Cuantos

Es comprensible el miedo o la desconfianza que la clase trabajadora pueda mostrar hacia eso que llaman inteligencia artificial. La historia nos demuestra que casi todas las innovaciones han tenido consecuencias negativas para los trabajadores y las trabajadoras. ¿Está siendo esta vez distinto? No lo parece. Si nos fijamos en las noticias generalistas hay una tendencia mayoritaria a señalar los riesgos para el empleo y en bastante menor medida las nuevas oportunidades de creación del mismo, por ejemplo. Es verdad que no debemos quedarnos solo con las noticias como fuente de información -solo faltaría-, el caso es que, por lo que sea, éstas no se enfocan en que la clase trabajadora del mundo vivirá mejor trabajando menos e incluso nada gracias a la inteligencia artificial. No será -parece- este, el invento definitivo que nos libere y permita vivir una vida plena dedicada a la contemplación creativa.

Lo que ocurre, y es bastante novedoso, es que le puedes preguntar al propio invento. Claro que todo depende de cómo formules las preguntas, siempre va de eso, pero con mi sesgo, la conclusión es “La tecnología, históricamente, no ha emancipado a la clase trabajadora por sí misma. Cuando no va acompañada de derechos, organización colectiva y políticas públicas, ha servido más a la dominación que a la liberación.” Eso sí, del mismo modo, le puedes pedir que te haga la versión positiva. Te cuenta algo así como que a largo plazo, la tecnología ha permitido que la clase trabajadora: trabaje menos horas, viva más años, sufra menos accidentes, acceda al conocimiento, gane derechos colectivos, amplíe su autonomía vital. Y concluye “La historia demuestra que la tecnología puede ser una herramienta de emancipación, siempre que la clase trabajadora participe en decidir cómo se usa y para quién”.

En la versión positiva quizás destacaría lo del largo plazo, acceso al conocimiento y participación. La vida de un individuo es corta, como le pille personalmente algún cambio tecnológico de este tipo es más que posible que se la arruine, no llegará a ver a los posibles beneficios a largo plazo (siempre si eres trabajador del montón, claro). Lo de la participación está muy bien, pero vemos que justamente en esto la humanidad está estancada (lo muy poco que había avanzado), en retroceso estos últimos años, no cabe esperar que poder alguno se preocupe en preguntar cómo se quiere utilizar la inteligencia artificial, no seremos ingenuos. Es más, seguramente la vuelta con fuerza de los autoritarismos y sus autoritarios, esté relacionada de alguna forma con implantar nuevas tecnologías evitando -por interés pecuniario- lo más posible el conflicto social. El acceso al conocimiento queda como la gran esperanza, pero no basta por si solo.

En física cuántica llegaron a la idea del cuanto, la unidad mínima de energía que se transmite o absorbe por la materia. Son conceptualizados como paquetes indivisibles, antes se consideraba que la energía era continua. Imaginemos el conocimiento de esta forma. Lo decisivo es cuándo puede interactuar con el resto de la materia, no tanto la cantidad disponible del mismo. Todo parece indicar que tenemos más del que usamos. De nuevo la inteligencia artificial nos ayuda con esta metáfora:

“El conocimiento humano se comporta como la energía: existe en el universo cultural, pero solo se transmite cuando hay interacción, umbral, resonancia y condiciones materiales y simbólicas adecuadas. La tarea de una sociedad no es solo producir conocimiento, sino crear los campos, lenguajes y dispositivos que permitan su absorción.”