Archivo de la etiqueta: buenismo

Señor Sánchez

Espero, señor Sánchez, que pueda entender el profundo malestar que quien le escribe tiene con usted y el Gobierno de todos los españoles y españolas, por las decisiones sobre el barco pesquero Nuestra Madre Loreto y las personas recatadas del mar.

Si no lo he entendido mal, 12 personas se tiran al mar antes de ser llevadas a Libia, son rescatadas por un pesquero español y este no obtiene permiso para desembarcar en ningún puerto de nuestras costas, pero de ningún otro país europeo tampoco, durante 9 días, poniendo en peligro a las personas rescatadas y a la tripulación del barco. Al final, Malta acepta que desembarquen aunque una vez reciban atención médica serán acogidas por España. Resulta, no me diga, dantesco y si no fuera por la gravedad, por los perjuicios y riesgos para el pesquero y las personas recogidas, podría resultar hasta cómico.

Sin embargo, un vistazo a la prensa indica que lo que aparentemente es un gesto para mostrar dureza ante la inmigración (justo antes de las elecciones andaluzas) o no fue bien entendido o considerado un error, de manera unánime, por todas las ideológicas. A un lado reafirmó en su razón, al otro, enfadó posiblemente desincentivando. Si la decisión fue humanamente mala, los resultados de la misma peores.

Hoy que ya somos un poco más europeos, con un partido de la ultra derecha elegido para estar en las instituciones, conviene volver a pensar sobre si el tema de la inmigración debe ser utilizado para rascar unos votos. Es, desde luego, una tentación, recurrir a un discurso fácil de dureza y lleno de prejuicios o a gestos de inhumanidad e ineficacia como el suyo al que nos referimos, pero parece claro que sólo les funciona a determinados partidos si es que quisiéramos mantener únicamente la mirada del voto. Es una encrucijada, una trampa, no cabe duda, y tal como llevamos años viendo, un tema sobre el que no se está sabiendo cómo trabajar.

En el corto plazo con el que se suele mirar desde la política, el patrón del pesquero que, al parecer, es militante del PP, ofrece una lección cuando dice que en su presencia nadie muere ahogado si lo puede evitar. Es de cajón señor Sánchez, ninguna persona con decencia, sobre las que deseamos se asienten nuestras sociedades, haría lo contrario.

El medio y el largo plazo son el problema. Hay muchos de nuestros conciudadanos que votan en contra de partidos o bloques como ahora gusta llamar, por el tema de la inmigración y partidos que no dejarán pasar esa oportunidad para su beneficio. Tal y como están hoy las cosas, lo tienen todo a su favor, tiran de patria para el “primero los de aquí”, utilizan el buenismo en contra de todo el que quiera aportar una perspectiva distinta y, al final, han conseguido la trampa discursiva perfecta por la que, se haga lo que se haga, siempre suman votos apelando a las pulsiones, el miedo y el racismo. ¿Son racistas quienes los votan? La mayoría no, pero compran los discursos basados en el racismo y -sabemos de sobra- estos suelen siempre encubrir intereses bien distintos entre quienes los elaboran y quienes los siguen.

A estas alturas parece ya evidente que los datos, los análisis de personas con estudios, no cambian el sentir de demasiados votantes, son buenistas al parecer, puesto que si tiramos de los mismos, en épocas cercanas pero anteriores hubiera tenido más sentido que la inmigración movilizara voto. La cuestión parece ser que ha habido dejadez y despreocupación por el discurso sobre este tema durante muchos años, no se ha querido ver o daba miedo tocar, el caldo de cultivo que se estaba generando en la calle, en los bares, en las familias cuando se juntan para cenar. Y como no había argumentos discursivos contrarios, los partidos sin escrúpulos sólo han tenido que esperar el momento que les parecía mejor para utilizar todo aquello.

Ya está hecho y ¿ahora qué?

Pues es verdad que en estos días nos hemos cansado de escuchar consejos sobre lo que hacer para frenar el temible ascenso de partidos que pretenden devolvernos al pensamiento de la Edad Media, pero la alternativa sería el reproche por años de mirar hacia otro lado mientras, por ejemplo, la gente iba usando cada vez más la expresión “panchitos” sin sentir rechazo por ello; eso lo hemos vivido, yo día tras día en mi propia familia y durante mucho tiempo, demasiado. No me extraña por tanto lo que ha ocurrido, quizás en ambientes más refinados, cultos y correctos, el uso del lenguaje racista no ha crecido tanto sin encontrar oposición, pero en eso que llaman “la calle” sí.

Vaya pues mi consejo. Lo primero es lograr un país, una sociedad -si es que determinados términos molestan-, que sienta orgullo de decir que no se deja morir a nadie en el mar. Esto es sencillo a poco que se favorezcan los buenos sentimientos y la razón en vez del odio entre nosotros. No conviene equivocarse demasiado pensando que el debate sobre inmigración sea sobre “los otros”, es en realidad sobre nosotros. ¡Que no es buenismo! es ese un término que denota odio y simplemente cae por el propio peso de la empatía con los que son como nosotros, no hacen falta cientos de campañas de sensibilización, sólo decirlo claramente, sin complejos, y todo el mundo lo entenderá porque ninguna persona -nuevamente decente- dirá: sí, tienes mi consentimiento para dejar que se mueran ahogados, es más, deja que voy yo.

Lo segundo es vencer el discurso de “primero los de aquí” porque es una trampa racista. Quienes más lo defienden suele coincidir son aquellos que no demuestran -cuando llega el momento de hacer algo- interés alguno por tener, por ejemplo, un país con menos paro o miseria, y nunca encontrarían el momento para decir “vale, ahora ya somos un país rico, una de las primeras potencias del mundo, podemos dedicar algo de atención a los que no son de aquí”. Nunca, porque parte de su edificio ideológico caería. El mismo se basa en reminiscencias imperialistas y autárquicas al mismo tiempo. Se añora ser un imperio, se dice que somos un gran país y critica a quien no lo defienda, a la vez que se indica que debemos permanecer cerrados en nosotros mismos sin recibir influencias externas, primero nosotros.

Bien, pues es necesario decir que una sociedad que se proyecta hacia el futuro como próspera e influyente no será aquella lastrada por discursos racistas. Los mismos indican más bien una tendencia hacia la decadencia desde el statu quo actual; la economía que tanto nos preocupa y el discurso público están unidos. Un sentimiento de orgullo por ser una sociedad acogedora, dinámica y dispuesta a cambiar con todas las influencias positivas de las personas que formen parte de la misma es, sin duda y entre otras cosas, más rentable económicamente que el sentimiento que se desprende -al menos a mí- de leer, por ejemplo: “Suprimir la institución del arraigo como forma de regular la inmigración ilegal. Revocación de las pasarelas rápidas para adquirir la nacionalidad española.” (en el programa de Vox).

No me diga usted, señor Sánchez, que pensar en un vecino o vecina suyos que quiere vivir con sus hijos pequeños o padres mayores, pero no lo puede hacer por una ley, le proporciona un sentimiento de orgullo, una sensación de prosperidad o de proyecto ilusionante. Y qué me dice sobre la satisfacción que proporciona que una persona quiera declararse español, con la que está cayendo sobre este tema, y tampoco pueda por no sé que pasarela rápida; a mí no me anima mucho a seguir produciendo todos los días y formar parte de un todo común con alegría. Ridículos como el del Nuestra Madre Loreto tampoco ayudan.

Please like & share:

Antifrágil de Nassim Taleb

Hace un tiempo tuve una entrevista de trabajo algo desagradable. Después de mucho rato de tensión, la conclusión del entrevistador fue que lo que todos buscamos es estabilidad en la vida. Lo curioso era que el puesto (en el mismo momento me enteré) era de media jornada y mal pagado, pues todavía hay muchas ofertas que no facilitan este tipo de información y vas a ciegas. Pero además, ni corto ni perezoso, el hombre me dijo que en aquella empresa nadie se asentaba hasta como mínimo pasados los tres años y que lo normal era que te despidieran por periodos de unos meses y luego te volvieran a llamar varias veces a lo largo de todo ese tiempo. Algo así como una prueba de obstáculos de resistencia.

Pero eso no fue todo, claro, el rato no tuvo desperdicio. En un momento dado y después de tanta tensión, tuve que parar y preguntar dónde quería llegar. Me dijo que quería saber si yo era conflictivo porque la empresa tenía una serie de denuncias y no querían más. Acabáramos, si hubiera empezado por ese punto. Era lo que parecía, una de esas entrevistas en las que la persona cree que en la organización y en el puesto se vive mucha tensión que es necesario saber soportar y no todo el mundo vale. Un joyita vaya, pues pocas cosas más devastadoras existen que creerse que en tu lugar de trabajo se soporta mucha presión y comulgar con ello, llevarlo a gala y que sea parte de la identidad corporativa. Suele indicar una dependencia muy alta de unas pocas personalidades, mucha desorganización y baja calidad del trabajo. Normalmente reina la idea de “este trabajo consiste en aguantar el tirón”, esa gran asignatura que se imparte en los diferentes ciclos de educación de todas las sociedades del conocimiento.

Este episodio me ha venido a la cabeza leyendo “Antifrágil”, libro de Nassim Taleb. Entiendo perfectamente la forma de pensar del entrevistador por la que es mejor ser duro, ya que si te portas correctamente con la gente te lo pagarán mal, los halagos debilitan y cosas en esa linea. Cómo no entenderlo si es lo que hemos vivido en distintas organizaciones, muchos desde el colegio, toda nuestra vida. Pero Nassim propone una serie de conceptos sobre este tema y otros que merecen considerarse. La cuestión es que a los humanos y a sus organizaciones nos hace bien la tensión, el estrés, los ejercicios para fortalecernos. Pero como todo el mundo que hace deporte sabe, es tan importante el esfuerzo como el descanso, la mitad del rendimiento futuro está en los periodos de descanso. Nada hay tan negativo como la tensión constante, es mejor más intensidad intercalada con periodos de recuperación. Lo contrario es como la tortura de la gota malaya, ir dejando que una insignificante gota te caiga en la frente durante mucho tiempo hace que te vuelvas loco. Está claro que algunas personas podrían confundir esto con una reivindicación de los demonizados sindicatos relativa a más periodos de vacaciones o mejores horarios y aunque puede estar relacionado no es la idea. Trabajar intensamente en un proyecto, aprender del mismo, salir fortalecido, crear todo un nuevo mundo de posibilidades y nuevas relaciones, permitir la creatividad y el error y empezar proyectos de nuevo, estimular en definitiva capacidades humanas, no tiene nada que ver con trabajar poco ni con ser blando. Hablamos de modelos de gestión.

La idea que nos propone es que en determinadas situaciones orgánicas y complejas, lo mejor no es la dureza sino la antifragilidad. El libro -como decía- merece una lectura para profundizar en ese concepto, si bien él preferiría una crítica porque dice que quien se atreve a opinar contracorriente sale más fortalecido de estas últimas si es antifrágil. El caso es que por todos lados volvemos a la dureza, en política, en relaciones internacionales… no sólo en aquella organización. A duros y duras gusta llamar a cualquiera que no es agresivo, blandos, a veces buenistas; confunden ambos términos, lo confunden todo. La cuestión es que lo que es duro puede costar que se rompa (aunque al final casi siempre lo hace por desgaste) pero tampoco mejora. Así que no puedo dar la razón a mi entrevistador de entonces, los humanos no buscamos la estabilidad. No pasar hambre no entra dentro de la idea de estabilidad. Nos gustan los retos, cambiar, aprender, el estrés aunque no que este sea parte diaria de toda nuestra vida laboral. En cambio, se nos enseña a acomodarnos como objetivo de ciertos ambientes y sistemas, a que no seamos conflictivos y cuestionemos cadenas de poder, pero en el fondo no está en nuestra naturaleza perder masa y volvernos fofos mentales. El problema suele ser que nos acostumbramos tanto a aguantar lo que venga, a bajar la cabeza que ya no se nos puede pedir otra cosa, nos entrará el pánico. Esto nos lleva a ser muy frágiles, cualquier cambio puede rompernos. Y todavía a algo más inquietante, muchas organizaciones duras, expuestas a no mejorar, en el fondo necesitan basarse en plantillas frágiles.

Bueno, ya sabemos que existen organizaciones y personas para todo y a muchos les va bien así, total, sólo se vive una vez y mientras el chiringo aguante… Correcto, lo único que me preocupó es que aquel hombre se quedó convencido de que me interesaba.

Please like & share:

Un pueblo italiano monta barricadas

La noticia fue que un pueblo italiano montó barricadas para no permitir que entraran al mismo 12 mujeres y 8 niños refugiados. El Mundo trata la misma de una manera bastante aséptica -es una noticia- relata lo ocurrido y ofrece información sobre cómo pasó y algunos datos generales. La cuestión es ver luego la cascada de opiniones en forma de comentarios.

Hemos cogido esos comentarios para analizarlos. Estos se podrán ver en la propia noticia y adjunto a esta entrada va un documento que, quitando todas las referencias, deja sólo el texto. Resulta interesante atender a algunas de las cosas que se dice, cómo se dice y, sobre todo, cómo se relacionan. El caso es que sobre prejuicios y racismo algo se ha estudiado, si bien que más sobre las formas que adoptan en otros lugares, por ejemplo EE.UU que le dedica esfuerzos notables, pero que no son necesariamente las mismas.

Para empezar, en los comentarios que ahora miramos, hay varias críticas a los medios; la primera alega que la noticia intenta colar juicios morales. Las personas del pueblo italiano en cuestión -nos dice-, en base a que pagan impuestos y cumplen la ley, están en su derecho al no querer a estas personas. De formas ligeramente distintas, esta argumentación se repite en varios de los comentarios; ya sabemos que contra la inmigración se utiliza que no pagan impuestos y que son delincuentes o terroristas. Es necesario decir que no se habla de inmigrantes en esta noticia, se habla de mujeres y niños refugiados. La distinción es importante en términos de las legislaciones y convenios distintos que llevan detrás cada una de las palabras, pero más importante aún es entender la necesidad de eliminar esas diferencias.

Era de esperar o más bien deseable que la crisis de refugiados en Europa ayudara a entender mejor esta figura y al hacerlo despertara menos antipatías, pero no ha ocurrido del todo. Era de esperar porque se tiende a atribuir menos responsabilidad a quien es perseguido y sufre violencia que a quien decide voluntariamente irse a otro país. Esta discusión entre las figuras de inmigración y asilo puede ser larga, y no es tan sencilla, pero ahora sólo nos interesa recalcar que suele ser más fácil sentirse cerca de quien tiene una enfermedad desde su nacimiento y por lo tanto no tiene culpa que de quien se piensa que se la causa, como el estudio de las atribuciones sobre las adiciones o el VIH, por ejemplo, demuestran.

¿Por qué se empeñan los medios en meternos el tema de la inmigración con calzador? ¿Por qué juzgar la forma de actuar de las personas, que nos guste o no están en su derecho de reaccionar como deseen? Están en sus casas, sus pueblos, sus ciudades. Pagan sus impuestos y cumplen con la ley. ¿Por qué acoger tiene que ser una obligación y no un derecho de los habitantes del país receptor? Qué manera de crispar una y otra vez, y un día tras otro, y desde hace meses. Me pregunto qué ganan los medios montando toda esta algarabía y juicios morales.

Es llamativa la insinuación de manipulación de los medios puesto que en este caso la noticia es, a nuestro juicio y de nuevo, bastante neutra. Otro de los comentarios recalca que ya era hora de que se dijera algo negativo de Italia dado que parecía que era el gran país favorable y respetuoso de la inmigración. A nada que ves la prensa, no obstante, te das cuenta que Italia acumula toda una serie de noticias sobre acontecimientos racistas bastante amplia.

Es importante el rechazo a ser juzgados que aparece en estas palabras. No pocas de las estrategias para eliminar prejuicios y racismo pasan por la presión social bajo la idea de que si se sancionan determinadas expresiones públicas esto supondrá, en primer lugar, una inhibición por miedo al rechazo o la sanción ya sea esta legal o social y, a la postre, se acabará interiorizando, llegando a cambiar el contenido de fondo que mueve la expresión de prejuicios y racismo. Hasta cierto punto cabe pensar que la estrategia funciona pues del comentario se desprende ese rechazo a ser juzgados y por lo tanto que cierta presión se siente, aunque se resiste. Los grupos sociales o las personas dentro de los mismos que se consideran mayoritarios, grandes o importantes, tienen más capacidad de resistir la categorización. En los comentarios se puede ver la necesidad de determinar que se habla desde una posición mayoritaria y si es posible que representa al auténtico pueblo llano.

Hay bastantes palabras dedicadas a clarificar la Historia, esto también suele ser habitual. Lo que se discute es para determinar si la inmigración española fue más ordenada, mejor que la que hoy acontece. El intento es por justificar que tratemos a las personas como antes nos trataron otros o no porque no es lo mismo aquella inmigración que esta. Pero de nuevo no se ajusta al tema de los refugiados de la noticia que, en principio, tienen un estatuto legal y son reubicados o reasentados, es decir, existe un alto grado de orden en su llegada.

Vaya. Hasta ahora los medios solo nos contaban lo solidaria que era Italia con los presuntos refugiados, lo guays que eran sus politicos y lo concienciados que eran sus oenejetas… pero mira tu por donde parece que alli pasa como aqui. Que la minoria buenista de politicos, oenejetas y artistas repite una y otra vez el “güelcome refuchís”. Pero la mayoria de a pie ya esta mas que harta de que con sus impuestos se subvencione esta imigracion masiva y descontrolada de origen mahometano imposible de integrar.

En este comentario sí que hay algo de conciencia sobre la distinción entre inmigrante y refugiado que se soluciona con la expresión “presuntos refugiados”. Ello está muy posiblemente relacionado con las noticias que alertaban ante la posibilidad de que entre los refugiados hubiera yihadistas. En los recientes atentados en Europa, algunas veces han aparecido como culpables, refugiados. Es interesante ver el agrado con el que se muestra que allí -en Italia- pasa como aquí, se sobre entiende que existe mucho rechazo, y se expresa a modo de consuelo o como por sentirse acompañado.

Los impuestos aparecen ligados a las subvenciones a una inmigración masiva y descontrolada, estando detrás políticos buenistas (que son los menos según uno de los comentarios reconoce) y oenejetas. Los apellidos de la inmigración, en este caso masiva y descontrolada, son recurrentes –siempre- es una estrategia discursiva. Vincular asilo e inmigración es sencillo y útil dada la ya larga lista de discursos negativos construidos sobre la segunda.

La idea de buenismo está presente en varios de los comentarios (2) ligada a progres y utopías. En realidad todo este conjunto de expresiones se une a la idea de generar un sentimiento de pena, -lacrimógeno- por estas personas, sentimiento que se rechaza o se califica de estrategia. Es humanamente complicado no sentirse conmovido ante determinadas crudezas por lo que para construir una argumentación se utiliza desde el rechazo a esa estrategia lacrimógena por manipuladora, hasta la innecesaria insistencia en mostrar el tema en los medios. Llevado al extremo, este argumento sería contrario al de la insensibilización por lo terriblemente insoportable que nos transmiten los medios, es decir que miramos sin ver o sentir el telediario, como a veces se argumenta, y pasaría a una petición del público para que determinadas cosas desagradables no aparecieran y así evitar el esfuerzo de encontrar argumentos para aliviarme al conocerlas.

Utopía y buenismo suelen referirse al a) argumento de puertas abiertas y b) no existen medios económicos para hacerse cargo de todo lo malo del mundo. Este “bastante tengo con lo mío” y “aunque queramos no llega para todos” es una máxima inexorable.

Los políticos que nos roban también juegan su papel puesto que en realidad llevan sus vidas en una burbuja, ejemplificada con los colegios privados a los que asisten sus hijos, y no sufren las consecuencias de la inmigración a diario; para ellos es fácil ser buenistas. No importa si es cierto o cuántos hijos de políticos van a colegios privados, menos que los políticos buenistas sean pocos y si estos llevan o no a sus hijos a estos colegios.

En el caso de un comentarista, resulta que ninguno de los partidos con representación parlamentaria podría llegar a solucionar esto y recomienda otros fuera de la representación parlamentaria en el momento, culpando indirectamente a la responsabilidad en el voto de cada cual, de la situación. Otro utiliza las palabras de un pensador de utra izquierda que al parecer así se manifiesta, para justificar que la permisividad con la inmigración acabará decantando el voto hacia el populismo anti inmigración y -cabe suponer- que de utra derecha. Resulta paradójico que si se hace algo distinto a rechazar se acabará rechazando, incluso será peor. La mención a Donald Trump en uno de los comentarios refiriéndose a él como el único que es capaz de resistirse al sistema y por lo cual es castigado por los medios, va en este sentido.

Pero la puerta nunca queda cerrada del todo, se argumenta también que los de aquí ya padecen suficiente y que si eso se llegara a solucionar y sobrara, entonces se podría atender a los demás. Es este un argumento de control, para cuando todo lo demás falla en aliviar – de nuevo – la tensión que se supone uno siente por no preocuparse por los demás; no es así -se plantea- me preocupo por los que están mal, cerca de mi, no soy mala persona. La cuestión en este caso es que las cosas con los de cerca nunca han estado ni estarán bien, nuestros pobrecitos siempre servirán para justificar el no a los otros pobrecitos. Este argumento, llevado también al extremo, expone la necesidad de tener personas cerca que no estén bien, de nuevo para justificarme. Lo paradójico está en que si las personas que están cerca de mi son inmigrantes o refugiados ya no sabemos a qué atenernos, están cerca luego deberían merecer mi atención, entonces es mejor que estén lejos, pero… y si ya están aquí, a las puertas de mi pueblo ¿cómo justifico que no entren?

si usted quiere acojer a alguien me parece muy bien, pero hagalo con su dinero, no con el de todos, y ya de paso firme un aval para que usted con su patrimonio pague las indemnizaciones de los posibles delitos de esos “refugiados” seguro que como usted cree que son buena gente y no delinquiran, no dudara en firmar que usted paga todo lo que ellos causen, lo centrario seria ser generoso con dinero ajeno, hasta ahora no he visto a un proge rascarse el bolsillo para pagar lo que los “pobrecitos refugiados” destrozan ni pagar las indemnizaciones por sus delitos

Es perfectamente comprensible que si alguien es tildado de racista busque estrategias para contra argumentar que no lo es. El racismo liga, en gran parte del imaginario colectivo, directamente con ser mala persona y estar dispuesto a acciones negativas contra otros, y poca gente quiere asumir esto de su persona. Una solución menos deseable es que la persona acepte tal calificación y ya no tenga frenos, ni siquiera gaste energías en intentar construir argumentos, y algún ejemplo hay en estas líneas.

si no os gusta que nos invadan no votéis a los partidos que se consideran demócratas , hay que votar a españa 2000 , a democracia nacional o en el menor de los casos a vox . europa tiene previsto que para antes del año 2050 llegue a españa 12 millones de inmigrantes . así que ya sabéis si al brexit no a europa y todo mi apoyo a donald trump que esta siendo bombardeado por todos los medios para que el sistema no cambie

También es comprensible que ante realidades muy duras por injustas, la tensión emocional ayude a la construcción de todo tipo de barreras que la alivien, aunque estas contribuyan a agravar las situaciones que provocan la ansiedad inicial. Este agravamiento no se produce en el momento de alivio, la consecuencia no es inmediata, es a medio y largo plazo con lo que resulta más complicado asociar causa (mi construcción discursiva) y consecuencia (la situación del otro que me provoca). El rechazo a los refugiados es un callejón sin salida puesto que sólo causa la necesidad de seguir profundizando en el discurso del rechazo, no varía la situación.

Al progre de turno: no vas a conseguir que me sienta mal por no hacerme cargo de la parte que me quieres endosar de tu berenjenal utópico-buenista. A mi no me sobra un duro y lo que tengo lo necesito para los míos. A ti si te sobra, no entiendo como permites que en el cajero de tu barrio haya un sintecho durmiendo. ¿Acaso es más “guay” un refugee? No voy a comprometer mi seguridad ni la de los míos porque un trasnochado enajenado progre patalee sus arengas lacrimogenas. Hay que hacerse refractario a esa irradiación buenista.

Lo normal entonces, es dirigirse a los frenos discursivos y las personas o grupos que se considera los sostienen. Para rechazar o excluir al otro humano ya sabemos que es frecuente recurrir a su progresiva deshumanización, ello alivia la tensión interna. Y que esto salte también a las personas que tienen un discurso distinto es previsible, incluso en una ocasión se menciona a los artistas. No obstante, en las líneas de arriba se juntan todos los palos, el argumento racionalista de la falta de recursos, la necesidad de atender lo cercano si es que atiendo algo, el ataque a los otros por comprometer mi seguridad y el ataque a los que piensan de otra manera haciéndoles responsables de cualquier cosa que pase en el futuro. El insulto “buenista” nos parece desde estas lineas siempre digno de atención, es una maravillosa construcción social, tanto como peligro encierra desde el momento en que “ser bueno” es malo.

Las cuatro grandes lineas discursivas (no hay dinero, lo poco que tenemos para los de aquí, los otros son peligrosos o gorrones y sus defensores inconscientes) presentan un compacto equilibrio. Parece que hace daño la parte emocional de cualquier argumentación contraria, aquella que muestra el sin sentido humano al que nos enfrentamos y el dolor que causa. Y las cuatro ideas se mueven rápido para aliviar esa tensión. Atacar a los políticos o a los medios son recursos útiles, si bien que estos son también usados por las personas que opinan lo contrario, son recursos socialmente compartidos.

La cuestión es que el equilibro de este bloque de ideas no está en el centro con respecto a su opuesto, ocupa una posición de mayor influencia y a veces encuentra o busca refugio en que son muchos los que piensan igual, aunque estén callados. La inacción, por ejemplo, de la UE, se podría pensar que se debe a que unos discursos y otros están estancados, quietos, en equilibrio. Pero sabemos que no es cierto, la amenaza por un futuro con más votos a partidos de utra derecha no sólo aparece en los comentarios, es pieza clave del escenario. Cualquier buenista efectivamente tiene más miedo a esta posibilidad que a cualquier otra circunstancia. Esta amenaza no forma parte del núcleo central de las ideas y es utilizada por -digamos- los dos bloques discursivos, es otra idea satélite, socialmente compartida.

Al compacto bloque de ideas anti asilo-inmigración le resulta muy rentable el bloque de ideas socialmente compartidas. De tal forma, la manipulación de los medios, la negatividad hacia los políticos y la amenaza de radicalización del voto hacia la derecha, es posible que sirvan más a conservar su estabilidad como bloque que a lo contrario. En el plano de los discursos opuestos, no parece que por cada uno anti inmigración-asilo se esgrima otro con suficiente contundencia que lo contrarreste y, además, al compartir el resto aunque sea con intenciones distintas, estos juegan a favor de justificar el rechazo. Entre buenismo y racismo -podríamos decir- que en el plano discursivo es posible que siga ganando este último.

Te tolero lo de xenófobo porque a la vista de tu comentario no sabes lo que significa. Estoy a favor de la emigración cuando el pais receptor necesita de mano de obra. Estoy en contra de que una persona tenga que avandonar su pais por necesidad. Estoy en contra de que un pais deba recibir emigrantes que no necesita por lo problemas que conlleva. Como ves, el único xenófobo aquí eres tú que denigras a los italianos por defender sus derechos; que denigras a los españoles por defender a los españoles. La gente como tú es solidaria con el dinero de los demás, eso es robar. Deduce lo que eres.

Please like & share:

Buenismo

Guerra tras guerra se acaba demostrando que la espiral que crece hasta que se derrama sangre está basada en visiones parciales, equivocadas e interesadas del otro. La de Irak es sólo el último ejemplo y el informe Chilcot una muestra del incremento de la velocidad de nuestros días para llegar antes a la misma conclusión a la que sólo un poco después suelen llegar los historiadores.

El primer ataque, en cada caso, me parece que ha podido ser igual al que hoy se produce cuando algunas personas utilizan la palabra buenismo. Es decir, puede que todo empiece con alguien que te llama buenista si no estás dispuesto a contrata atacar ante lo que se considera una ofensa, un feo o directamente un ataque de los otros-malos que en el fondo sólo buscan tu aniquilación. Por supuesto esta atribución de intenciones maléficas al otro es necesaria siempre, todas las guerras las empiezan quienes se están defendiendo del otro, nadie parece haberlas provocado, son algo a lo que te obligan, te arrastran inevitablemente en tu defensa.

Por supuesto el pacifismo será catalogado de utópico por quienes gustan de acusar de buenismo a todo el que no piense como ellos, eso no hace falta ni discutirlo, se asume. Al final, siendo realistas -te dirán- la sociedad se sustenta en el uso de la violencia, es esta y la posibilidad última de recurrir a la misma sobre lo que se sostiene el edificio. Pues vale, supongo entonces que su consideración es que la civilización es lo que ocurre entre guerra y guerra. Puede ser, desde luego la violencia es parte de lo humano.

Pero no es eso lo que nos ocupa en estas líneas. Resulta que el Papa, ante los ataques en Europa, dijo a los periodistas algo muy obvio, algo así como que los mismos no se pueden relacionar con la práctica de una religión y que vinculado a todas las religiones hay facciones radicales, extremos que se aprovechan de las mismas. Pues para no pocos tertulianos y tertulianas, en los días que siguieron, la interpretación fue que esta postura era de un buenismo esperable del Papa, pero buenismo a fin de cuentas. La verdad para estos defensores a ultranza de la realidad única es que los islamistas son los que nos atacan buscando nuestra destrucción. Sin saber cuantos de los millones de musulmanes se pueden considerar dentro de esta categoría de islamistas, tampoco escuché reflexión alguna sobre que algún musulmán en alguna parte del mundo -también contrario a los buenistas- podría considerar que los catolicistas, por ejemplo, les atacan para acabar con ellos. Es igual de ridículo y equivocado, pero Irak, Afganistán, Siria, Libia… podría llevar a alguien a pensar de esta manera -insisto- tan equivocada.

Europa se va poblando de islamofobia y de paso inmigraciónfobia, cuestión que tampoco es nueva de ayer, sólo que a veces se hace más visible y cobra un poco más de fuerza. Y sorprendentemente los acusa buenistas señalan como culpables a los populistas de derechas que se aprovechan de las clases trabajadoras más perjudicadas por la crisis que se dejan absorber por el discurso fácil y directo a las más bajas pasiones. Vaya tela ¿no?

Europa se niega a evolucionar, quiere conservarse. Ya no estamos dispuestos a confrontar nuestras identidades e ir construyendo otras nuevas sobre las mismas, pretendemos un estancamiento dentro de un universo, planeta, civilización, estados, culturas… que están siempre en movimiento. Por supuesto esto a la larga no tendrá éxito alguno, cambiaremos de alguna forma. Por eso yo siempre me pregunto cómo es posible que, dentro de las tantas tertulias, programas de discusión y demás, nunca encuentres hablando personas algo distintas, inmigrantes o musulmanes por ejemplo. Y no sólo sobre religión o inmigración, ¿a caso no pueden tener opinión sobre la formación de gobierno o la corrupción? Por qué motivo se sigue representando una realidad única, monolítica, cuando esta es mucho más variada -en el mundo por descontado- pero en España también. Quizás fuera un buen primer paso para evitar dolores futuros.

Please like & share: