La información internacional ha sido residual en la tradición de los medios de comunicación españoles. Los muy cafeteros han solido tener que buscar fuentes de información especializadas por diferentes vías, pero el público más amplio, el que no ha querido o podido ser más activo, recibía poca de oficio. Nuestra política interna ha ocupado casi todo el espacio informativo con un contenido tan jugoso como repetitivo; las cuitas de los poderosos, la plantación de chorizos, los egos nacionalistas, nuestro poco ejemplar pasado… daban para más espacio, eso es cierto, tanto como que el tiempo, el fútbol y los sucesos han ganado minutos, quizás para captar a una audiencia aburrida. Las cuestiones profundas rara vez se abordan a lo que -sabemos- contribuye una clase política bastante más cómoda con el salseo que con la discusión racional y razonada, incluso en los propios parlamentos. Siempre es difícil determinar si esto es lo que el público demanda o lo que quieren ofrecerle.
La entrada en la UE amenazó en su momento con cambiar esta tendencia, se especulaba entonces que perteneciendo a una comunidad más amplia, lo natural sería que lo que ocurre en el resto de países acabaría siendo de interés e incluso que debería serlo para ir creando esa sensación de pertenencia y participación. Creo que pasados los ya muchos años no se puede afirmar que tal cosa haya ocurrido.
Conviene, además, señalar, que las noticias internacionales han sido más homogéneas que las nacionales. Tanto los temas elegidos como la perspectiva sobre los mismos son similares entre los distintos medios.
Hoy, el dictador de nueva generación en EEUU está influyendo en la cantidad de noticias a las que se dedica atención. Sus peligrosas y asesinas acciones u opiniones ocupan más espacio, las portadas casi a diario, y restan sitio a cuestiones locales tradicionalmente de interés pero muy cutres. La información sobre nuestros chorizos, acosadores y violadores de repente tienen un olor a cerrado y rancio, cansino, desesperante, dan muestra de que no avanzamos; son tan poco estimulantes que es casi natural que bajen su posición de privilegio en el orden informativo a poco que algo resulte más llamativo. Hablar hoy de la financiación de las comunidades y sus derivadas narcisistas, como se viene haciendo hace no menos de 30 años, casi pierde la esencia de la idea de noticia. Ya no es noticia -vaya- la corrupción o las disputas por el trozo de la tarta o la solidaridad territorial, indican moho, frente a la cantidad de cuestiones que aparecen por la influencia en el mundo de unos pocos cortitos con poder. Si no fuera por la gravedad y peligrosidad de todo ello, si fuera un reality, se podría disfrutar, es como tratar a diario con una persona con delirios, da mucho juego.
Lo que, de momento, no cambia, es esa tendencia a la coincidencia en la información internacional en todos los medios. Si esto es así, y puede -seguramente- ser todo una chorrada, si a la falta de costumbre previa y porque estemos trasladando los mismos esquemas empobrecidos que ya utilizamos para la información nacional, la movilización parece lejana, que domine la barbarie más cercano.