Ineficiencia

En el libro de sociales de mi hija dice que la Unión Europea la forman 507 millones de personas. ¿Este sistema es tan ineficiente que no puede asumir la entrada de un millón, dos, tres o cuatro de refugiados y refugiadas? Pues parece ser ¿resulta – entonces – mejor, pagar 6 mil millones a Turquía para que atienda a los refugiados y refugiadas?

Imaginemos por un momento que hablamos de un total de 4 millones de personas – pensando en máximos que podrían querer entrar en la UE aunque nadie lo sabe – esto equivaldría a darle a cada una 1.500 euros ¿qué nos hace pensar que darle ese dinero a Turquía será mejor que esto último? ¿qué esperamos que haga Turquía? ¿convertirlo en oro?

Da igual que hablemos de Turquía que de cualquier otro país, porque podría parecer que al hacerlo se nos puede colar en la mente las más que razonables dudas sobre que no cumple con los Derechos Humanos y no es eso en lo que nos queremos centrar (aunque cabe añadir que para no hacerlo asume más peso en el apoyo a refugiados que la UE, lo cual es paradójico). Pensemos solamente si cualquiera de las dos alternativas, pagar a un país o darle 1.500 euros a cada refugiado parece eficiente.

Pongamos, por ver otras alternativas que con ese dinero que estamos dispuestos a pagar, diseñamos una red de atención en nuestros países, por ejemplo ¿para cuántos puestos de trabajo nuevos dan esos 6 mil millones? En España ya hay 60 puestos de trabajo nuevos, en el Ministerio, anticipando la llegada de personas que hasta ahora no se ha producido; cosa que probablemente pase en más países ¿es esto más eficiente? ¿se nos podrían ocurrir otras soluciones que lo fueran?

En todo caso el problema no es de dinero, es que nuestro sistema directamente no funciona y cualquier inyección de recursos es muy posible que acabara con ese mismo resultado. Y cada día de los últimos meses que se sigue mareando la perdiz resulta más obvio y más ineficiente.

En este punto se podría añadir que el problema es de voluntad política. Pero es mucho más que eso, la voluntad política no tiene entidad, es en realidad la voluntad de unas personas que viven en la burocracia y esta necesita consumir recursos constantemente de la propia ineficiencia del sistema. No es una crítica a los políticos y políticas, lo es al sistema. Si escuchamos a nuestros representantes políticos estos días, de casi todos los partidos, consideran que la solución propuesta es ilegal, no se puede deportar en masa -coinciden- ¿entonces? ¿cómo los Primeros Ministros y Presidentes, de los mismos partidos que no están de acuerdo, han llegado a proponerla? ¿cómo es posible que ni la primera solución que propusieron ellos mismos, al margen de que fuera buena o no, ni siquiera se ha puesto en practica? ¿quién puede explicar esto? Desde luego no se puede presuponer que sean personas todas poco inteligentes, ni llenas de maldad, eso sería un error.

Llegados a este punto, los ciudadanos y las ciudadanas, nos acercamos más a comprender que el auge de posturas muy duras, racistas, de partidos políticos que están al alza, no se pueden explicar tampoco por esas personas que están en tiendas de campaña al otro lado de unas verjas. Por muchas que sean, desafortunadamente no tienen ese poder pues si lo tuvieran el resultado sería el contrario, por su propia necesidad e interés. Lo que nos lleva a preguntarnos el motivo que tiene nuestro sistema para defenderse a sí mismo de esta manera, la necesidad de vivir de sí mismo, incluso si ello supone favorecer que el número de individuos, europeos y europeas que se radicalizan, crezca tan rápido, como si la historia no nos hubiera enseñado nada de cómo se destruye a sí mismo cualquier sistema.

Stafford Beer escribía: “Así pues, no es válido decir que la única manera de preservar la libertad es el ser tan sumamente ineficientes que la libertad no se sienta ni siquiera amenazada.”

Organizaciones y máquinas

maquinaEn el libro de James Gleick “La información”, se puede encontrar, entre otras muchas cosas, la historia de Charles Babbage.

En 1810 ingresó en el Trinity College de Cambridge. Allí las matemáticas llevaban un siglo estancadas porque todo lo que Newton impulsó se había convertido en una pesada losa. Sus métodos y formulaciones de cálculo estuvieron bien mientras él los usó, pero eran una frustración para cualquier estudiante y aun así, los profesores consideraban cualquier innovación como una traición a su memoria.

En cualquier organización existe un lenguaje propio, un sistema de símbolos que determina los límites de la misma, aquello de lo que se habla y cómo se piensa. Por un lado esto es necesario, por otro no siempre facilita el cambio o la innovación.

Babbage, siendo estudiante, se propuso utilizar el lenguaje de Leibniz, pero sobre todo hacer resurgir las matemáticas inglesas exponiéndose a que sus profesores le ridiculizaran, como a sus amigos, constantemente. Crearon un club que llamaron los Extractores cuyas reglas para evitar el exceso de cordura -nos cuenta Gleick- eran las siguientes.

1. Cada miembro comunicará su dirección al secretario una vez cada seis meses.

2. Si esta comunicación se retrasa más de doce meses, se dará por supuesto que sus parientes lo han encerrado por loco.

3. Se hará toda clase de esfuerzos legales e ilegales para sacarlo del manicomio (de ahí el nombre Extractores)

4. Todo candidato a la admisión como miembro deberá presentar seis certificados. Tres de que está cuerdo y otro tres de que está loco.

Si pretendemos cambiar o innovar en una organización es necesario permitir que se inventen primero nuevas formas de hablar de las cosas, códigos distintos y para ello lo es también que se modifiquen las reglas para estimular que ocurra. Y estar preparados para las posibles implicaciones; por eso mismo es tan complicado cambiar o innovar desde organizaciones tradicionales que tienden, como se enseña en la mayoría de escuelas de negocios, a la estabilidad, el control y el orden. La herramienta fundamental para lograrlo es la conversación que curiosamente no es nada nuevo entre humanos, pero no siempre está bien visto que se produzca en entornos laborales.

Conocí una empresa que había organizado unos grupos que llamó de gestión del conocimiento, utilizando una palabra en aquel momento de moda y que vendía de cara al exterior. La idea era que, siguiendo unas reglas muy sencillas, personas de distintos lugares de la organización se reunían para trabajar por temas, tampoco algo tan rompedor. La sencillez de las normas no es una cuestión menor, fue algo que se hizo a propósito y buscaba la participación sin reparos y la auto-organización de los grupos. Al principio se pudo asistir al desconcierto, el primer escollo vino cuando se hizo la pregunta ¿pero lo que hagamos será validado por los jefes? ¿no sería mejor que nos facilitaran un guión, unos límites y nos digan qué quieren? A todas luces esa pregunta no tenía una respuesta que se pudiera verbalizar porque en toda organización hay cosas de las que no se puede hablar, pero en el fondo todos y todas sabían que eso llegaría en algún momento y que no sería así, no se obtendría validación, como finalmente ocurrió.

No obstante, el entusiasmo fue tal que los grupos pronto empezaron a encontrar aquello en lo que querían centrarse, y cada cual a su manera se empezó incluso a dividir tareas y buscó formas de organizarse. A su ritmo aparecieron los primeros documentos, algún grupo creó una web para implicar a personas internas y externas, en fin, que quienes participaron intercambiaban cosas, mostraban su agrado general con la iniciativa, discutían y aparecieron las primeras ideas que podrían haber sido una clave para el negocio futuro. Años más tarde algunas de aquellas ideas seguían dando vueltas por la organización, otras se vieron adoptadas por la competencia que poco después había acabado llegando a lo mismo, perdiendo así la oportunidad.

Los grupos se cerraron alegando el alto coste y escasa productividad que suponían. También latía que algunas de las ideas y personas de los grupos no eran del agrado de la dirección, eso casi siempre está presente. Es muy sencillo para ciertas personalidades tender a pensar que un grupo es una potencial conspiración interna, como si la gente no tuviera nada mejor que hacer con su trabajo y su futuro.

Otra vez asistí al intento de usar, de nuevo, una palabra de moda, think tank, para crear un espacio on-line con ciertos textos elegidos a los que se podía tener acceso previo registro. El planteamiento inicial fue sometido a un grupo de personas expertas y con muy variados perfiles. Se hicieron una serie de recomendaciones que fueron rechazadas con enfado y autoritarismo porque aquí se hace lo que digo yo. El error fundamental es pensar que algo organizado de arriba a abajo, cercenado hasta en la elección de los posibles textos a comentar, controlado para que sólo se puedan hacer comentarios a los mismos, puede funcionar si lo que buscas es la creación de pensamiento innovador. No aparecerá ninguna idea nueva, nadie se atreverá a comentar ni arriesgar ser censurado si un ente superior considera que lo que aportas no tiene valor. Así es también el mundo de hoy, la gente tiene otras posibilidades de expresión y no quiere dedicar su tiempo a relaciones que no son horizontales aunque sea por escrito y a través de la red. Para eso, en algunas ocasiones, ya tienen su trabajo.

La historia de Babbage es muy interesante, repleta como está de inventos e innovaciones, éxitos y fracasos, lo que una y otra vez nos demuestra que estos últimos son parte de la clave, es necesario abrir espacios para el fracaso y hablar de ello. Para muchos Babbage es conocido por ser el precursor de la moderna computadora con su invención de la máquina de cálculo primero y la máquina analítica después, aunque esta última nunca llegó a verse construida. Lady Ada Lovelance, matemática que nunca pudo estudiar por ser mujer en aquella época, ni firmar más que con sus iniciales, se puede considerar la primera programadora; quedó fascinada por la revolución que suponían aquellas máquinas y volcó todo su talento en desarrollarlas. No obstante lo más interesante de la historia, para mí, es ver cómo ambos se las ingeniaban para crear conceptos y palabras que no existían pero que pudieran permitir explicar sus ideas y a la vez desarrollarlas.

En organizaciones tradicionales la conversación más larga que sueles escuchar es aquella sobre los horarios. Algunas han pasado varias veces de fichar y enviar las horas a RR.HH a lo que se llama conciliación (si bien que nunca termina de definirse qué es eso), con los consecuentes malestares en cada salto. Es bastante pobre esta conversación, pero desde luego te aseguras que la organización es predecible, como una máquina bien engrasada.

Miedo

Debemos antes que nada reconocer a esas personas que han vencido el miedo y denunciado el estado de miedo en el que vivimos. Hay personas que han sufrido y sufren mucho por contar todos y cada uno de esos casos de corrupciones y abusos diferentes que nos dominan. No vale con decir que eso debería ser lo normal en un tipo de sociedad dada o que el Estado de Derecho funciona.

El miedo es, para autores clásicos y modernos, lo que mantiene los sistemas políticos. Supongo que debemos crear una sociedad en la que eso dejara de ser cierto. Cada vez, por ejemplo, que hablamos del paro en términos económicos nos estamos haciendo un flaco favor, dado que en el fondo todos sabemos que es una cuestión del miedo por el que se nos atenaza a diario. Y el miedo genera odio, odio a los de derechas, a los de izquierdas, a los nacionalistas, al vecino, al compañero de trabajo, a la policía, a los políticos, a los periodistas, a los pobres, a los ricos …

Yo al menos os doy las gracias.

Cameron

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/las-inmigrantes-musulmanas-deberan-hablar-ingles-para-permanecer-reino-unido-4826068

http://www.eldiario.es/desalambre/Reino-Unido-expulsara-migrantes-reunificadas_0_474902707.html

En Europa tenemos un problema si no empezamos a pensar que la integración depende más del grado de prejuicios, clasismo y racismo que del conocimiento de la lengua. Con la reciente pretensión de Cameron de expulsar a las mujeres musulmanas que no mejoren su nivel de inglés sólo queda patente la discriminación por razón de género que impera en nuestras sociedades androcéntricas. Cosa que ya sabíamos, pero que es siempre un argumento en contra de otras culturas porque -decimos- son machistas.

Yo veraneo y me escapo para allá cada vez que puedo, en una mediana localidad costera que tiene un nutrido grupo de ingleses que residen allí de manera permanente. Algunos venían ya a España cuando Franco vivía. Su nivel de castellano es bastante malo, seguro que no pasaban los exámenes que propone paras las mujeres musulmanas -señor Cameron- pero en español. Y no podría decir que no están integrados, ni mucho menos. Se saludan con todo tipo de personas, españoles que no hablan una palabra de inglés, otros ingleses, alemanes y franceses y se toman una cervezas con todos ellos de vez en cuando. En los comercios de la zona son reconocidos y apreciados, todo el pueblo los conoce y son cordiales las relaciones. ¿Los expulsamos señor Cameron? También hay mujeres, no son sólo hombres, algunas tienen hijas que a su vez tienen hijas y que hablan un perfecto castellano, son envidiablemente bilingües.

Algunos, señor Cameron, te cuentan que su decisión no tiene sólo que ver con el sol, se marcharon también porque no aguantaban a una parte de la sociedad rancia británica y la forma de relación humana que por ello se establece. Es su versión, yo no juzgo ni doy crédito, sólo reproduzco lo que a veces he escuchado ¿Los expulsamos?

Y ¿qué le ha dado a usted con las mujeres musulmanas? ¿De verdad me está diciendo que se cree que con la amenaza de expulsión conseguirá que hablen mejor inglés, que se relacionen con otros ingleses y que con ello se integren? En serio usted se cree que ahora que ha señalado con el dedo a las mujeres musulmanas los ingleses harán un esfuerzo por acercase a ellas y favorecer su integración. No se lo ha pensado bien desde luego. Y debería poder explicarnos por qué de entre todas las posibilidades para favorecer la integración va usted y elije la amenaza y específicamente contra las mujeres musulmanas. ¿No es verdad que las mujeres ya sufren suficientes dificultades añadidas por ser mujer como para que usted sume esta? Más si cabe si no tienen ingresos propios y son dependientes de un varón hasta en su permiso de residencia.

Lo que usted está haciendo, en el fondo, es tratar a la mujer como un objeto, una posesión del hombre, algo que seguro se hace también en otras culturas, el mundo es androcéntrico, pero no tengo claro que partir del mismo punto sea una solución. Podría haber optado por empezar a explicar en qué puntos la sociedad que usted temporalmente preside es androcéntrica y como se manifiesta el machismo, luego hacer lo mismo sobre otras sociedades, no sólo partiendo de la religión. Luego podría explicar a su sociedad lo que es la discriminación y el racismo y a los nuevos vecinos y vecinas también para que estén prevenidos y prevenidas. Claro que todo esto es un trabajo a muy largo plazo, un cambio profundo en nuestras sociedades y no da votos de los más radicales islamafóbicos y misóginos.

Fútbol

Estaba leyendo un libro sobre lo peligrosas que son las identidades cuando me sorprendió la noticia de otro jugador de fútbol pillado excediendo todos los límites de velocidad en el coche. El libro se titula Identidades: una bomba de relojería y es de Jean-Claude Kaufmann. Muy al contrario de lo que soñamos con la Ilustración y su base en la Razón, “la reflexividad crítica y la creatividad de singularidades personales, hoy en día todos los fundamentalismos (comunitaristas, nacionales, religiosos o raciales) se ven reforzados. Las desviaciones identitarias son una verdadera bomba de relojería”. Y Kaufmann, según va explicando lo que cree es la clave futura – abordar el tema de las identidades – menciona varias veces el fútbol, le dedica hasta un epígrafe. Es verdad que muchas personas se ven embargadas por un sentimiento de identidad nacional ante el fútbol o de otro más local, cada fin de semana, ante su equipo, sobreponiendo el mismo – si bien que sea momentáneamente – a otras fuentes de identidad personal. ¿Cómo es esto posible? Mientras, el negocio, la corrupción, la evasión de impuestos… siguen adelante a su alrededor y no muchos ni muchas parecen indignarse cuando esto debería sonarnos no sólo en la actualidad, a lo largo de la historia reciente.

Nada tengo yo en contra de dicho deporte, pero desde luego me preocupa todo lo que significa más allá de él mismo, ocupando horas y horas en las franjas más cotizadas de televisión y radio. Ni que decir tiene las lamentables imágenes que hemos visto estas Navidades de un triste Opel Corsa de la policía Nacional, camuflado, siguiendo a ese jugador que se había puesto a 200 km/h por la M-40 de Madrid.

Lamentable resulta ver cómo los modestos agentes de policía se detienen ante los de seguridad de Valdebebas como si en cualquier otra situación se hubieran frenado en mitad de una intervención – una carga policial por ejemplo – y le dan explicaciones ¡al de seguridad de la puerta! que, para más inri todavía, tiene que llamar a otro que es más encargado que él para gestionar el asunto mientras ellos se esperan pacientemente.

El ilustre jugador de fútbol no se detiene en el camino cuando va a 200 km/h, no se detiene ante las llamadas de la policía ya cuando está en la puerta, al final, los únicos que se detienen son los agentes. Menos mal que en las grabaciones al menos no se oye a la policía pedir perdón al de seguridad, pues sólo hubiera faltado. Y luego, el que le da patadas a una pelota, alega toda una serie de estupideces para no haber obedecido a los agentes como que en su país esa táctica se utiliza para los secuestros -y qué puede decir ya asesorado por sus múltiples abogados-.

Casi es peor cuando te informan de las sanciones a las que se enfrenta. Algo de dinero que es lo que le sobra, ir a saludar a un juez y poco más, el resto parece que se cachondea del asunto, sus compañeros de equipo por ejemplo; no pasa nada, ellos están por encima de todo. Igual que Esperanza Aguirre – por cierto-. Llega un momento en el que acabas por pensar que no son nadie en el mundo de ese espectáculo si no han tenido algún problema con la justicia y sido pillados a 200 km/h. ¿Estamos todos tontos? Y al día siguiente la gente se gasta porcentajes altos de sueldo mensual para ir a verles dar patadas, y los sponsor no les retiran el apoyo y dejan que sigan siendo las caras de sus caras marcas.

Y esta gente es la depositaria de grandes momentos de identidad colectiva. Escapa toda razón y efectivamente parece un mal síntoma de hacia dónde llevamos nuestra civilización.

Madre mía señor Albiol

Madre mía señor Albiol

Primero resulta que no opinar como usted es ser “buenista”. Y serlo, supongo, implica -no sé cómo hemos llegado a esto- ser malo. Este pretendido insulto es muy divertido, tendrá que reconocerlo, porque si ser buenista es defender la paz, la convivencia, la justicia social, la igualdad, por ejemplo, no le veo y no le podré ver la parte criticable. Quizás sería mejor utilizar el termino “malista” para aquellos que defendemos un mundo distinto al que usted defiende.

Señor Albiol, su Occidente es multicultural. Es una realidad contrastable y lógica, en él viven culturas, etnias, tradiciones lingüísticas y religiones muy distintas, dentro de cada estado político ya lo hacen, por lo que los estados políticos entre sí son multiculturales, es de sentido común ¿Entonces? ¿cuál es su crítica? ¿qué parte de esa realidad no le gusta? a lo mejor propone españolizar Occidente, no lo sé; de verdad, creer que existe o pretender la homogeneidad cultural es muy peligroso para la humanidad.

Pero entiendo que usted, para provocar a los buenistas, sólo está hablando de las minorías y en concreto de algunos inmigrantes. Pasemos por alto que la mayoría de inmigrantes en nuestro país son de su Occidente, no necesariamente pertenecientes a la cultura Albiolista, pero de Occidente. Y lleguemos a los que se puede suponer usted se refiere, unos cuantos, los menos, una minoría dentro de una minoría ¿Qué le hace pensar que las costumbres de estas personas puedan ser contrarias a los valores y leyes que tenemos en su Occidente? En qué se basa, primero, para afirmar que nuestras leyes son las mismas que, no sé, por ejemplo, las de Estados Unidos que supongo será parte de su Occidente. Lamento comunicarle que no es así, entre estados de Occidente se manejan leyes muy distintas que no podrían, sin más, permutar de uno a otro; es lo que tiene la cultura.

Y lo más complicado siempre, los valores, defina qué valores considera imprescindible tener para ser de Occidente. ¿Los suyos? Dado que entiendo que los valores de los “buenistas” no. Pues a lo mejor me tiene que expulsar a mí también de Occidente porque estoy seguro que no comparto muchos de los cuales usted considera fundamentales para ser un buen “occidentalista” a fecha de hoy.

Señor Albiol, reconozco su postura sobre la inmigración, una forma concreta de la misma, la de las minorías y dentro de las mismas unas más en concreto que otras. Mucha gente piensa como usted. Pero no nos venga con el rollo de la pluralidad ¿qué es eso? ¿a qué se refiere? Multiculturalidad no, aunque sea una realidad, pluralidad sí ¿de qué nos está hablando? Díganos, por ejemplo, cuantas personas tiene su partido y el resto, en el Parlamento Catalán o en el de España, pertenecientes a alguna minoría de esas que si no tuvieran los valores occidentales según usted tendrían que irse ¿A esa pluralidad se refiere? Si es así tiene fácil solución, lo de la multiculturalidad, aunque le pueda pesar, no.

Asimilacionismo

Resulta descorazonador escuchar, como el sábado escuchamos en La Sexta Noche, a personas como Jorge Verstrynge decir que hemos de adoptar el asimilacionismo y no la integración cuando pensamos en la inmigración.

Primero porque no se ha hecho otra cosa hasta el momento y el resultado es el que es. Segundo y no sé si más importante, porque parte de confundir los conceptos de manera peligrosa.

Asimilacionismo e integración no son antónimos. El objetivo es la integración, siempre, y para lograrla existen diferentes estrategias, una de las cuales es el asimilacionismo y otra, por ejemplo, la multiculturalidad. Hay más matices y estrategias combinadas, pero decir que es necesario acabar con la integración supone que ni asimilacionismo ni nada, no importa la estrategia que se use, simplemente no debe existir; es algo así como la pureza cultural, idiomática o genotípca o… algo que si alguna vez fue real en la historia de la humanidad hoy simplemente es impensable por imposible, salvo recurriendo a la violencia y la “limpieza étnica” o parecidos.

Dado que entiendo que Verstrynge no se estaba refiriendo a esto último, simplemente debió confundir los términos porque, es cierto, a la estrategia de la multiculturalidad, a veces, en las conversaciones cotidianas, nos referimos como estrategia de integración, puesto que la idea despierta cierto rechazo social. Pero esto es sintomático ¿por qué se debe tener complejo al hablar de multiculturalidad o intecurlturalidad? Pues precisamente por lo que estamos viendo estos días, tras el atentado, una mayoría de personas lo relacionan con la falta de integración. Según ellos y ellas la gente no quiere integrarse por no se sabe qué motivo, quizás algo genético que se lo impide, probablemente -piensen-su religión anti-integración, no que otros se lo dificulten, eso no, porque el que quiere se integra. Y para colmo, una serie de individuos flojos e ignorantes se lo permiten con sus ideas rojillas. El argumento cierra casi a la perfección, ya sólo queda repetirlo muchas veces. Pero la realidad es muy distinta y tozuda, el fracaso está en lo único que se ha intentado, lo que esas mismas personas duras, inteligentes, responsables y racionales defienden, el asimilacionismo como estrategia para la integración. Y aun así, el fracaso en las políticas de integración tiene infinita menos fuerza que las decisiones geopolíticas, no vaya a ser que alguien acabe culpando también de esto a la inmigración, cosa que, como chivo expiatorio habitual, algunos y algunas lo utilizarán como ya está ocurriendo. La culpa, toda, siempre es del otro y de la otra.

La estrategia asimilacionista parte de pensar que “ellos se deben acabar pareciendo a nosotros, ser como nosotros”. Ahora, no sé si alguien puede mostrar alguna política pública que no parta de esta idea de fondo. Han sido muy pocos documentos, quizás contados con los dedos de una mano y en la realidad, dado que mayoritariamente pensamos de manera asimilacionista, no se ha puesto en marcha nada desde otra perspectiva. La única diferencia ha estado en el tiempo que se estima se debe producir esa asimilación, el tiempo que se debe tardar en hablar el idioma o encontrar un trabajo, cosas así. Pues lamento recordar que idioma y trabajo ni siquiera son buenos predictores de integración, el racismo en una sociedad lo es más, y tener partidos políticos racistas, por ejemplo, influye de manera determinante.

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Sexo, drogas y una epidemia sin control

El día 10/11/2015 El Mundo publicó el artículo que copio. En los telediarios el tema de las drogas y el VIH reaparecieron con fuerza si bien, en buena medida, vinculados a las bacanales y los hombres que tiene sexo con hombres. Entiendo que son las estrategias vinculadas al Día Mundial del SIDA pero estoy, sin embargo, casi seguro que son un error en buena parte.

El artículo está cargado, para mi gusto, de una moral concreta sobre la sexualidad, la elección de las palabras, en especial del primer párrafo, creo que así lo demuestra. Pero acaba de forma muy sorprendente cuando el protagonista dice que no se siente orgulloso de haber tenido relaciones con muchas personas, cree más bien que es una falta de autoestima. Las ideas de autoestima y estigma creo que se usan mal en el lenguaje más cotidiano.

No deja de ser sorprendente que Ferran Pujol, codirector de BCN Checkpoint y según el artículo, diga “no se puede prevenir el VIH usando el condón.” No lo quiero sacar de contexto, el uso de los datos es más o menos correcto en el artículo, la interpretación de los mismos es lo que creo que falla un poco. Es verdad que podríamos enseñar una sexualidad distinta de la dominante, con alternativas para disfrutar de la sexualidad y que cada cual escoja y ello implicaría poder ir más allá del latex como única forma de protección. Lo cual no significa que ese escenario esté muy lejano en el mundo en el que vivimos y que no se pueda negar que el preservativo es la mejor herramienta que tenemos.

Con respecto a la presunta relación entre el uso de drogas y el sexo sin protección creo que habría que matizar e ir con cuidado. La relación no puede ser tan simple como uso drogas y no me protejo como el que pasaba por allí, eso sería trasladar a las drogas un poder que no tienen por encima del individuo. Que si alguien disfruta el sexo con drogas porque “duras más”, se te dilata el ano o la vagina, el sexo se vuelve más violento y eso le gusta, pues perfecto, pero sigue sin haber una relación directa entre la sustancia y el sexo, median tus preferencias es ideas, luego cabe pensar que es posible tomar medidas de protección en casi todos los casos porque, en principio, no deberías necesitar excusas para disfrutar de la sexualidad ¿o sí? ¿ y si lo que te va es el riesgo a secas? esto habría que estudiarlo, afirmar que lo que te va de una relación sexual es el riesgo de contraer VIH es mucho afirmar ¿no? en fin que son muchos lugares comunes por discutir todavía.

Refugiados y refugiadas

Ahora somos más sensibles al tema de los refugiados y refugiadas y eso está bien, aunque ya se puede ir avisando de algunos de los siguientes problemas que puede que enfrentemos, y no es por ser pájaro de mal agüero.

Hemos tardado y ha tenido que ser debido a lo que se ha denominado una crisis humanitaria, pero el caso es que hoy el ciudadano que quiere estar informado sabe mucho más sobre el tema que hace unos meses y ello es positivo. Políticos, funcionarios y periodistas siguen, en no pocos casos, tratando el tema de manera muy gruesa y con ciertas inexactitudes, sin embargo, poco a poco, se va llegando a exponer y entender con más claridad la cuestión de la protección internacional por medio del asilo.

La movilización de recursos por solidaridad está muy bien y en eso estamos, pero hay un tema clave previo que no he escuchado con claridad ¿qué estatus legal tendrán las personas que vengan sea el número de ellas que se decida? Si se considera que son solicitantes de asilo y otorga lo que se conoce como la tarjeta blanca, no tendrán acceso a la red de recursos públicos sólo a los que se pongan específicos para su situación y, por supuesto, no pueden trabajar con permiso de trabajo. A fecha de hoy y desde hace ya un tiempo, la cobertura para las personas en esta condición es muy poca o casi inexistente. Sirva esto también de denuncia de lo que ha estado pasando y hemos dicho pero como si nada, a nadie le importaba, y crisis humanitarias no se han dejado de producir en el mundo estos últimos años.

Antes de los recortes, si una persona solicitaba asilo se le daba acogida, entendiendo por tal alojamiento y comida hasta que formalizaran la petición y le dieran la tarjeta blanca. Eso ya no ocurre y como la cita tarda unos 6 meses pues durante ese tiempo son lo más parecido a inmigrantes en situación irregular, sin cobertura salvo de emergencia como por dormir en la calle con menores o similar. Y eso está ocurriendo hoy aunque no hayamos tenido noticias. Quiero decir que sí, efectivamente, si una persona pide asilo puede esperar varios meses hasta que su petición es vista por primera vez para confirmar a esta persona que ha pedido asilo –lo crean o no- que es todo lo que en el fondo se hace, y la maquinaria de la protección no se mueve porque no hay dinero hasta ese momento.

Si a estas personas que vendrán les dan la tarjeta roja o de la blanca pasan muy rápido a la roja como en otras ocasione excepcionales ha ocurrido, querrá decir que ya son admitidos a trámite y provisionalmente podrán trabajar y tendrán acceso a lo establecido de ayudas, pero para refugiados, no mezclemos, no podrán pedir subsidios o vivienda por si alguien quiere utilizar este argumento de manera torticera. Pongamos que a ese tipo de posibles prestaciones (vivienda pública y rentas por ejemplo) se llega en situaciones normales, a fecha de hoy, a partir de los 5 años de media y dependiendo de los requisitos que establezca cada administración que suele pasar por los años (5) de empadronamiento en la zona. En el actual sistema uno de los problemas detectados es cuando el programa específico de atención a los refugiados que dura entre 18 y 24 meses se acaba y las personas no pueden acceder a la red normalizada de atención.

Evidentemente y desde el principio, sanidad y escolarización son otra cosa. Todos los niños y niñas tienen que ser escolarizados y la comunidad educativa ya tiene experiencia en hacer inmensos esfuerzos, lo cual es para seguir agradecidos. Y sobre la sanidad, curiosamente, el debate ya venía servido si bien estas personas no serán, cabe pensar, “irregulares” en ningún momento ¿o sí?

¿Qué podemos esperar entonces? Dependiendo de cómo se quiera resolver las cuestiones anteriores y no se debe olvidar que por el Convenio Dublín se puede devolver a la persona al primer país en que fue registrada, algunas personas, si pasan muchos meses en un recurso de alojamiento a la espera de unos trámites administrativos, por mucho que estén dando clases de español y tengan las necesidades básicas cubiertas, es posible que piensen en moverse hacia otro país. Pónganse en su situación y es humanamente comprensible. ¿Desde la admisión a trámite cuánto tiempo podemos esperar que pase hasta que se resuelva el expediente y sean concedidos asilo? ¿Se concederá una situación humanitaria, será caso por caso o se hará trazo grueso por nacionalidad por ejemplo? Quizás la guerra acabe antes y muchos quieran volver a su país de origen. Algunas familias o personas, tal vez, decidan quedarse y reiniciar su vida en España, según les vaya. Algo de fraude puede intentarse, claro, si personas que se ven sometidas al sistema de asilo a fecha de hoy, ven que pueden obtener alguna aceleración en su situación con el sistema que se establezca para las crisis humanitaria, pues lo intentarán, cosa también humanamente comprensible.

La presión de la sociedad civil y que se produce en un periodo electoral es algo maravilloso. Habla muy bien de nosotros y nosotras. Es posible que por cómo se han resuelto situaciones similares antes, determinadas expectativas no queden cubiertas, ni de esa sociedad civil, ni de los propios refugiados y esto genere malos sentimientos. Promesas no cumplidas por un lado, sentimiento de ingratitud por otro. Ojalá que no, ha pasado más veces y sólo por eso cabe mencionarlo, por si esta vez fuéramos capaces de hacerlo mejor, siendo el reto mucho más complicado dado el volumen de personas. Es importante que quienes vengan tengan la información de lo que les espera muy clara y lo es tanto como que lo que les espera sea algo mejor que el actual sistema de asilo, con lo que el reto no es pequeño.

Las entidades sociales a cargo del sistema están insistiendo en que se debe utilizar la misma lógica que ya hoy existe y que implica todo un programa bien estructurado y por fases que cubre del 18 a 24 meses con distintas acciones y apoyos. Sistema que por otro lado goza de reconocimiento en los países de la UE. Ese podría ser el ideal pero sin las cuestiones derivadas de la situación administrativa y legal de las personas claras de antemano puede ser complicado implantarlo. Y dicha situación pasa no sólo por la atención psicosocial, la administración debe poner recursos pues es la única responsable de tramitar los miles de expedientes.

Deberíamos haber pensado antes en el sistema de asilo, es muy lento y burocrático para las pocas concesiones que finalmente se producen en España que es el país europeo que menos concede o casi en porcentaje de solicitudes. Ahora es tarde y parece que nos lo encontraremos todo de golpe, siendo el tiempo para pensar escaso. Se podría decir que bienvenida la situación y así espabilamos, pero como siempre, el problema es que detrás hay personas que pueden sufrir las consecuencias de nuestro desinterés común por este tema hasta ahora. Y si la experiencia no es gratificante y si la sociedad civil se desentiende pasados los calores iniciales, es posible que se dé todavía un paso atrás y empeoremos en España y en Europa la situación para los solicitantes de asilo. Ese riesgo existe sólo con ver la cantidad de personas y grupos que por todos lados, en los gobiernos también y sobre todo, se han mostrado a las claras contrarios a aceptar a otros en su territorio y lo rápido que encuentran argumentos con aparente lógica y pasan al siguiente si se les desmonta.

Selfies

Tal vez le pase a otras personas que, como es mi caso, llevamos muchos años trabajando sobre el tema de la inmigración; siento el fracaso de todo ese esfuerzo.

Hubo un momento en el que se pudo pensar que España había estado casi a la altura de lo que un anhelado mundo civilizado – que a la postre no lo es tanto- requería. Habíamos incorporado a unos 5 millones de personas en nuestra vida en muy pocos años y sin excesivos problemas. En ese momento mirabas atrás y pese a haber visto pobreza, marginación, explotación y racismo, el balance podías llegar a inclinarlo hacia el lado positivo, era posible decir con cierto orgullo que España lo había hecho bien.

Pero fue una ilusión. En cuanto apareció la crisis todas esas personas oscuras que mantenían latente su racismo y egoísmo mientras nos llenábamos las manos con el trabajo de los inmigrantes, reaparecieron con fuerza para convencer a la mayoría de que teníamos que retroceder muchos años en nuestros logros como sociedad. La retirada de la sanidad para las personas en situación irregular y sobre todo la escasa repulsa que tal medida tuvo, fue el punto más claro del fracaso. Estábamos exhaustos, asustados por la crisis, preocupados por la supervivencia cotidiana, mirábamos a ambos lados con desconfianza y nos dejamos llevar, arrastrando con esa inercia muchos de los logros anteriores.

La situación en nuestras fronteras con disparos al agua, vallas, concertinas, ahogados, refugiados sirios… se seguía produciendo, pero parece que habíamos perdido la fuerza para hacer sonrojar a nuestros representantes o los mismos sentían una legitimidad casi incuestionable. Hoy ya no tenemos casi energía para poner sobre la mesa el ridículo tan espantoso que estamos haciendo como parte de la UE con este tema, en el que, además, España no tiene apenas voz política ahora que ya no se trata sólo de pedir más medios sino de arrimar el hombro. Ridículo muy doloroso si contamos los muertos mientras hablamos de cuotas o dinero para luchar contra las mafias.

Los nuevos partidos tampoco prestaron mucha atención al tema, PODEMOS insistiendo sobre todo en los desmanes de la corrupción del sistema y CIUDADANOS incluso todavía hoy respaldando que las personas en situación irregular no tengan acceso a la sanidad. No es que se les pueda culpar del todo, la preocupación por la inmigración había desaparecido de la sociedad, llevábamos, por ejemplo, ya años sin usar la palabra integración que en un momento hasta fue objeto de debate y programas específicos. Éramos y me tienen que perdonar, nuevos ricos que no han meditado todavía sobre su responsabilidad y fuente de riqueza, a fin de cuentas sobre lo que tiene valor y lo que no.

Las próximas elecciones tampoco parece que vayan a ser aquellas en las que se plantee la importancia más allá del dinero de cómo vemos al otro como reflejo de lo que somos nosotros. Menos en este nuestro país en el que las elecciones más cercanas, las catalanas, algunos quieren todavía basarlas en los otros de allí malos y yo de aquí bueno, lo que a mi entender es seguir retrocediendo en la creación de un ser humano mejor. Y me podrán decir que el tema del nacionalismo independentista o españolista no tiene nada que ver con la inmigración, pero yo, como desde hace años, sigo creyendo que sí y mucho. Podría, desde luego, estar equivocado, pero pensemos que cada vez que estrechamos nuestra visión, pensamos que el dinero es un medio y no un fin, necesitamos desmerecer al otro, denigrarle en su condición humana… acabamos pensando en cómo limitar el acceso a algo o alguien, en poner una frontera o una valla. Si proliferan los selfies del ombligo de cada cual es porque no queremos vernos en el espejo del otro, creemos que somos tan autosuficientes como malo devolviendo imágenes al que encima deberíamos pedir ayuda para que nos haga la foto.