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Procesamiento rápido

De la expresión carne humana (referida a personas migrantes) dicha por Matteo Salvini, ministro del Interior de Italia -ni más ni menos que un Ministro de Europa- a centros de clasificación, utilizada entorno al reciente acuerdo europeo sobre inmigración, no va tanta diferencia. Menos si consideramos que también se usa la idea de procesamiento (rápido) que -siendo susceptibles- puede remitirnos a otros tipos de procesamiento como el penal o de carne. A estos lugares en territorio no comunitario, también se han referido como, simplemente, centros de internamiento de inmigrantes, concepto que -no pocos periodistas olvidaron-, ya es suficientemente discutido en la actualidad en nuestro país pues suponen privar de libertad a muchas personas que no han cometido delito que lo justifique.

Como ya antes en estas líneas  quisimos resaltar, la percepción del tiempo es un componente esencial en el análisis de las migraciones. Después de tantos años de procesos migratorios en Europa, volver a poner en el centro de la discusión la diferencia entre inmigrante económico y solicitante de asilo es -para empezar- una broma de los tiempos que corren.

Existe hoy una alarma generalizada que ha llevado a que el tema de una Cumbre europea fuera precisamente la inmigración. Dicha sensación es impuesta, forzada, el tema aparece en las agendas políticas respondiendo a otros intereses que los de seres humanos que ya llevan muchas décadas padeciendo y muriendo en su proceso migratorio. No quiere esto decir que no debamos alarmarnos, deberíamos estar desolados por tanto tiempo ya de injusticia. Hoy, las disputas políticas internas en Alemania han condicionado el tiempo de tal forma que resultaba evidente que hacía falta una solución sobre el papel para que Merkel salvara presiones. Lo que es, sin embargo, una tendencia y está de fondo -el clima y no el tiempo- es el aumento de poder de la extrema derecha por toda Europa. La misma, sabe que no le interesa una solución al tema, le interesa realmente seguir sacando votos y réditos políticos de una población crecientemente racista que odia a otra empobrecida, desplazada, prejuiciada e indefensa. Es este el circuito de retroalimentación que debería preocuparnos más pues, de momento, no se ven tendencias en sentido contrario para poder frenarlo.

De esa Cumbre, resulta que una de las ideas que quedan es que ahora hay que darse prisa en clasificar a las personas que son inmigrantes económicos y las que son refugiadas. Y aunque no se den cuenta, sólo hablar de clasificar personas de esa forma, ya resulta doloroso. No importa tanto que a día de ayer, pero desde hace años, el proceso de asilo tenga unos plazos que contravengan todas las normas en vigor; para solucionar eso no hay tanta prisa. Recordemos que cuando una persona solicita asilo primero se realiza un análisis para determinar si dicha petición puede ser admitida a trámite. Esto ya tarda y no pocas se ven encerradas por toda Europa mientras ocurre. Al menos en España, la media de resolución de estas solicitudes, ya las admitidas a trámite, está quizás en año y medio, cuando debería hacerse en un máximo de 6 meses, y luego, cerca del 70% de las mismas son negativas, quedando muchas personas como inmigrantes económicos producto de consideraciones administrativas que poco o nada tienen que ver con la vida ni de ese momento, ni de cuando se presentó la solicitud. Imaginen si en una vida más o menos estable pasan cosas en el plazo de dos años y puede cambiar todo, qué no será vivirlo pendiente de un papel.

Los que ahora se quieren dar prisa parece que, conscientes o no de ello, nos están diciendo que hace falta una clasificación más rápida que permita inadmitir mayor número a trámite y clasificar como inmigrantes económicos. Y se quedan más tranquilos y tranquilas si este procesamiento se hace con la gente retenida en unos centros, bien sea en su territorio bien sea en el de algún país fronterizo. Piensan, tal vez, que así tenemos el control, pudiendo devolverlos fuera, a algún sitio, cuando sea. Ocurre y se hace, no pocas veces contraviniendo la ley, pero deben saber que otras muchas más, al final de un periodo de confinamiento, se acaba dejando pasar a la gente, porque no hay motivos para otra cosa.

Muchas de las personas que así piensan, supongo que la mayoría, no han tenido oportunidad de conocer estos centros. Yo sí, varios de ellos en varios países europeos y les aseguro que no querrían estar allí; y los hay de todo tipo, más parecidos a cárceles, más a centros colectivos, más a campamentos. De algunos se puede entrar y salir cumpliendo un horario, de otros no. El caso es que la idea no es nueva, ya la aplicamos y hemos aplicado en el pasado, ni siquiera la de tener centros fuera de nuestras fronteras es nueva. No son la solución y menos si lo que se pretende es disuadir, como quieren que creamos. Verán, lo que es muy común no querer asumir, es que si se endurece el control de entrada y permanece la voluntad de entrar, sólo se favorece a las mafias, que se busquen soluciones nuevas, lugares distintos por los que intentarlo y que se asuman aun mayores riesgos para la propia vida, es una evidencia para quien quiera verlo.

Me encontré con estas palabras de un comentarista influyente de noticias que creo ayudan mucho a entender por dónde se mueve la justificación de lo injustificable, consecuencia de todo este despropósito de Cumbre.

“La guerra en Siria sigue haciendo huir por miles a sus habitantes, y ninguna disuasión por parte de las autoridades europeas les hace pensar que los peligros de las fronteras son peores que los de su tierra. Las penosas situaciones a las que se enfrentan en su camino hacia Europa son mejores que la amenaza diaria de la muerte.”

¿Cómo tienen tanta cara para mentir de forma tan descarada? La Guerra de Siria está prácticamente acabada desde hace meses, el Estado Islámico está prácticamente derrotado y probablemente los mayores males los estén causando los turcos a los kurdos, tanto en Siria como en Irak. Pero como digo, ya no existe la mentira de ser refugiado, la guerra está acabada, hay un plan de reinserción para los combatientes opositores y por lo tanto lo que hay que hacer es empezar a devolver a los millones de sirios que no se hayan integrado, no dejar que sigan viniendo.

No son refugiados, son INMIGRANTES ECONÓMICOS. Y como tal debemos tratarlos.

https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-06-15/las-grietas-del-muro-migratorio-europeo-estan-en-grecia_1578708/

Ya no existe guerra (prácticamente), si existe es por culpa de unos otros, los soldados se están reintegrando en un país asolado, aquellos que no se hayan integrado en Europa se los devuelve y se impide que vengan más porque nos están mintiendo y son inmigrantes económicos, ya no existen refugiados. ¿Cómo debemos tratarlos es la pregunta? Es una pieza magnífica.

Nos dicen que este denominado problema migratorio (ya así llamado por décadas) no tiene una solución sencilla. Puede ser. Si la tiene, pasa en primer lugar por no generar problemas innecesariamente, lo que quiere decir tener un sistema estable de entrada y acogida, pues el tiempo nos ha demostrado ya que este proceso no parará, en el mundo de hoy no. Ello pasa por remover trabas que existen mas que por inventar sistemas nuevos y quizás, tal como estaba previsto en la Cumbre y no se hizo y para el tema específico de asilo, desde la UE revisar el conjunto de disposiciones del llamado convenio de Dublin, como máximo. Si vamos a seguir adelante con la Unión Europea – y eso está por ver entre otras cuestiones por el creciente sentimiento anti inmigración que mueve voto-, no tiene sentido que el proceso de asilo sea responsabilidad del primer país por el que entra la persona. Las cuestiones de procedimiento y económicas se pueden resolver con voluntad, lo importante es el mensaje hacia fuera y dentro que diga que es la zona completa, Europa, la que se hace cargo y compromete con los principios de defensa de los Derechos Humanos entre los que inequívocamente está recogido el asilo. Es la mejor forma de dejárselo claro a las posturas racistas. En el momento que asumamos que cumplir con los Derechos Humanos nos significa un problema, empezaremos a tener uno serio y quizás no esté muy lejos que algún ocurrente -tipo Matteo Salvini- verbalice algo similar.

En segundo lugar, la idea es crear un mecanismo de atención europeo a las crisis. Es decir, tratar las crisis como tal y cuando lleguen, comprometiéndose a poner los recursos necesarios como en cualquier otra crisis. Esto evitaría que el propio concepto de crisis estuviera al albur de necesidades políticas y sí humanas.

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La crisis migratoria ya es historia

Hace unos pocos años, en España, se empezó a preguntar por la necesidad de mantener servicios, programas y profesionales para solicitantes de asilo, dado que cada vez se contaba que llegaban menos. Realmente los números así lo indicaban y estábamos, además, en mitad del fragor de los recortes. Estas conversaciones tenían lugar en torno al 2010 y 2011, justo cuando, también, la opinión pública daba muestras de ser algo más desfavorable a la inmigración, según las series históricas del CIS. Es decir, venían menos personas, se buscaba recortar y la población era más negativa con la inmigración. No se debe olvidar que en el 2012 el Gobierno de España retira la asistencia sanitaria universal a las personas en situación irregular salvo para algunos supuestos y sin grandes muestras de disconformidad por parte de la ciudadanía.

Resulta que por la misma época, 2011, empezaba el conflicto en Siria y sólo dos años después el de Ucrania, que son el segundo y tercer país de los que España recibe en el 2016, más solicitudes de asilo. El primero parece ser Venezuela, cuestión que también invita a la reflexión.

El inicio de un conflicto y la llegada de personas solicitando protección a países europeos, es normal que se dilate, incluso algunos años. Ello tiene que ver con la cercanía geográfica al conflicto, con lo caro y difícil que pueda ser el viaje y con las trabas administrativo políticas, entre otras cosas. Cuanto más difícil es el viaje, suele ser también mayor la sensación de que el motivo de la salida durará más tiempo o que ya no se podrá regresar, y esa decisión también tarda en tomarse, como es humano. Los movimientos de personas dependen de elecciones individuales y no pocas veces colectivas que no podemos predecir, como tampoco el estallido de nuevos conflictos que fuercen a poblaciones a huir. Por este motivo, a parte de por la ilegalidad e inhumanidad, criticamos que el cierre de fronteras o el endurecimiento de la entrada sean útiles, dado que se convierten en parte del problema, siendo siempre decisiones a corto plazo ante dinámicas que deberían ser miradas a más largo plazo. La protección internacional que no es ni mucho menos una idea nueva del siglo pasado, se inventó para eso y perdura.

Si en el 2010, 2011, inmersos en nuestras preocupaciones por salir adelante, hubiéramos sabido que, en el 2017, el número de solicitudes de asilo triplicarían la cifra más alta de todos los años anteriores, quizás y sólo quizás, hubiéramos tenido otro tipo de conversaciones que no fueran cerrar servicios para solicitantes. Tal vez algunos y algunas hubieran incluso sido más contundentes con el cierre de fronteras, quién sabe. Las mentes más perversas que son contrarias a la recepción de personas que solicitan protección en base al Derecho Internacional, puede que incluso se hubieran abstenido de mezclar Venezuela con la política interna si creyeran entonces que esto acabaría teniendo repercusiones en el número de solicitudes. Una vez más, en parte ello se explica porque los movimientos humanos no son predecibles, se adaptan a las condiciones, reaccionan.

La cosa no acaba aquí, 2015 es el año en el que se empieza a hablar con total nitidez de crisis de refugiados en Europa, de la que España forma parte. Los conflictos que provocan la huida no siempre tienen conexión entre sí, a varios niveles pueden ser independientes unos de otros. Pero desde la perspectiva de los países receptores sí podemos ver las conexiones con más claridad. Los países europeos pueden recibir flujos procedentes de muchos conflictos independientes a la vez, pero como tales países, no son independientes, hay conexión entre los mismos, hay influencias; para empezar cierta legislación aunque se salte no pocas veces a la torera. En definitiva, lo que hace uno afecta al resto.

Además y por otro lado, es complicado determinar cuándo un fenómeno alcanza el nivel de crisis, si antes del millón de personas menos una llegando a las costas, por ejemplo o sólo después del millón de personas más una. No es que la situación no fuera desesperada para muchos seres humanos como nosotros, pero nacidos en otro país, los meses antes de que se usara el término, lo era, del mismo modo que las naciones, personas y formaciones políticas anti inmigración crecían desde años antes.

Entonces, resulta arriesgado hacer afirmaciones del tipo: lo peor de la crisis migratoria ya ha pasado. A toda persona con una mínima sensibilidad le gustaría que así fuera, pero no es el enfoque adecuado. Es muy triste pensarlo, los conflictos que generan la migración son diversos, seguirán existido y no podemos saber hacia dónde se dirigirán las personas afectadas. Y el rédito político de ser duro con la inmigración es posible que todavía no esté en su umbral máximo. De esta forma, es fácil que se produzcan nuevas crisis o que la actual se perpetúe y ya no seamos capaces de verlo de otra forma. Cabe recordar cuanto tiempo se quedaron entre nosotros expresiones como avalancha, problema de la inmigración, incluso crisis sólo referida a la llegada de personas a España. Mirado desde el día de hoy, poca justificación tenía tal uso.

Aunque parezca en contra de toda lógica, la mejor manera que tenemos de prevenir crisis futuras es tener un mejor sistema de acogida, una forma de canalizar los flujos migratorios que incluya, por supuesto, a Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia. Estos países son los que hoy con más claridad se oponen, pero no son los únicos, otros no lo dicen y han actuado igual.

Hay dos ideas más que son contraintuitivas. La primera es que el número de personas extranjeras acogidas tiene una relación directa con los movimientos de oposición a la inmigración. Esta relación no es tal, pues coincide que muchos países que se oponen son los que menores porcentajes de extranjeros tienen con respecto a su población total. Ocurre que asentar una idea entre la ciudadanía e ir convenciendo no es tampoco algo que se consigue de la noche a la mañana. Estaba presente, determinados partidos políticos se habían ido encargando de alimentarla y cuando se declara la crisis de la inmigración en el 2015, como profecía autocumplida, se sientan a recoger todavía más votos. El ascenso en Europa de la ultra derecha e incluso el Brexit son claras muestras.

La otra idea es que tener buenas condiciones de acogida hace de efecto llamada. El caso de España, por ejemplo, muestra lo contrario. Las concertinas, las noticias constantes de muertes en el mar, el alto porcentaje de rechazos de asilo, la retirada de la asistencia sanitaria universal, no han conseguido que hoy no soliciten asilo más personas que nunca antes, cosa que pasa desapercibida para los medios de comunicación.

Y en todo caso, siempre habría que definir qué se considera buenas condiciones de acogida. Desde luego no suelen serlo, en ningún país, no las aceptaríamos para nosotros mismos y nos quejaríamos, pero siempre alguien, presto, pensará que cualquier cosa es mejor que lo que se deja atrás, para zanjar la conversación.

Analizar las cosas con una perspectiva más amplia, creo que ayudaría, y desde luego hacer mejores y más profundos análisis que este, claro. No estaría mal -propongo- dejar de usar la lógica simple de la oferta y la demanda, esa especie de idea platónica por la que el mundo tiende al equilibrio y lo único que debemos hacer es darle pequeños empujones cuando éste se desorienta. Heráclito, ya antes que el ateniense, veía que el mundo era un proceso, un fluir constante que gira realizando combinaciones sin fin. Pensar que ayer fuimos refugiados y que mañana podemos serlo de nuevo, amplía las opciones de actuación, incluso nos acerca a soluciones. Sería curioso, por ejemplo, preguntar a Puigdemont qué piensa sobre esto.

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Un pueblo italiano monta barricadas

La noticia fue que un pueblo italiano montó barricadas para no permitir que entraran al mismo 12 mujeres y 8 niños refugiados. El Mundo trata la misma de una manera bastante aséptica -es una noticia- relata lo ocurrido y ofrece información sobre cómo pasó y algunos datos generales. La cuestión es ver luego la cascada de opiniones en forma de comentarios.

Hemos cogido esos comentarios para analizarlos. Estos se podrán ver en la propia noticia y adjunto a esta entrada va un documento que, quitando todas las referencias, deja sólo el texto. Resulta interesante atender a algunas de las cosas que se dice, cómo se dice y, sobre todo, cómo se relacionan. El caso es que sobre prejuicios y racismo algo se ha estudiado, si bien que más sobre las formas que adoptan en otros lugares, por ejemplo EE.UU que le dedica esfuerzos notables, pero que no son necesariamente las mismas.

Para empezar, en los comentarios que ahora miramos, hay varias críticas a los medios; la primera alega que la noticia intenta colar juicios morales. Las personas del pueblo italiano en cuestión -nos dice-, en base a que pagan impuestos y cumplen la ley, están en su derecho al no querer a estas personas. De formas ligeramente distintas, esta argumentación se repite en varios de los comentarios; ya sabemos que contra la inmigración se utiliza que no pagan impuestos y que son delincuentes o terroristas. Es necesario decir que no se habla de inmigrantes en esta noticia, se habla de mujeres y niños refugiados. La distinción es importante en términos de las legislaciones y convenios distintos que llevan detrás cada una de las palabras, pero más importante aún es entender la necesidad de eliminar esas diferencias.

Era de esperar o más bien deseable que la crisis de refugiados en Europa ayudara a entender mejor esta figura y al hacerlo despertara menos antipatías, pero no ha ocurrido del todo. Era de esperar porque se tiende a atribuir menos responsabilidad a quien es perseguido y sufre violencia que a quien decide voluntariamente irse a otro país. Esta discusión entre las figuras de inmigración y asilo puede ser larga, y no es tan sencilla, pero ahora sólo nos interesa recalcar que suele ser más fácil sentirse cerca de quien tiene una enfermedad desde su nacimiento y por lo tanto no tiene culpa que de quien se piensa que se la causa, como el estudio de las atribuciones sobre las adiciones o el VIH, por ejemplo, demuestran.

¿Por qué se empeñan los medios en meternos el tema de la inmigración con calzador? ¿Por qué juzgar la forma de actuar de las personas, que nos guste o no están en su derecho de reaccionar como deseen? Están en sus casas, sus pueblos, sus ciudades. Pagan sus impuestos y cumplen con la ley. ¿Por qué acoger tiene que ser una obligación y no un derecho de los habitantes del país receptor? Qué manera de crispar una y otra vez, y un día tras otro, y desde hace meses. Me pregunto qué ganan los medios montando toda esta algarabía y juicios morales.

Es llamativa la insinuación de manipulación de los medios puesto que en este caso la noticia es, a nuestro juicio y de nuevo, bastante neutra. Otro de los comentarios recalca que ya era hora de que se dijera algo negativo de Italia dado que parecía que era el gran país favorable y respetuoso de la inmigración. A nada que ves la prensa, no obstante, te das cuenta que Italia acumula toda una serie de noticias sobre acontecimientos racistas bastante amplia.

Es importante el rechazo a ser juzgados que aparece en estas palabras. No pocas de las estrategias para eliminar prejuicios y racismo pasan por la presión social bajo la idea de que si se sancionan determinadas expresiones públicas esto supondrá, en primer lugar, una inhibición por miedo al rechazo o la sanción ya sea esta legal o social y, a la postre, se acabará interiorizando, llegando a cambiar el contenido de fondo que mueve la expresión de prejuicios y racismo. Hasta cierto punto cabe pensar que la estrategia funciona pues del comentario se desprende ese rechazo a ser juzgados y por lo tanto que cierta presión se siente, aunque se resiste. Los grupos sociales o las personas dentro de los mismos que se consideran mayoritarios, grandes o importantes, tienen más capacidad de resistir la categorización. En los comentarios se puede ver la necesidad de determinar que se habla desde una posición mayoritaria y si es posible que representa al auténtico pueblo llano.

Hay bastantes palabras dedicadas a clarificar la Historia, esto también suele ser habitual. Lo que se discute es para determinar si la inmigración española fue más ordenada, mejor que la que hoy acontece. El intento es por justificar que tratemos a las personas como antes nos trataron otros o no porque no es lo mismo aquella inmigración que esta. Pero de nuevo no se ajusta al tema de los refugiados de la noticia que, en principio, tienen un estatuto legal y son reubicados o reasentados, es decir, existe un alto grado de orden en su llegada.

Vaya. Hasta ahora los medios solo nos contaban lo solidaria que era Italia con los presuntos refugiados, lo guays que eran sus politicos y lo concienciados que eran sus oenejetas… pero mira tu por donde parece que alli pasa como aqui. Que la minoria buenista de politicos, oenejetas y artistas repite una y otra vez el “güelcome refuchís”. Pero la mayoria de a pie ya esta mas que harta de que con sus impuestos se subvencione esta imigracion masiva y descontrolada de origen mahometano imposible de integrar.

En este comentario sí que hay algo de conciencia sobre la distinción entre inmigrante y refugiado que se soluciona con la expresión “presuntos refugiados”. Ello está muy posiblemente relacionado con las noticias que alertaban ante la posibilidad de que entre los refugiados hubiera yihadistas. En los recientes atentados en Europa, algunas veces han aparecido como culpables, refugiados. Es interesante ver el agrado con el que se muestra que allí -en Italia- pasa como aquí, se sobre entiende que existe mucho rechazo, y se expresa a modo de consuelo o como por sentirse acompañado.

Los impuestos aparecen ligados a las subvenciones a una inmigración masiva y descontrolada, estando detrás políticos buenistas (que son los menos según uno de los comentarios reconoce) y oenejetas. Los apellidos de la inmigración, en este caso masiva y descontrolada, son recurrentes –siempre- es una estrategia discursiva. Vincular asilo e inmigración es sencillo y útil dada la ya larga lista de discursos negativos construidos sobre la segunda.

La idea de buenismo está presente en varios de los comentarios (2) ligada a progres y utopías. En realidad todo este conjunto de expresiones se une a la idea de generar un sentimiento de pena, -lacrimógeno- por estas personas, sentimiento que se rechaza o se califica de estrategia. Es humanamente complicado no sentirse conmovido ante determinadas crudezas por lo que para construir una argumentación se utiliza desde el rechazo a esa estrategia lacrimógena por manipuladora, hasta la innecesaria insistencia en mostrar el tema en los medios. Llevado al extremo, este argumento sería contrario al de la insensibilización por lo terriblemente insoportable que nos transmiten los medios, es decir que miramos sin ver o sentir el telediario, como a veces se argumenta, y pasaría a una petición del público para que determinadas cosas desagradables no aparecieran y así evitar el esfuerzo de encontrar argumentos para aliviarme al conocerlas.

Utopía y buenismo suelen referirse al a) argumento de puertas abiertas y b) no existen medios económicos para hacerse cargo de todo lo malo del mundo. Este “bastante tengo con lo mío” y “aunque queramos no llega para todos” es una máxima inexorable.

Los políticos que nos roban también juegan su papel puesto que en realidad llevan sus vidas en una burbuja, ejemplificada con los colegios privados a los que asisten sus hijos, y no sufren las consecuencias de la inmigración a diario; para ellos es fácil ser buenistas. No importa si es cierto o cuántos hijos de políticos van a colegios privados, menos que los políticos buenistas sean pocos y si estos llevan o no a sus hijos a estos colegios.

En el caso de un comentarista, resulta que ninguno de los partidos con representación parlamentaria podría llegar a solucionar esto y recomienda otros fuera de la representación parlamentaria en el momento, culpando indirectamente a la responsabilidad en el voto de cada cual, de la situación. Otro utiliza las palabras de un pensador de utra izquierda que al parecer así se manifiesta, para justificar que la permisividad con la inmigración acabará decantando el voto hacia el populismo anti inmigración y -cabe suponer- que de utra derecha. Resulta paradójico que si se hace algo distinto a rechazar se acabará rechazando, incluso será peor. La mención a Donald Trump en uno de los comentarios refiriéndose a él como el único que es capaz de resistirse al sistema y por lo cual es castigado por los medios, va en este sentido.

Pero la puerta nunca queda cerrada del todo, se argumenta también que los de aquí ya padecen suficiente y que si eso se llegara a solucionar y sobrara, entonces se podría atender a los demás. Es este un argumento de control, para cuando todo lo demás falla en aliviar – de nuevo – la tensión que se supone uno siente por no preocuparse por los demás; no es así -se plantea- me preocupo por los que están mal, cerca de mi, no soy mala persona. La cuestión en este caso es que las cosas con los de cerca nunca han estado ni estarán bien, nuestros pobrecitos siempre servirán para justificar el no a los otros pobrecitos. Este argumento, llevado también al extremo, expone la necesidad de tener personas cerca que no estén bien, de nuevo para justificarme. Lo paradójico está en que si las personas que están cerca de mi son inmigrantes o refugiados ya no sabemos a qué atenernos, están cerca luego deberían merecer mi atención, entonces es mejor que estén lejos, pero… y si ya están aquí, a las puertas de mi pueblo ¿cómo justifico que no entren?

si usted quiere acojer a alguien me parece muy bien, pero hagalo con su dinero, no con el de todos, y ya de paso firme un aval para que usted con su patrimonio pague las indemnizaciones de los posibles delitos de esos “refugiados” seguro que como usted cree que son buena gente y no delinquiran, no dudara en firmar que usted paga todo lo que ellos causen, lo centrario seria ser generoso con dinero ajeno, hasta ahora no he visto a un proge rascarse el bolsillo para pagar lo que los “pobrecitos refugiados” destrozan ni pagar las indemnizaciones por sus delitos

Es perfectamente comprensible que si alguien es tildado de racista busque estrategias para contra argumentar que no lo es. El racismo liga, en gran parte del imaginario colectivo, directamente con ser mala persona y estar dispuesto a acciones negativas contra otros, y poca gente quiere asumir esto de su persona. Una solución menos deseable es que la persona acepte tal calificación y ya no tenga frenos, ni siquiera gaste energías en intentar construir argumentos, y algún ejemplo hay en estas líneas.

si no os gusta que nos invadan no votéis a los partidos que se consideran demócratas , hay que votar a españa 2000 , a democracia nacional o en el menor de los casos a vox . europa tiene previsto que para antes del año 2050 llegue a españa 12 millones de inmigrantes . así que ya sabéis si al brexit no a europa y todo mi apoyo a donald trump que esta siendo bombardeado por todos los medios para que el sistema no cambie

También es comprensible que ante realidades muy duras por injustas, la tensión emocional ayude a la construcción de todo tipo de barreras que la alivien, aunque estas contribuyan a agravar las situaciones que provocan la ansiedad inicial. Este agravamiento no se produce en el momento de alivio, la consecuencia no es inmediata, es a medio y largo plazo con lo que resulta más complicado asociar causa (mi construcción discursiva) y consecuencia (la situación del otro que me provoca). El rechazo a los refugiados es un callejón sin salida puesto que sólo causa la necesidad de seguir profundizando en el discurso del rechazo, no varía la situación.

Al progre de turno: no vas a conseguir que me sienta mal por no hacerme cargo de la parte que me quieres endosar de tu berenjenal utópico-buenista. A mi no me sobra un duro y lo que tengo lo necesito para los míos. A ti si te sobra, no entiendo como permites que en el cajero de tu barrio haya un sintecho durmiendo. ¿Acaso es más “guay” un refugee? No voy a comprometer mi seguridad ni la de los míos porque un trasnochado enajenado progre patalee sus arengas lacrimogenas. Hay que hacerse refractario a esa irradiación buenista.

Lo normal entonces, es dirigirse a los frenos discursivos y las personas o grupos que se considera los sostienen. Para rechazar o excluir al otro humano ya sabemos que es frecuente recurrir a su progresiva deshumanización, ello alivia la tensión interna. Y que esto salte también a las personas que tienen un discurso distinto es previsible, incluso en una ocasión se menciona a los artistas. No obstante, en las líneas de arriba se juntan todos los palos, el argumento racionalista de la falta de recursos, la necesidad de atender lo cercano si es que atiendo algo, el ataque a los otros por comprometer mi seguridad y el ataque a los que piensan de otra manera haciéndoles responsables de cualquier cosa que pase en el futuro. El insulto “buenista” nos parece desde estas lineas siempre digno de atención, es una maravillosa construcción social, tanto como peligro encierra desde el momento en que “ser bueno” es malo.

Las cuatro grandes lineas discursivas (no hay dinero, lo poco que tenemos para los de aquí, los otros son peligrosos o gorrones y sus defensores inconscientes) presentan un compacto equilibrio. Parece que hace daño la parte emocional de cualquier argumentación contraria, aquella que muestra el sin sentido humano al que nos enfrentamos y el dolor que causa. Y las cuatro ideas se mueven rápido para aliviar esa tensión. Atacar a los políticos o a los medios son recursos útiles, si bien que estos son también usados por las personas que opinan lo contrario, son recursos socialmente compartidos.

La cuestión es que el equilibro de este bloque de ideas no está en el centro con respecto a su opuesto, ocupa una posición de mayor influencia y a veces encuentra o busca refugio en que son muchos los que piensan igual, aunque estén callados. La inacción, por ejemplo, de la UE, se podría pensar que se debe a que unos discursos y otros están estancados, quietos, en equilibrio. Pero sabemos que no es cierto, la amenaza por un futuro con más votos a partidos de utra derecha no sólo aparece en los comentarios, es pieza clave del escenario. Cualquier buenista efectivamente tiene más miedo a esta posibilidad que a cualquier otra circunstancia. Esta amenaza no forma parte del núcleo central de las ideas y es utilizada por -digamos- los dos bloques discursivos, es otra idea satélite, socialmente compartida.

Al compacto bloque de ideas anti asilo-inmigración le resulta muy rentable el bloque de ideas socialmente compartidas. De tal forma, la manipulación de los medios, la negatividad hacia los políticos y la amenaza de radicalización del voto hacia la derecha, es posible que sirvan más a conservar su estabilidad como bloque que a lo contrario. En el plano de los discursos opuestos, no parece que por cada uno anti inmigración-asilo se esgrima otro con suficiente contundencia que lo contrarreste y, además, al compartir el resto aunque sea con intenciones distintas, estos juegan a favor de justificar el rechazo. Entre buenismo y racismo -podríamos decir- que en el plano discursivo es posible que siga ganando este último.

Te tolero lo de xenófobo porque a la vista de tu comentario no sabes lo que significa. Estoy a favor de la emigración cuando el pais receptor necesita de mano de obra. Estoy en contra de que una persona tenga que avandonar su pais por necesidad. Estoy en contra de que un pais deba recibir emigrantes que no necesita por lo problemas que conlleva. Como ves, el único xenófobo aquí eres tú que denigras a los italianos por defender sus derechos; que denigras a los españoles por defender a los españoles. La gente como tú es solidaria con el dinero de los demás, eso es robar. Deduce lo que eres.

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Integración como excusa

En un reciente debate a cuatro televisado, Andrea Levy, del PP, tras mostrarse de acuerdo con la parte humanitaria del tema de los refugiados sirios, justificaba (o eso creo) la lentitud y casi inexistencia de los procesos de llegada a España por la necesidad de garantizar una adecuada integración.

Tal como en estas líneas antes ya he mencionado, no es hoy popular negarse a la acogida de refugiados, ningún partido político, ni político o política suyo, lo hará; unos por convencimiento otros porque no tiene sentido, dada la posición Europea, desgastar la propia imagen.

Por otro lado, la idea de ofrecer garantías de integración es una estrategia interesante porque pretende poner de relieve una honda preocupación por las personas que vendrían; si no somos capaces de conseguir que tengan un trabajo y una vida independiente no sería algo bueno y justo por nuestra parte. Cierto, y si eso, además, no se puede garantizar para la mayoría de personas que ya residen en el territorio, como para ofrecérselo a los que recién llegarían. Una idea así entronca muy directamente con la preocupación por el empleo y los recursos públicos que tiene una buena parte de la ciudadanía que, a groso modo, puede concederle cierta validez al planteamiento de “si no hay para los de aquí como para…”

Buscando más información encontré esta página del PP en la que Andrea Levy aparece en una imagen con el entonces Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, mientras – parece – este hablaba de integración. Su planteamiento es que “el último eslabón de la acogida siempre es la integración”. Uniendo ambas cuestiones -entonces- acojamos primero y ya veremos en el futuro cómo va la integración, no pospongamos su llegada ante una situación dramática por lo que pueda ocurrir mañana.

Pero a mi entender, también ver la integración como un proceso lineal -de la acogida a la integración- es un error. Si aceptamos eso podríamos pensar que pase lo que pase en la acogida no importa, la integración viene después y es aquí cuando se le da más importancia de la que tienen a la lengua, los valores o el empleo en ese camino en una sola dirección. Para que se produzca integración hay toda una serie de factores que se influyen mutuamente, muchos de ellos, más de lo que se suele considerar, dependen de la sociedad de acogida y empiezan antes incluso de la fase de acogida.

En el segundo debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera para Salvados, por ejemplo, este último quiso establecer una diferencia entre refugiados y refugiadas que huyen de una guerra y las políticas de inmigración, en concreto la medida de retirar la tarjeta sanitaria. La figuras del asilo y la inmigración son distintas, las personas muchas veces son las mismas, pero lo que desde luego sí es dependiente es lo que se haga en un caso y en el otro de cara a la integración. En nuestro día a día social es muy difícil que distingamos en una persona extranjera si es solicitante de asilo o inmigrante, ni recurriendo a si hablan español o no, menos por el color de la piel, tenemos todas las garantías de acertar. Dada la aplicación administrativa y por lo tanto política de los convenios de asilo, son muchos los años pasados en los que personas solicitantes se quedaban como inmigrantes irregulares en España y, como recientemente se ha denunciado (en Italia por ejemplo se viene haciendo hace más tiempo) el número de solicitantes que acaban siendo personas sin hogar es significativo.

La integración es mucho más que las medidas administrativas que se apliquen, es un proceso multicausal que empieza por cómo la sociedad ve y define al otro, siendo menos de lo que se cree un proceso de pura voluntad del que llega, con fases predefinidas. Incluso el peso de las ayudas (muy escasas pero que preocupa mucho y genera cierto resquemor) es menor que el del racismo institucional. En este caso hace más daño a la integración las trabas que pone la propia administración que luego se queja precisamente de la falta de integración.

Tuvimos constancia hace unos días de que Amnistía Internacional Alemania denunciaba el racismo institucional en ese país. No son sólo las agresiones en la calle, el racismo institucional es una forma moderna de racismo, mucho más sutil que la agresión de persona a persona. En el marco de un proyecto europeo sobre asilo tuve oportunidad de reunirme, junto con el grupo de colaboradores y colaboradas, con altos funcionarios de distintos países, Alemania e Italia entre ellos, al margen de España. El racismo institucional se hacía patente en muchas conversaciones y ante nuestras preguntas, y casi siempre empezaba por el tema de la integración. La integración, torticeramente entendida, se ha convertido en una nueva excusa para estigmatizar, prejuiciar y excluir.

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Sí pero, refugiados

Al menos en España ya son pocas las voces públicas que arremeten contra la acogida de refugiados y refugiadas de esta crisis. Puede ser que aquellas se esperaría críticas estén convencidas con los muchos argumentos sobre el daño que estamos haciendo no sólo a las personas sino también a la propia UE. Pero puede también que no les merezca la pena ponerse en contra de lo que parece ser un sentimiento mayoritario (aunque no aparezca como principal preocupación en el CIS o precisamente por ello) sabiendo que, en realidad, la UE no hará grandes cosas porque es improbable poner de acuerdo a los estados; para qué entonces arriesgarse a ser impopular.

Sí pero todavía nos quedan resquicios como se puede ver en esta noticia del ABC que titula “España extrema la seguridad ante la acogida de 200 asilados”. Por supuesto el temor que se quiere sembrar, la relación ya establecida hace unos meses con la que se juega, es el miedo a que entre estas personas se cuelen yihadistas.

En principio no hay nada que objetar a la seguridad que se anuncia, si bien leyendo la noticia o por ejemplo otra publicada en EFE, parece que esta está todavía poco articulada y clara. No obstante cabe siempre preguntar si realmente los yihadistas no tienen otra forma menos costosa y segura para ellos de entrar en Europa. Yo tiendo a pensar que sí, muchas otras, eligen esta dolorosa, calamitosa y peligrosa los que no tienen otra opción, seguro. Con dinero hay opciones mejores de entrar en la UE y pasar desapercibido. No se olviden, además, que en el caso de España, los más normal es que las personas acogidas estén unos 18 meses en centros o en contacto frecuente con personal especializado, y cuanto menos localizadas.

Tampoco conviene olvidar que el tema de la identidad en el caso de los refugiados no pocas veces es algo delicado, si huyen es por algún motivo y se debe tener cuidado para que si alguien quiere encontrarles no pueda hacerlo, es esta también una responsabilidad de los estados, no sólo la de velar por que no se cuelen los malos; proteger a los que refugias.

Verán, todo lo que se dice en la noticia no deja de ser lo que ya está establecido en el procedimiento de asilo que, cabe recordar, no es nuevo para esta crisis. La policía y el ministerio intervienen desde siempre. La noticia menciona, por ejemplo, el tema de los pasaportes falsos, cosa que es tan vieja como el procedimiento; lleva ocurriendo mucho tiempo, no es algo que se desconozca ni tampoco que sea mayoritario entre las personas que solicitan asilo, pero ocurre. Y si lo hace, en contadas ocasiones es para ocultar intenciones o pasados delictivos y más para mejorar las opciones de conseguir asilo que han tendido siempre a ser bastantes escasas, no lo olvidemos.

Hay también una cuestión que me pregunto. En principio estas personas son reasentadas, es decir, ya tienen el asilo concedido en otro país y se mueven para España porque esta quiere y asume ese estatuto ¿o no? No termino de verlo claro entre las noticias. Desde luego hay una diferencia entre ambas figuras siendo parte del mismo sistema. Para lo que nos concierne, ya otro país ha realizado la evaluación tanto personal como de seguridad antes de conceder el estatuto. Y si bien existen más o menos medios según los países, todo está bastante regulado partiendo de los principios generales de la Convención de Ginebra que los países deben aplicar. Tampoco es que España haya acogido muchos reasentados, pero es algo que ya venimos haciendo desde hace unos pocos años.

En mi modesta opinión hay suficientes matices en todo lo relacionado con el asilo como para centrarse sólo en el temor a que se cuelen yihadistas y me gustaría ver que las noticias los van presentando de manera mesurada y realista.

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Ineficiencia

En el libro de sociales de mi hija dice que la Unión Europea la forman 507 millones de personas. ¿Este sistema es tan ineficiente que no puede asumir la entrada de un millón, dos, tres o cuatro de refugiados y refugiadas? Pues parece ser ¿resulta – entonces – mejor, pagar 6 mil millones a Turquía para que atienda a los refugiados y refugiadas?

Imaginemos por un momento que hablamos de un total de 4 millones de personas – pensando en máximos que podrían querer entrar en la UE aunque nadie lo sabe – esto equivaldría a darle a cada una 1.500 euros ¿qué nos hace pensar que darle ese dinero a Turquía será mejor que esto último? ¿qué esperamos que haga Turquía? ¿convertirlo en oro?

Da igual que hablemos de Turquía que de cualquier otro país, porque podría parecer que al hacerlo se nos puede colar en la mente las más que razonables dudas sobre que no cumple con los Derechos Humanos y no es eso en lo que nos queremos centrar (aunque cabe añadir que para no hacerlo asume más peso en el apoyo a refugiados que la UE, lo cual es paradójico). Pensemos solamente si cualquiera de las dos alternativas, pagar a un país o darle 1.500 euros a cada refugiado parece eficiente.

Pongamos, por ver otras alternativas que con ese dinero que estamos dispuestos a pagar, diseñamos una red de atención en nuestros países, por ejemplo ¿para cuántos puestos de trabajo nuevos dan esos 6 mil millones? En España ya hay 60 puestos de trabajo nuevos, en el Ministerio, anticipando la llegada de personas que hasta ahora no se ha producido; cosa que probablemente pase en más países ¿es esto más eficiente? ¿se nos podrían ocurrir otras soluciones que lo fueran?

En todo caso el problema no es de dinero, es que nuestro sistema directamente no funciona y cualquier inyección de recursos es muy posible que acabara con ese mismo resultado. Y cada día de los últimos meses que se sigue mareando la perdiz resulta más obvio y más ineficiente.

En este punto se podría añadir que el problema es de voluntad política. Pero es mucho más que eso, la voluntad política no tiene entidad, es en realidad la voluntad de unas personas que viven en la burocracia y esta necesita consumir recursos constantemente de la propia ineficiencia del sistema. No es una crítica a los políticos y políticas, lo es al sistema. Si escuchamos a nuestros representantes políticos estos días, de casi todos los partidos, consideran que la solución propuesta es ilegal, no se puede deportar en masa -coinciden- ¿entonces? ¿cómo los Primeros Ministros y Presidentes, de los mismos partidos que no están de acuerdo, han llegado a proponerla? ¿cómo es posible que ni la primera solución que propusieron ellos mismos, al margen de que fuera buena o no, ni siquiera se ha puesto en practica? ¿quién puede explicar esto? Desde luego no se puede presuponer que sean personas todas poco inteligentes, ni llenas de maldad, eso sería un error.

Llegados a este punto, los ciudadanos y las ciudadanas, nos acercamos más a comprender que el auge de posturas muy duras, racistas, de partidos políticos que están al alza, no se pueden explicar tampoco por esas personas que están en tiendas de campaña al otro lado de unas verjas. Por muchas que sean, desafortunadamente no tienen ese poder pues si lo tuvieran el resultado sería el contrario, por su propia necesidad e interés. Lo que nos lleva a preguntarnos el motivo que tiene nuestro sistema para defenderse a sí mismo de esta manera, la necesidad de vivir de sí mismo, incluso si ello supone favorecer que el número de individuos, europeos y europeas que se radicalizan, crezca tan rápido, como si la historia no nos hubiera enseñado nada de cómo se destruye a sí mismo cualquier sistema.

Stafford Beer escribía: “Así pues, no es válido decir que la única manera de preservar la libertad es el ser tan sumamente ineficientes que la libertad no se sienta ni siquiera amenazada.”

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Refugiados y refugiadas

Ahora somos más sensibles al tema de los refugiados y refugiadas y eso está bien, aunque ya se puede ir avisando de algunos de los siguientes problemas que puede que enfrentemos, y no es por ser pájaro de mal agüero.

Hemos tardado y ha tenido que ser debido a lo que se ha denominado una crisis humanitaria, pero el caso es que hoy el ciudadano que quiere estar informado sabe mucho más sobre el tema que hace unos meses y ello es positivo. Políticos, funcionarios y periodistas siguen, en no pocos casos, tratando el tema de manera muy gruesa y con ciertas inexactitudes, sin embargo, poco a poco, se va llegando a exponer y entender con más claridad la cuestión de la protección internacional por medio del asilo.

La movilización de recursos por solidaridad está muy bien y en eso estamos, pero hay un tema clave previo que no he escuchado con claridad ¿qué estatus legal tendrán las personas que vengan sea el número de ellas que se decida? Si se considera que son solicitantes de asilo y otorga lo que se conoce como la tarjeta blanca, no tendrán acceso a la red de recursos públicos sólo a los que se pongan específicos para su situación y, por supuesto, no pueden trabajar con permiso de trabajo. A fecha de hoy y desde hace ya un tiempo, la cobertura para las personas en esta condición es muy poca o casi inexistente. Sirva esto también de denuncia de lo que ha estado pasando y hemos dicho pero como si nada, a nadie le importaba, y crisis humanitarias no se han dejado de producir en el mundo estos últimos años.

Antes de los recortes, si una persona solicitaba asilo se le daba acogida, entendiendo por tal alojamiento y comida hasta que formalizaran la petición y le dieran la tarjeta blanca. Eso ya no ocurre y como la cita tarda unos 6 meses pues durante ese tiempo son lo más parecido a inmigrantes en situación irregular, sin cobertura salvo de emergencia como por dormir en la calle con menores o similar. Y eso está ocurriendo hoy aunque no hayamos tenido noticias. Quiero decir que sí, efectivamente, si una persona pide asilo puede esperar varios meses hasta que su petición es vista por primera vez para confirmar a esta persona que ha pedido asilo –lo crean o no- que es todo lo que en el fondo se hace, y la maquinaria de la protección no se mueve porque no hay dinero hasta ese momento.

Si a estas personas que vendrán les dan la tarjeta roja o de la blanca pasan muy rápido a la roja como en otras ocasione excepcionales ha ocurrido, querrá decir que ya son admitidos a trámite y provisionalmente podrán trabajar y tendrán acceso a lo establecido de ayudas, pero para refugiados, no mezclemos, no podrán pedir subsidios o vivienda por si alguien quiere utilizar este argumento de manera torticera. Pongamos que a ese tipo de posibles prestaciones (vivienda pública y rentas por ejemplo) se llega en situaciones normales, a fecha de hoy, a partir de los 5 años de media y dependiendo de los requisitos que establezca cada administración que suele pasar por los años (5) de empadronamiento en la zona. En el actual sistema uno de los problemas detectados es cuando el programa específico de atención a los refugiados que dura entre 18 y 24 meses se acaba y las personas no pueden acceder a la red normalizada de atención.

Evidentemente y desde el principio, sanidad y escolarización son otra cosa. Todos los niños y niñas tienen que ser escolarizados y la comunidad educativa ya tiene experiencia en hacer inmensos esfuerzos, lo cual es para seguir agradecidos. Y sobre la sanidad, curiosamente, el debate ya venía servido si bien estas personas no serán, cabe pensar, “irregulares” en ningún momento ¿o sí?

¿Qué podemos esperar entonces? Dependiendo de cómo se quiera resolver las cuestiones anteriores y no se debe olvidar que por el Convenio Dublín se puede devolver a la persona al primer país en que fue registrada, algunas personas, si pasan muchos meses en un recurso de alojamiento a la espera de unos trámites administrativos, por mucho que estén dando clases de español y tengan las necesidades básicas cubiertas, es posible que piensen en moverse hacia otro país. Pónganse en su situación y es humanamente comprensible. ¿Desde la admisión a trámite cuánto tiempo podemos esperar que pase hasta que se resuelva el expediente y sean concedidos asilo? ¿Se concederá una situación humanitaria, será caso por caso o se hará trazo grueso por nacionalidad por ejemplo? Quizás la guerra acabe antes y muchos quieran volver a su país de origen. Algunas familias o personas, tal vez, decidan quedarse y reiniciar su vida en España, según les vaya. Algo de fraude puede intentarse, claro, si personas que se ven sometidas al sistema de asilo a fecha de hoy, ven que pueden obtener alguna aceleración en su situación con el sistema que se establezca para las crisis humanitaria, pues lo intentarán, cosa también humanamente comprensible.

La presión de la sociedad civil y que se produce en un periodo electoral es algo maravilloso. Habla muy bien de nosotros y nosotras. Es posible que por cómo se han resuelto situaciones similares antes, determinadas expectativas no queden cubiertas, ni de esa sociedad civil, ni de los propios refugiados y esto genere malos sentimientos. Promesas no cumplidas por un lado, sentimiento de ingratitud por otro. Ojalá que no, ha pasado más veces y sólo por eso cabe mencionarlo, por si esta vez fuéramos capaces de hacerlo mejor, siendo el reto mucho más complicado dado el volumen de personas. Es importante que quienes vengan tengan la información de lo que les espera muy clara y lo es tanto como que lo que les espera sea algo mejor que el actual sistema de asilo, con lo que el reto no es pequeño.

Las entidades sociales a cargo del sistema están insistiendo en que se debe utilizar la misma lógica que ya hoy existe y que implica todo un programa bien estructurado y por fases que cubre del 18 a 24 meses con distintas acciones y apoyos. Sistema que por otro lado goza de reconocimiento en los países de la UE. Ese podría ser el ideal pero sin las cuestiones derivadas de la situación administrativa y legal de las personas claras de antemano puede ser complicado implantarlo. Y dicha situación pasa no sólo por la atención psicosocial, la administración debe poner recursos pues es la única responsable de tramitar los miles de expedientes.

Deberíamos haber pensado antes en el sistema de asilo, es muy lento y burocrático para las pocas concesiones que finalmente se producen en España que es el país europeo que menos concede o casi en porcentaje de solicitudes. Ahora es tarde y parece que nos lo encontraremos todo de golpe, siendo el tiempo para pensar escaso. Se podría decir que bienvenida la situación y así espabilamos, pero como siempre, el problema es que detrás hay personas que pueden sufrir las consecuencias de nuestro desinterés común por este tema hasta ahora. Y si la experiencia no es gratificante y si la sociedad civil se desentiende pasados los calores iniciales, es posible que se dé todavía un paso atrás y empeoremos en España y en Europa la situación para los solicitantes de asilo. Ese riesgo existe sólo con ver la cantidad de personas y grupos que por todos lados, en los gobiernos también y sobre todo, se han mostrado a las claras contrarios a aceptar a otros en su territorio y lo rápido que encuentran argumentos con aparente lógica y pasan al siguiente si se les desmonta.

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