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¿Decadencia del conocimiento?

Lo de Cristina y su universidad es innombrable, no le demos más vueltas. Todo lo que ha venido detrás, con la aparición de otros casos -muchos- y lo que se ha escuchado de políticos y políticas y académicos ya habla de un sistema en decadencia.

Es comprensible una necesidad de conocimiento, a medida que te haces mayor y las preguntas aumentan, es casi humano. Puede ser esta una de las características de nuestro tiempo, en otros la idea del “sólo sé que no sé nada” estaba al alcance de muy pocos, hoy, cualquiera que envejece con un mínimo de sensibilidad puede añadir a la certeza de su muerte también esta otra; a medida que vives tienes más preguntas y menos certezas.

Lo que es menos comprensible es la acumulación de títulos, puesto que no siempre cubre esa necesidad. El Máster de Cristina seguro que no y no sólo porque no lo cursara, aun habiéndolo hecho no se sabe muy bien qué conocimiento esperaba obtener. El título en cuestión es “Derecho público autonómico” que se menciona poco con los millones de líneas escritas sobre el tema. Si nos dicen que lo que pretendía estudiar era algo relacionado con la física cuántica, por ejemplo, probablemente no estaríamos hoy hablando de todo esto. En cambio, alguien siempre mal pensado podría decir que no tiene sentido que un personaje con tanta responsabilidad pierda el tiempo con materias a las que se les puede sacar poco provecho para sus tareas y nos referimos a la cuántica no tanto al derecho, por si hubiera alguna duda. Pero aquí esa crítica estaría equivocada.

En principio, la labor de un político no es medrar, ni repartir prebendas, queramos o no ni son tareas tan complicadas ni hace falta estudiar para eso. Pero sí podríamos decir que una parte de su labor es pensar y no tanto correr de evento en evento conociendo gente. Si en parte te dedicas ya al derecho público autonómico, desde luego un tiempo de tu día volcado sobre la física cuántica seguro que redunda en beneficio del pensamiento, de las ideas y, cabe que incluso en tu labor. Si resulta que ya estudiaste física cuántica quizás puedes hacerlo en el sentido contrario. Lo importante debería ser estimular el cerebro y la creatividad. Pero no, y ya nos da rabia volver sobre este tema años después, es el nuestro un país con una distancia jerárquica muy alta. El político o la política, el académico o el empresario o la empresaria, buscan reconocimiento social en otras esferas diferentes de a las que se dedican y casi siempre más dinero.

Pretenden luego hacernos creer muchas cosas. Que la empresa es la que innova y que con sus métodos de gestión se puede mejorar la política. Que la política se puede reducir a las leyes y a hacerlas cumplir. Que la universidad debe aportar trabajadores cualificados a la empresa. Que la universidad es cuestión de obtener un título y que basta con poder pagarlo. Que para dimitir has tenido que ser sentenciado. Y claro, que la mentira es cuestión de puntos de vista. Por supuesto, y que la tierra gira alrededor de los malos políticos y que con esta universidad avanzaremos como sociedad y dejarán de colarnos malos políticos sus ideas y formas de comportarse.

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Al estilo RFEF

Lo ocurrido en la Federación Española de fútbol no es más que un reflejo del estilo de liderazgo que nos domina. Es verdad que la historia del poder nos remonta a sus anales para contarnos que la del humano se puede explicar por la psicología especial que desarrollan algunos seres y que, además, podríamos ser cualquiera en las mismas circunstancias.

Pero lo hemos visto todos y todas, en nuestro entorno, en nuestro trabajo, por ejemplo. Líderes que consideran que su labor consiste en repartir prebendas, en ocuparse de a quién se pone dónde para asegurarse lealtades, adoración y servilismo; inteligencia lo menos, es ese un riego para el todopoderoso personaje. Y el mundo en general funciona así, recuerdo cuando en mis primeros pasos conversaba con mi padre sobre lo que veía y él movía la cabeza como diciendo: pues lo que te queda por tragar…

Grandes errores se han cometido por equipos prebendados que no eran capaces de pensar ni hablar más allá de lo que sus líderes les limitan. En realidad no pueden considerarse equipos, son personas interesadas que se juntan y su valor es el silencio más sacar las castañas del fuego de vez en cuando, poner la cara. Se suelen distinguir además porque, en privado, todos sus miembros están deseando la desaparición de ese líder, su muerte, bien para hacer cosas distintas a las que su majestad quiere, bien para ocupar su puesto. Y porque los que se van y abandonan o denuncian son tachados de traidores y la sola pronunciación de su nombre indica a todo el mundo cómo serán recordados los que si quiera se plateen proceder de la misma forma. Generan estos grupetes una narración de lo que está bien y lo que está mal y siempre encuentran la forma de explicar que no hubo otra opción para tal o cual decisión que no tomaron. Son distinguidos, además, por el desprecio hacia los que no son de su clase divina, esto también es necesario, negar la existencia de quienes no están en su juego aunque estos sean quienes sostienen su chiringo.

Lo que interesa más es saber si esto está en vías de extinción en nuestra cultura o, por el contrario, se seguirá reproduciendo. ¿Quién lo sabe? Algunos tienen la esperanza de cuando vayan pasando a la jubilación toda una generación que aprendió en otra época, tomarán su lugar unos jóvenes muy formados, que gustan de ir a festivales de música, viajar y miran el poder y la vida de otra forma. Otros que al ver cómo acaban algunos de estos personajes -los más oscuros- en la cárcel o suicidándose, será suficiente para los que sigan.

Mi experiencia si embargo no me permite ser tan optimista y ya me gustaría. Son detalles, pero por ejemplo, hace nada se habló desde el Ministerio de los CV ciegos, aquellos donde no aparecen datos que puedan llevar a prejuicios en quien selecciona. ¿En serio? ¿Todavía estamos en este punto tan básico dentro del mercado laboral? Eso no debería estar ya en discusión, a estas alturas, pero ya ven, se presenta como algo realmente innovador. Y también hace poco, Iberia apareció en los medios por pedir test de embarazo a sus candidatas para azafatas de vuelo. Pero hace nada, en mi entorno, tuve que escuchar una conversación -una vez más- sobre contratar a una mujer que dijo que estaba embarazada. Sí, estamos en ese nivel tan bajo.

Alguien podrá pensar que lo comentado antes y estos ejemplos que, seguro, todos vemos a diario, no están relacionados. En mi modesta opinión sí lo están, denotan un estilo, piramidal, de liderazgos, en el que si no compartes unos valores los acabas adoptando porque el mundo no lo creaste tu y si te quieres desenvolver en el, las reglas son esas. Esta es la clave, no existen estímulos para pensar y actuar de otra forma, el daño es sistémico. Estos señores de la federación son sólo la cara más visible y grotesca; de otra forma no se explica el silencio de tanta gente durante tantos, tantísimos años, porque, al final, lo acabamos viendo como algo normal y sobre lo que nada se puede hacer. Y que vayan a la cárcel por el mal uso del dinero, siendo necesario, no resolverá nada hasta que nos cuestionemos el estilo que permitimos.

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Censura

El planteamiento de mociones de censura está despertando un gran consenso en su contra. El mayor argumento utilizado es el de no romper la estabilidad mínima necesaria para el avance del país. En contra se podría esgrimir si realmente es posible el avance de nada sobre la base de un sistema tan corrupto. Y la respuesta es que no y tengo la sospecha que todos los que defienden la estabilidad en el fondo lo saben, pero prefieren seguir hacia delante porque no quieren la incertidumbre que imaginan provendría de lo que denominan izquierda radical. Quizás también teman más la respuesta que podría venir de la derecha radical a un gobierno de izquierda radical, eso es como para pensarlo.

Si no se hace el gesto simbólico de desalojar a un gobierno por la corrupción, ésta quedará legitimada otra buena temporada, se entenderá que es mejor eso que la nada, dando pie en todas las esferas de la sociedad a comportamientos indeseables y dañinos para la misma porque, al final, no importa. Legitimará unas relaciones asimétricas y explotadoras en el mundo laboral, micro caciquismos, micro machismos, micro racismos, todo. Esto no es una exageración, lo contrario es pensar que existen islas dentro de la sociedad y que el comportamiento político no influye en el resto de ámbitos de la misma ni se ve influido por estos, que es posible separar las partes de un sistema y que no se comuniquen. Se puede pensar y decir, por ejemplo, que el comportamiento de un individuo tiene la capacidad de transformar el sistema, pero se olvida que un gran gesto en el sistema tiene más capacidad de cambiar a los individuos y quizás este pudiera. De igual modo se puede argumentar que el comportamiento deshonesto de un individuo no influye en el resto, es un caso aislado, pero nada lo es. Se puede incluso plantear sanciones a los padres por el comportamiento inadecuado de sus hijos, responsabilizando a los primeros, pero no que se puede responsabilizar a unos responsables del comportamiento inadecuado de muchas personas en distintos ámbitos de su influencia.

Aquello de “el que la hace la paga” no es suficiente. No se trata del argumento sobre las responsabilidades políticas antes que las penales, es ese otro debate falso producto de la corrupción del sistema, pues en otro, donde primara la honradez, no se produciría cada vez. El problema es que en un sistema corrupto se pierde la capacidad hasta de juzgar la corrupción.

La cuestión es si queremos seguir en un sistema en cuyo seno se favorece las relaciones corruptas como parte del funcionamiento o no. Y esto no es incompatible con la preferencia partidista en el voto de cada cual, es evidente, saliendo al paso del anatema, que en Andalucía, por ejemplo, hace tiempo que hubiera sido sano un cambio en el signo del gobierno.

Los que defienden por encima de todo al sistema, deberían considerar si realmente están haciendo un favor al mismo o no. Demasiadas veces antes desde la aprobación de esta Constitución hemos hablado de corrupción, de financiación ilegal de los partidos y de la necesidad se soluciones. Es evidente que está en nuestro sistema que es parte del mismo, todos y todas lo hemos sentido cerca en algún momento. Si queremos un nuevo tipo de sociedad, un nuevo tipo de ideal de ciudadano, el efecto en cascada que podría producir quitar a un gobierno por corrupción merece la pena intentarlo.

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Monarquía

Una de las cuestiones que me preocupa de la Monarquía es saber qué nos garantiza que en su día a día se mueva y tome decisiones a favor de otros y no de sus propios intereses. Cualquier liberal entendería que esta familia las tomara en favor de ella misma y supondría que, al hacerlo, favorecería al conjunto. Claro que sí, esto sería así si los intereses del resto coincidieran con los de la realeza, cuestión que está por ver. El caso es que en este país es interesante ver el apego que algunos de los auto denominados liberales tienen a la monarquía.

Está claro que en sus decisiones, la Monarquía no se juega lo mismo que cualquier otra familia, obviamente tiene garantizada su supervivencia, si las toma equivocadas o no actúa correctamente no corre riesgos, esos, en todo caso, los asumimos los demás por ella.

Y aquí llegamos al caso Nóos. Ya tenemos sentencias, la Infanta condenada a pagar, su marido a la cárcel. Inocentes no son ¿verdad? Y ahora ¿qué? Pues nada y ¿quién ha pagado todo esto? Los que siempre asumimos los riesgos y las decisiones de los demás que no se juegan lo mismo que nosotros.

Muy bien, soy republicano, pero entiendo que en este país no es un debate que hoy se pueda tener con normalidad, quién sabe si algún día. Pero algo tendremos que hacer; pese al escándalo, nada cambia en la institución monárquica y por lo tanto, seguirá sin asumir los riesgos de sus actuaciones, vaya, que puede pasar otra vez y en buena lógica pasará. Necesitamos al menos un seguro, como los que nos obligan a tener para casi todo a los demás. Por qué no pedirle a la Monarquía que responda con su propio patrimonio (al margen de lo que indique una posible sentencia) en caso de que ocurra de nuevo. De esta manera al menos se jugará algo y quizás tome medidas, el resto nos lo jugamos todo cada día. Si en nuestros trabajos nos equivocamos podemos tener un accidente o nos pueden despedir y, además, ya pagamos por anticipado por la posibilidad de que eso ocurra. En el caso de los políticos es igual, se juegan nada en sus decisiones, el riesgo de las mismas es para el resto, si bien es cierto que, con suerte, se les votará no en las siguientes elecciones, pero ¿la Monarquía? qué se juega y por qué debería defender algo que no sea a ella misma.

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Miedo

Debemos antes que nada reconocer a esas personas que han vencido el miedo y denunciado el estado de miedo en el que vivimos. Hay personas que han sufrido y sufren mucho por contar todos y cada uno de esos casos de corrupciones y abusos diferentes que nos dominan. No vale con decir que eso debería ser lo normal en un tipo de sociedad dada o que el Estado de Derecho funciona.

El miedo es, para autores clásicos y modernos, lo que mantiene los sistemas políticos. Supongo que debemos crear una sociedad en la que eso dejara de ser cierto. Cada vez, por ejemplo, que hablamos del paro en términos económicos nos estamos haciendo un flaco favor, dado que en el fondo todos sabemos que es una cuestión del miedo por el que se nos atenaza a diario. Y el miedo genera odio, odio a los de derechas, a los de izquierdas, a los nacionalistas, al vecino, al compañero de trabajo, a la policía, a los políticos, a los periodistas, a los pobres, a los ricos …

Yo al menos os doy las gracias.

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