El problema de la vivienda muestra que el mercado no funciona, pero también que no lo hace el estado. Las acampadas plantean, quizás sin pretenderlo, un conflicto central en la tradición política occidental. Por eso pueden simpatizar con el movimiento votantes de todos los partidos, porque tienen ojos en la cara y viven el resultado de las contradicciones del sistema en sus propias carnes. Solo una clase privilegiada entre la que se puede situar a la mayoría de políticos y políticas no lo ve, lo que amenaza con convertirse en su ruina. Tal ruina no es simplemente la traducción en
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