Era un bulo

Lo de la izquierda todo el mundo lo entiende, aunque sus intelectuales se empeñen en decir que la política es una cosa muy complicada. El problema es que llevan ya muchos años con que viene el lobo de la ultra derecha y cuando llega el momento de la verdad parece que se les olvida (por segunda vez).

Si -como decían- lo que está en juego es el sistema o no les importa mucho o esperan una reacción después de las elecciones de la que puedan salir beneficiados. Pero si son estas unas elecciones plebiscitarias y no simplemente el turno de la derecha escorada por el neofascismo, o no han entendido nada o han estado mintiendo y nunca les ha importado. A fin de cuentas, la izquierda quiere una reforma del sistema más profunda, tal vez que la inicie la derecha es su apuesta.

Con lo que estamos viendo en el mundo, con lo que estamos viendo en casa, parece razonable pensar que un gobierno de la derecha puede ser el último para el sistema que conocemos. Pero esto es algo raro, parece que buena parte de la izquierda se ve ahora en la necesidad de preservar el sistema que tanto ha criticado por injusto, y la derecha, que tan bien vivía dentro del mismo, lo quiere destruir. La idea de la destrucción creativa propone que lo viejo es sustituido por la innovación y esto crea caídas a quienes no consiguen adaptarse, tantas como nuevas posibilidades para quienes saben subirse al carro. El problema, así lo exponen los nobeles de economía del 2025, es que esto aplica a las grandes empresas que poseedoras de las nuevas patentes se convierten en monopolios; el currito y el autónomo no juegan en esa liga porque no tienen recursos para innovar, puede empezar el gimnasio o dejar de fumar, comprarse un coche o pasarse al aceite de girasol por la inflación, innovar poco. En realidad, ellos, los Nobeles, no lo ven como un problema, la cuestión es que las sociedades no son empresas, no se arruinan unas empresas que dejan paso a otras, sufren millones de personas. ¿O si? La destrucción del sistema que ahora la izquierda se ve en la necesidad de preservar, no hará nacer otro en el que ha votado a la derecha salga beneficiado porque por hacerlo parece que ya tiene esa patente que lo hará millonario. Sabemos que no va de eso, ese votante verá también como se deregulariza todo, se termina de vender lo público y se forrarán sí, algunos votantes de la derecha (como ocurre ya y siempre), pero no serán ellos y ellas. Podemos pensar que es una exageración, pero los deslices recientes de los dirigentes de la derecha que se saben en el poder –ahora además con los votos porque la derecha siempre está en el poder con más o menos frenos- lo dejan bien claro. Y supongo que como Trump cuando decía que podía matar a alguien en la calle o como fuera aquello y no le pasaría nada, es posible que por muchos más deslices por los que dejaran ver que quieren -golpe de gracia- destruir lo que queda del sistema antiguo, no les pasará factura.

Total, el votante de la izquierda se siente solo, las huelgas y acampadas a penas lo consuelan. Ya nota su soledad desde hace un tiempo, ve que no puede opinar o rápidamente se lo comen con que si los comunistas, terroristas o independentistas, las paguitas, vagos, llévatelos a tu casa. Sabe que el sistema es injusto (el nacional y el mundial), pero ha perdido la esperanza de reformarlo, le queda como mucho no perder lo poco que queda del mismo. Es desolador para muchas personas entender que la única forma de lograr detener esta destrucción creativa de la derecha es votar al PSOE por una cuestión de cuentas de un sistema electoral que, como la Ley Mordaza, debería haberse cambiado hace mucho, pero nadie quiso, el PSOE menos. Y ahora, si ya votar a un partido que nunca ha querido reformar mínimamente el sistema porque les venía bien, produce cierta nausea, pueden estar viendo que es la casi única opción para que no lo reforme el neofascismo a su imagen y necesidades. Panorama. Veremos lo que ocurre el día después, puede que nada y vivamos todos y todas más felices sabiendo que nuestros miedos no tenían fundamento, eran un bulo.