegan en la zona de conflicto a la que en particular nos referimos, es algo cínico. Desde luego, pensar que no se puede hacer más hoy por ayudar a solucionar los conflictos tampoco parece muy acertado.

Alemania ha ido aumentando el número de solicitudes de asilo que recibe desde las 27.000 en 2008 a las 202.000 de 2014. No llega a las 400.000 que se esgrime en algunos medios. Pedir asilo, sólo por recordarlo, es una cosa muy seria, no te levantas una mañana y dices “me apetece viajar a no sé donde, voy a pedir asilo”. Supone que existe una situación que te hace salir huyendo de tu país, temiendo, de manera general, por tu vida o la de tu familia. ¿Es mucho 200.000, es poco, se puede asumir? Desde luego indica que en el mundo hay muchos problemas y la gente pasa miedo y desde esa perspectiva es muchísimo. Pero también demuestra, una vez más, que el temible efecto llamada no es muy preciso, puesto que a medida que vas aumentando la dureza en tu país y Alemania es muy dura, resulta que te llegan más personas.

Decirle la verdad a la niña hubiera sido exponer todas estas cosas. Asumir que el procedimiento de asilo relega a la exclusión y a la indefensión a muchas personas, que en Europa hay racismo institucional y partidos políticos racistas que presionan sobre este tema y a los que habría que combatir. También que Europa tiene responsabilidad histórica en lo que ocurre y desde luego podría hacer más para incidir en soluciones si no estuviera centrada en otros temas. Asumir que esta niña y su familia pueden o no tener suerte, otras muchas personas no la tendrán, pero que, desde luego, mucho de suerte individual es, menos de ideas claras sobre lo que se quiere hacer frente a la situación. Decir que Alemania y Europa económicamente pueden hacer más de lo que hacen por los solicitantes de asilo ya en el territorio, puesto que es una decisión política que no se quiere tomar que, evidentemente, tiene un gasto asociado. Que el efecto llamada es una falacia, la guerra y la penuria son el efecto llamada. Claro que sí, es un problema complejo en el que la voluntad por resolverlo es baja y los intereses creados y distintos muchos mientras la gente sufre. Desde luego las respuestas simplistas no pueden ser consideradas como valientes o dignas de elogio porque se dice sólo una muy pequeña parte de la verdad; demostrar una mínima empatía por el sufrimiento humano, una mínima preocupación por el tema, por la niña y su familia podría haber sido hablar de todo esto.

En esta Europa y con estos dirigentes yo no.

La educación va por barrios

Va por barrios, pero resulta que a nadie se le escapa hablar de la recuperación económica. Entre sus defensores a ultranza y los que le ponen pegas, he escuchado un argumento de soslayo que me preocupa. Resulta que puede ser que los salarios sean bajos porque no existe suficiente gente cualificada o al menos que esto tiene su influencia. La lógica – me parece a mí – de este argumento, es que el sistema productivo busca una cualificación media que sea alta y se encuentra con un exceso de universitarios y universitarias y por el otro lado un exceso también de personas con una cualificación baja, la obligatoria.

Lo que no está del todo claro es que la otra cara de la moneda, la oferta de empleos, se pueda decir que realmente esté requiriendo mayor cualificación media. Nuestra especialización industrial se concentra en los servicios de bajo valor añadido y la parte de montaje industrial, no tanto en innovación y desarrollo.

Dicho lo cual, hablar del sistema educativo español por tradición es muy complicado. Una tradición habla constantemente de la cultura del esfuerzo y bajo la misma se encubre que con dinero para pagar la educación el esfuerzo puede ser menor. La otra se atasca en la igualdad de oportunidades por medio de la educación pero a veces parece que la mayor relevancia de esto está en la posibilidad de cambio de estrato social de los pocos que realmente pueden completar estudios hasta el final, es decir, que el hijo o la hija de familia obrera pueda cursar estudios universitarios. Pero si lo miramos bien, ambas posturas coinciden en que a mayor número de años de escolarización mayores oportunidades laborales a lo largo de la vida. Esta es la gran lucha, todos los padres quieren lo mismo para sus hijos, unos para mantener su estatus y otros para intentar salir de la exclusión y la pobreza.

Mientras tanto lo que parece incontestable es que cerca del 40% de los estudiantes de 15 o menos años ha repetido curso al menos una vez. A tenor de lo anterior no creo que esto pueda ser casual.

Desde luego es una barbaridad por muchos motivos. Uno y por seguir con la tendencia economicista de esta época, es que realmente eso es muy caro para el sistema educativo. Pero humanamente es también demoledor, incluso desde la perspectiva de la cultura del esfuerzo. Salvo excepciones, que te aparten a esa edad del curso evolutivo normal para los demás, suele significar que el horizonte es de bajo rendimiento académico y salida del mismo en cuanto sea posible. Resulta raro que por repetir contenidos estos se manejen mejor, lo cual no es necesariamente una paradoja, porque el problema no está en los contenidos. Salvo excepciones, los chicos y las chicas que repiten no se convierten en genios ni tampoco alumnos en la media después de repetir, suelen continuar rindiendo por debajo. Tampoco parece que mantener las repeticiones altas reporte beneficio alguno al sistema educativo, las notas del conjunto no mejoran, incluso hay quienes dicen que son bajas precisamente por los repetidores.

¿Por qué lo hacemos entonces? No beneficia al sistema educativo y no beneficia al estudiante, tampoco parece que lo haga al resto de la sociedad.

Según parece hay una relación cultural con este tema, es una tradición que, al menos en los países europeos, también va por barrios. Cuando existe tradición y alrededor se convive con la repetición, se incorpora dentro de los esquemas normales, es algo que el alumno sabe que está, incluso seguro que no pocas veces serán amenazados con esa posibilidad a lo largo de muchos cursos. Nuestro sistema cultural hace que sea posible repetir y por lo tanto normal, pues lo normal no es de por sí negativo o positivo, determina los límites del juego.

Al intentar explicarlo aparecen de nuevo dos lógicas. Una es que individualmente el nivel de estudios reporta beneficios económicos a la persona a lo largo de su vida y por eso la competición de tantos padres por los estudios de sus hijos; quieren que tengan el mejor futuro posible. Pero colectivamente el nivel de estudios determina el bienestar máximo que puede alcanzar un país. Y estas nuestras dos lógicas nos llevan a una competición de tirar de la cuerda con sólo un equipo a cada lado. El padre o la madre que quiere la mejor educación para su hijo y que respalda que se quite de en medio al mal estudiante para que no retrase al grupo, al momento siguiente puede formar equipo con el lado contrario de la cuerda y alegar que el nivel educativo general es bajo, lo que influye en la productividad y en que la gente no tiene la cabeza amueblada como para distinguir cuándo se les manipula desde la política y demás argumentos en esta línea.

La disputa entre el individualismo y el colectivismo es larga en nuestra historia, el fondo de muchas cuestiones. La única solución es mantener esa tensión constante y equilibrada, no permitir que ninguna de las dos lógicas domine y que choquen de manera razonada. La repetición de curso, a mi entender, es una inclinación hacia la postura individualista, colectivamente a nadie le va mejor con esa opción que tenemos tan arraigada. Individualmente unos ganan y otros pierden.

Pero además, de fondo hay un error mayor todavía. Esa lucha se establece sobre todo cuando los recursos son limitados o escasos, cuando hay que decidir cómo se reparten. Pero la educación no está en ese caso. El sistema educativo vale, habrá que decidir cómo gasto y cuánto y, como hemos visto, para beneficiar a quién. Pero el conocimiento no está sometido a esa limitación, es ilimitado. Es ilimitado colectivamente, individualmente ya sabemos que no se puede saber todo, colectivamente sí y sólo colectivamente y transversalmente a todas las generaciones humanas, el conocimiento se amplia y podrá seguir haciéndolo. Todo esto parte, claro, de la educación no como reparto de posición social, adoctrinamiento y demás, parte de considerar la educación como la vía de ampliar el conocimiento humano, independientemente del puesto de trabajo y los ingresos futuros. No obstante, parece que estamos lejos de considerarlo de esta forma, la educación sigue siendo un medio y no un fin, un medio individual y no un fin colectivo.

Cada vez que hablamos de adecuar los estudios a las necesidades del mercado, nos olvidamos el mercado que tenemos o quizás no y por eso se enseña ya antes de los 15 años cuál será la posición de cada cual en su vida. Debería ser el mercado el que se adaptara al estado del conocimiento en un momento dado y no al revés; una mayor acumulación de conocimientos de una sociedad tendría que ser la base del crecimiento sostenible, y empezando por hacer repetir sólo perpetuamos las desigualdades y el nivel bajo de conocimientos colectivo.

Innovación y caos en organizaciones

El pensamiento sistémico y la complejidad han ido ganando un pequeño -muy pequeño- terreno en el pensamiento sobre las organizaciones humanas. Cabe o a mí me gustaría pensarlo que una parte de dicho terreno se esté explorando por la creciente desde hace décadas apatía en la que tantas personas se ven dentro sus organizaciones laborales. Quizás, entonces, unos enfoques no lineales, distintos por tanto, podrían abrir posibilidades organizativas en esos entornos en los que pasamos tantas horas.

A diario, desde que trabajo, veo cómo personas envilecen y empeoran en sus organizaciones, se hacen peores por sus trabajos, retroceden en sus componentes humanos en vez de avanzar. Es la evolución al revés, mientras el cuerpo va perdiendo capacidades desde su esplendor juvenil, la mente y el espíritu se supone que los van ganando, pero no en este modelo de empleo, producción y relaciones determinadas por los anteriores y a que su vez los determinan, en el que estamos. Más al contrario, muchos cuerpos prolongan sus años de esplendor para resistir mejor los embates psicológicos del trabajo diario o simplemente porque una norma en determinados ámbitos es tener un cuerpo aparentemente juvenil, pero sólo por esos motivos.

Creer que es posible tener organizaciones que aprovechen y contribuyan al desarrollo de las personas que las forman, ambas cosas a la vez, sin necesariamente olvidar que el resultado de su trabajo es un bien para otros, parece una utopía, un error de enfoque. Muchas veces se dice que las personas no somos recursos como cualquier otro necesario para producir, somos el objeto, el objetivo y el sentido de cualquier actividad productiva humana, si bien Luhmann tal vez discrepara del enfoque. Pero da igual lo que se diga.

Total, que con esa ilusión, con la de que quizás algún nuevo conocimiento, teoría o aproximación podría ayudar a poner en práctica esa utopía en las organizaciones, topé de casualidad con el caos, con las teorías de la complejidad. El tema es, efectivamente, complejo, el texto que se adjunta es una aproximación al mismo con la incómoda sensación de -realmente- no tener nada claro y estar cometiendo muchos errores. Ni siquiera sabemos cómo aplicar correctamente los desarrollos en el campo de las ciencias físicas a las humanas, mucha gente desprecia ese intento y quizás no sea posible. Pero sólo la idea de que exista un mínima posibilidad de adoptar otro enfoque que nos ayude a explicar y por lo tanto modificar los entornos organizativos, merece la pena el ridículo.

La innovación parecía un punto de partida válido ahora que está tan de moda que todos y todas tenemos que ser innovadores e incluso nuestros propios innovadores mientras las organizaciones, las normas de juego y estructuras, permanecen inmutables. Es decir, a parte de las condiciones ya duras en las que trabajamos, ahora también tenemos que ser innovadores, y esto simplemente no parece posible. La clave no está en el individuo como pretenden hacernos creer o no sólo; el mismo posee creatividad e ilusión, capacidad innata de aprendizaje y curiosidad aunque ha aprendido a ocultar todo ello dentro de estructuras que sí podrían ser la clave de cualquier cambio que pretenda llegar a innovar. Y aquí siempre alguien salta y dice: pero las organizaciones las hacen individuos con lo que el cambio en un individuo puede provocar cambios en las mismas. Sí y no. Sí, si las estructuras están en un punto al borde del equilibrio, lo que es contrario a cualquier escuela sobre teoría de las organizaciones. Sí, si las organizaciones mantienen una tensión saludable con el entorno permitiendo cambiar sus estructuras hacia el interior y el exterior, auto organizarse. No si se blindan y dejan que todo vaya perdiendo energía dentro de sus límites normalmente cargados de personalismo que no liderazgo, y ego.

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