Resulta bochornoso, caricaturesco incluso, ver la guerra que todo un Ministro de un poderoso país de la UE ha emprendido contra las ONG de rescate en el mar. La desobediencia de algunas, desembarcando pese a las prohibiciones, falta de permiso y sanciones, hace que imagine al personaje colérico, dolido en su orgullo varonil y muy religioso. Se podría pensar que si esta es su gran labor, el legado a la historia que quiere dejar y en el que empeña tanto tiempo, su cargo le quede grande. Pero la cosa se complica cuando la viceministra en funciones de España dice que
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