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Tentación utilitarista

El día 15 de junio de 2016, Milagros Pérez Oliva escribió un artículo para El País titulado La tentación utilitarista de la Iglesia Católica. En el mismo critica su publicidad a modo Ikea que pretende destacar la aportación económica de la Iglesia a la sociedad. Al final de su argumentación dice que hacerlo es tan mala idea “como … lo fue en su día la pretensión de algunas entidades humanitarias de utilizar como argumento en favor de los inmigrantes lo mucho que contribuían a la economía”. Creo entender que con los ciclos económicos, lo que un día parece un buen argumento a la vuelta se te vuelve en contra. Pero no termino de ver la idea.

La inmigración en España aportó a la economía (y lo sigue haciendo). No fue responsable del ciclo expansivo provocado sobre todo por la especulación en el ladrillo, pero sin su presencia tampoco habría podido ser como fue, sirvió para retroalimentarlo. La gente venía (y viene) porque había trabajo y pagaban sus impuestos y trabajaban, luego estaban contribuyendo. También compraban o alquilaban sus casas, los libros para el cole, iban de vacaciones favoreciendo el consumo interno… lo mismo que todos y todas las que vivimos en España. Tampoco conviene olvidarse de lo que supuso tener a disposición un trabajo mayoritariamente femenino para el servicio doméstico porque ello también contribuyó a mayor presencia de la mujer española en el mercado laboral; un salto pequeño más que fue posible no gracias a nuestro planteamiento sobre la conciliación. Hubo (y hay) también muchos abusos en sueldos de inmigrantes pero incluso eso contribuyó controlando la subida de costes salariales que, fue un error e ilegal en muchas ocasiones, sí, pero no pocos (los de siempre) se beneficiaron de ello cuando podían haber elegido hacer algo distinto.

Al pincharse la burbuja que todos podíamos ver era algo que tenía que ocurrir aunque no quisiéramos verlo, lo mismo, los inmigrantes siguieron y siguen contribuyendo; no fueron responsables del auge ni de la caída o tanto como los demás. Ahora bien, que alguien opina y opinaba que todo fue culpa suya, que son el problema, claro, tradicionalmente la inmigración es un chivo expiatorio de todos los males, en eso tampoco fuimos innovadores. Por todo ello no entiendo el argumento de Milagros Oliva, no sé en qué se equivocaron las “organizaciones humanitarias” al señalar lo que es cierto; contribuyeron y contribuyen a la economía.

El problema, entiendo, es el enfoque económico de los asuntos. Hoy todo tiene ese mirada, pero de la inmigración siempre se habló en esos términos, había quienes querían justificar lo injustificable mediante el daño a la economía que la inmigración causaba. Las organizaciones humanitarias intentaron desmontarlo. Lo que no podían hacer era apelar a cuestiones humanitarias en contra de argumentos económicos, pues no había, España se beneficiaba de la inmigración y era conveniente decirlo aunque no todos ni todas se lo creyeran.

Pero sigamos hablando de la pasta. Debemos definir lo que es una organización humanitaria porque para muchos lectores en esta idea puede estar el problema. Tal vez parezca que se trata de un grupo de gente con rastas que cree en unos valores extraños o del otro lado ya pasar a los curas. Evidentemente no es ni una cosa ni otra, hay muchos tipos de organizaciones que sería pesado describir aquí. Pero sí, tenemos que hablar del concepto “sin ánimo de lucro”. En este mundo mercantilizado puede resultar algo raro, pero no significa que, por un lado, estén los de las rastas viviendo casi en la indigencia por su alma comprometida y por otro los curas viviendo en la opulencia. Sí significa que hay actividad económica, estas entidades, la Iglesia también, contratan (con bajos sueldos casi siempre y ello está relacionado de nuevo y entre otras cosas con el factor género) pero también tiene proveedores, dan servicios y tienen un mercado de trabajo indirecto a su alrededor, es decir, hay actividad económica que se refleja en el PIB. Cosa bien distinta es que no repartan beneficios y que si los hubiera, lo que se denomina excedentes, se reinvierte en la propia actividad generando más valor. Además y precisamente por la actividad a la que se dedican una buena parte de estas organizaciones, en principio, ahorran unos costes en gastos sociales, primero cuando previenen situaciones más graves y segundo porque son más baratos que las administraciones (de nuevo y no conviene olvidarse).

La Iglesia que es el objeto de crítica del artículo, ocurre que tiene dos vertientes, una por ser Iglesia y dedicarse a lo relacionado con la fe y la educación a ella vinculada y otra por su “labor humanitaria”. Ambas generan actividad económica. Y por ambas recibe dinero del Estado, por tradición cultural y el poder que supone por un lado, y por otro con sus ONG. Por poder se pueden criticar ambas. De una parte la Iglesia tal vez goce de muchos privilegios y tal vez no rinda las suficientes cuentas. De la otra, puede discutirse, no pocos lo hacen, si una perspectiva asistencial, caritativa, de la intervención social es lo que queremos, pues prefieren otra basada en los derechos sociales, pero las ONG de la Iglesia no son las únicas que tienen esa perspectiva en nuestro país, hay muchas otras.

Creo que no se puede discutir que la Iglesia y en concreto Cáritas ha estado en el centro del debate sobre la pobreza y que, a diferencia de muchas otras ONG que no han podido hacerlo por su dependencia del dinero público o por su propia incapacidad de gestión, ellos y ellas enfadaron hasta a un Ministro. Las ONG, en mi opinión, deben mantener la capacidad de enfadar a los poderes públicos, sean del color que sean y esto no ocurre en nuestro modelo, principalmente por el sistema de financiación que debería ser revisado. A parte del no fin de lucro, está la idea de ser organizaciones no gubernamentales.

Ocurre que en casi todas las ONG se ha hablado en algún momento de la idea del retorno de la inversión y decirle a la sociedad lo que cada euro que llega a estas organizaciones devuelve a la misma. Se han realizado algunos intentos con – me temo – poca repercusión. Es un sector sobre el que siempre se habla al final de la lista o de la agenda y está bastante mal tratado. La izquierda, por ejemplo y en general, cree que es mejor incorporar su labor a lo público como servicio, y a veces olvida que ello requiere hablar del modelo de Estado de bienestar que se quiere y de la participación y organización de la propia sociedad, cuna de la izquierda. La derecha acepta que se presten servicios, eso sí, del estilo caritativo y más baratos, como si ello significara necesariamente eficiencia. Las ONG tienen muchas cosas que mejorar y una no es incorporar lo que se les dice desde el marketing empresarial en su quehacer, como han venido haciendo con escasos resultados pese a las promesas. Lo que sí es cierto es que salvo unas pocas, el resto siempre están bailando por unas migajas de presupuesto, lo que limita su capacidad para pensar en soluciones. Y siempre se les reprocha, desde muchos frentes, que no ocupen todo su dinero a la actividad que realizan, como si generar estructuras no fuera la clave para desarrollar e innovar.

Otro debate en esta situación, y mejor para otro día, es cuánto unos y otras, poderes y ONG, están convencidos del todo sobre favorecer que los grupos sociales más desaventajados, los estigmatizados y excluidos, puedan tomar el control de su propia situación y reivindicar por su cuenta; eso podría resultar bastante incómodo para no pocos.

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Integración como excusa

En un reciente debate a cuatro televisado, Andrea Levy, del PP, tras mostrarse de acuerdo con la parte humanitaria del tema de los refugiados sirios, justificaba (o eso creo) la lentitud y casi inexistencia de los procesos de llegada a España por la necesidad de garantizar una adecuada integración.

Tal como en estas líneas antes ya he mencionado, no es hoy popular negarse a la acogida de refugiados, ningún partido político, ni político o política suyo, lo hará; unos por convencimiento otros porque no tiene sentido, dada la posición Europea, desgastar la propia imagen.

Por otro lado, la idea de ofrecer garantías de integración es una estrategia interesante porque pretende poner de relieve una honda preocupación por las personas que vendrían; si no somos capaces de conseguir que tengan un trabajo y una vida independiente no sería algo bueno y justo por nuestra parte. Cierto, y si eso, además, no se puede garantizar para la mayoría de personas que ya residen en el territorio, como para ofrecérselo a los que recién llegarían. Una idea así entronca muy directamente con la preocupación por el empleo y los recursos públicos que tiene una buena parte de la ciudadanía que, a groso modo, puede concederle cierta validez al planteamiento de “si no hay para los de aquí como para…”

Buscando más información encontré esta página del PP en la que Andrea Levy aparece en una imagen con el entonces Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, mientras – parece – este hablaba de integración. Su planteamiento es que “el último eslabón de la acogida siempre es la integración”. Uniendo ambas cuestiones -entonces- acojamos primero y ya veremos en el futuro cómo va la integración, no pospongamos su llegada ante una situación dramática por lo que pueda ocurrir mañana.

Pero a mi entender, también ver la integración como un proceso lineal -de la acogida a la integración- es un error. Si aceptamos eso podríamos pensar que pase lo que pase en la acogida no importa, la integración viene después y es aquí cuando se le da más importancia de la que tienen a la lengua, los valores o el empleo en ese camino en una sola dirección. Para que se produzca integración hay toda una serie de factores que se influyen mutuamente, muchos de ellos, más de lo que se suele considerar, dependen de la sociedad de acogida y empiezan antes incluso de la fase de acogida.

En el segundo debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera para Salvados, por ejemplo, este último quiso establecer una diferencia entre refugiados y refugiadas que huyen de una guerra y las políticas de inmigración, en concreto la medida de retirar la tarjeta sanitaria. La figuras del asilo y la inmigración son distintas, las personas muchas veces son las mismas, pero lo que desde luego sí es dependiente es lo que se haga en un caso y en el otro de cara a la integración. En nuestro día a día social es muy difícil que distingamos en una persona extranjera si es solicitante de asilo o inmigrante, ni recurriendo a si hablan español o no, menos por el color de la piel, tenemos todas las garantías de acertar. Dada la aplicación administrativa y por lo tanto política de los convenios de asilo, son muchos los años pasados en los que personas solicitantes se quedaban como inmigrantes irregulares en España y, como recientemente se ha denunciado (en Italia por ejemplo se viene haciendo hace más tiempo) el número de solicitantes que acaban siendo personas sin hogar es significativo.

La integración es mucho más que las medidas administrativas que se apliquen, es un proceso multicausal que empieza por cómo la sociedad ve y define al otro, siendo menos de lo que se cree un proceso de pura voluntad del que llega, con fases predefinidas. Incluso el peso de las ayudas (muy escasas pero que preocupa mucho y genera cierto resquemor) es menor que el del racismo institucional. En este caso hace más daño a la integración las trabas que pone la propia administración que luego se queja precisamente de la falta de integración.

Tuvimos constancia hace unos días de que Amnistía Internacional Alemania denunciaba el racismo institucional en ese país. No son sólo las agresiones en la calle, el racismo institucional es una forma moderna de racismo, mucho más sutil que la agresión de persona a persona. En el marco de un proyecto europeo sobre asilo tuve oportunidad de reunirme, junto con el grupo de colaboradores y colaboradas, con altos funcionarios de distintos países, Alemania e Italia entre ellos, al margen de España. El racismo institucional se hacía patente en muchas conversaciones y ante nuestras preguntas, y casi siempre empezaba por el tema de la integración. La integración, torticeramente entendida, se ha convertido en una nueva excusa para estigmatizar, prejuiciar y excluir.

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¿Estado de bienestar?

Leer los Tres Mundos del Estado de Bienestar de Esping-Andersen (es de 1991) y poner hoy las noticias justo después, puede resultar una experiencia chocante. Para llegar a la definición de sus tipos de Estado de bienestar introduce elementos de análisis que no se habían tenido tan en cuenta hasta ese momento. Viendo la evolución histórica en varios países, nos dice que es importante cómo se forma la clase trabajadora, la formación de una coalición política en la transición de una economía rural a una de clases medias y cómo esas reformas fueron institucionalizando las preferencias de clase y el comportamiento político. De las tres, las coaliciones políticas le parecen determinantes puesto que no es cierto en ningún caso histórico que una clase por si sola, ni siquiera las movilizaciones de las clase trabajadora (cuando era más uniformemente identificada y autoidentificada) y la acción de sus partidos, tuvieran un efecto final decisivo en la formación de Estados de bienestar.

A veces da la sensación de que sobre nuevas alianzas de clase estamos hablando en estos días. Podemos, con su primer planteamiento de transversalidad, se ayudó a conseguir votantes de clases sociales distintas; alianza que en buena parte se mantiene aunque ya no utilicen esa estrategia e incluso con la unión de Izquierda Unida.

Es verdad que muchas personas dicen estar cansadas de la situación política y de políticos y políticas, pero cuando el ruido periodístico-político cesa por un instante, de fondo intuimos que se están discutiendo cuestiones importantes relativas a nuestro modelo de Estado de bienestar. Ejemplos de ese ruido son diarios. Un programa de televisión sobre política, por ejemplo, invitó hace dos días a Susana Díaz para llevarse casi la mitad del tiempo intentando desentrañar su relación y juego de poder con Pedro Sánchez, apelando a las contradicciones sobre lo dicho por unos y por otros, queriendo interpretar cada gesto, lo que no pocas veces parece más un debate sobre un reality, y a lo que estamos tan acostumbradas. El tiempo libre del que ella disponía tras defenderse, lo aprovechó para verter opiniones estratégicas sobre el resto de partidos, en aquel caso tocaba muy especialmente Podemos, y residualmente, defender que su partido es el único social demócrata.

Pero si esa es la norma, no es menos cierto que la ventaja de una campaña tan larga es que ha tenido momentos importantes como cuando se cuestionó la Transición. Si atendemos a Esping-Andersen la posible explicación de la formación del Estado de bienestar en España deber estar muy influida por el tiempo más que de sobra que tuvo Franco durante el cual se hizo, por ejemplo, parte de esa transición de una social rural a otra urbana y se forjaron alianzas de clase determinadas y no otras. También cabe pensar sobre la tan aclamada Transición pues igual, explica el modelo que hoy tenemos y no pasa nada si se cuestionan las alianzas de clase, políticas o la institucionalización de determinadas reformas; no poder hablar de la Transición como de Franco sin despertar pasiones y críticas es un grave error para entendernos y decidir hacia dónde queremos ir. O visto de otra manera, cuando los ataques son tan frontales a quienes se atreven a mencionar cualquiera de esos dos temas, invita a pensar que algo de fondo existe, tal vez de un cambio de modelo se puede estar hablando y ello incita el nerviosismo.

La lógica -nos dice el autor- es que lo mismo que se puede utilizar para entender la formación de un Estado de bienestar se puede usar para evaluar su posible desaparición. Y consigue desmitificar la idea de que cuando el gasto social se considera muy alto o se cuestiona la subida de impuestos se den retrocesos en el Estado de Bienestar, es justamente lo contrario. Los riesgos para el Estado de bienestar están, en realidad, en el carácter de clase del mismo. Los basados en la lealtad de las clases medias tienen más fortaleza que los liberales (que en principio son los menos) que se apoyan en la lealtad de una clase social de menor tamaño y también con menor presencia política que no poder. Atendiendo a nuestra realidad española y que justo existe una crítica al excesivo gasto y los excesivos impuestos (siempre por debajo de los de otros países europeos) y si Esping-Andersen tuviera razón, no queda otra que pensar en que nuestro modelo bien podría ser el liberal y las alianzas de clase para sostenerlo no son tanto las de las clases medias. La cosa parece seria, pero encaja y siempre hemos albergado esa duda ante la postura de la mayoría de los grandes medios de comunicación que, en conjunto, parecen un rodillo.

Otra cosa que quiere desmitificar es que el Estado de bienestar garantiza la igualdad. Puede ayudar pero no cabe obviar que genera su propia estratificación social en función de circunstancias de clase favorecidas en cada caso. En las sociedades precapitalistas -argumenta- al no depender de la venta de nuestro trabajo, los individuos todavía no éramos una mercancía. La introducción posterior de los derechos sociales supuso un intento de desmercantilización bajo la idea de que una persona no dependa sólo del mercado para ganarse la vida. Ahora bien, resulta que la asistencia social o la seguridad social no necesariamente libran al individuo de su dependencia del mercado, como bien sabemos. Tal y como están planteados o bien trabajaste antes o bien tienes que demostrar que eres realmente pobre para tener acceso a recursos, normalmente y además, muy insuficientes y con mecanismos de estigmatización; cualquiera de las dos alternativas están orientadas a que se prefiera depender del mercado salvo que no tengas otra alternativa por alguna circunstancia grave. Ciertamente esto varía entre los distintos modelos que propone, tiene grados.

El Estado de bienestar no nació del buenismo, obviamente, ni de gráciles concesiones de las clases privilegiadas sin más, los equilibrios de poder, las contradicciones y alguna que otra consecuencia no querida también, fueron determinantes. Los razonamientos de los primeros liberales, en su contexto histórico y por ejemplo, fueron revolucionarios, progresistas si se quiere, pero no cabe olvidarse que vivían en sistemas opresores de las libertades, de la empresa (hoy emprendimiento) y muy corruptos; estados que defendían privilegios absolutistas mientras ellos veían que el mercado podría llevarnos a la libertad y la igualdad. Es curioso, pero no lo es menos que una vez apareció la industrialización, muchos de ellos vieron, de paso, que la democracia podría ser un problema para el mercado pues las masas detectaban en ella una forma de revertir el sistema de privilegios. No pocos liberales defendieron el absolutismo y el patriarcado como formas de garantizar el mercado sin lucha de clases, así el sistema productivo no se basaría en la competencia sino en la disciplina. En las mentes de muchos entonces (y hoy todavía), clase y estatus eran algo dado, natural, si se permitía cuestionar eso, el orden social colapsaría. Tampoco cabe olvidar la desconfianza que tenían los marxistas hacia la democracia puesto que sólo era un envoltorio vacío que se podía usar para sostener las diferencias y la dominación de unas clases por otras. Desde luego el camino no ha sido fácil hasta llegar a los modelos actuales.

Hemos visto, fugazmente, que el tema de las rentas universales y similares ha aparecido durante este prolongado periodo electoral, también que prestos han estado muchos a casi criminalizar por inviable económicamente la idea. La desmercantilización fortalece a los trabajadores y le quita el poder absoluto a los empleadores, razón por la que estos se han resistido siempre. Desde luego hay quien opina que si le ofreces a alguien la posibilidad de no depender del mercado y no trabajar, no lo hará. Por un lado y en las condiciones laborales actuales bien puede ser cierto, desde luego las empresas tendrían que hacer un cambio en sus planteamientos y por eso es comprensible que se resistan a cualquier cosa que les quite el poder absoluto tal como hoy ocurre y esto incluye el pleno empleo que no les interesa.

Hoy, frente al argumento de la disminución del desempleo se utiliza el de la precariedad laboral, si bien lo hemos vivido otras veces antes en los últimos 40 años. Siendo esta última cierta, ocurre que el problema se enfoca demasiado hacia el necesario aumento del consumo para mantener la economía, cuestión que se podría matizar y no se hace porque se basa en la lógica que en los últimos años nos ha dominado por medio de los economistas de cabecera que es la de la linealidad de la economía; si haces A pasa B, si tiras de aquí sube de allí y de repente vemos que no ocurre. Pero hay un enfoque que se da menos y es el de que existe una clase social asalariada que se deja la vida en entornos laborales hostiles, violentos, de relaciones coactivas y viciadas donde lo más suave que puedes escuchar es que esto no es una democracia y yo no he venido aquí a hacer amigos. Antes eran una clase social, los de cuello blanco, con cierta identificación y simpatías políticas, hoy puede estar más fragmentada, diluida, con menos poder y representación política, pero el sentido de su voto es clave y resulta que muchos y muchas, hartos, son aliados estratégicos de Podemos. Pero se equivocan los que tienen como modelo el que no se pueda prescindir de un trabajador porque resulte caro, el punto de equilibrio sería mejor cuando el trabajador o la trabajadora pudiera decir, me voy porque lo que me ofreces no es satisfactorio, o no te aguanto, o tus chanchullos no me gustan y no sólo me ofrecen otras cosas mejores sino que puedo elegir.

Otra cuestión interesante y de actualidad también en el debate de ayer mismo es que el único régimen que se compromete de igual manera con el trabajo y el bienestar es el social demócrata. En principio acepta que el derecho al trabajo es igual que el derecho a recibir unos ingresos sin trabajar. Obviamente para lograr la desmercantilización es necesario acabar de manera eficiente con muchos problemas sociales de tal forma que la mayor cantidad posible de personas trabajen y no quieran ejercer su derecho a las trasferencias sociales. O bien, como decíamos antes, permitir que las transferencias sociales inviten a depender del mercado. Y aquí es donde el desempleo se convierte en el meollo de la cuestión, de nuevo, el desencanto con la social democracia. Lo que cabe pensar es que el modelo de pleno empleo que se tenga es parte integrante del modelo de Estado de bienestar. Igual que se quiso dejar de hablar de las clases sociales también se quiso dejar de lado, por inviable, la idea de pleno empleo, ambas cuestiones manipulaciones técnicas muy interesadas en la construcción de relatos.

No es casualidad nuestra serie histórica de tan alto desempleo (no trabajamos menos, ni peor, ni somos más tontos que en otros países), es parte del modelo y en el juego de poderes beneficia a unas clases más que a otras, lo sabemos todos y todas. Se puede cambiar sólo cambiando el modelo de Estado de bienestar y es comprensible que los que se han beneficiado del actual, muchos sus mayores críticos, se resistan. Pero Esping-Andersen de alguna forma nos tranquiliza a todos y todas, en realidad nada se hace en la definición del Estado de bienestar sin la participación decisiva de conservadores, liberales y católicos, la izquierda sola no ha sido capaz hasta ahora y no parece probable que lo sea. Tendrán que ver, probablemente a la fuerza, que acabar con ciertos privilegios de clase que se vienen manteniendo les beneficiará más todavía, pero de paso al conjunto de la sociedad. Es como su argumento del ser humano en busca del propio beneficio, beneficia de paso a la sociedad pero al revés. Esto no es un juego de suma cero, el Estado de bienestar no lo es (existe el efecto multiplicador que ya Keynes argumentaba) de tal forma que lo que te quito a ti no es lo que yo gano, el modelo tampoco es la final de una competición de fútbol donde sólo puede ganar uno.

Si no llega ese momento de entendimiento, cabe pensar que la otra posibilidad es la desaparición del Estado de bienestar, no que en torno al mismo mantengamos el debate y la necesaria para avanzar tensión. La cuestión es que los únicos que amenazan con su desaparición son los que defienden más mercado frente al estado, que son pocos con mucho poder. Pero es una posición de fuerza para lograr sus intereses, en realidad todos y todas sabemos que el estado favorece al mercado, que no todo empieza en el mercado, que los que defienden más mercado bien se benefician y utilizan al estado y, en definitiva, que mercado y estado están dependientemente relacionados. Habrá que hacérselo ver.

Ver: El momento populista
Contestación a Susana Díaz: ¿qué es la socialdemocracia?
¿Socialdemócratas?
¿A quién pertenece la socialdemocracia?

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Minimax o maximin

El 31 de marzo de 2016 Fernando Vallespín publicó en El Pais un artículo titulado Minimax o maximin en el que analizaba las posibilidades de acuerdo entre tres partidos antes de convocar unas nuevas elecciones. Y -a mi al menos- me resultó muy de agradecer que alguien intentara aplicar una forma de análisis algo menos basada en las adhesiones viscerales a la que tan acostumbrados y acostumbradas estamos en esto de la política.

Vallespín tuvo razón final, las elecciones se convocaron, pero no termino de ver del todo los planteamientos que utilizó. Su argumento se basaba en que el escenario para llegar o no a un acuerdo era un juego de suma cero que se caracteriza porque lo que uno de los jugadores gana es exactamente igual a la pérdida del otro. “Y ello porque la posibilidad de elecciones presenta los pactos como un juego de suma cero: lo que unos ganan lo pierde el otro.” Esto es lo que no termino de entender, creo que se refiere a la idea por la que los partidos tratarían de fingir que querían llegar a un acuerdo, anticipando que quien resultara mejor valorado en ese empeño saldría ganando en unas nuevas elecciones y penalizado el que se mostrara como menos cooperativo.

En términos políticos puede bien ser una interpretación, pero nada tiene que ver con un juego de suma cero al que poder aplicar el teorema minimax. Efectivamente este supone que cuando tienes que tomar una decisión para recibir unos pagos que el juego determina, sin saber la que el otro tomará y de la que dependen tus ganancias, existe una solución más racional que otras siempre que pienses que el otro jugador hará el máximo para ampliar sus ganancias, como tú mismo. Si tú decides cooperar y el otro no, quedas como un primo y lo pierdes todo, igual que al revés. Si tú decides no cooperar y el otro tampoco, cada cual se lleva el mínimo de ganancias posible. Si los dos decidís cooperar, el resultado es el mayor posible para ambos. Tu solución mejor dentro las peores posibles es, obviamente, no cooperar, con eso te aseguras un mínimo de ganancias y si el otro hace el primo te lo llevas todo. Como al otro le presuponemos igual información e inteligencia verá la misma situación y lo suyo es que elija también no cooperar. ¿Que el mayor beneficio está en cooperar ambos? Sin duda, pero arriésgate tú primero.

En principio podríamos sustituir no cooperar por elecciones y cooperar por formar gobierno. El problema es que no funciona en todos los 4 supuestos, sólo en 1 de ellos que sería si los dos jugadores deciden acordar gobierno. Si cualquiera de los jugadores decide elecciones, hay elecciones; con una sola decisión por cooperar no se forma gobierno. Desde mi perspectiva nunca fue un juego de suma cero.

Ahora bien, ya Nash estableció que existen puntos de equilibrio en juegos que no son de suma cero. El problema es que las soluciones en estos casos no siempre tienen apariencia de racionalidad. En el nuestro, uno de los dos tenía una jugada muy clara, cooperar para formar gobierno, estaba, si lo pensamos bien, aportando más información de la necesaria para el juego. Al otro le parecía mejor unas nuevas elecciones que lo que recibiría con formar gobierno. Pero y quizás aquí está lo interesante, incluso si se hubiera seguido aumentando lo que recibiría por formar gobierno, es decir, por cooperar, el resultado habría seguido siendo minimax, de tal forma que el mayor beneficiado sería el primero, su rival. Sólo en el caso de que los beneficios por cooperar hubieran igualado los de no hacerlo hasta el punto en que la decisión le resultara indiferente, habría funcionado. Experimentalmente parece ser que en el mundo, por encima incluso de posiciones culturales, existe una tendencia a rechazar un acuerdo que parece injusto aunque te beneficie un poco más que la inexistencia de acuerdo. Parece ser, también, que el dinero o los pagos que se reciben, no son siempre lo más importante para aproximadamente un 70% de las veces, es la percepción de justicia (igual que la posibilidad de sentirse un primo cooperando y verte traicionado) aquello que nos mueve muchas más veces que simplemente presuponer que el rival es egoísta y va a lo suyo.

La clave de lo anterior está en la reintroducción, en la posibilidad de jugar el juego más veces. Se intentó decir que el juego se jugaba sólo aquella primera vez a todo o nada, pero no era cierto -todos los sabíamos-, con la información recibida del primer juego se jugará un segundo. Si el escenario es el mismo y se necesita llegar de nuevo a un acuerdo, lo importante no será ya si el que vota cree que uno tuvo más o menos culpa en la situación anterior. Si esa fase se supera y la situación es la misma que la primera vez, lo importante estará en lo justo que se considere el acuerdo y las posibilidades serán que o bien uno castigue al otro por su decisión anterior de no cooperar y entonces habría que jugar una tercera vez o que plantee un acuerdo que el otro considere mejor.

Si todo esto fuera cierto y valiera para algo, lo primero es que al no ser un juego de suma cero, uno de los que jugaban tenía más que perder que otro. Y, en la posibilidad de acuerdo, influyó menos ese incierto futuro de nuevas votaciones con castigo o no a las actuaciones de cada parte que en realidad el sistema de pagos, el acuerdo. El análisis por medio de juegos como el dilema del prisionero, o el uso de las doctrinas clásicas de negociación pueden ser muy interesantes, si bien aportan más al análisis a posteriori que soluciones seguras para situaciones reales. Cualquier situación real que busque una solución sin subterfugios en los que esté la clave del éxito, requiere primero que se acuerden las normas del juego, luego ya se puede pasar al contenido. Quizás, no lo sé, no estamos acostumbrados a estas situaciones en las que no existe una ley o un procedimiento que interpretar y se debe construir un marco antes de dar el siguiente paso. Acordar cómo se acordará es muy distinto a establecer lineas rojas, umbrales mínimos que le toca descubrir a la otra parte o subastas al mejor postor. Quizás la próxima vez.

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Sí pero, refugiados

Al menos en España ya son pocas las voces públicas que arremeten contra la acogida de refugiados y refugiadas de esta crisis. Puede ser que aquellas se esperaría críticas estén convencidas con los muchos argumentos sobre el daño que estamos haciendo no sólo a las personas sino también a la propia UE. Pero puede también que no les merezca la pena ponerse en contra de lo que parece ser un sentimiento mayoritario (aunque no aparezca como principal preocupación en el CIS o precisamente por ello) sabiendo que, en realidad, la UE no hará grandes cosas porque es improbable poner de acuerdo a los estados; para qué entonces arriesgarse a ser impopular.

Sí pero todavía nos quedan resquicios como se puede ver en esta noticia del ABC que titula “España extrema la seguridad ante la acogida de 200 asilados”. Por supuesto el temor que se quiere sembrar, la relación ya establecida hace unos meses con la que se juega, es el miedo a que entre estas personas se cuelen yihadistas.

En principio no hay nada que objetar a la seguridad que se anuncia, si bien leyendo la noticia o por ejemplo otra publicada en EFE, parece que esta está todavía poco articulada y clara. No obstante cabe siempre preguntar si realmente los yihadistas no tienen otra forma menos costosa y segura para ellos de entrar en Europa. Yo tiendo a pensar que sí, muchas otras, eligen esta dolorosa, calamitosa y peligrosa los que no tienen otra opción, seguro. Con dinero hay opciones mejores de entrar en la UE y pasar desapercibido. No se olviden, además, que en el caso de España, los más normal es que las personas acogidas estén unos 18 meses en centros o en contacto frecuente con personal especializado, y cuanto menos localizadas.

Tampoco conviene olvidar que el tema de la identidad en el caso de los refugiados no pocas veces es algo delicado, si huyen es por algún motivo y se debe tener cuidado para que si alguien quiere encontrarles no pueda hacerlo, es esta también una responsabilidad de los estados, no sólo la de velar por que no se cuelen los malos; proteger a los que refugias.

Verán, todo lo que se dice en la noticia no deja de ser lo que ya está establecido en el procedimiento de asilo que, cabe recordar, no es nuevo para esta crisis. La policía y el ministerio intervienen desde siempre. La noticia menciona, por ejemplo, el tema de los pasaportes falsos, cosa que es tan vieja como el procedimiento; lleva ocurriendo mucho tiempo, no es algo que se desconozca ni tampoco que sea mayoritario entre las personas que solicitan asilo, pero ocurre. Y si lo hace, en contadas ocasiones es para ocultar intenciones o pasados delictivos y más para mejorar las opciones de conseguir asilo que han tendido siempre a ser bastantes escasas, no lo olvidemos.

Hay también una cuestión que me pregunto. En principio estas personas son reasentadas, es decir, ya tienen el asilo concedido en otro país y se mueven para España porque esta quiere y asume ese estatuto ¿o no? No termino de verlo claro entre las noticias. Desde luego hay una diferencia entre ambas figuras siendo parte del mismo sistema. Para lo que nos concierne, ya otro país ha realizado la evaluación tanto personal como de seguridad antes de conceder el estatuto. Y si bien existen más o menos medios según los países, todo está bastante regulado partiendo de los principios generales de la Convención de Ginebra que los países deben aplicar. Tampoco es que España haya acogido muchos reasentados, pero es algo que ya venimos haciendo desde hace unos pocos años.

En mi modesta opinión hay suficientes matices en todo lo relacionado con el asilo como para centrarse sólo en el temor a que se cuelen yihadistas y me gustaría ver que las noticias los van presentando de manera mesurada y realista.

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Señores Martin Schulz y Jean Claude Juncker

Señores Martin Schulz y Jean Claude Juncker, soy muy crítico con esta Unión Europea, vaya por delante, y sus palabras que leo en El País del día 6 de mayo de 2016 me refuerzan en esa postura.

Empiezan ustedes por alabar las palabras del Papa sobre la integración y a tenor del premio Carlomagno que se le otorga. Yo también, pero me hubiera gustado más que esas ideas hubieran sido expuestas por ustedes como presidentes de la Comisión y del Parlamento Europeo. No es que yo ironice con que muy mal debe irle a la UE para que tenga que recurrir a las palabras del Papa -como ustedes anticipan que algunos y algunas harán a raíz de su artículo-, no finjo mi profunda preocupación por ello.

Ustedes, en su artículo, establecen tres retos del presente: mantener nuestro estilo de vida europeo, garantizar la seguridad y la paz y gestionar la inmigración.

La elección del primero, mantener el estilo de vida europeo y en ese orden, es muy importante, no tiene mucho que ver con lo que propone el Papa y en cierta medida, es contradictorio con los otros dos. Para empezar, el concepto es ambiguo, tal como deben ser todos aquellos que esperan granjearse un alto consenso. Así dicho, parece que ningún europeo podría oponerse a mantener su estilo de vida, pues -además- la imagen que existe de otros y por comparación, hace que sea deseable el que se tiene que ni tan mal. Pero, “mantener” parece un concepto algo reaccionario, quedarnos como estamos a toda costa; no implica mejorar. ¿Es satisfactorio para un gran proyecto como el de la UE sustentarse en “mantener” algo, no en mejorarlo? ¿para eso nos unimos, para defendernos mantenido posiciones? ¿es posible pensar que a muchos europeos y europeas “mantener” les viene realmente muy mal a la salud?

Su ambigüedad, no obstante, continúa, y me parece entender que estilo de vida se refiere sólo a resultados económicos, el crecimiento, por ejemplo. Argumentan, además, que los estados europeos, permaneciendo juntos, pueden ser el árbitro entre las grandes potencias. O sea, que no consideran que Europa sea una gran potencia y se conforman con influir un poco entre lo que otras grandes potencias hacen que es, supongo, luchar por mantener su propio estilo de vida. No sólo me parece, de nuevo, poco ambicioso, sino antes equivocado, Europa podría definir un nuevo estilo de vida diferente al de esas otras potencias, debería y creo que muchos europeos y europeas estarían dispuestos y dispuestas, pero no por una cuestión sólo de valores, es que, además, el estilo de vida europeo actual no les ayuda en nada a su día a día.

Siempre parece que defender una idea así es menospreciar el crecimiento económico, y no es el caso, en realidad ustedes mismos mencionan que la fortaleza europea es su mercado interior, potencialmente -creo- mayor que de Estados Unidos, lo que, a priori, nos debería mostrar que podemos marcar pautas a seguir en el mundo, no sólo asumir un papel de árbitro.

El problema es siempre el mismo, no creo que ustedes desconozcan que cualquier proyecto que merezca la pena y por el que los individuos se quieran realmente mover y conmover, debe contener unas ideas de transformación de la realidad y de mejora de la misma, no sólo tratar de dinero. El dinero y la economía no son un fin en sí mismo, son un fin para poder desarrollar algo que deje huella, que signifique.

Pues bien, dado que el orden por ustedes establecido pone en primer lugar el dinero, en su forma conservadora de mantener un estilo de vida -sin definir- no de mejorar nada y sí de arbitrar entre otro concepto ambiguo como el de grandes potencias, queda muy poco que añadir; en un segundo lugar ya viene el objetivo de la paz y el de la gestión de la inmigración. Las ideas económicas abstractas como el crecimiento son -sabemos- muy interesantes cuando van en primer lugar pues ejercen el efecto de un continuo horizonte por alcanzar que se mueve con cada paso que damos. Como nunca se alcanzarán los resultados, nunca se puede dar el paso al segundo y tercer objetivo. ¿Qué puesto en las listas de la economía mundial se debe tener para velar por la paz y la seguridad o preocuparse de los refugiados? ¿Cuánto crecimiento hace falta?

No pudiendo ser menos, por una parte de nuestros valores europeos compartidos (que no poco tienen que ver con el cristianismo), ustedes buscan un culpable que no es otro, en este caso, que los estados pues, a veces, parecen no querer entender ese gran proyecto. Bien podría ser, pero piensen que si tú a alguien le dices esto va de la pasta, no puedes esperar que luego no mire por la suya y se centre en lo que quiera que sean los valores europeos o en permanecer unidos.

El proyecto europeo, al menos el que yo visualizo, está necesitado de historias de éxito, concepto que utilizan los consultores de empresas y demás. Desde luego el mantenimiento de la paz y seguridad en el mundo y cómo se aborda el tema de los refugiados no lo son y no lo han sido, nada tiene que destacar la UE en este sentido, más bien en el contrario, habiendo provocado menos seguridad y paz y con ello más miseria y refugiados. Es verdad que ustedes mencionan el tratado nuclear con Irán y el del cambio climático de París. No está mal, desde luego, pero ¿son historias de éxito europeo?

Añaden, por terminar, algo que me tiene todavía sobresaltado, resulta que los voluntarios y voluntarias que atienden a los refugiados son los que muestran el rostro humano de Europa. No es que no sea así, precisamente lo que asusta es que ese rostro humano sólo lo pongan los voluntarios y el Papa y no los gobiernos y las empresas europeas. Sí, también las empresas, porque ya está bien de esta bula papal que tienen para no hacerse cargo de ciertas cuestiones delegándolas en los estados y que no nos lo cuestionemos, como si el tema no fuera tan importante para el futuro de Europa y por lo tanto para el suyo como empresas, tanto como por ejemplo el TTIP. Si seguimos pensando que está bien que las empresas miren sólo por sus intereses económicos, igual que hacen los estados, qué podemos cuestionar a nadie, sólo estamos jugando todos y todas con las mismas normas del juego.

Ustedes quieren que nos levantemos y luchemos por nuestra Europa común ¿pero qué idea de Europa? ¿para qué? ¿para ganar más dinero, quienes? ¿incluye esto sólo a los asalariados, a los votantes y no a las empresas? ¿Y a los inmigrantes y refugiados o a estos sólo los gestionamos lejos?

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Ineficiencia

En el libro de sociales de mi hija dice que la Unión Europea la forman 507 millones de personas. ¿Este sistema es tan ineficiente que no puede asumir la entrada de un millón, dos, tres o cuatro de refugiados y refugiadas? Pues parece ser ¿resulta – entonces – mejor, pagar 6 mil millones a Turquía para que atienda a los refugiados y refugiadas?

Imaginemos por un momento que hablamos de un total de 4 millones de personas – pensando en máximos que podrían querer entrar en la UE aunque nadie lo sabe – esto equivaldría a darle a cada una 1.500 euros ¿qué nos hace pensar que darle ese dinero a Turquía será mejor que esto último? ¿qué esperamos que haga Turquía? ¿convertirlo en oro?

Da igual que hablemos de Turquía que de cualquier otro país, porque podría parecer que al hacerlo se nos puede colar en la mente las más que razonables dudas sobre que no cumple con los Derechos Humanos y no es eso en lo que nos queremos centrar (aunque cabe añadir que para no hacerlo asume más peso en el apoyo a refugiados que la UE, lo cual es paradójico). Pensemos solamente si cualquiera de las dos alternativas, pagar a un país o darle 1.500 euros a cada refugiado parece eficiente.

Pongamos, por ver otras alternativas que con ese dinero que estamos dispuestos a pagar, diseñamos una red de atención en nuestros países, por ejemplo ¿para cuántos puestos de trabajo nuevos dan esos 6 mil millones? En España ya hay 60 puestos de trabajo nuevos, en el Ministerio, anticipando la llegada de personas que hasta ahora no se ha producido; cosa que probablemente pase en más países ¿es esto más eficiente? ¿se nos podrían ocurrir otras soluciones que lo fueran?

En todo caso el problema no es de dinero, es que nuestro sistema directamente no funciona y cualquier inyección de recursos es muy posible que acabara con ese mismo resultado. Y cada día de los últimos meses que se sigue mareando la perdiz resulta más obvio y más ineficiente.

En este punto se podría añadir que el problema es de voluntad política. Pero es mucho más que eso, la voluntad política no tiene entidad, es en realidad la voluntad de unas personas que viven en la burocracia y esta necesita consumir recursos constantemente de la propia ineficiencia del sistema. No es una crítica a los políticos y políticas, lo es al sistema. Si escuchamos a nuestros representantes políticos estos días, de casi todos los partidos, consideran que la solución propuesta es ilegal, no se puede deportar en masa -coinciden- ¿entonces? ¿cómo los Primeros Ministros y Presidentes, de los mismos partidos que no están de acuerdo, han llegado a proponerla? ¿cómo es posible que ni la primera solución que propusieron ellos mismos, al margen de que fuera buena o no, ni siquiera se ha puesto en practica? ¿quién puede explicar esto? Desde luego no se puede presuponer que sean personas todas poco inteligentes, ni llenas de maldad, eso sería un error.

Llegados a este punto, los ciudadanos y las ciudadanas, nos acercamos más a comprender que el auge de posturas muy duras, racistas, de partidos políticos que están al alza, no se pueden explicar tampoco por esas personas que están en tiendas de campaña al otro lado de unas verjas. Por muchas que sean, desafortunadamente no tienen ese poder pues si lo tuvieran el resultado sería el contrario, por su propia necesidad e interés. Lo que nos lleva a preguntarnos el motivo que tiene nuestro sistema para defenderse a sí mismo de esta manera, la necesidad de vivir de sí mismo, incluso si ello supone favorecer que el número de individuos, europeos y europeas que se radicalizan, crezca tan rápido, como si la historia no nos hubiera enseñado nada de cómo se destruye a sí mismo cualquier sistema.

Stafford Beer escribía: “Así pues, no es válido decir que la única manera de preservar la libertad es el ser tan sumamente ineficientes que la libertad no se sienta ni siquiera amenazada.”

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Organizaciones y máquinas

maquinaEn el libro de James Gleick “La información”, se puede encontrar, entre otras muchas cosas, la historia de Charles Babbage.

En 1810 ingresó en el Trinity College de Cambridge. Allí las matemáticas llevaban un siglo estancadas porque todo lo que Newton impulsó se había convertido en una pesada losa. Sus métodos y formulaciones de cálculo estuvieron bien mientras él los usó, pero eran una frustración para cualquier estudiante y aun así, los profesores consideraban cualquier innovación como una traición a su memoria.

En cualquier organización existe un lenguaje propio, un sistema de símbolos que determina los límites de la misma, aquello de lo que se habla y cómo se piensa. Por un lado esto es necesario, por otro no siempre facilita el cambio o la innovación.

Babbage, siendo estudiante, se propuso utilizar el lenguaje de Leibniz, pero sobre todo hacer resurgir las matemáticas inglesas exponiéndose a que sus profesores le ridiculizaran, como a sus amigos, constantemente. Crearon un club que llamaron los Extractores cuyas reglas para evitar el exceso de cordura -nos cuenta Gleick- eran las siguientes.

1. Cada miembro comunicará su dirección al secretario una vez cada seis meses.

2. Si esta comunicación se retrasa más de doce meses, se dará por supuesto que sus parientes lo han encerrado por loco.

3. Se hará toda clase de esfuerzos legales e ilegales para sacarlo del manicomio (de ahí el nombre Extractores)

4. Todo candidato a la admisión como miembro deberá presentar seis certificados. Tres de que está cuerdo y otro tres de que está loco.

Si pretendemos cambiar o innovar en una organización es necesario permitir que se inventen primero nuevas formas de hablar de las cosas, códigos distintos y para ello lo es también que se modifiquen las reglas para estimular que ocurra. Y estar preparados para las posibles implicaciones; por eso mismo es tan complicado cambiar o innovar desde organizaciones tradicionales que tienden, como se enseña en la mayoría de escuelas de negocios, a la estabilidad, el control y el orden. La herramienta fundamental para lograrlo es la conversación que curiosamente no es nada nuevo entre humanos, pero no siempre está bien visto que se produzca en entornos laborales.

Conocí una empresa que había organizado unos grupos que llamó de gestión del conocimiento, utilizando una palabra en aquel momento de moda y que vendía de cara al exterior. La idea era que, siguiendo unas reglas muy sencillas, personas de distintos lugares de la organización se reunían para trabajar por temas, tampoco algo tan rompedor. La sencillez de las normas no es una cuestión menor, fue algo que se hizo a propósito y buscaba la participación sin reparos y la auto-organización de los grupos. Al principio se pudo asistir al desconcierto, el primer escollo vino cuando se hizo la pregunta ¿pero lo que hagamos será validado por los jefes? ¿no sería mejor que nos facilitaran un guión, unos límites y nos digan qué quieren? A todas luces esa pregunta no tenía una respuesta que se pudiera verbalizar porque en toda organización hay cosas de las que no se puede hablar, pero en el fondo todos y todas sabían que eso llegaría en algún momento y que no sería así, no se obtendría validación, como finalmente ocurrió.

No obstante, el entusiasmo fue tal que los grupos pronto empezaron a encontrar aquello en lo que querían centrarse, y cada cual a su manera se empezó incluso a dividir tareas y buscó formas de organizarse. A su ritmo aparecieron los primeros documentos, algún grupo creó una web para implicar a personas internas y externas, en fin, que quienes participaron intercambiaban cosas, mostraban su agrado general con la iniciativa, discutían y aparecieron las primeras ideas que podrían haber sido una clave para el negocio futuro. Años más tarde algunas de aquellas ideas seguían dando vueltas por la organización, otras se vieron adoptadas por la competencia que poco después había acabado llegando a lo mismo, perdiendo así la oportunidad.

Los grupos se cerraron alegando el alto coste y escasa productividad que suponían. También latía que algunas de las ideas y personas de los grupos no eran del agrado de la dirección, eso casi siempre está presente. Es muy sencillo para ciertas personalidades tender a pensar que un grupo es una potencial conspiración interna, como si la gente no tuviera nada mejor que hacer con su trabajo y su futuro.

Otra vez asistí al intento de usar, de nuevo, una palabra de moda, think tank, para crear un espacio on-line con ciertos textos elegidos a los que se podía tener acceso previo registro. El planteamiento inicial fue sometido a un grupo de personas expertas y con muy variados perfiles. Se hicieron una serie de recomendaciones que fueron rechazadas con enfado y autoritarismo porque aquí se hace lo que digo yo. El error fundamental es pensar que algo organizado de arriba a abajo, cercenado hasta en la elección de los posibles textos a comentar, controlado para que sólo se puedan hacer comentarios a los mismos, puede funcionar si lo que buscas es la creación de pensamiento innovador. No aparecerá ninguna idea nueva, nadie se atreverá a comentar ni arriesgar ser censurado si un ente superior considera que lo que aportas no tiene valor. Así es también el mundo de hoy, la gente tiene otras posibilidades de expresión y no quiere dedicar su tiempo a relaciones que no son horizontales aunque sea por escrito y a través de la red. Para eso, en algunas ocasiones, ya tienen su trabajo.

La historia de Babbage es muy interesante, repleta como está de inventos e innovaciones, éxitos y fracasos, lo que una y otra vez nos demuestra que estos últimos son parte de la clave, es necesario abrir espacios para el fracaso y hablar de ello. Para muchos Babbage es conocido por ser el precursor de la moderna computadora con su invención de la máquina de cálculo primero y la máquina analítica después, aunque esta última nunca llegó a verse construida. Lady Ada Lovelance, matemática que nunca pudo estudiar por ser mujer en aquella época, ni firmar más que con sus iniciales, se puede considerar la primera programadora; quedó fascinada por la revolución que suponían aquellas máquinas y volcó todo su talento en desarrollarlas. No obstante lo más interesante de la historia, para mí, es ver cómo ambos se las ingeniaban para crear conceptos y palabras que no existían pero que pudieran permitir explicar sus ideas y a la vez desarrollarlas.

En organizaciones tradicionales la conversación más larga que sueles escuchar es aquella sobre los horarios. Algunas han pasado varias veces de fichar y enviar las horas a RR.HH a lo que se llama conciliación (si bien que nunca termina de definirse qué es eso), con los consecuentes malestares en cada salto. Es bastante pobre esta conversación, pero desde luego te aseguras que la organización es predecible, como una máquina bien engrasada.

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Miedo

Debemos antes que nada reconocer a esas personas que han vencido el miedo y denunciado el estado de miedo en el que vivimos. Hay personas que han sufrido y sufren mucho por contar todos y cada uno de esos casos de corrupciones y abusos diferentes que nos dominan. No vale con decir que eso debería ser lo normal en un tipo de sociedad dada o que el Estado de Derecho funciona.

El miedo es, para autores clásicos y modernos, lo que mantiene los sistemas políticos. Supongo que debemos crear una sociedad en la que eso dejara de ser cierto. Cada vez, por ejemplo, que hablamos del paro en términos económicos nos estamos haciendo un flaco favor, dado que en el fondo todos sabemos que es una cuestión del miedo por el que se nos atenaza a diario. Y el miedo genera odio, odio a los de derechas, a los de izquierdas, a los nacionalistas, al vecino, al compañero de trabajo, a la policía, a los políticos, a los periodistas, a los pobres, a los ricos …

Yo al menos os doy las gracias.

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Cameron

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/las-inmigrantes-musulmanas-deberan-hablar-ingles-para-permanecer-reino-unido-4826068

http://www.eldiario.es/desalambre/Reino-Unido-expulsara-migrantes-reunificadas_0_474902707.html

En Europa tenemos un problema si no empezamos a pensar que la integración depende más del grado de prejuicios, clasismo y racismo que del conocimiento de la lengua. Con la reciente pretensión de Cameron de expulsar a las mujeres musulmanas que no mejoren su nivel de inglés sólo queda patente la discriminación por razón de género que impera en nuestras sociedades androcéntricas. Cosa que ya sabíamos, pero que es siempre un argumento en contra de otras culturas porque -decimos- son machistas.

Yo veraneo y me escapo para allá cada vez que puedo, en una mediana localidad costera que tiene un nutrido grupo de ingleses que residen allí de manera permanente. Algunos venían ya a España cuando Franco vivía. Su nivel de castellano es bastante malo, seguro que no pasaban los exámenes que propone paras las mujeres musulmanas -señor Cameron- pero en español. Y no podría decir que no están integrados, ni mucho menos. Se saludan con todo tipo de personas, españoles que no hablan una palabra de inglés, otros ingleses, alemanes y franceses y se toman una cervezas con todos ellos de vez en cuando. En los comercios de la zona son reconocidos y apreciados, todo el pueblo los conoce y son cordiales las relaciones. ¿Los expulsamos señor Cameron? También hay mujeres, no son sólo hombres, algunas tienen hijas que a su vez tienen hijas y que hablan un perfecto castellano, son envidiablemente bilingües.

Algunos, señor Cameron, te cuentan que su decisión no tiene sólo que ver con el sol, se marcharon también porque no aguantaban a una parte de la sociedad rancia británica y la forma de relación humana que por ello se establece. Es su versión, yo no juzgo ni doy crédito, sólo reproduzco lo que a veces he escuchado ¿Los expulsamos?

Y ¿qué le ha dado a usted con las mujeres musulmanas? ¿De verdad me está diciendo que se cree que con la amenaza de expulsión conseguirá que hablen mejor inglés, que se relacionen con otros ingleses y que con ello se integren? En serio usted se cree que ahora que ha señalado con el dedo a las mujeres musulmanas los ingleses harán un esfuerzo por acercase a ellas y favorecer su integración. No se lo ha pensado bien desde luego. Y debería poder explicarnos por qué de entre todas las posibilidades para favorecer la integración va usted y elije la amenaza y específicamente contra las mujeres musulmanas. ¿No es verdad que las mujeres ya sufren suficientes dificultades añadidas por ser mujer como para que usted sume esta? Más si cabe si no tienen ingresos propios y son dependientes de un varón hasta en su permiso de residencia.

Lo que usted está haciendo, en el fondo, es tratar a la mujer como un objeto, una posesión del hombre, algo que seguro se hace también en otras culturas, el mundo es androcéntrico, pero no tengo claro que partir del mismo punto sea una solución. Podría haber optado por empezar a explicar en qué puntos la sociedad que usted temporalmente preside es androcéntrica y como se manifiesta el machismo, luego hacer lo mismo sobre otras sociedades, no sólo partiendo de la religión. Luego podría explicar a su sociedad lo que es la discriminación y el racismo y a los nuevos vecinos y vecinas también para que estén prevenidos y prevenidas. Claro que todo esto es un trabajo a muy largo plazo, un cambio profundo en nuestras sociedades y no da votos de los más radicales islamafóbicos y misóginos.

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