Coincidió en un noticiario que primero se informó sobre las horas de trabajo perdidas por bajas relacionadas con la salud mental en el trabajo y a continuación sobre cómo el presidente de la patronal CEOE se quejaba por una propuesta de aumentar el permiso por defunción de familiar. El tipo la ridiculizaba, y a quien la propone, la Ministra de Trabajo.
La cuestión es que las bajas por salud mental relacionadas con el trabajo han aumentado en un 230% solo en el caso de estrés grave. Al patrono le preocupa la propuesta de aumentar los días por defunción porque no se ha estudiado con claridad el posible perjuicio para la economía que esos días no trabajados puede tener. Cierto es que en sus imprestables declaraciones no se ve indicio de que le preguntaran por ambas cuestiones juntas, son independientes, pero es gracioso.
Al presidente de los empresarios le preocupan los días que no se trabaja por las pérdidas económicas. Pero claro -nos los imaginamos, no tenemos constancia- según su lógica, debería estar preocupadísimo por los días que no se trabaja debido a las malas prácticas en las empresas que generan tantas horas de ausencia causadas por la propia empresa. Si yo fuera un empresario de empresarios lo estaría y diría a mis colegas que se lo hicieran mirar puesto que la situación es insostenible. Se pierde mucho dinero al año por ser tan gañanes o permitir o incentivar que personas de sus empresas lo sean con otras dentro de la misma.
Si lo medimos todo por la pasta, que tanta gente “pete” por sus lugares de trabajo es claramente una ruina. Los empresarios y empresarias tendrán que darse cuenta que sus métodos para ganar dinero y cada día más dinero, resultan en una pérdida al final si la gente ya no puede seguir trabajando porque enferma. Lo preocupante, siguiendo sus lógicas que se enseñan en el modelo económico actual, es pensar que las pérdidas por bajas quedan compensadas más que de sobra por las ganancias hasta que la gente explota, luego merece la pena. Es decir, si una empresa detecta que pierde dinero por sus malos métodos de gestión del trabajo, es de esperar que deje de hacerlo porque su único propósito es ganar dinero. Si no lo hace será por algo, quizás compensa. Luego imagino que eso es lo que se podría atacar, que dejara de ser rentable.
Desde la empresa deberían tomar conciencia de que sus trabajadores y trabajadoras cada vez tienen más claro que trabajar es un riesgo para su salud, está dejando de ser, si es que alguna vez lo fue, lo que abre las puertas del paraíso o te hace libre. Parece chufla, pero es muy serio, están perdiendo una batalla cultural silenciosa, la de la centralidad del trabajo. Lo digo por ellos y ellas, a mí me parece bien que construyamos nuestras vidas sobre otros valores. El riego es de transición. A medida que tomen conciencia de que la gente no quiere trabajar así, presionarán por seguir subiendo aquello que obliga a hacerlo, lo que implica precariedad, suelos bajos, precios altos, niveles altos de desempleo y todo aquello que les permita tener a los trabajadores y trabajadoras al límite para que no les quede otra que aceptar lo que hay o vivir en la indigencia. No es que esto no sea la forma ya clásica de relacionarnos, el riesgo es que en vez de revisar las formas de trabajo, lo previsible es que se centren en mantener la presión sobre los esclavos modernos.
Cambiar una empresa para que vele por el bienestar de las personas es costoso y un contrasentido hoy. Si los trabajadores -piensan no pocos empresarios- están cómodos, se atocinan, se hacen flojos, bajan su rendimiento; hay que mantener la tensión y de paso ganar un poco más, que el mercado es muy competitivo. Que se muere tu compañero o compañera (esposo o esposa), dos días para unas lagrimitas (4 si vive fuera de tu localidad), arreglar unos pocos papeles y a currar que es lo importante. Tus padres ya sabías que se iban a morir si la vida sigue su normal cauce, has tenido todo tu tiempo para prepararte, a currar. ¿No ves que encima te viene mejor? así centras tu cabeza en otras cosas y no en el duelo que es un invento de psicólogos locas y woke. Que tu familiar está en paliativos, a currar, si total, ya está todo dicho.
Lo raro, por la venda que la centralidad del trabajo nos pone, es que no saliéramos a quemar contenedores hace mucho ante la barbaridad que supone tener derecho a dos días por defunción. Tenía que venir alguien a señalarlo, desde el poder (para vergüenza del pueblo), para que todos nos diéramos cuenta que hemos aceptado con normalidad algo bastante loco.
Oye, que cada cual lleva sus cosas como puede. Que tu forma de afrontar una muerte es volver a tus rutinas cuanto antes, bien, nadie te obliga a no hacerlo, es lo que tienen los derechos. Pero cabe pensar que quizás otro alguien necesita 10 días e incluso más, aunque podemos fijarlo legalmente en 10, no pasa nada, de momento. En principio, no cabe esperar que nadie mate a su familiar para tener 10 días libres, lo digo por si algún empresario o empresaria tiene la tentación de argumentar por aquí, como ya no pocos lo hacen con el matrimonio. Y esto no deja de ser interesante, nos dotamos de más días por matrimonio que por defunción. Supongo que algo tiene que ver con que los empresarios -digo yo- entienden que una vida en matrimonio es más productiva para sus negocios, implica que estás más atado a la rueda del trabajo o algo así, pues no deja de ser un subcontrato mercantil que hay que mantener hasta que dure e incluso más allá. En principio implica estabilidad, unos gastos por muchos años si tienes familia con tu pareja, esas cositas, y para todo ello no te quedará otro remedio que trabajar, entrando en el terreno en el que manda LA EMPRESA. Vaya usted a saber lo que puede pensar esa casta tan particular de intocables e incriticables que, en realidad, todo lo hacen por la sociedad en la que actúan, ya lo sabemos, son seres de luz, con un arrojo infinito, una super determinación, y dan trabajo, no seríamos nada sin ellos y ellas; un poco de agradecimiento y pleitesía, por favor, y no generalicemos que los habrá buenos, aunque uno de sus representantes se muestre algo zote de manera habitual.