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La educación va por barrios

Va por barrios, pero resulta que a nadie se le escapa hablar de la recuperación económica. Entre sus defensores a ultranza y los que le ponen pegas, he escuchado un argumento de soslayo que me preocupa. Resulta que puede ser que los salarios sean bajos porque no existe suficiente gente cualificada o al menos que esto tiene su influencia. La lógica – me parece a mí – de este argumento, es que el sistema productivo busca una cualificación media que sea alta y se encuentra con un exceso de universitarios y universitarias y por el otro lado un exceso también de personas con una cualificación baja, la obligatoria.

Lo que no está del todo claro es que la otra cara de la moneda, la oferta de empleos, se pueda decir que realmente esté requiriendo mayor cualificación media. Nuestra especialización industrial se concentra en los servicios de bajo valor añadido y la parte de montaje industrial, no tanto en innovación y desarrollo.

Dicho lo cual, hablar del sistema educativo español por tradición es muy complicado. Una tradición habla constantemente de la cultura del esfuerzo y bajo la misma se encubre que con dinero para pagar la educación el esfuerzo puede ser menor. La otra se atasca en la igualdad de oportunidades por medio de la educación pero a veces parece que la mayor relevancia de esto está en la posibilidad de cambio de estrato social de los pocos que realmente pueden completar estudios hasta el final, es decir, que el hijo o la hija de familia obrera pueda cursar estudios universitarios. Pero si lo miramos bien, ambas posturas coinciden en que a mayor número de años de escolarización mayores oportunidades laborales a lo largo de la vida. Esta es la gran lucha, todos los padres quieren lo mismo para sus hijos, unos para mantener su estatus y otros para intentar salir de la exclusión y la pobreza.

Mientras tanto lo que parece incontestable es que cerca del 40% de los estudiantes de 15 o menos años ha repetido curso al menos una vez. A tenor de lo anterior no creo que esto pueda ser casual.

Desde luego es una barbaridad por muchos motivos. Uno y por seguir con la tendencia economicista de esta época, es que realmente eso es muy caro para el sistema educativo. Pero humanamente es también demoledor, incluso desde la perspectiva de la cultura del esfuerzo. Salvo excepciones, que te aparten a esa edad del curso evolutivo normal para los demás, suele significar que el horizonte es de bajo rendimiento académico y salida del mismo en cuanto sea posible. Resulta raro que por repetir contenidos estos se manejen mejor, lo cual no es necesariamente una paradoja, porque el problema no está en los contenidos. Salvo excepciones, los chicos y las chicas que repiten no se convierten en genios ni tampoco alumnos en la media después de repetir, suelen continuar rindiendo por debajo. Tampoco parece que mantener las repeticiones altas reporte beneficio alguno al sistema educativo, las notas del conjunto no mejoran, incluso hay quienes dicen que son bajas precisamente por los repetidores.

¿Por qué lo hacemos entonces? No beneficia al sistema educativo y no beneficia al estudiante, tampoco parece que lo haga al resto de la sociedad.

Según parece hay una relación cultural con este tema, es una tradición que, al menos en los países europeos, también va por barrios. Cuando existe tradición y alrededor se convive con la repetición, se incorpora dentro de los esquemas normales, es algo que el alumno sabe que está, incluso seguro que no pocas veces serán amenazados con esa posibilidad a lo largo de muchos cursos. Nuestro sistema cultural hace que sea posible repetir y por lo tanto normal, pues lo normal no es de por sí negativo o positivo, determina los límites del juego.

Al intentar explicarlo aparecen de nuevo dos lógicas. Una es que individualmente el nivel de estudios reporta beneficios económicos a la persona a lo largo de su vida y por eso la competición de tantos padres por los estudios de sus hijos; quieren que tengan el mejor futuro posible. Pero colectivamente el nivel de estudios determina el bienestar máximo que puede alcanzar un país. Y estas nuestras dos lógicas nos llevan a una competición de tirar de la cuerda con sólo un equipo a cada lado. El padre o la madre que quiere la mejor educación para su hijo y que respalda que se quite de en medio al mal estudiante para que no retrase al grupo, al momento siguiente puede formar equipo con el lado contrario de la cuerda y alegar que el nivel educativo general es bajo, lo que influye en la productividad y en que la gente no tiene la cabeza amueblada como para distinguir cuándo se les manipula desde la política y demás argumentos en esta línea.

La disputa entre el individualismo y el colectivismo es larga en nuestra historia, el fondo de muchas cuestiones. La única solución es mantener esa tensión constante y equilibrada, no permitir que ninguna de las dos lógicas domine y que choquen de manera razonada. La repetición de curso, a mi entender, es una inclinación hacia la postura individualista, colectivamente a nadie le va mejor con esa opción que tenemos tan arraigada. Individualmente unos ganan y otros pierden.

Pero además, de fondo hay un error mayor todavía. Esa lucha se establece sobre todo cuando los recursos son limitados o escasos, cuando hay que decidir cómo se reparten. Pero la educación no está en ese caso. El sistema educativo vale, habrá que decidir cómo gasto y cuánto y, como hemos visto, para beneficiar a quién. Pero el conocimiento no está sometido a esa limitación, es ilimitado. Es ilimitado colectivamente, individualmente ya sabemos que no se puede saber todo, colectivamente sí y sólo colectivamente y transversalmente a todas las generaciones humanas, el conocimiento se amplia y podrá seguir haciéndolo. Todo esto parte, claro, de la educación no como reparto de posición social, adoctrinamiento y demás, parte de considerar la educación como la vía de ampliar el conocimiento humano, independientemente del puesto de trabajo y los ingresos futuros. No obstante, parece que estamos lejos de considerarlo de esta forma, la educación sigue siendo un medio y no un fin, un medio individual y no un fin colectivo.

Cada vez que hablamos de adecuar los estudios a las necesidades del mercado, nos olvidamos el mercado que tenemos o quizás no y por eso se enseña ya antes de los 15 años cuál será la posición de cada cual en su vida. Debería ser el mercado el que se adaptara al estado del conocimiento en un momento dado y no al revés; una mayor acumulación de conocimientos de una sociedad tendría que ser la base del crecimiento sostenible, y empezando por hacer repetir sólo perpetuamos las desigualdades y el nivel bajo de conocimientos colectivo.