Miedo

Debemos antes que nada reconocer a esas personas que han vencido el miedo y denunciado el estado de miedo en el que vivimos. Hay personas que han sufrido y sufren mucho por contar todos y cada uno de esos casos de corrupciones y abusos diferentes que nos dominan. No vale con decir que eso debería ser lo normal en un tipo de sociedad dada o que el Estado de Derecho funciona. El miedo es, para autores clásicos y modernos, lo que mantiene los sistemas políticos. Supongo que debemos crear una sociedad en la que eso dejara de ser cierto. Cada

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Cameron

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/las-inmigrantes-musulmanas-deberan-hablar-ingles-para-permanecer-reino-unido-4826068 http://www.eldiario.es/desalambre/Reino-Unido-expulsara-migrantes-reunificadas_0_474902707.html En Europa tenemos un problema si no empezamos a pensar que la integración depende más del grado de prejuicios, clasismo y racismo que del conocimiento de la lengua. Con la reciente pretensión de Cameron de expulsar a las mujeres musulmanas que no mejoren su nivel de inglés sólo queda patente la discriminación por razón de género que impera en nuestras sociedades androcéntricas. Cosa que ya sabíamos, pero que es siempre un argumento en contra de otras culturas porque -decimos- son machistas. Yo veraneo y me escapo para allá cada vez que puedo, en una mediana localidad costera que

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Fútbol

Estaba leyendo un libro sobre lo peligrosas que son las identidades cuando me sorprendió la noticia de otro jugador de fútbol pillado excediendo todos los límites de velocidad en el coche. El libro se titula Identidades: una bomba de relojería y es de Jean-Claude Kaufmann. Muy al contrario de lo que soñamos con la Ilustración y su base en la Razón, “la reflexividad crítica y la creatividad de singularidades personales, hoy en día todos los fundamentalismos (comunitaristas, nacionales, religiosos o raciales) se ven reforzados. Las desviaciones identitarias son una verdadera bomba de relojería”. Y Kaufmann, según va explicando lo que

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Madre mía señor Albiol

Madre mía señor Albiol Primero resulta que no opinar como usted es ser “buenista”. Y serlo, supongo, implica -no sé cómo hemos llegado a esto- ser malo. Este pretendido insulto es muy divertido, tendrá que reconocerlo, porque si ser buenista es defender la paz, la convivencia, la justicia social, la igualdad, por ejemplo, no le veo y no le podré ver la parte criticable. Quizás sería mejor utilizar el termino “malista” para aquellos que defendemos un mundo distinto al que usted defiende. Señor Albiol, su Occidente es multicultural. Es una realidad contrastable y lógica, en él viven culturas, etnias, tradiciones

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Asimilacionismo

Resulta descorazonador escuchar, como el sábado escuchamos en La Sexta Noche, a personas como Jorge Verstrynge decir que hemos de adoptar el asimilacionismo y no la integración cuando pensamos en la inmigración. Primero porque no se ha hecho otra cosa hasta el momento y el resultado es el que es. Segundo y no sé si más importante, porque parte de confundir los conceptos de manera peligrosa. Asimilacionismo e integración no son antónimos. El objetivo es la integración, siempre, y para lograrla existen diferentes estrategias, una de las cuales es el asimilacionismo y otra, por ejemplo, la multiculturalidad. Hay más matices

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Sexo, drogas y una epidemia sin control

El día 10/11/2015 El Mundo publicó el artículo que copio. En los telediarios el tema de las drogas y el VIH reaparecieron con fuerza si bien, en buena medida, vinculados a las bacanales y los hombres que tiene sexo con hombres. Entiendo que son las estrategias vinculadas al Día Mundial del SIDA pero estoy, sin embargo, casi seguro que son un error en buena parte. El artículo está cargado, para mi gusto, de una moral concreta sobre la sexualidad, la elección de las palabras, en especial del primer párrafo, creo que así lo demuestra. Pero acaba de forma muy sorprendente

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Selfies

Tal vez le pase a otras personas que, como es mi caso, llevamos muchos años trabajando sobre el tema de la inmigración; siento el fracaso de todo ese esfuerzo. Hubo un momento en el que se pudo pensar que España había estado casi a la altura de lo que un anhelado mundo civilizado – que a la postre no lo es tanto- requería. Habíamos incorporado a unos 5 millones de personas en nuestra vida en muy pocos años y sin excesivos problemas. En ese momento mirabas atrás y pese a haber visto pobreza, marginación, explotación y racismo, el balance podías

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