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Un pueblo italiano monta barricadas

La noticia fue que un pueblo italiano montó barricadas para no permitir que entraran al mismo 12 mujeres y 8 niños refugiados. El Mundo trata la misma de una manera bastante aséptica -es una noticia- relata lo ocurrido y ofrece información sobre cómo pasó y algunos datos generales. La cuestión es ver luego la cascada de opiniones en forma de comentarios.

Hemos cogido esos comentarios para analizarlos. Estos se podrán ver en la propia noticia y adjunto a esta entrada va un documento que, quitando todas las referencias, deja sólo el texto. Resulta interesante atender a algunas de las cosas que se dice, cómo se dice y, sobre todo, cómo se relacionan. El caso es que sobre prejuicios y racismo algo se ha estudiado, si bien que más sobre las formas que adoptan en otros lugares, por ejemplo EE.UU que le dedica esfuerzos notables, pero que no son necesariamente las mismas.

Para empezar, en los comentarios que ahora miramos, hay varias críticas a los medios; la primera alega que la noticia intenta colar juicios morales. Las personas del pueblo italiano en cuestión -nos dice-, en base a que pagan impuestos y cumplen la ley, están en su derecho al no querer a estas personas. De formas ligeramente distintas, esta argumentación se repite en varios de los comentarios; ya sabemos que contra la inmigración se utiliza que no pagan impuestos y que son delincuentes o terroristas. Es necesario decir que no se habla de inmigrantes en esta noticia, se habla de mujeres y niños refugiados. La distinción es importante en términos de las legislaciones y convenios distintos que llevan detrás cada una de las palabras, pero más importante aún es entender la necesidad de eliminar esas diferencias.

Era de esperar o más bien deseable que la crisis de refugiados en Europa ayudara a entender mejor esta figura y al hacerlo despertara menos antipatías, pero no ha ocurrido del todo. Era de esperar porque se tiende a atribuir menos responsabilidad a quien es perseguido y sufre violencia que a quien decide voluntariamente irse a otro país. Esta discusión entre las figuras de inmigración y asilo puede ser larga, y no es tan sencilla, pero ahora sólo nos interesa recalcar que suele ser más fácil sentirse cerca de quien tiene una enfermedad desde su nacimiento y por lo tanto no tiene culpa que de quien se piensa que se la causa, como el estudio de las atribuciones sobre las adiciones o el VIH, por ejemplo, demuestran.

¿Por qué se empeñan los medios en meternos el tema de la inmigración con calzador? ¿Por qué juzgar la forma de actuar de las personas, que nos guste o no están en su derecho de reaccionar como deseen? Están en sus casas, sus pueblos, sus ciudades. Pagan sus impuestos y cumplen con la ley. ¿Por qué acoger tiene que ser una obligación y no un derecho de los habitantes del país receptor? Qué manera de crispar una y otra vez, y un día tras otro, y desde hace meses. Me pregunto qué ganan los medios montando toda esta algarabía y juicios morales.

Es llamativa la insinuación de manipulación de los medios puesto que en este caso la noticia es, a nuestro juicio y de nuevo, bastante neutra. Otro de los comentarios recalca que ya era hora de que se dijera algo negativo de Italia dado que parecía que era el gran país favorable y respetuoso de la inmigración. A nada que ves la prensa, no obstante, te das cuenta que Italia acumula toda una serie de noticias sobre acontecimientos racistas bastante amplia.

Es importante el rechazo a ser juzgados que aparece en estas palabras. No pocas de las estrategias para eliminar prejuicios y racismo pasan por la presión social bajo la idea de que si se sancionan determinadas expresiones públicas esto supondrá, en primer lugar, una inhibición por miedo al rechazo o la sanción ya sea esta legal o social y, a la postre, se acabará interiorizando, llegando a cambiar el contenido de fondo que mueve la expresión de prejuicios y racismo. Hasta cierto punto cabe pensar que la estrategia funciona pues del comentario se desprende ese rechazo a ser juzgados y por lo tanto que cierta presión se siente, aunque se resiste. Los grupos sociales o las personas dentro de los mismos que se consideran mayoritarios, grandes o importantes, tienen más capacidad de resistir la categorización. En los comentarios se puede ver la necesidad de determinar que se habla desde una posición mayoritaria y si es posible que representa al auténtico pueblo llano.

Hay bastantes palabras dedicadas a clarificar la Historia, esto también suele ser habitual. Lo que se discute es para determinar si la inmigración española fue más ordenada, mejor que la que hoy acontece. El intento es por justificar que tratemos a las personas como antes nos trataron otros o no porque no es lo mismo aquella inmigración que esta. Pero de nuevo no se ajusta al tema de los refugiados de la noticia que, en principio, tienen un estatuto legal y son reubicados o reasentados, es decir, existe un alto grado de orden en su llegada.

Vaya. Hasta ahora los medios solo nos contaban lo solidaria que era Italia con los presuntos refugiados, lo guays que eran sus politicos y lo concienciados que eran sus oenejetas… pero mira tu por donde parece que alli pasa como aqui. Que la minoria buenista de politicos, oenejetas y artistas repite una y otra vez el “güelcome refuchís”. Pero la mayoria de a pie ya esta mas que harta de que con sus impuestos se subvencione esta imigracion masiva y descontrolada de origen mahometano imposible de integrar.

En este comentario sí que hay algo de conciencia sobre la distinción entre inmigrante y refugiado que se soluciona con la expresión “presuntos refugiados”. Ello está muy posiblemente relacionado con las noticias que alertaban ante la posibilidad de que entre los refugiados hubiera yihadistas. En los recientes atentados en Europa, algunas veces han aparecido como culpables, refugiados. Es interesante ver el agrado con el que se muestra que allí -en Italia- pasa como aquí, se sobre entiende que existe mucho rechazo, y se expresa a modo de consuelo o como por sentirse acompañado.

Los impuestos aparecen ligados a las subvenciones a una inmigración masiva y descontrolada, estando detrás políticos buenistas (que son los menos según uno de los comentarios reconoce) y oenejetas. Los apellidos de la inmigración, en este caso masiva y descontrolada, son recurrentes –siempre- es una estrategia discursiva. Vincular asilo e inmigración es sencillo y útil dada la ya larga lista de discursos negativos construidos sobre la segunda.

La idea de buenismo está presente en varios de los comentarios (2) ligada a progres y utopías. En realidad todo este conjunto de expresiones se une a la idea de generar un sentimiento de pena, -lacrimógeno- por estas personas, sentimiento que se rechaza o se califica de estrategia. Es humanamente complicado no sentirse conmovido ante determinadas crudezas por lo que para construir una argumentación se utiliza desde el rechazo a esa estrategia lacrimógena por manipuladora, hasta la innecesaria insistencia en mostrar el tema en los medios. Llevado al extremo, este argumento sería contrario al de la insensibilización por lo terriblemente insoportable que nos transmiten los medios, es decir que miramos sin ver o sentir el telediario, como a veces se argumenta, y pasaría a una petición del público para que determinadas cosas desagradables no aparecieran y así evitar el esfuerzo de encontrar argumentos para aliviarme al conocerlas.

Utopía y buenismo suelen referirse al a) argumento de puertas abiertas y b) no existen medios económicos para hacerse cargo de todo lo malo del mundo. Este “bastante tengo con lo mío” y “aunque queramos no llega para todos” es una máxima inexorable.

Los políticos que nos roban también juegan su papel puesto que en realidad llevan sus vidas en una burbuja, ejemplificada con los colegios privados a los que asisten sus hijos, y no sufren las consecuencias de la inmigración a diario; para ellos es fácil ser buenistas. No importa si es cierto o cuántos hijos de políticos van a colegios privados, menos que los políticos buenistas sean pocos y si estos llevan o no a sus hijos a estos colegios.

En el caso de un comentarista, resulta que ninguno de los partidos con representación parlamentaria podría llegar a solucionar esto y recomienda otros fuera de la representación parlamentaria en el momento, culpando indirectamente a la responsabilidad en el voto de cada cual, de la situación. Otro utiliza las palabras de un pensador de utra izquierda que al parecer así se manifiesta, para justificar que la permisividad con la inmigración acabará decantando el voto hacia el populismo anti inmigración y -cabe suponer- que de utra derecha. Resulta paradójico que si se hace algo distinto a rechazar se acabará rechazando, incluso será peor. La mención a Donald Trump en uno de los comentarios refiriéndose a él como el único que es capaz de resistirse al sistema y por lo cual es castigado por los medios, va en este sentido.

Pero la puerta nunca queda cerrada del todo, se argumenta también que los de aquí ya padecen suficiente y que si eso se llegara a solucionar y sobrara, entonces se podría atender a los demás. Es este un argumento de control, para cuando todo lo demás falla en aliviar – de nuevo – la tensión que se supone uno siente por no preocuparse por los demás; no es así -se plantea- me preocupo por los que están mal, cerca de mi, no soy mala persona. La cuestión en este caso es que las cosas con los de cerca nunca han estado ni estarán bien, nuestros pobrecitos siempre servirán para justificar el no a los otros pobrecitos. Este argumento, llevado también al extremo, expone la necesidad de tener personas cerca que no estén bien, de nuevo para justificarme. Lo paradójico está en que si las personas que están cerca de mi son inmigrantes o refugiados ya no sabemos a qué atenernos, están cerca luego deberían merecer mi atención, entonces es mejor que estén lejos, pero… y si ya están aquí, a las puertas de mi pueblo ¿cómo justifico que no entren?

si usted quiere acojer a alguien me parece muy bien, pero hagalo con su dinero, no con el de todos, y ya de paso firme un aval para que usted con su patrimonio pague las indemnizaciones de los posibles delitos de esos “refugiados” seguro que como usted cree que son buena gente y no delinquiran, no dudara en firmar que usted paga todo lo que ellos causen, lo centrario seria ser generoso con dinero ajeno, hasta ahora no he visto a un proge rascarse el bolsillo para pagar lo que los “pobrecitos refugiados” destrozan ni pagar las indemnizaciones por sus delitos

Es perfectamente comprensible que si alguien es tildado de racista busque estrategias para contra argumentar que no lo es. El racismo liga, en gran parte del imaginario colectivo, directamente con ser mala persona y estar dispuesto a acciones negativas contra otros, y poca gente quiere asumir esto de su persona. Una solución menos deseable es que la persona acepte tal calificación y ya no tenga frenos, ni siquiera gaste energías en intentar construir argumentos, y algún ejemplo hay en estas líneas.

si no os gusta que nos invadan no votéis a los partidos que se consideran demócratas , hay que votar a españa 2000 , a democracia nacional o en el menor de los casos a vox . europa tiene previsto que para antes del año 2050 llegue a españa 12 millones de inmigrantes . así que ya sabéis si al brexit no a europa y todo mi apoyo a donald trump que esta siendo bombardeado por todos los medios para que el sistema no cambie

También es comprensible que ante realidades muy duras por injustas, la tensión emocional ayude a la construcción de todo tipo de barreras que la alivien, aunque estas contribuyan a agravar las situaciones que provocan la ansiedad inicial. Este agravamiento no se produce en el momento de alivio, la consecuencia no es inmediata, es a medio y largo plazo con lo que resulta más complicado asociar causa (mi construcción discursiva) y consecuencia (la situación del otro que me provoca). El rechazo a los refugiados es un callejón sin salida puesto que sólo causa la necesidad de seguir profundizando en el discurso del rechazo, no varía la situación.

Al progre de turno: no vas a conseguir que me sienta mal por no hacerme cargo de la parte que me quieres endosar de tu berenjenal utópico-buenista. A mi no me sobra un duro y lo que tengo lo necesito para los míos. A ti si te sobra, no entiendo como permites que en el cajero de tu barrio haya un sintecho durmiendo. ¿Acaso es más “guay” un refugee? No voy a comprometer mi seguridad ni la de los míos porque un trasnochado enajenado progre patalee sus arengas lacrimogenas. Hay que hacerse refractario a esa irradiación buenista.

Lo normal entonces, es dirigirse a los frenos discursivos y las personas o grupos que se considera los sostienen. Para rechazar o excluir al otro humano ya sabemos que es frecuente recurrir a su progresiva deshumanización, ello alivia la tensión interna. Y que esto salte también a las personas que tienen un discurso distinto es previsible, incluso en una ocasión se menciona a los artistas. No obstante, en las líneas de arriba se juntan todos los palos, el argumento racionalista de la falta de recursos, la necesidad de atender lo cercano si es que atiendo algo, el ataque a los otros por comprometer mi seguridad y el ataque a los que piensan de otra manera haciéndoles responsables de cualquier cosa que pase en el futuro. El insulto “buenista” nos parece desde estas lineas siempre digno de atención, es una maravillosa construcción social, tanto como peligro encierra desde el momento en que “ser bueno” es malo.

Las cuatro grandes lineas discursivas (no hay dinero, lo poco que tenemos para los de aquí, los otros son peligrosos o gorrones y sus defensores inconscientes) presentan un compacto equilibrio. Parece que hace daño la parte emocional de cualquier argumentación contraria, aquella que muestra el sin sentido humano al que nos enfrentamos y el dolor que causa. Y las cuatro ideas se mueven rápido para aliviar esa tensión. Atacar a los políticos o a los medios son recursos útiles, si bien que estos son también usados por las personas que opinan lo contrario, son recursos socialmente compartidos.

La cuestión es que el equilibro de este bloque de ideas no está en el centro con respecto a su opuesto, ocupa una posición de mayor influencia y a veces encuentra o busca refugio en que son muchos los que piensan igual, aunque estén callados. La inacción, por ejemplo, de la UE, se podría pensar que se debe a que unos discursos y otros están estancados, quietos, en equilibrio. Pero sabemos que no es cierto, la amenaza por un futuro con más votos a partidos de utra derecha no sólo aparece en los comentarios, es pieza clave del escenario. Cualquier buenista efectivamente tiene más miedo a esta posibilidad que a cualquier otra circunstancia. Esta amenaza no forma parte del núcleo central de las ideas y es utilizada por -digamos- los dos bloques discursivos, es otra idea satélite, socialmente compartida.

Al compacto bloque de ideas anti asilo-inmigración le resulta muy rentable el bloque de ideas socialmente compartidas. De tal forma, la manipulación de los medios, la negatividad hacia los políticos y la amenaza de radicalización del voto hacia la derecha, es posible que sirvan más a conservar su estabilidad como bloque que a lo contrario. En el plano de los discursos opuestos, no parece que por cada uno anti inmigración-asilo se esgrima otro con suficiente contundencia que lo contrarreste y, además, al compartir el resto aunque sea con intenciones distintas, estos juegan a favor de justificar el rechazo. Entre buenismo y racismo -podríamos decir- que en el plano discursivo es posible que siga ganando este último.

Te tolero lo de xenófobo porque a la vista de tu comentario no sabes lo que significa. Estoy a favor de la emigración cuando el pais receptor necesita de mano de obra. Estoy en contra de que una persona tenga que avandonar su pais por necesidad. Estoy en contra de que un pais deba recibir emigrantes que no necesita por lo problemas que conlleva. Como ves, el único xenófobo aquí eres tú que denigras a los italianos por defender sus derechos; que denigras a los españoles por defender a los españoles. La gente como tú es solidaria con el dinero de los demás, eso es robar. Deduce lo que eres.

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Convención del Tercer Sector

El día 25 de octubre de 2016 se celebró la Convención del Tercer Sector. A mí me parece una anomalía que en la mesa de presentación estuviera sentada la Fundación La Caixa, lo siento. Al parecer patrocinó una parte del evento y no es menos cierto que progresivamente el sector tiene más y más financiación para proyectos de dicha entidad, mucha financiación.

Ante esta situación es posible tomar varias posiciones; para algunas entidades La Caixa es un financiador privado más, para otras, recibir dinero de un banco -ni más ni menos y con la que está cayendo- es pervertir su esencia, y entre medias todos los matices que se quiera.

Lo cierto es que no es un financiador privado al uso, no sólo por el volumen de dinero que pone, sino porque tiene sus propias condiciones sobre todo a la hora de justificar la acción, es decir, pide indicadores de rendimiento. También pone condiciones a la contratación y dedicación del personal para sus proyectos. Aquí se plantea la discusión sobre si las entidades que hacen la intervención y saben de ello, se deben plegar y adaptar su metodología al que paga como si de dinero público se tratara o si, por el contrario, está justificado vigilar la inversión de cada cual y, dado que pagas, pones condiciones. Para mí es una anomalía, si quieres poner dinero en acción social de manera privada, lo pones en la causa y con las premisas de quien lo está haciendo, te adhieres a su causa por así decirlo, siendo legítimo que te preocupes por tu imagen y demás cuestiones, pero no tanto condicionar a la entidad.

El Tercer Sector tiene un grave problema de financiación y es complicado cuestionar que se pliegue a exigencias de quien paga. Las muy diversas organizaciones deciden en función de sus necesidades, pero claro, el problema es que esto no sea objeto de debate. En el caso de las entidades que se presentan a concursos públicos sí existe ese debate, se discute acaloradamente si son entidades prestadoras de servicios y si eso debe ser el sector o no. Al final cada una hace lo que estima, si bien se discute. Pero no se escuchó una discusión similar sobre el modelo de La Caixa en la Convención aunque es cierto que en los pasillos internos del sector sí se habla a veces. La cuestión sin embargo es que no estuvo, dicha entidad financiera, como invitada sin más, estuvo como ponente en la mesa de apertura lo que, -simbólicamente- es muy representativo si es un gesto que viene de La Plataforma del Tercer Sector que por otro lado se vanagloria de hacer un trabajo muy fino respetando la sensibilidad de los muchos tipos de entidades que existen.

El caso es que a esta alturas El Tercer Sector ya debería estar acostumbrado a tener problemas de financiación, no es algo consecuencia sólo de esta infinita crisis. En parte por ello justifica los bajos sueldos de media que paga con respecto a otros sectores aunque se queje también de que no consigue atraer talento. Y esta es otra discusión interesante, talento tiene y mucho, lo que cuesta más es retenerlo y eso no se basa sólo en el sueldo, se debe, sobre todo a a) incoherencias internas a las organizaciones graves y b) mala gestión de las personas. Muchas son las personas que estudian queriendo trabajar en el sector o que al menos lo tienen como posibilidad, por ejemplo, pero muchas son también las que son rechazadas por el mismo debido, principalmente, a estas dos cuestiones señaladas. Es decir, personas con talento estarían dispuestas a cobrar menos -dado que ya saben de antemano que así será- que en otro tipo de trabajo, si se tuviera un mínimo de cuidado a esos dos factores. Lo de La Caixa es un ejemplo de incoherencia que afecta a muchas personas con talento, y sobre la mala gestión interna en muchas organizaciones tampoco se habla con franqueza en foros como el que invita a estas líneas. Está bien y es necesario hablar de la situación política, de todos los factores externos a las entidades, es primordial, pero a veces falta que desde una plataforma se diga a las entidades que por el bien del sector también hay que cuidar factores internos. Me atrevería a añadir que porque no se hace, el sector sigue lastrado, teniendo que hacer la pelota más de lo necesario a bancos y administraciones. No todo es una cuestión de dinero, quizás también se debería replantear el concepto de interlocución (con los pagadores) y volver a usar el de crítica social, y el dinero aparecía. Y si no lo hace, habrá merecido la pena.

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Lo menos malo

Resulta que se producirá un debate de investidura, un partido dará su no y a las pocas horas se abstendrá; más o menos. De tal forma ya hay una decisión tomada, ya se conoce el resultado desde que ese partido expulsó a su líder y todavía se sigue perdiendo el tiempo. Y entonces me encontré con estas palabras.

Los políticos dicen que debaten horas perdiendo el tiempo en cosas que ya están decididas. No escuchan a la gente. Tienen prisa porque deben rendir, poder tener poder y tener dinero. Eso es todo lo que les importa: son animales salvajes. Dispersos, distraídos. No estudian nada.

En ese mismo texto de José Manuel Orozco y que hace una interpretación de los libros del filósofo Byung – Chul Han, también aparece una interesante reflexión sobre la innovación. Esta puede perfectamente partir del aburrimiento, de hacer y ver siempre lo mismo.

Empero, no todo aburrimiento es malo. En realidad, alguien puede aburrirse de caminar y caminar, y posiblemente después de un tiempo se preocupe por cambiar su forma de caminar. Se puede tornar innovador. Es decir, contempla con aburrimiento, fijamente, una serie de acciones y las modifica. Pero el que está disperso no contempla, pasa de una acción a otra con torpeza. No innova nada. (ver en su contexto)

Con nada que hayas vivido unos pocos años te darás cuenta que ya antes se ha hablado de cambiar la ley electoral, de que las pensiones no llegarán, del envejecimiento previsto y la baja natalidad, de los independentismos, por supuesto del paro y sus soluciones -ya las has escuchado antes-. También de corrupción y de cómo solucionarla, por supuesto de la independencia de los poderes, de reformar la educación con un gran pacto aunque puede que lo políticos no estudien, de recortes de lo público, de la desunión de la izquierda y el grupito unido de la derecha, de la libertad de conciencia o la disciplina de partido, de la Transición o de la República, de la desafección política… en serio qué aburrimiento.

Es difícil saber si los políticos se están ya aburriendo también y buscarán alguna fórmula distinta, tal vez deberían buscar alguna consultoría de gestión del cambio que está tan de moda, pues el resto de la sociedad va en camino. Lo que sí se puede decir es que cuando te venden una solución como la menos mala, al final todos y todas perdemos, también los propios partidos políticos. Lo mismo ocurre cuando votas al partido que consideras el menos malo, lo haces peor. Igual si sostenemos que la democracia es el menos malo de los sistemas conocidos. ¿En qué otras circunstancias de la vida queremos optar por lo menos malo?

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¿Qué hemos aprendido?

Si escuchamos en una organización española, a un presidente o alguien con mucha responsabilidad diciendo en público cosas como somos los mejores en esto o los que más tenemos en aquello, por norma general debemos permanecer atentos y atentas. Puede ser hasta cierto, con datos objetivos en la mano, y la cuestión no es tanto si esos son los datos adecuados para medir la afirmación cuanto si sólo son buenos en una cosa y permanecen descuidados otro montón de aspectos.

Conocí una organización que era la que más presupuesto de España y quizás de Europa manejaba para el desarrollo de algunos de sus proyectos. Esto era casi cierto cuando lo decían. Lo que no decían tanto era que en ese sector apenas había competencia, pero sobre todo que los conflictos internos eran muchos y el clima malísimo. Acumulaban denuncias por motivos laborales y sus redes sociales estaban plagadas de comentarios negativos por los servicios que ofrecían y por la contradicción entre su misión y el trato a los trabajadores y trabajadoras. A nadie se le escapa que no tener a penas competencia y por lo tanto mucha solvencia económica es un buen motivo para hacer mejor las cosas, sobre todo porque puede que algún día la tengas y con muy poco perderás todo tu mercado.

Ser el mejor puede ser un objetivo muy legítimo, en principio digamos que todas las organizaciones deberían aspirar a ello, la cuestión es cómo defines ese “ser el mejor”. Serlo en un único aspecto, por ejemplo el volumen de negocios, quizás no sea suficiente y se deba medir por lo completa y compleja que es tu organización. Ser mejor puede referirse a no ser el que más destaca en un aspecto sino al que lo hace -cabe que no con tanta brillantez – en muchos a la vez. Una organización así en realidad es más fuerte, está más preparada para cualquier adversidad, pero también para introducir cambios e innovaciones.

Según ha ido evolucionando la crisis que empezó en 2007, cada vez es más frecuente escuchar organizaciones diciendo que se han desviado de su misión y que ese es su principal problema. En consecuencia se afanan en volver a la misma, en dejar de tener como único objetivo ingresar dinero, siendo lo normal que ya hayan intentado la vía de la innovación antes; a fin de cuentas está de moda. La lógica que muchas de estas organizaciones han seguido al ver que el negocio desaparecía, que cada vez era menor la posibilidad de tener el margen de beneficios deseado, ha sido empezar por la reducción de costes laborales y la innovación más o menos en paralelo. Esta doble estrategia ya sabemos que no funciona, por motivos obvios, es raro, pero las personas piensan peor cuando tienen miedo. Lo que trasladaban era “la cosa está fatal, el futuro es muy negro, tenemos que pensar (innovar) cómo atraer dinero”. A veces se adornaba de la dañina frase “la crisis es una oportunidad”. Entonces se hacían recortes, aumentaba la presión interna y se decía que había que pensar cómo recaudar para evitar todo aquello.

El problema fundamental es que no vieron que ya no había sitio conocido al que volver, el sistema se ha descompensado, muchas de las relaciones y reglas conocidas ya no están y la inestabilidad en busca de un nuevo equilibro es patente todo a nuestro alrededor.

“El problema no es adoptar un nuevo modelo mental sino deshacerse del antiguo”.
DEE HOOK (diseñador del sistema VISA)

Desde luego hay muchas inercias y seguirán estando por tiempo, lo cual permite que no pocos vean la luz al final del túnel después de haber sobrevivido a estos años. Se escucha menos decir que la crisis les sorprendió poco preparados, con escaso desarrollo interno en esto o aquello que hubiera ayudado a superarla. Es sorprendente mirar a muchas organizaciones y ver que los problemas que ya se planteaban antes de la crisis son los mismos que siguen teniendo, es decir, pensar que esta ha servido de acicate para afrontarlos y resolverlos no concuerda siempre con la experiencia. Muchas han tenido cambios sí, algunos muy dolorosos, pero siguen con los mismos problemas de fondo y lo peor es que ya ni siquiera sirven para afrontar el nuevo escenario. La crisis tampoco les planteó la opción de hacer ese trabajo que tanto hubiera ayudado, en realidad parece que ningún momento es bueno para el mismo, ni la bonanza, ni la crisis y esa es la clave del asunto. Empresas y organizaciones, al igual que la política, lo más frecuente es que sean cortoplacistas, miran al siguiente trimestre. No se suele ser consciente de que se está en un periodo de bonanza, sólo que se está en crisis.

Lo cierto es que el futuro a largo plazo es bastante impredecible, por muchos planes estratégicos que se quieran hacer, estos no dominan a aquel. Lo único que podemos saber con cierta certeza es que el desarrollo interno de una organización es la mejor inversión de cara al futuro, sea este el que sea que venga. Pero no, no es lo habitual, a mayor inestabilidad del entorno mayor atención también al mismo y a menor inestabilidad también. Nuestra organización puede influir en el entorno o aprovecharse del mismo, pero mucho más puede influir internamente y siempre, cosa que, quizás por obvia, nunca aparece lo suficientemente encima de las mesas de las grandes decisiones organizativas, salvada la excepción de cuando es para recortar gastos o producir más.

Podría parecer que de lo dicho se desprende la idea de tierra quemada, empezar de cero o una visión apocalíptica; tal vez una visión negativa de las organizaciones en general. No es cierto, el futuro se construye sobre el pasado y da igual que hagamos juicios sobre si el pasado fue bueno o malo, el caso es que sabemos que no volverá (nunca lo hace por definición) y todos y todas coincidimos en que queremos un futuro mejor. Y sobre lo que es un futuro mejor también existe un acuerdo social más o menos amplio, una idea del mismo compartida. Pero si hacemos caso a la filosofía oriental, el tiempo se mide en lecciones aprendidas no en días, meses y años. ¿Qué hemos aprendido? A tenor de que pocas organizaciones se vuelven hacia dentro, aumenta la presión sobre la personas, se amplía la brecha laboral, se vuelve al miedo para gestionar cada vez con un poco más de fuerza y se utilizan técnicas y pensamientos ya superados, poco hemos aprendido.

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Crowdfunding

http://elpais.com/elpais/2016/09/02/opinion/1472819102_427681.html

Al parecer, a Julio Llamazares le molesta que le pidan por medio del crowdfunding. Acaba de ello extrayendo la conclusión de que sería más lógico que el Estado se hiciera cargo: “La cuestión es si la caridad del prójimo ha de sustituir al Estado, el responsable de poner los medios para que cualquiera con capacidad pueda desarrollar sus ideas, consiguiendo así el efecto perverso de que delegue cada vez más en la sociedad sus obligaciones, como ya sucede con las ONGs”.

Un primer tema que me parece interesante es el de la caridad. Este concepto aparece ligado a varias religiones (el islam también) y supone algo así como una obligación moral frente a personas con menos suerte en la vida. Un Estado (que hoy se pueda considerar como tal) no se basa en ese principio pues debe garantizar la libertad e igualdad. Así dicho parece muy sencillo, pero esas dos grandes palabras no están exentas de mucha discusión, tanta que de su definición se habla todos los días en la política. Y es que resulta cierto que las estructuras en las que vivimos coaccionan más a unos que otros y no siempre se puede entender como cuestión de mala suerte o unas malas decisiones que unas personas tengan peores condiciones que otras. La caridad tiene poco que ver con ello aunque lo diga Delibes (citado en el artículo). Esto es lo que suele hacer que nos invada un sentimiento de culpa cuando nos piden, la certeza -en el fondo- de que el mundo no es justo.

Pero salvo por ese nuestro problema con la culpa, pedir es una forma de relación básica entre humanos, nuestro jefe nos pide todos los días, nuestros compañeros, los hijos, los amantes, los amigos… nosotros pedimos constantemente ayuda a un dependiente, el pan… La cosa es tan así que existe formación específica dentro de los llamados soft skills que sólo buscan enseñar cómo se pide y cómo se dice no. Vale, a Julio Llamazares tampoco le gusta el uso de palabras inglesas para dar porte a conceptos que en español suenan menos egregios, al crowdfunding le llama el sablazo de toda la vida, por ejemplo. Pero ya me dirán qué termino utilizamos para las habilidades de pedir y decir no, algunos las incluyen dentro del más amplio habilidades sociales. Eso sí, conviene recordar, que todos y todas estamos más cómodos en la posición de dar que en la de pedir, es algo curiosamente mayoritario que nos guste más ser útiles a los demás que dependientes.

Al final también resulta molesto que cada vez que se habla de la caridad y el Estado aparezcan, como el que pasaba por allí, las ONG. Cuando una empresa se presenta a un concurso público para realizar una obra, la del AVE, por ejemplo, nadie piensa en la caridad. Cuando se subvenciona a cualquier sector de actividad, el automovilístico por ejemplo, tampoco. Por qué razón si se habla del prójimo, lo social o como queramos llamarlo, se cuestiona que el Estado delegue -pagando- en las ONG. Es cierto que no pocos piensan que la provisión de servicios sociales la debe asumir el Estado. No lo es menos que otros y por el contrario, creen que se debe privatizar al máximo todo aquello que hace hoy el Estado y dejar este al mínimo. Sin embargo, cuando unos y otros rascan poder no siempre hacen lo que piensan y los primeros siguen subcontratando servicios a las ONG porque son más baratas y los otros asumen nuevos servicios porque algo tienen que hacer cuando gobiernan que no sea sólo desmantelar los recursos que les pueden dar votos; esa es la práctica real de la política.

Y en todo este vaivén las ONG ya no saben a qué atenerse. Algunas están cómodas en la caridad y se lo pueden permitir, otras no quieren tener dinero público ni de empresas para mantenerse independientes. Las más, combinan la búsqueda de dinero privado donde el crowdfundig es sólo un método, con dinero de subvenciones y a veces contratos de servicios. También buscan dinero de fundaciones que controlan bancos y son reticentes a pagar impuestos. Además está toda la estrategia de captación de socios y parecidos, bien en la calle o de cualquier otra forma; creo que si miráramos bien el número de empleos más demandados, este de la captación de fondos para ONG sería de los primeros, vayan a los buscadores de empleo y vean. En estos tiempos, las ONG que no han cerrado emplean ingentes recursos en conseguir financiarse en detrimento -muchas veces- de su actividad que, se crea o no, es útil para la sociedad.

Claro, al final volvemos siempre al mismo punto ¿qué modelo de Estado queremos? Durante mucho tiempo las ONG en España fueron consideradas o auto consideradas socias de la acción del Estado y recibían dinero por ello. En nuestro modelo mediterráneo de Estado de bienestar era perfectamente compatible y se argumentaba además que estas organizaciones no sólo prestaban servicios necesarios y especializados sino que además -aunque se decía menos- servían de colchón para apaciguar una parte del conflicto social. A cambio de dinero para prestar servicios, no pocas no movilizaban a una parte de la sociedad y protestaban, proponiendo cosas o denunciando injusticias, pero en bajito.

La crisis, como sabemos, cambió todas las normas de juego. A las ONG les pasaron por la derecha y por la izquierda nuevos movimientos sociales cuyo origen no es muy distinto al de estas en sus comienzos, el malestar compartido. No pocas personas de esos movimientos pasaron a la política, cosa que también venía ocurriendo desde la creación de las primeras ONG en un continuo ir y venir. La diferencia, eso sí, es que antes de que el Estado pudiera hacer suyas las reclamaciones ya se habían creado partidos políticos que para qué iban a esperar si las podían hacer suyas directamente. Y las ONG clásicas in albis, acomodadas muchas de ellas, mirando a la supuestamente mejor forma de gestionar de la empresa privada con ánimo de lucro y descuidando la indignación que las vio nacer y que muchas de las personas que trabajan o son voluntarias en las mismas sentían desde mucho antes de la crisis, pero no querían verlo desde su sofá. El caso es que todos sabemos que el Estado suele ir por detrás, cuando no ignora determinadas necesidades sociales y alguien tiene que presionar. No suele ser lo habitual que desde el poder político se pongan sobre la mesa problemas sociales nuevos o que no tengan un presupuesto del que poder ufanarse al margen de los resultados.

Porque sí, señor Llamazares, aunque cueste creerlo, muchas personas estudian carreras para acabar siendo mal pagados y mal pagadas en ONGs, esto nunca le ha preocupado a nadie, incluso no pocos piensan que en dichas organizaciones no se cobra. A lo mejor a estas personas les molesta tanto como a usted que les pidan, se sienten igual de abrumados con la injusticia que nos rodea pero deciden, además, dedicarse profesionalmente o invertir su tiempo libre de manera voluntaria. Esto no quiere decir que sean mejores o peores personas que quienes deciden otras cosas, no nos engañemos, pero sí merecen, al menos, que el tema de las ONG (y el Estado de Bienestar que queremos) tenga un poco de consideración y no acabe resultando siempre una muletilla para cuestionar aquello que nace de buenos sentimientos (aunque sea por indignación ante la injusticia) como si fuera perverso, manipulador o sólo egoísta, queriendo aparentar lo contrario, algo así como un buenismo ingenuo achuchable. Es igual que lo del crowfunding, con decir que no o no decir nada, es suficiente.

Para criticar a las ONG que también tienen sus culpas y sus sombras, ya encontraré otro momento.

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Burkini

Este verano el burkini se ha puesto de moda. Por momentos parecía que había que pronunciarse a favor de su prohibición en playas y piscinas o no, así como sobre si existe diferencia entre elegir libremente ponerse la prenda o es lo mismo pues se trata de una imposición machista en cualquier caso.

Todo parece empezar porque en Córcega se producen unos incidentes violentos pude que a tenor de la prenda en cuestión. Luego, desde el Ayuntamiento, se procede a la prohibición del atuendo, si bien que no haciendo mención expresa al mismo, sí argumentando cuestiones de seguridad.

A todo esto Natacha Polony publica un artículo que parece quitarle importancia a esos incidentes. El argumento es muy interesante. No le gusta, a la autora, el uso del concepto comunidad en los medios de comunicación. No existe tal cosa como una comunidad musulmana -argumenta- sino ciudadanos de confesión musulmana y esto mismo es extensible a cualquiera. Se basa en la lógica del liberalismo anglosajón de defensa de los derechos individuales. Y esto está bien, es una forma de afrontar el debate entre derechos individuales y colectivos, pero claro, ella misma acaba hablando del pueblo francés, presuponiendo además que este ente está claramente en contra del burkini y que los corsos son sólo unos valientes que lo dicen, no como sus acomplejados conciudadanos de las metrópolis.

Imaginemos, dado que no estábamos allí que somos cualquiera de nosotros o nosotras los que se ven acosados por una multitud por llevar una prenda o no llevarla. El miedo que pasas es individual (o el disgusto si la cosa no se pone tan fea), no cabe duda, pero si no consideras que has cometido agravio alguno luego tienes que intentar explicarte el motivo por el que eso te sucedió. No puede ser porque les cayeras mal a esas personas que ni conoces, entonces será por algo (quizás una comunidad) que ellos creen que representas. Tú estás ejerciendo tu libertad individual puesto que no existe norma en contra de llevar el burkini (luego se impuso) y te atacan. Además, a los días se da la razón de alguna forma a quienes te atacaron porque se prohíbe lo que antes formaba parte de tu libertad individual. Eso sí, se argumenta que es para protegerte.

Hombre, yo diría que algo de racismo subyace en todo ello, algunas cosas son de manual. Pero claro, esto no resuelve las grandes cuestiones, los debates de fondo, y no puedo estar más de acuerdo con Reverte en que es mejor no hacerlo desde estos lamentables acontecimientos pues son el peor punto de partida. Es algo tramposo empezar a pensar sobre cualquier tema con posiciones de fuerza sobre la mesa y más si no se condenan los ataques sufridos por personas que probablemente sólo querían disfrutar de un plácido día de playa, no se puede olvidar que ese es el origen. Entre lo mucho que se ha escrito me parece que se ha criticado poco lo ocurrido y, de alguna forma, así se justifica, se hace invisible también el racismo.

Pero claro, Natacha Polony deja algún recadito más por si alguien quisiera afrontar un debate que debería haberse intentado zanjar hace mucho tiempo y no esperar a que esto ocurriera. Habla de “aficionados al mestizaje y la mezcla” e interpela a su supuesta responsabilidad cuando las comunidades terminen de adueñarse del espacio público. O sea, que si te extrañas porque se ejerza un derecho individual que es llevar una prenda cuando no está prohibido, quizás puedas estar favoreciendo que los islamistas conquisten Occidente. No es eso lo que sugiere ¿verdad que no? En todo caso no creo que se trate de tener una afición como si de coleccionar sellos se estuviera hablando, el mestizaje es algo que ocurre (no siendo tampoco el mejor concepto pues nos lleva a la idea de raza y en los humanos sólo hay una) y supongo que mejor que así sea porque lo contrario – que podría ser mantener una imaginaria pureza en base a cualquier criterio que se nos antojara- ya sabemos donde acaba.

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Buenismo

Guerra tras guerra se acaba demostrando que la espiral que crece hasta que se derrama sangre está basada en visiones parciales, equivocadas e interesadas del otro. La de Irak es sólo el último ejemplo y el informe Chilcot una muestra del incremento de la velocidad de nuestros días para llegar antes a la misma conclusión a la que sólo un poco después suelen llegar los historiadores.

El primer ataque, en cada caso, me parece que ha podido ser igual al que hoy se produce cuando algunas personas utilizan la palabra buenismo. Es decir, puede que todo empiece con alguien que te llama buenista si no estás dispuesto a contrata atacar ante lo que se considera una ofensa, un feo o directamente un ataque de los otros-malos que en el fondo sólo buscan tu aniquilación. Por supuesto esta atribución de intenciones maléficas al otro es necesaria siempre, todas las guerras las empiezan quienes se están defendiendo del otro, nadie parece haberlas provocado, son algo a lo que te obligan, te arrastran inevitablemente en tu defensa.

Por supuesto el pacifismo será catalogado de utópico por quienes gustan de acusar de buenismo a todo el que no piense como ellos, eso no hace falta ni discutirlo, se asume. Al final, siendo realistas -te dirán- la sociedad se sustenta en el uso de la violencia, es esta y la posibilidad última de recurrir a la misma sobre lo que se sostiene el edificio. Pues vale, supongo entonces que su consideración es que la civilización es lo que ocurre entre guerra y guerra. Puede ser, desde luego la violencia es parte de lo humano.

Pero no es eso lo que nos ocupa en estas líneas. Resulta que el Papa, ante los ataques en Europa, dijo a los periodistas algo muy obvio, algo así como que los mismos no se pueden relacionar con la práctica de una religión y que vinculado a todas las religiones hay facciones radicales, extremos que se aprovechan de las mismas. Pues para no pocos tertulianos y tertulianas, en los días que siguieron, la interpretación fue que esta postura era de un buenismo esperable del Papa, pero buenismo a fin de cuentas. La verdad para estos defensores a ultranza de la realidad única es que los islamistas son los que nos atacan buscando nuestra destrucción. Sin saber cuantos de los millones de musulmanes se pueden considerar dentro de esta categoría de islamistas, tampoco escuché reflexión alguna sobre que algún musulmán en alguna parte del mundo -también contrario a los buenistas- podría considerar que los catolicistas, por ejemplo, les atacan para acabar con ellos. Es igual de ridículo y equivocado, pero Irak, Afganistán, Siria, Libia… podría llevar a alguien a pensar de esta manera -insisto- tan equivocada.

Europa se va poblando de islamofobia y de paso inmigraciónfobia, cuestión que tampoco es nueva de ayer, sólo que a veces se hace más visible y cobra un poco más de fuerza. Y sorprendentemente los acusa buenistas señalan como culpables a los populistas de derechas que se aprovechan de las clases trabajadoras más perjudicadas por la crisis que se dejan absorber por el discurso fácil y directo a las más bajas pasiones. Vaya tela ¿no?

Europa se niega a evolucionar, quiere conservarse. Ya no estamos dispuestos a confrontar nuestras identidades e ir construyendo otras nuevas sobre las mismas, pretendemos un estancamiento dentro de un universo, planeta, civilización, estados, culturas… que están siempre en movimiento. Por supuesto esto a la larga no tendrá éxito alguno, cambiaremos de alguna forma. Por eso yo siempre me pregunto cómo es posible que, dentro de las tantas tertulias, programas de discusión y demás, nunca encuentres hablando personas algo distintas, inmigrantes o musulmanes por ejemplo. Y no sólo sobre religión o inmigración, ¿a caso no pueden tener opinión sobre la formación de gobierno o la corrupción? Por qué motivo se sigue representando una realidad única, monolítica, cuando esta es mucho más variada -en el mundo por descontado- pero en España también. Quizás fuera un buen primer paso para evitar dolores futuros.

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Grupos parlamentarios

Al hacerse más complejo el escenario político español, una de las ventajas es que más personas se hacen preguntas sobre los cambios sociales que están detrás y otra que también se interroga al sistema político mismo, sus normas de funcionamiento.

Una de las cosas que últimamente ha llamado la atención -entre las muchas- es que de manera casi infantil se votara secretamente a la elección de la Presidencia del Congreso y no se quiera decir a quién corresponden esos votos. En un teórico sistema transparente (palabra de moda y casi ya sin sentido por saturación) el ciudadano debería saber lo que las personas que ha elegido hacen con su voto de las urnas, más si cabe cuando impera la disciplina de partido en la mayoría de las demás votaciones. La votación secreta puede tener sentido para proteger de represalias de su partido -por ejemplo- al diputado o la diputada que vota en conciencia, pero no para jugar partidas de ajedrez política. El caso es que ya sólo la posibilidad de tener que proteger por sus ideas a un representante público (o a cualquiera) hace que se tambalee la propia conciencia de democracia.

Otra cuestión muy llamativa es el baile en torno a la creación de grupos políticos que se produce con cada elección. Es cierto que está en juego reparto de dinero y ello puede ensombrecer el asunto, pero quitado eso, resulta escasamente comprensible que tener o no grupo suponga limitar la capacidad de hablar, proponer o convocar. Es decir, no tener grupo te deja fuera de muchas opciones políticas, te deja fuera de discutir, no sólo te quita visibilidad en los medios de cara a las siguientes elecciones. La pregunta es ¿a qué queremos que se dediquen los congresistas si no es a discutir y proponer? No tiene sentido, de nuevo en un sistema democrático, que se niegue capacidad de acción y discusión a las minorías que son las que no pueden tener grupo propio. Alguien, con evidente mala leche, podría pensar que pagar a tantas personas y no dejar que actúen (hablen), propongan, formen parte de comisiones… es una pérdida de dinero ¿para qué se les paga, para calentar una silla, para escuchar y apretar un botón según les levanten unos dedos? Claro que sí, las funciones de diputados y diputadas están dadas en la Constitución -dirá alguien- el Libro Sagrado.

Es evidente que es necesario reglas para ordenar cómo se discute y trabaja, toda organización las tiene. Y todo el que haya pensado un tiempo sobre organizaciones sabe que en ellas está una buena parte del éxito o fracaso de las mismas, bien sea en los límites escritos como en los no escritos. ¿Qué tipo de organización es el Congreso, cuál es su misión? sería la pregunta que contestar antes de saber si las normas que tiene son las adecuadas.

Pongamos que su misión es crear espacios y posibilidades, digamos que se trata de la primera organización innovadora del país. Para ello sólo existe el lenguaje, la discusión con otros y otras (cuanto más dispares a ti mejor) que son los dos elementos que estimulan el pensamiento; el estudio y la investigación individual es el otro componente mínimo necesario. Si es algo así lo que imaginamos que esta institución es, desde luego no invertir todo el tiempo necesario en hablar y discutir ideas, escuchando a cuanta más gente mejor, es un mal negocio, y deja de tener sentido negar a nadie formar grupo propio.

Otra posibilidad es que pensemos que el Congreso es un buen sitio para hacer negocios, como al parecer algunos diputados en el pasado así lo han concebido. Entonces bien, nada que objetar, lo importante será el acceso a la información y los contactos, algo menos las ideas y su discusión. Es posible también plantearse que la función del mismo es apoyar o rechazar leyes propuestas desde el Gobierno y de pasada proponer alguna (que tiene muchas posibilidades de resultar rechazada). Sé que así nos explicaban las cosas de pequeños, pero, en serio, qué función es esa de aprobar leyes y presupuestos o controlar al Gobierno y los funcionarios, quién se quiere dedicar a eso sin más. Cierto es que existen personalidades para todo, pero no lo es menos que el humano se siente mejor y es más humano cuando participa en la creación de algo que cuando es mero espectador, imaginar es una característica básica de nuestro cerebro aunque aprendamos a dejarla en un segundo plano.

Se supone que ponemos a parte de las mejores mentes de un país todas juntas en un mismo lugar y ahora vamos y les decimos que su trabajo no es pensar, es hacer lo que se les dice. No es esta una opción rentable, se desperdicia potencial y un espacio privilegiado. Y siendo así, tampoco tiene mayor sentido discutir sobre tener o no grupo parlamentario, salvo por el dinero y poder que puede suponer, no tanto por formar parte de una organización creativa.

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Negacionismo

Una de las cosas más desagradables que se han podido ver en estos años de crisis es el intento de negar la existencia de la pobreza, la exclusión y marginación de una parte de nuestra sociedad. Es de dudosa moralidad pública por mucho que se enmarque en estrategias políticas por las que, sobre todo tertulianos y tertulianas, defienden que los datos son falsos o se interpretan mal.

Parecería entonces que ahora conviene recordar toda la serie de datos que muestran a las claras que la pobreza existe en España y sobre todo en el mundo, pero no parece necesario, negarlo es de estúpidos. Tampoco creo necesario afirmar que la situación ha empeorado para muchas personas durante esta ya casi infinita crisis, ni que sea una situación que empezó con la misma, ya estaba en nuestro sistema local y mundial.

Cualquier discusión o planteamiento que no tenga en su origen la preocupación por acabar con la miseria humana no debe poder recibir el nombre de político. Sólo si se asume que pobreza y exclusión no son algo consustancial a la especie se entenderá que la solución es política, que la única razón de ser de ésta y del organizarnos colectivamente es la desaparición del uso de la fuerza (ya sea física o no) para el sometimiento de los unos por los otros; porque pobreza y exclusión no son más que eso.

Claro que los hiper realistas se reirán de planteamientos como este, hablarán de utopías, de que el ser humano es lo que es, de que la historia de la humanidad demuestra lo falso de estos planteamientos, que la política va sólo sobre el poder por el poder o de economía… Estupendo, pero seamos hiper realistas, entonces, para todo, no neguemos la existencia de pobreza y exclusión, digamos que cumplen su función social, la de alimentar a unos y no a otros, la de someter, doblegar mediante el miedo para unos fines. Pero sabemos que el problema de adoptar este discurso de manera abierta, darwinista, tiene mala prensa y es peligroso para los propios intereses de quien lo sostenga, no sea que alguien quiera tomar por la fuerza lo que por el acuerdo no será nunca posible.

¿Qué ganan los voceros del poder negando la miseria de otros y otras, qué ganan diciendo que los datos y tantos trabajos académicos con sus Premios Nobel como máxima expresión son falsos e interesados, que las cosas no están tan mal? ¿Es realmente posible que se lo crean? ¿Cómo pueden explicar lo que una buena parte del resto ve o vive a diario? ¿Quizás como excepciones, situaciones que la gente se merece porque se ha ganado a pulso? Que gobierne un partido u otro no es tan importante como reconocer la realidad y querer cambiarla. Si estos bienpensantes que viven bien, alejados de todo dolor y sus gentes, persisten en su negacionismo, le hacen un flaco favor a los partidos que defienden, a la sociedad y a ellos mismos.

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Toros

Antes de comenzar una de las ruedas de prensa tras los primeros contactos para intentar obtener apoyo parlamentario en su investidura, Mariano Rajoy decidió dedicar unas palabras en recuerdo a Miguel Ángel Blanco y otras a los tuits vejatorios sobre la muerte del torero Víctor Barrio.

Con la expectación y por lo tanto potencial repercusión en los medios que tiene una rueda de prensa de un Presidente en funciones que busca ser nuevamente ungido, la elección de estas menciones no es baladí. Y me surge la pregunta sobre si hubiera sido mejor escoger otro tema o enfocar este de otra manera. Por mirar hacia cuestiones cercanas al toro, quizás no hubiera estado mal mencionar el gran esfuerzo y compromiso que tiene la sociedad por eliminar las agresiones sexuales en las fiestas de San Fermín. Como mensaje para la sociedad no se me ocurre mejor ejemplo al que apoyar que esta forma de querer una fiesta y defenderla buscando eliminar de la misma algo que ocurre sistemáticamente todos los años y simplemente no se puede aceptar. Es muy valiente romper el círculo de silencio alrededor del tema a riesgo de que se pudiera cuestionar la propia fiesta y además movilizarse para luchar contra ello.

Por supuesto que hay miles de temas sobre los que poner los ojos de todo el mundo en ese espacio privilegiado que es una rueda de prensa, temas que no son necesariamente de política de partidos, simplemente de interés general. Si se quiere, puede ser una herramienta transformadora. Pero Rajoy no eligió siquiera el recuerdo del torero, que ya habría sido una elección significante, se enfocó en los tuits. Algunos de los mismos no pueden ser más desafortunados, de escasa moral y ofensivos, no cabe duda. Ahora bien, con todo el abanico de posibilidades, centrarse por parte de un personaje con esa repercusión en algo tan negativo, reprobable, con pésimo gusto y minoritario no puede tener más que un efecto perverso sobre los valores y la ética de nuestra sociedad.

Ya se encargarán los medios de dedicarle a este tema páginas y programas como así está siendo, para, sobre todo, desacreditar un todo que cuestiona la crueldad con los animales por una parte del mismo que pierde todas las formas en esa discusión. El error en esos tuits es una oportunidad que los rivales en la discusión social no dejarán escapar, es una victoria incluso si es necesario exagerar la dimensión de lo ocurrido y pedir el ingreso en prisión de los autores o autoras de los tuits.

Claro que -y por ser demagógico- sería deseable una movilización en los medios igual cada vez que se promoviera odio, hostilidad o violencia hacia personas o grupos por motivos “racistas, antisemitas u otros referentes a ideología, religión o creencias…” que también son muestra de inhumanidad.

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