El problema de la vivienda muestra que el mercado no funciona, pero también que no lo hace el estado. Las acampadas plantean, quizás sin pretenderlo, un conflicto central en la tradición política occidental. Por eso pueden simpatizar con el movimiento votantes de todos los partidos, porque tienen ojos en la cara y viven el resultado de las contradicciones del sistema en sus propias carnes. Solo una clase privilegiada entre la que se puede situar a la mayoría de políticos y políticas no lo ve, lo que amenaza con convertirse en su ruina. Tal ruina no es simplemente la traducción en votos en las próximas elecciones, empezaría si le quedara claro a la ciudadanía que las élites no le son útiles y que hay que darle una vuelta al sistema.
En cualquier caso no debemos preocuparnos en exceso por esta posibilidad, tienen a su alcance, ricos y poderosos, todos los medios de propaganda y coerción necesarios para, convencer de la idiotez de ese pensamiento, el peligro que supone para la paz social o simplemente reprimir si llega el momento. Ya lo sabemos.
La tradición filosófica liberal es muy consciente de sus propias contradicciones. Por eso hay corrientes de la misma que defienden el poder del estado para intervenir. La idea es que lo importante es la libertad del individuo, pero cuando la misma es solo formal, la tiene -digamos- por ley, pero no la puede ejercer porque no tiene acceso a determinados recursos, el estado debe intervenir en favor de garantizar siempre esa libertad individual. Digamos que la libertad de unos individuos no debe suponer la carencia de libertad de otros a los que se niega el acceso. Una buena parte, entonces, de los liberales, no se oponen a intervenir cuando existen situaciones de monopolio, por ejemplo, puesto que en el fondo están privando de libertad a los individuos. Los liberales libertarios tal vez sean otra cosa.
La vivienda parece que es un claro ejemplo de limitación de unos muchos por unos pocos. Por eso, y según las encuestas, votantes de derechas también creen que en este caso el estado debe intervenir. Pero de nuevo, en la realidad, un gobierno que se denomina progresista y que en el nombre de su partido incorpora la idea de socialismo, lleva 8 años bajo la promesa inicial de que la vivienda sería su principal preocupación, sin embargo no ha intervenido, desde luego no eficazmente. Y paradójicamente este es uno de los principales reproches de acampados y acampadas, mostrando la transversalidad de su movimiento social.
El mercado de la vivienda, sabemos, no es de los que se modifica, ni con intervenciones duras, en unos meses. Puede haber parches que ayuden, pero su estructura necesita años para cambiar, es decir, aunque ahora corrieran, ya hay varias generaciones lastradas por este pequeñito problema, y esto es un riesgo para las élites que no quisieron ver el agujero social que el mercado estaba causando. La vuelta a la normalidad -en este caso sí- puede ser el problema, si la población entiende que ya no es la normalidad lo que busca sino modificar el sistema.
La amenaza real para éstas élites es que la gente empiece a buscar soluciones en otras corrientes como puede ser la tradición republicanista o la comunitarista. Incluso pueden volver su vista hacia el socialismo. Este último se centra en la propiedad de los medios de producción, no tiene un problema con la propiedad privada, tu ropa es tuya. Lo que influye en tu libertad es tener que poner tu fuerza de trabajo a disposición de quien posee los medios de producción. Pero la vivienda ¿qué es? Y la vivienda en alquiler ¿qué es para quienes alquilan? Y es aquí donde empiezan sus dificultades, incluso si aceptamos que el PSOE de hoy es más socialista que liberal. Si fuera una fábrica no les daría tanto problema.
Lo que tal vez se esté dilucidando sea la confianza del pueblo en el contrato que asumieron con sus élites. Ya el auge de los fascismos enseña la patita por debajo de la puerta, si bien éste o está directamente promocionado por las derechas o creen tenerlo a su favor. Veremos qué ocurre con la vivienda. Pero parece que si no es de esta como no lleva siéndolo décadas, tarde o temprano explotará.