Huelga

Esta huelga –quizás- plantea un escenario que no se ha visto muchas veces. Su origen es la vivienda, igual que su finalidad. Si los sindicatos, únicos legitimados para convocar una, se han avenido es tirando del hilo; la consecuencia de la que hablamos está en la dificultad de acceso a la vivienda, se puede decir que las causas son, por un lado, los imposibles precios, por otro, los salarios bajos. En este punto final encuentran el enganche con la naturaleza de su objeto, el trabajo, no sabemos si bien o mal jugado, pero respondiendo con una agilidad poco habitual a las demandas en eso que llaman la calle. Coincide o les ha movido, la convocatoria de unas elecciones, en las que ya saben que si gana la derecha serán objeto de ataques y recortes a sus organizaciones, del mismo modo que a los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Si algo tiene de bueno esta derecha neofascista es que se ha sentido en la tranquilidad de no ocultar sus intenciones, segura como se siente de ganar más parte del mundo. Privatizará todo lo que sea posible y dé beneficios a las clases dominantes y sus corporaciones, apretará con el trabajo bien sea por las bajas, la productividad o por el resquicio que puedan. Esa sinceridad es gracias a los Trumps globales, no todo es siempre negativo. La actual izquierda es más sibilina.

Aun así, la vivienda tiene un problema que por otro lado es habitual en las huelgas. Los principales afectados no tienen un alto grado de libertad para secundarla. Nos referimos a las muchas personas que sin el sueldo de un día no llegan a terminar el mes, fundamentalmente porque tienen que pagar la vivienda y comer –paradójico-. Luego están los dominados de cualquier forma que no deja huella en los registros oficiales, aquellos para los que hacer huelga significa antes sus jefes-dueños que pueden tomar represalias. No es que esto no ocurra en todas las ocasiones, la gente que no puede o tiene miedo de parar, pero por el fondo de la convocada es mucho más importante. Lo ideal sería que ese día se quedaran sin servicio todas las personas que tienen servicio en casa, que no pudiera abrir ni un solo bar o restaurante que no lo abriera el dueño o la dueña, que no se pudiera poner un solo ladrillo por falta de peones, que no se hiciera un solo reparto a las casas. Las personas trabajando en situación irregular, son, como siempre, los últimos de la fila, estos ni cuentan en los registros, da igual que paren o no, que consideren la reivindicación justa o no, por si alguien todavía tiene dudas sobre la vulneración de derechos básicos en nuestro idílico mundo.

Al día siguiente veremos los análisis y escucharemos que la huelga no ha tenido repercusión o que el país entero se ha parado. Si bien es lo de siempre, lo de cada vez, ésta, si es una huelga realmente diferente, es importante. Depende de las decisiones de una gran bolsa de personas que salen adelante, tienen un sueldo con el que llegan y pagan su casa. Pero pueden o no considerar que la situación es insostenible, que, aunque ellos y ellas estén a otro lado de línea de la marginación social, cualquier cosa les puede hacer cruzar o tienen hijos o hijas y proyectan un futuro más sombrío de los mismos que el que ellos veían sobre el suyo, aunque con los años lograran un mínimo holgado. En este sentido es una huelga de solidaridad entre clases y generaciones, transversal. Como todas las generales, puede que sí, y como siempre depende de que cada cual se adhiera con sus propios cabreos y posibilidades.

Pero puede que nos juguemos algo más. La propia estrategia de la huelga está en juego. Si queda la sensación de fracaso, que ya no importa ni la única herramienta que puede hacer daño al sistema que es la resistencia a la explotación del trabajador no trabajando, la conclusión puede llegar a ser que el sistema mismo debe cambiarse. A mí no caben dudas de que debe hacerse, hay que replantearse si el crecimiento económico debe ser el objetivo de todo y todos, si la competencia entre seres y especies la metodología, si el patriarcado extractivista y violento la idiosincrasia. Yo no importo, claro, pero si mucha gente llega a la conclusión de que uno de los frenos-reguladores más importante a todo el sistema tampoco sirve, pueden empezar a mirar fuera de los límites del mismo. Cualquier sistema que no tiene eso que llaman retroalimentación negativa, se dispara en una única dirección hasta que llega al borde del desorden y lo siguiente es que desaparece. Habrá quien piense y diga que votar es esa herramienta, no dejar de trabajar. Bien me parece, así se diseñó, pero su eficacia –tal vez- poco a poco se ha ido demostrando que es como tener el termostato de casa o el coche estropeado y que mida más calor o frío que el que hace realmente.