Pogromos

Resulta un fracaso que tras muchas buenas décadas de acumulación de conocimientos sobre el racismo hoy estemos viviendo pogromos como el de Torre Pacheco. El uso de tal concepto puede resultar cuestionable pues originalmente se emplea para una época ya lejana de persecución indiscriminada a los judíos, en un contexto histórico determinado y con formas de proceder de las masas también específicas. Pero lleva implícito algo que sí quiero resaltar como homologable y que no es otra cosa que el apoyo o la indiferencia de las autoridades.

Hoy, recibiendo las informaciones que salen de Torre Pacheco, se podría pensar que estas autoridades, lejos de colaborar, ponen medidas y envían a los antidisturbios haciendo llamamientos a la calma ciudadana. Algunas cuestionan en público al partido político que incita a esta violencia y a todos los que no se posicionan claramente en contra o la justifican en algún grado. Cierto. Pero ocurren dos cosas, la primera es que no pueden alegar desconocer que su inacción previa acabaría desembocando en este tipo de pogromos tarde o temprano. La segunda, es que no terminan de desligar la agresión a un “mayor español” de lo que ocurre después. Al hacerlo, no dejan de situarse en el mismo marco mental que el partido que incita a la violencia, reconociendo “la chispa”, omitiendo la gasolina.

No conviene seguir recurriendo, cada vez, a que España no es racista. Si resulta que podemos asumir que algunas personas que no tienen el pasaporte cometen delitos (guauuu que hallazgo) y de ello relacionar inmigración con delincuencia, después no solo de este último pogromo, de tantos otros también, se podría alegar que España es bastante racista. Pero no se trata de esto. Si no reconoces el problema difícilmente lo podrás abordar.

Las élites, con sus medios de comunicación, pueden seguir haciendo retransmisiones en directo con tertulias cutres, alegar o justificar lo que sea que toque, y no querer llegar al fondo. El racismo es complejo, sin duda, pero cumple, entre otras, una función social que es la de mantener abajo a los de abajo con poca inversión, puesto que los del medio hacen el trabajo gratis y sostienen el lucrativo negocio. España, declara el Presidente, no tendría el desarrollo económico actual sin la inmigración. Correcto, sin tanta gente soportando condiciones de mierda y vidas muy duras el chiringo no funcionaría. Pero de vez en cuando hay que hacerles saber quién manda, no sea que se suban a la parra y reclamen su parte.