El mismo alcalde de Badalona que en estos bonitos días cristianos ha puesto en la calle a tantas personas, ya se presentó a unas elecciones con el lema de limpiar Badalona o similar, y allí sigue. Nadie hizo nada entonces por su racismo institucional y los ciudadanos y ciudadanas lo han votado, no nos podemos extrañar.
El derecho internacional de los derechos humanos considera que desalojar a alguien sin alternativas es degradante, cruel y, por lo que sea, está estrictamente prohibido. La sentencia de lo Contencioso-Administrativo de Barcelona no, al parecer no con la suficiente fuerza, y concede al ayuntamiento 15 días para ejecutar el desalojo pero no obliga a ofrecer alternativas o el Ayuntamiento se pitorrea. Que una serie de vecinos se manifiesten agresivamente contra -encima- las personas desalojadas, no es más que una muestra de lo peligrosa que es la especie humana para ella misma; nada que no supiéramos.
En un mundo razonable, Albiol no debería haber sido votado. Ya en aquella ocasión lo suyo hubiera sido que su decisión electoralista lo sacara de la política de por vida, por llevar propuestas de un racismo, falta de inteligencia y capacidad, contrastadas. Si aun así es votado, lo que debería haber pasado es que los vecinos lo obligaran a dimitir tras el desalojo, con una presión en las calles que ni los medios ni su partido hubieran podido soportar, aunque solo fuera por lo que llaman la nueva ventana electoral que se abrió en Extremadura (en esos mismos días, curiosamente). Pero no, se ha permitido que alegara sin prueba alguna que aquellas 400 personas son peligrosas, como si de un batallón armado invadiendo la ciudad habláramos. A la mierda, hombre.
Podemos y seguiremos así, si queremos, cerrando cada vez un poco más la espiral de racismo y aporofobia institucionales y ciudadanos. ¿De verdad no se nos ocurre nada más que tener miedo a las personas pobres? Es posible insistir todo lo que se quiera en los errores de ese miedo, la discriminación, el racismo, la pasta y el beneficio, la inhumanidad, la falta de inteligencia, y convertirnos en el país que sueñan Trump y los fascistas. Ya lloraremos o lo harán nuestros hijos e hijas. La decadencia civilizatoria queda de manifiesto en un desalojo como este, y no importa cuántas armas o soldados quieras tener para defenderte porque el enemigo está dentro, en tu cabeza trastocada.