No dejar desembarcar es racismo

Resulta bochornoso, caricaturesco incluso, ver la guerra que todo un Ministro de un poderoso país de la UE ha emprendido contra las ONG de rescate en el mar. La desobediencia de algunas, desembarcando pese a las prohibiciones, falta de permiso y sanciones, hace que imagine al personaje colérico, dolido en su orgullo varonil y muy religioso. Se podría pensar que si esta es su gran labor, el legado a la historia que quiere dejar y en el que empeña tanto tiempo, su cargo le quede grande.

Pero la cosa se complica cuando la viceministra en funciones de España dice que no tiene intención de interceder por el buque de bandera española y de Open Arms que se encuentra en el momento de escribir estas líneas, de nuevo, en la situación de llevar personas rescatadas a bordo y no tener puerto en el que atracar (El País 8 de agosto de 2019). Parece ser que la UE no puede poner en marcha sus mecanismos de persuasión o negociación con un país miembro para que otorgue magnánimamente bendiciones a utilizar uno de sus puertos, si antes otro no realiza la petición y la dirige a algún escuro despacho en Bruselas.

Asistimos perplejos al espectáculo viendo pasar cada día mientras personas son castigadas a seguir en un barco, esperando el desenlace de un juego sin tablero, ni reglas, sólo fichas. Un juego racista, por supuesto, eso no se nos debe olvidar.

Es verdad que el racismo no entra dentro de los argumentos, informaciones y movimientos políticos al respecto de estos casos; no forma parte de la discusión. No es menos cierto que la sobre explotación del concepto como insulto, lo ha llevado a perder parte de su capacidad explicativa. Pero pensemos por un momento qué puede haber de fondo en toda esta cadena de despropósitos en las decisiones que se toman. Casáus Arzú, (Cuad. trab. Soc. 31(1) 2018: 121-137) recoge en este sentido una perspectiva interesante al mostrar que en Europa, fueron primero

“los aparatos represivos e ideológicos del estado los que crearon el “problema” del inmigrante: como “enemigo público” o como “chivo expiatorio”; y por ello los Estados los debían controlar. Así lo constatan autores versados en el tema – Alvite, Balibar, Wieviorka y Taguieff- quienes sostienen que fue en el espacio institucional y con la legislación contra los extranjeros lo que provocó la irrupción de la ideología racista y del prejuicio contra de los extranjeros.”

Teun A. van Dijk tiene un libro titulado “Racismo y discurso de las élites” que aporta un extenso análisis sobre el interesado mantenimiento del racismo por medio de la creación de discurso que hacen las élites, y que empieza por evitar el uso del término para los mecanismos de fondo y que no buscan otra cosa que la explotación y dominación del otro (muchas veces con la palabra liberal de fondo). Es un tema éste capital, imbricado en todo nuestro desarrollo democrático, económico y legislativo, posiblemente la mayor amenaza silenciosa al modo de vida que pensamos es el mejor. Honestamente y que se me disculpe la indecencia, abrir todos los telediarios estivales de un país con, por ejemplo, las peleas por las sombrillas en la playa, resulta algo descorazonador.

Nos dejaríamos engañar una vez más si aceptáramos que cien o ciento treinta personas en medio del mar a la espera y por los menos vivas (incluso 56 mil o 100 mil…), son la amenaza, y los héroes del momento aquellos dirigentes que dedican tanto esfuerzo a protegernos de la misma; el riesgo son ellos y ellas.