Matrix

El banco me envió la tarjeta a casa pues tocaba renovarla. No entiendo la expresión mi banco que usa la gente para referirse a estas entidades mafiosas que nos imponen, entiendo perfectamente que desde los mismos digan mi cliente, esto representa fielmente la realidad sobre quién posee a quién. El caso es que en la carta explicaba que llamaras a un número para activarla, por razones de seguridad, aludía. En renovaciones anteriores no recordé tanta preocupación por mi seguridad, la activabas en el primer uso. Me equivocaba.

Resulta que detrás de aquella llamada hay una empresa que, confirmados tus datos y activada la tarjeta, te ofrece un seguro de robos para tus tarjetas, y te explica, en mi caso la buena señora, todas las maravillas que implica si te roban o estafan. No sé que dirá Bustinduy que el pobre se empeña contra el poder del mercado todo lo que puede y dejan. Pero a mí me parece algo sucio que un banco te obligue a llamar a un teléfono para activar tu tarjeta, le pase tus datos a una empresa para que lo haga y que esta te venda algo aprovechando la llamada, a fin de cuentas la has realizado tu, no te han llamado ellos. Claro que puedes negarte, aunque la persona utilice todas las bajezas del marketing es posible, nadie te obliga a contratar nada que, seguramente, ya tienes contratado pero no recuerdas.

La lucha del Ministro, el único que vale a riesgo de ser injusto, frente a los abusos del mercado, sabemos, como sabe él, que está perdida de antemano. Es una persecución a las fugas infinitas de una cañería que debe ser sustituida entera, tapas una y ya se han abierto 100. Cuan Quijotes debemos empeñarnos, pero el fallo es Matrix.