Hay analistas que insisten en que al menos el noefascista instalado en la Casa Blanca es brutalmente sincero. Dijo que invadiría Venezuela y lo hizo, por ejemplo. El problema es que tan pronto como la primera rueda de prensa, el narcotráfico, que había sido la explicación, desapareció para dejar paso al petróleo. Hubo y hay mucha gente que pretendió comprar lo del narcotráfico, porque quisieron, pues lo del petróleo era obvio y se dijo lo suficiente, quisieran escucharlo o no. Puedo entender que a tantas personas la excusa les de igual por su aversión a Maduro, sus acciones o lo que representa, y que gustosamente se dejen contar mentiras.
El tipo es un mentiroso orgulloso. Es la especie más abajo de la escala del mentiroso, el que se precia de ello. Cree de sí mismo que su virtud es saber negociar mejor que nadie, lo es que miente sin remordimientos. Presuponemos que la mentira es parte de la vida política, mucho más, si cabe, de las relaciones internacionales porque tarde o temprano se han acabado confirmando las trolas que causaron cientos, miles, millones de muertos prescindibles para sus asesinos. Desinformación, misinformación, manipulación, propaganda, bulos… tiene muchos nombres y no todos son lo mismo. Pero saber que esto es así, no implica que no debamos ser conscientes del papel social de la mentira. Creo que desde la antropología podrían confirmarnos que todas las culturas otorgan un papel importante a la misma, desde su educación hasta las normas de funcionamiento mínimas y las sanciones al que miente. En EEUU mismo la mentira juega un papel en la administración, la justicia e incluso en lo esperado de sus políticos, y hasta hace nada estaba mal vista. En general les decimos a los niños y niñas que mentir es malo, por lo que sea, aunque les mentimos desde bien pequeños, por su bien, nos decimos.
Tomamos decisiones con la información de la que disponemos que siempre es incompleta, lo que supone que asumimos un riesgo de futuro. Si nos basamos en mentiras el riesgo es siempre mayor, por eso intentamos inculcar el valor de la verdad (se podría añadir la ciencia). No es lo mismo que tu hijo o hija te diga que le han quitado por la fuerza un juguete en el cole que lo haya regalado por el motivo que sea, tal vez por presión social, miedo o simple generosidad, no harás lo mismo. Evitar la mentira no es solo una forma de control social, que también, es una garantía mínima para la sociedad. Que es una herramienta de control social lo confirmamos en que los ricos y poderosos mienten más y necesitan que los otros mientan lo mínimo posible. Cuanto más poder tienes más mientes, cuanto menos más callas, te autocensuras, por así decirlo o ,simplemente, importa poco. Por eso suena tan ridículo en personas del pueblo llano cuando se auto afirman con el yo siempre digo lo que pienso, la verdad.
Luego, al parecer y por si fuera poco, la verdad es interpretable. Por ejemplo, en muchas interpretaciones sobre la invasión de Venezuela, se cuenta que después nacionalizar sus explotaciones proliferas, nunca ha vuelto a tener capacidad para producir la cantidad de barriles que tuvo. La gestión es un desastre, el pueblo vive en la indigencia, Maduro es un corrupto. Pero me parece que, de repente, se está olvidando, puesto que no se menciona, un embargo que lleva ya un tiempo. Esto es importante y que se olvide justo ahora más, porque los 8 o 9 millones de emigrantes venezolanos por el mundo se están atribuyendo a las malas prácticas de Maduro o de Chavez (y en parte es), como si el embargo no tuviera nada que ver con nada, ni con las condiciones de vida, ni con la explotación y venta de petróleo. Y mencionarlo no afectaría a que se pudiera pensar que Maduro y Chavez eran unos dictadores, no es incompatible. Hay, incluso, dictadores por el mundo cuyas economías, extractivas o no, van muy bien (para los menos siempre) y el resto de países occidentales mantienen relaciones comerciales normalizadas con ellos y van a jugar partidos de fútbol y todo. La excusa de la democracia tampoco cuela, empieza a verse como otra de esas grandes mentiras, Trump ni la menciona, es ya perder el tiempo.
El problema con los mentirosos orgullosos es la inseguridad que generan. Por ejemplo, el neofascista ya ha repetido varias veces que quiere Groenlandia. ¿Ahora qué hacemos? Claro que podemos confiar en que al tipo, que ya tiene una edad, le de un pichirri y el siguiente tirano que ocupe su lugar se olvide del tema. O que no pueda presentarse a las próximas elecciones porque las leyes de su país lo impiden, aunque ya haya dicho que quiere hacerlo, pero puede ser mentira. También podríamos acusarle de pederastia y organizar una operación para entrar, extraerlo y juzgarlo o de genocida o de asesino a sangre fría de personas agarradas a unas lanchas recién bombardeadas o de… alguna de estas cosas podrían ser mentira.
Cuando todo es mentira, todo es verdad, todo vale, especialmente la violencia, pues la razón ya no es posible.