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Madre mía señor Albiol

Madre mía señor Albiol

Primero resulta que no opinar como usted es ser “buenista”. Y serlo, supongo, implica -no sé cómo hemos llegado a esto- ser malo. Este pretendido insulto es muy divertido, tendrá que reconocerlo, porque si ser buenista es defender la paz, la convivencia, la justicia social, la igualdad, por ejemplo, no le veo y no le podré ver la parte criticable. Quizás sería mejor utilizar el termino “malista” para aquellos que defendemos un mundo distinto al que usted defiende.

Señor Albiol, su Occidente es multicultural. Es una realidad contrastable y lógica, en él viven culturas, etnias, tradiciones lingüísticas y religiones muy distintas, dentro de cada estado político ya lo hacen, por lo que los estados políticos entre sí son multiculturales, es de sentido común ¿Entonces? ¿cuál es su crítica? ¿qué parte de esa realidad no le gusta? a lo mejor propone españolizar Occidente, no lo sé; de verdad, creer que existe o pretender la homogeneidad cultural es muy peligroso para la humanidad.

Pero entiendo que usted, para provocar a los buenistas, sólo está hablando de las minorías y en concreto de algunos inmigrantes. Pasemos por alto que la mayoría de inmigrantes en nuestro país son de su Occidente, no necesariamente pertenecientes a la cultura Albiolista, pero de Occidente. Y lleguemos a los que se puede suponer usted se refiere, unos cuantos, los menos, una minoría dentro de una minoría ¿Qué le hace pensar que las costumbres de estas personas puedan ser contrarias a los valores y leyes que tenemos en su Occidente? En qué se basa, primero, para afirmar que nuestras leyes son las mismas que, no sé, por ejemplo, las de Estados Unidos que supongo será parte de su Occidente. Lamento comunicarle que no es así, entre estados de Occidente se manejan leyes muy distintas que no podrían, sin más, permutar de uno a otro; es lo que tiene la cultura.

Y lo más complicado siempre, los valores, defina qué valores considera imprescindible tener para ser de Occidente. ¿Los suyos? Dado que entiendo que los valores de los “buenistas” no. Pues a lo mejor me tiene que expulsar a mí también de Occidente porque estoy seguro que no comparto muchos de los cuales usted considera fundamentales para ser un buen “occidentalista” a fecha de hoy.

Señor Albiol, reconozco su postura sobre la inmigración, una forma concreta de la misma, la de las minorías y dentro de las mismas unas más en concreto que otras. Mucha gente piensa como usted. Pero no nos venga con el rollo de la pluralidad ¿qué es eso? ¿a qué se refiere? Multiculturalidad no, aunque sea una realidad, pluralidad sí ¿de qué nos está hablando? Díganos, por ejemplo, cuantas personas tiene su partido y el resto, en el Parlamento Catalán o en el de España, pertenecientes a alguna minoría de esas que si no tuvieran los valores occidentales según usted tendrían que irse ¿A esa pluralidad se refiere? Si es así tiene fácil solución, lo de la multiculturalidad, aunque le pueda pesar, no.

Asimilacionismo

Resulta descorazonador escuchar, como el sábado escuchamos en La Sexta Noche, a personas como Jorge Verstrynge decir que hemos de adoptar el asimilacionismo y no la integración cuando pensamos en la inmigración.

Primero porque no se ha hecho otra cosa hasta el momento y el resultado es el que es. Segundo y no sé si más importante, porque parte de confundir los conceptos de manera peligrosa.

Asimilacionismo e integración no son antónimos. El objetivo es la integración, siempre, y para lograrla existen diferentes estrategias, una de las cuales es el asimilacionismo y otra, por ejemplo, la multiculturalidad. Hay más matices y estrategias combinadas, pero decir que es necesario acabar con la integración supone que ni asimilacionismo ni nada, no importa la estrategia que se use, simplemente no debe existir; es algo así como la pureza cultural, idiomática o genotípca o… algo que si alguna vez fue real en la historia de la humanidad hoy simplemente es impensable por imposible, salvo recurriendo a la violencia y la “limpieza étnica” o parecidos.

Dado que entiendo que Verstrynge no se estaba refiriendo a esto último, simplemente debió confundir los términos porque, es cierto, a la estrategia de la multiculturalidad, a veces, en las conversaciones cotidianas, nos referimos como estrategia de integración, puesto que la idea despierta cierto rechazo social. Pero esto es sintomático ¿por qué se debe tener complejo al hablar de multiculturalidad o intecurlturalidad? Pues precisamente por lo que estamos viendo estos días, tras el atentado, una mayoría de personas lo relacionan con la falta de integración. Según ellos y ellas la gente no quiere integrarse por no se sabe qué motivo, quizás algo genético que se lo impide, probablemente -piensen-su religión anti-integración, no que otros se lo dificulten, eso no, porque el que quiere se integra. Y para colmo, una serie de individuos flojos e ignorantes se lo permiten con sus ideas rojillas. El argumento cierra casi a la perfección, ya sólo queda repetirlo muchas veces. Pero la realidad es muy distinta y tozuda, el fracaso está en lo único que se ha intentado, lo que esas mismas personas duras, inteligentes, responsables y racionales defienden, el asimilacionismo como estrategia para la integración. Y aun así, el fracaso en las políticas de integración tiene infinita menos fuerza que las decisiones geopolíticas, no vaya a ser que alguien acabe culpando también de esto a la inmigración, cosa que, como chivo expiatorio habitual, algunos y algunas lo utilizarán como ya está ocurriendo. La culpa, toda, siempre es del otro y de la otra.

La estrategia asimilacionista parte de pensar que “ellos se deben acabar pareciendo a nosotros, ser como nosotros”. Ahora, no sé si alguien puede mostrar alguna política pública que no parta de esta idea de fondo. Han sido muy pocos documentos, quizás contados con los dedos de una mano y en la realidad, dado que mayoritariamente pensamos de manera asimilacionista, no se ha puesto en marcha nada desde otra perspectiva. La única diferencia ha estado en el tiempo que se estima se debe producir esa asimilación, el tiempo que se debe tardar en hablar el idioma o encontrar un trabajo, cosas así. Pues lamento recordar que idioma y trabajo ni siquiera son buenos predictores de integración, el racismo en una sociedad lo es más, y tener partidos políticos racistas, por ejemplo, influye de manera determinante.

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Sexo, drogas y una epidemia sin control

El día 10/11/2015 El Mundo publicó el artículo que copio. En los telediarios el tema de las drogas y el VIH reaparecieron con fuerza si bien, en buena medida, vinculados a las bacanales y los hombres que tiene sexo con hombres. Entiendo que son las estrategias vinculadas al Día Mundial del SIDA pero estoy, sin embargo, casi seguro que son un error en buena parte.

El artículo está cargado, para mi gusto, de una moral concreta sobre la sexualidad, la elección de las palabras, en especial del primer párrafo, creo que así lo demuestra. Pero acaba de forma muy sorprendente cuando el protagonista dice que no se siente orgulloso de haber tenido relaciones con muchas personas, cree más bien que es una falta de autoestima. Las ideas de autoestima y estigma creo que se usan mal en el lenguaje más cotidiano.

No deja de ser sorprendente que Ferran Pujol, codirector de BCN Checkpoint y según el artículo, diga “no se puede prevenir el VIH usando el condón.” No lo quiero sacar de contexto, el uso de los datos es más o menos correcto en el artículo, la interpretación de los mismos es lo que creo que falla un poco. Es verdad que podríamos enseñar una sexualidad distinta de la dominante, con alternativas para disfrutar de la sexualidad y que cada cual escoja y ello implicaría poder ir más allá del latex como única forma de protección. Lo cual no significa que ese escenario esté muy lejano en el mundo en el que vivimos y que no se pueda negar que el preservativo es la mejor herramienta que tenemos.

Con respecto a la presunta relación entre el uso de drogas y el sexo sin protección creo que habría que matizar e ir con cuidado. La relación no puede ser tan simple como uso drogas y no me protejo como el que pasaba por allí, eso sería trasladar a las drogas un poder que no tienen por encima del individuo. Que si alguien disfruta el sexo con drogas porque “duras más”, se te dilata el ano o la vagina, el sexo se vuelve más violento y eso le gusta, pues perfecto, pero sigue sin haber una relación directa entre la sustancia y el sexo, median tus preferencias es ideas, luego cabe pensar que es posible tomar medidas de protección en casi todos los casos porque, en principio, no deberías necesitar excusas para disfrutar de la sexualidad ¿o sí? ¿ y si lo que te va es el riesgo a secas? esto habría que estudiarlo, afirmar que lo que te va de una relación sexual es el riesgo de contraer VIH es mucho afirmar ¿no? en fin que son muchos lugares comunes por discutir todavía.

Selfies

Tal vez le pase a otras personas que, como es mi caso, llevamos muchos años trabajando sobre el tema de la inmigración; siento el fracaso de todo ese esfuerzo.

Hubo un momento en el que se pudo pensar que España había estado casi a la altura de lo que un anhelado mundo civilizado – que a la postre no lo es tanto- requería. Habíamos incorporado a unos 5 millones de personas en nuestra vida en muy pocos años y sin excesivos problemas. En ese momento mirabas atrás y pese a haber visto pobreza, marginación, explotación y racismo, el balance podías llegar a inclinarlo hacia el lado positivo, era posible decir con cierto orgullo que España lo había hecho bien.

Pero fue una ilusión. En cuanto apareció la crisis todas esas personas oscuras que mantenían latente su racismo y egoísmo mientras nos llenábamos las manos con el trabajo de los inmigrantes, reaparecieron con fuerza para convencer a la mayoría de que teníamos que retroceder muchos años en nuestros logros como sociedad. La retirada de la sanidad para las personas en situación irregular y sobre todo la escasa repulsa que tal medida tuvo, fue el punto más claro del fracaso. Estábamos exhaustos, asustados por la crisis, preocupados por la supervivencia cotidiana, mirábamos a ambos lados con desconfianza y nos dejamos llevar, arrastrando con esa inercia muchos de los logros anteriores.

La situación en nuestras fronteras con disparos al agua, vallas, concertinas, ahogados, refugiados sirios… se seguía produciendo, pero parece que habíamos perdido la fuerza para hacer sonrojar a nuestros representantes o los mismos sentían una legitimidad casi incuestionable. Hoy ya no tenemos casi energía para poner sobre la mesa el ridículo tan espantoso que estamos haciendo como parte de la UE con este tema, en el que, además, España no tiene apenas voz política ahora que ya no se trata sólo de pedir más medios sino de arrimar el hombro. Ridículo muy doloroso si contamos los muertos mientras hablamos de cuotas o dinero para luchar contra las mafias.

Los nuevos partidos tampoco prestaron mucha atención al tema, PODEMOS insistiendo sobre todo en los desmanes de la corrupción del sistema y CIUDADANOS incluso todavía hoy respaldando que las personas en situación irregular no tengan acceso a la sanidad. No es que se les pueda culpar del todo, la preocupación por la inmigración había desaparecido de la sociedad, llevábamos, por ejemplo, ya años sin usar la palabra integración que en un momento hasta fue objeto de debate y programas específicos. Éramos y me tienen que perdonar, nuevos ricos que no han meditado todavía sobre su responsabilidad y fuente de riqueza, a fin de cuentas sobre lo que tiene valor y lo que no.

Las próximas elecciones tampoco parece que vayan a ser aquellas en las que se plantee la importancia más allá del dinero de cómo vemos al otro como reflejo de lo que somos nosotros. Menos en este nuestro país en el que las elecciones más cercanas, las catalanas, algunos quieren todavía basarlas en los otros de allí malos y yo de aquí bueno, lo que a mi entender es seguir retrocediendo en la creación de un ser humano mejor. Y me podrán decir que el tema del nacionalismo independentista o españolista no tiene nada que ver con la inmigración, pero yo, como desde hace años, sigo creyendo que sí y mucho. Podría, desde luego, estar equivocado, pero pensemos que cada vez que estrechamos nuestra visión, pensamos que el dinero es un medio y no un fin, necesitamos desmerecer al otro, denigrarle en su condición humana… acabamos pensando en cómo limitar el acceso a algo o alguien, en poner una frontera o una valla. Si proliferan los selfies del ombligo de cada cual es porque no queremos vernos en el espejo del otro, creemos que somos tan autosuficientes como malo devolviendo imágenes al que encima deberíamos pedir ayuda para que nos haga la foto.